LAS CINCO CLAVES DEL ORIGEN DE LA VIDA EN LA TIERRA
Solemos aceptar como algo natural que haya vida en el cosmos.
Según el astrofísico Ethan Siegel, esta sería una mala interpretación del principio antrópico.
Sí nosotros estamos aquí.
¿Por qué no otros muchos, millones?
Otro de sus principios, sugiere que ni nuestra galaxia ni la tierra tienen nada de especial.
La vida no sería algo inevitable.
Y nuestra presencia aquí podría ser el resultado de una lotería cósmica.
Una suerte, que muchos otros planetas perdieron en algún momento de su historia.
La existencia de la vida en la tierra se apoya en cinco claves.
La distancia al sol.
Ni muy cerca ni muy lejos.
Lo suficiente para que haya agua líquida.
Dos, el núcleo magnético.
Que protege la atmósfera del arrastre del viento solar y a la vida de la radiación cósmica.
Tres, la atmósfera.
Su efecto invernadero evita que el agua se congele.
Cuatro, el agua.
El disolvente universal de la vida.
Y el oxígeno.
Lo que nos permite respirar.
Estos cinco ingredientes no son del todo independientes entre sí.
Y ha sido necesario que apareciesen en el orden y el modo adecuado.
Para que hoy estemos aquí.
Y esas serían las cinco claves del origen de la vida en la tierra.
CÓMO SE FORMO LA TIERRA
Había una vez, hace unos 4.500 millones de años….
Una nube de gas y polvo en un rincón de la galaxia.
Y creó una nueva estrella rodeada por un disco protoplanetario.
Su material empezó a agruparse en masas cada vez mayores.
En apenas unos millones de años, el Sistema Solar tenía un aspecto similar al actual.
Según la hipótesis más aceptada, entre Venus y Marte habían dos planetas.
La Prototierra y Tea chocaron.
Tea era un objeto del tamaño de Marte.
Esta colisión originó nuestra tierra y su luna hace unos 4.510 millones de años.
Eso no fue todo,
Por puro azar, este nuevo planeta, aún incandescente, se encontraba dentro de la franja Ricitos de Oro.
Así la llaman los científicos.
Es decir, en una zona con una distancia suficiente del sol, para que al enfriarse, el nuevo planeta no acabara congelado.
De manera, que se formó agua líquida.
Pero todo estó dependió de muchos factores de pura chiripa.
Como la masa del planeta.
Y de que su atmósfera era lo suficientemente gruesa y densa como para generar un efecto invernadero.
Aunque no demasiado potente.
Venus es un claro ejemplo de los efectos de un efecto invernadero potente.
El que convirtió a este planeta en un lugar calcinado.
Pero sigamos con la formación de la tierra.
La persistencia de la atmósfera se produjo gracias al campo magnético.
El que está creado por un núcleo planetario de metal fundido en movimiento.
Y actúa como una gran dinamo.
Nuestro otro vecino, Marte es un claro ejemplo de lo que ocurriría si nos faltase este escudo magnético.
El pequeño planeta rojo lo perdió al enfriarse su núcleo.
Y Marte se quedó sin su atmósfera.
Para que todo progresase en la tierra, hacía falta agua.
Algunas teorías dicen que el agua llegó a bordo de los meteoritos y cometas que cayeron sobre el planeta.
Sin embargo, un estudio reciente sugiere que la mayor parte del agua terrestre se formó a partir del hidrógeno y el oxígeno que ya llevaba el propio planeta.
Hace unos 4.400 millones de años había una tierra ya casi habitable.
Y estaba cubierta por un océano global.
Puede que aquí surgieran los primeros microbios.
Hace 3.400 millones de años, las aguas habían alcanzado una temperatura de unos 40 grados.
Los primeros seres unicelulares vivían bajo una atmósfera irrespirable.
Compuesta por gases como metano y amoníaco.
Hace unos 2.400 millones de años se produjo la Gran Oxidación.
Esto es, la atmósfera comenzó a poblarse de oxígeno en su forma molecular respirable.
En ese momento, aparecerían las cianobacterias fotosintéticas.
El oxígeno era veneno para los primeros seres vivos.
Y esto provocó la primera gran extinción.
A su vez, la reacción del oxígeno con el metano consumía un potente gas de efecto invernadero.
Fue el que produjo agua y dióxido de carbono.
Al final, hubo un brutal cambio climático.
Y cubrió la tierra de hielo durante 300 millones de años.
En conclusión. El oxígeno fue la primera causa de extinción en la tierra y a su vez el motor de la nueva vida.
Un motor que cambió el rumbo de la evolución.
El que daría origen a los seres multicelulares.
Y a partir de ahí, a la vida tal y como la conocemos hoy.
Un mundo diverso y complejo.
Y todo gracias a un boleto…
De la lotería cósmica.
