Las películas que forjaron nuestro ideal del amor romántico
De ‘Dirty Dancing’ aprendí que a las niñas buenas les atraen los malotes.
Pero que, en realidad, no son chicos malos, sino buenas personas.
Que son sensibles y cariñosos aunque resentidos con el sistema.
Incluso, que los polos opuestos se atraen.
De ‘Pretty Woman’ aprendí que si eres la dependienta de una boutique de lujo y aparece una empleada pelirroja con pintas, no debes juzgarla.
Podrías perder una gran comisión de ventas.
Ah! Y también que una prostituta y un millonario se pueden enamorar en seis días.
Basando su relación en cenas lujosas y encuentros sociales.
Sin duda, estos títulos del cine de aquellos años, entre otros, fraguaron las ideas sobre el ideal en el amor de la generación X.
Pero no es oro todo lo que reluce.
Así que vamos a desenmascarar algunos de los mitos amorosos de ese cine.
Muchas veces, las pelis de romance nos hacen fabricarnos un ideal de amor y pareja que no es ni asumible ni realista.
No todas las relaciones funcionan a largo plazo.
Cuando uno se enamora, se mete en una burbuja, que después puede ser pinchada por la rutina y los problemas de la vida.
¿Y el amor no lo resiste todo?
Eso depende de cómo se haya formado esa unión, entre otros factores.
Los expertos advierten sobre que no es bueno creer en: el amor a toda costa o por encima de todas las cosas.
Películas, como las mencionadas o Grease, configuraron la narración del amor de toda una generación.
Todo lo que vemos en nuestra infancia, adolescencia o primera juventud nos genera un mayor impacto.
Hoy en día las novelas turcas o las coreanas, que están muy de moda, persiguen algo parecido.
Lo cierto es que su influencia está más diluida.
Al haber tantas plataformas y redes sociales, es más complejo medir los estímulos y modelos que percibimos.
Para la Generación X fue Hollywood o Disney quien marcó su ‘narrativa del amor’.
Es decir, los que ayudaron a forjar un relato de lo que serían las relaciones amorosas o sentimentales.
Y es que el cine, influía bastante en esos primeros años de existencia.
El enamoramiento tiene momentos de ansiedad, descubrimientos, incertidumbre o de emociones desbordadas.
Pero no debemos confundirlo con el amor.
El imposible vivir el amor con una intensidad tan alta.
Nos daría un patatús.
Cuando te enamoras, tienes menos hambre, menos sueños, todo te recuerda a esa persona, ansías estar junto a él o ella…
Vamos, que no es viable vivir así durante 10 años o más.
En el presente, han cambiado los hábitos tempranos de los más jóvenes.
Podemos saber qué película han visto en Netflix pero no todos los vídeos en los que ha hecho ‘scroll’ en Tik Tok.
Otro referente muy actual son los ‘influencers’.
Personas, a menudo patrocinadas por empresas con sus propios intereses.
Y enfocados a hacer que sus seguidores consuman unas cosas concretas.
Todo es una rueda, los eternos mitos del amor romántico de generaciones anteriores siempre vuelven con fuerza.
El amor puede salvarte, en la Bella y la bestia.
El amor todo lo puede, en Pretty Woman.
Los que se pelean, se desean, Luz de Luna.
O no sabes lo que tienes hasta que lo pierdes de: ‘la boda de mi mejor amigo’.
Hay que tener mucho cuidado con estos mitos amorosos
De alguna manera, se edulcoran o se normalizan en muchas películas.
Es como si todo lo que hay en el paquete vale, si nos los venden con el lacito del amor.
Y no olvidemos que hay relaciones que nacen con fecha de caducidad.
Y está bien que así sea, simplemente.
Los protas de Dirty Dancing se lo pasaron genial, vivieron momentos maravillosos durante ese verano…
Y quizás, todo hubiera podido terminar ahí, sin más pretensiones.
Por otra parte, del cine se puede aprender.
Puede servir como terapia.
Para prevenir sobre lo que haríamos nosotros en esa situación si nos metiésemos en la piel de sus protagonistas.
Nos ayuda a vernos a nosotros mismos y hacia donde podríamos ir.
Pero no me voy a quedar sólo con las películas románticas.
Valen las de cualquier género.
El terro o el drama.
Las películas buenas nos proporcionan una catarsis.
Una experiencia con su principio y fin de la que podemos extraer una enseñanza.
Como dije, cada vez, vivimos una realidad donde imperan los vídeos y estímulos cortos.
Así que no nos dan tiempo a generar emociones.
Todo es más pasajero.
La duración de las canciones, los vídeos, todo.
En conclusión, no perdamos la atención de lo que es verdaderamente importante, el amor, el vivir el presente, los pequeños instantes saboreados con los nuestros…
Con todo, a mí no me hubiera importado, para nada que Patrick Swayze me hubiera sacado a bailar en algún momento.
Por desgracia, hoy sé que es sólo una fantasía.
The End.