EL MAGO HOUDINI VS. CONAN DOYLE
ESCAPISMO VS. ESPIRITISMO
Fue un gran mago que asombró al mundo a principios del siglo 20.
Houdini nació en Hungría el 24 de marzo de 1874 en el seno de una familia judía.
Con sólo nueve años, huyó de casa y se unió a un pequeño circo en su pueblo natal.
Después, con diecisiete años, sacrificó su empleo en una fábrica de corbatas para comenzar su carrera como ilusionista.
Así pues, Houdini empezó su trayectoria en los llamados: circos de 10 centavos.
La escala más baja del espectáculo.
Rodeado de personajes del freak show y de ‘traficantes de milagros’.
Sin embargo, con 20 años, ya era mago profesional.
Dicen que no era muy hábil con los típicos trucos de cartas, pañuelos y conejos.
Hasta le llegaron a tirar tomates en alguno de sus espectáculos.
En lo que realmente destacó fue en el arte del escapismo.
su genio resultó inigualable, cuando se deshacía de cuerdas atadas a su alrededor.
Incluso, ofreció una suculenta recompensa a quien pudiera atarle de manera que no pudiese escapar.
Y nunca perdió la apuesta.
Prácticamente, del día a la noche, pasó de ser un modesto artista de feria a convertirse en un personaje popular adinerado.
Trabajaba 18 horas al día en sus habilidades como escapista.
También probó suerte como actor de cine en algunas películas.
Sin duda, Houdini encarnó una serie de ideales, relacionados con el esfuerzo, el reto y la superación.
Muchos de sus números se basaron en su fuerza y elasticidad.
No fumaba y no bebía.
Y entrenaba nadando, atado con grilletes o cadenas.
La prensa, la publicidad, la radio y el cine se rindieron a sus asombrosas capacidades.
Houdini hizo shows en plena calle para llegar a todo el mundo.
Para que se quedasen con ganas de más y luego pagarán una entrada por verle en el teatro.
Justo en este punto es donde comenzó su rivalidad con los denominados espiritistas.
Por aquel entonces fueron habituales los espectáculos en donde un médium aseguraba contactar con los muertos.
Houdini consagró su carrera a investigar, documentar y divulgar las bases científicas y racionales en las que se apoyaba su ‘magia’.
Y defendió la diferencia que existe entre el ilusionismo, que tiene un fundamento científico y técnico, frente a los números que representaban a los fenómenos paranormales.
Es famosa su relación con el escritor escocés Arthur Conan Doyle, el autor de Sherlock Holmes.
Se encontraron, por primera vez en 1920, cuando eran dos de los nombres más famosos de la época.
Parece mentira que el creador del gran detective, que seguía el método deductivo, fuese un devoto creyente en el más allá.
Conan Doyle gastó millones de libras para demostrar que los muertos estaban a nuestro alrededor y se podían comunicar.
Houdini decidió ponerle a prueba.
Jean, la esposa del escocés, fue una médium especializada en escritura automática.
Y decía que se comunicaba con un espíritu, llamado Phineas.
Houdini acudió a una de sus sesiones con el fin de que le pusiera en contacto con su difunta madre.
En apariencia, Jean había escrito unas 15 páginas en perfecto inglés, dictadas por la madre de Houdini, desde el otro barrio.
El gran mago aprovechó para desacreditarla, argumentando que su madre nunca aprendió ese idioma y sólo sabía hablar húngaro.
Incidentes y puntos de vista opuestos, como este, rompieron la relación entre Houdini y Conan Doyle.
En 1924, el escapista inició su gira por Estados Unidos.
En uno de sus trucos, invitaba a ciertos voluntarios a golpearle en el abdomen para demostrar que podía encajar el dolor.
En cambio, aquel día, el puñetazo pilló a Houdini desprevenido.
Falleció el día de Halloween, un 31 de octubre de 1926 a causa de una peritonitis.
El golpe reventó uno de sus apéndices.
La prensa sensacionalista dijo que había muerto tras plantar batalla a los espíritus.
Tras su muerte, su viuda Bess, celebró una sesión de espiritismo.
Ella y Houdini habían pactado un código en vida, y Bess intentó que algún médium le demostrase que el mago podría revelárselo desde el otro lado del túnel.
El esperado mensaje nunca llegó.
Y sirvió para demostrar, una vez más, que Houdini estaba en lo cierto.
No era posible comunicarse con los muertos, como él.