El 'Elon Musk de la genética' quiere revivir al mamut lanudo para salvar la Tierra
José Rodríguez Sojo5-6 minutes 14/9/2021
14/09/2021 - 17:36 Actualizado: 14/09/2021 - 17:37
"Dios crea al dinosaurio. Dios destruye al dinosaurio. Dios crea al hombre. El hombre destruye a Dios. El hombre crea al dinosaurio". La frase es de la película 'Jurassic Park', pero bien podría aplicarse al proyecto de George Church, un biólogo de la Facultad de Medicina de Harvard que se ha propuesto resucitar al mamut lanudo en los próximos cinco años.
Su idea va más allá de elucubraciones. De la mano del empresario Ben Lamm, ha presentado este lunes la empresa Colossal, que arranca con 15 millones de dólares de capital para devolver al mamut lanudo a la tundra ártica miles de años después de su extinción. La diferencia con el clásico de Spielberg es que aquí no hay afán de lucro —al menos, sobre el papel— por parte de sus impulsores, sino el convencimiento científico de que la "desextinción" de animales es clave para preservar los ecosistemas terrestres.
El objetivo de Colossal es poner en práctica un método de "conservación disruptiva", que pasa por introducir sustitutos de "especies extintas y esenciales" a sus hábitats originales para restaurar ecosistemas perdidos con potencial para frenar e, incluso, revertir los efectos del cambio climático, según explica la compañía en una nota. Es el caso de la tundra ártica, donde antes pastaban grandes herbívoros como el mamut lanudo y que, tras la desaparición de estos, se está calentando y liberando dióxido de carbono.
"Los mamuts son una solución hipotética a esto", explicaba Church en una conferencia en la National Geographic Society en 2013, en la que presentó al mundo su revolucionaria propuesta. Por aquel entonces, estaba estudiando cómo reconstruir los genomas de especies extintas mediante la técnica de edición genética CRISPR y se preguntaba si sería posible revivir una especie extinta reescribiendo los genes de un pariente vivo.
placeholder Fósil de una cría de mamut de 42.000 años, bautizada como 'Lyuba'. (EFE)
Fósil de una cría de mamut de 42.000 años, bautizada como 'Lyuba'. (EFE)
En especial, se interesó por el papel de ingenieros de ecosistemas de los mamuts, que pueden acabar con el musgo que hoy domina la tundra, derribar árboles y fertilizar el suelo con sus excrementos. Es lo que los ecologistas rusos ya están ensayando en Siberia con bisontes, alces o búfalos a fin de recuperar lo que se perdió con los asentamientos humanos. La hipótesis de Church es que los mamuts pueden realizar esta función de forma más eficiente.
Foto: Equipo de Paleolítico Vivo en la llegada de los primeros bisontes (2015)
"Nunca antes la humanidad ha podido aprovechar el poder de esta tecnología para reconstruir ecosistemas, sanar nuestra Tierra y preservar su futuro a través de la repoblación de animales extintos", defiende Lamm, consejero delegado de Colossal. Además de él y de Church, la empresa cuenta tiene entre sus filas al pionero de Internet Andrew Busey, que ocupa el cargo de jefe de producto. Asimismo, cuenta con inversores de diversa índole: desde Climate Capital, un fondo privado que respalda los esfuerzos por reducir las emisiones de CO₂; hasta los gemelos Wiklevoss, visionarios del Bitcoin y conocidos por acusar a Mark Zuckerberg de robarles la idea de Facebook.
Escepticismo en la comunidad científica
El proceso que tienen por delante los científicos a cargo de George Church no es sencillo. Para empezar, necesitarán conseguir un embrión de elefante, algo inédito hasta la fecha. En caso de no poder 'cosechar' un embrión de elefante, se optará por obtener células madres del paquidermo, para luego convertirlas en embriones en el laboratorio. Después, deberá eliminarse el ADN de elefante del embrión y reemplazarlo con el obtenido de un fósil de mamut.
Incluso si se rompiera la barrera técnica, quedaría por delante la frontera ética. "Lo primero de todo es que no vas a tener un mamut. Vas a tener un elefante peludo con algunos depósitos de grasa", opina Love Dalén, profesor de genética evolutiva en el Centro de Paleogenética de Estocolmo, en declaraciones a la cadena 7News. A su juicio, es peligroso mezclar ambas especies porque son tan diferentes como humanos y chimpancés. "Tenemos muy pocas pistas sobre qué genes hacen que un mamut sea un mamut. Sabemos un poco, pero no sabemos lo suficiente", valora.
"Tenemos muy pocas pistas sobre qué genes hacen que un mamut sea un mamut. Sabemos un poco, pero no sabemos lo suficiente"
Además, el primer 'mamufante' nacería sin padres. Este es otro aspecto importante a tener en cuenta, según explica a 'The New York Times' la filósofa de la London School of Economics Heather Bushman: “No tienes una madre para una especie que, si es como elefante, presenta vínculos entre madre e hijo extraordinariamente fuertes y que duran mucho tiempo. Una vez que hay un pequeño mamut o dos, ¿quién se asegura de que seguirá siendo atendido?”.