EL ORIGEN DE HALLOWEEN ES LA FESTIVIDAD CELTA DE SAMHAIN
El Samhain tiene connotaciones mágicas entre el humo de las hogueras y el de los muertos.
En este vídeo conoceremos cómo fue el origen del actual Halloween.
La castaña simboliza la inmortalidad.
Proviene de un árbol de larga vida.
Se dice que cada castaña que estalle en el fuego es la liberación de un alma encerrada en el purgatorio.
La palabra Halloween es una contracción de All Hallow’s Eve.
Sería la Víspera de Todos los Santos.
Se trata de la cristianización de una fiesta pagana mucho más antigua.
Nos referimos a la fiesta del Samhain.
La tradición del Magusto o día de las castañas ya se celebraba en el siglo 5 antes de Cristo.
Las tribus y poblados celtas que ocupaban la península la llamaban Samhain.
Homenajea la recogida de la cosecha de las castañas.
Con su mezcla de fuego, tierra, el sol y los árboles.
En la cultura celta, los años no se dividían en cuatro estaciones, como ahora.
Sólo tenían dos mitades.
La mitad de luz y la de la oscuridad.
El Samhain daba comienzo a la mitad de la oscuridad del año.
Era el fin de un ciclo y el comienzo del siguiente para los Celtas.
Significaba la época de la última cosecha y el reinicio de la tierra.
Por eso la conocían como el año nuevo Celta.
Su calendario estaba basado en los ciclos lunares y en los eventos solares.
Los solsticios y equinoccios.
Los meses comenzaban siempre cada luna nueva.
Así que sus festividades se celebraban en función de los eventos lunares y solares.
El Samhain tenía lugar las 3 noches de luna llena más cercanas al punto medio entre el equinoccio de otoño y el solsticio de invierno.
Es decir, se encontraban justo en medio del mes llamado Samonios.
Entre octubre y noviembre.
Significa fin del verano.
Ahora veamos su simbolismo.
Para los Celtas era el fin de la época de cosecha.
Así que recogían los últimos frutos del verano y le daban las gracias a sus dioses por todo que les habían concedido.
La gente se preparaba para la llegada del frío.
Para esa noche, la cosecha debía estar recogida.
Si no les había dado tiempo, no podían tocar la parte restante.
A partir de ese momento, las sobras pasaban a manos de una anciana y fea hada.
Y podían caer en desgracia si se enfrentaban a ella.
También se solía sacrificar a los animales que no podían mantener durante el invierno.
Y se regaba la tierra con su sangre en señal de agradecimiento a los dioses.
En el siguiente punto trataremos el contacto con la muerte y el mundo de los espíritus para la cultura Celta.
La tercera y última noche de Samhain era llamada la noche de los espíritus.
Consistía en un punto muerto entre un ciclo y otro.
Un momento de desequilibrio, en el que las leyes de la naturaleza quedaban suspendidas.
El velo que separaba el mundo de los muertos y el de los vivos, caía.
Y podía haber comunicación entre las dos partes.
La gente creía que podía hablar con sus antepasados o con los seres queridos que habían fallecido.
Sin embargo, eran vulnerables a la acción de espíritus malignos.
No solo se abría el mundo de los muertos a los mortales…
En esta noche, las hadas se dejaban ver.
Y encandilaban a las personas para llevarlas a su dimensión para siempre.
Se decía que las hadas celtas simbolizaban las almas de los antiguos paganos.
No eran tan malas como para ir al infierno pero tampoco eran tan buenas como parar entrar en el cielo.
Otros seres mágicos dejaban abiertas las puertas a su mundo.
La entrada se encontraba en cascadas, pozas o cuevas.
Los mortales más valientes podían adentrarse en ellas y contemplar sus tesoros.
Durante el Samhain se preparaba un gran banquete.
Comían carne asada, bebida y productos frescos de la tierra.
Y dejaban las ventanas y puertas abiertas.
Y algunos asientos libres.
Para que los espíritus pudieran participar en la celebración.
Se encendían grandes hogueras con dos objetivos.
Guiar a los espíritus de los seres queridos a casa, por un lado.
Y alejar a las entidades malignas, por el otro.
El druida de la tribu celta se vestían con pieles y llevaba el rostro pintado.
Intentaba comunicarse con el más allá.
De esta costumbre se ha mantenido la tradición de disfrazarnos en Halloween.
Además, se elegía a los embajadores de la muerte.
Un grupo de personas que tenía que ir de casa en casa pidiendo comida.
Para regalársela a los espíritus.
Así los tendrían contentos y evitarían la mala suerte.
En el origen, los celtas vaciaban nabos en vez de calabazas.
Y solían ponerles una vela dentro.
La intención era la de alejar a los malos espíritus.
El olor a castañas es sinónimo de otoño.
La castañera es uno de los símbolos de esta época del año.
La representante de una fiesta muy popular en regiones de Cataluña, Aragón, valencia y las Islas Baleares.
Es conocida como la Castanyada.
Proviene de una fiesta funeraria de hace muchos años.
Está relacionada con cultos paganos.
Se suelen servir castañas acompañadas de boniatos, fruta confinada y los panallets, de sabor dulce.
Y la bebida suele ser un vino moscatel o uno dulce.
En su origen, en los banquetes funerarios del siglo 18 se comían legumbres o frutos secos.
Este rito funerario simbolizaba la comunión del alma de los difuntos mediante el asado de las castañas.
Mientras, se rezaba las tres partes del rosario.
Durante la víspera del Día de Todos los Santos, los campaneros se pasaban toda la noche haciendo sonar todas las campanas de la iglesia.
Para aguantar tanto tiempo, comían castañas panallets y boniatos.
Y el vino les resguardaba del frío de la noche.
Normalmente, se representa a la castañera como a una anciana vestida con ropajes pobres y un pañuelo en la cabeza.
Suele estar ante un asador de castañas con una amplia falda y un delantal.
Según la tradición, llevaba una capucha blanca de lana atada al cuello.
Las castañas se asaban en un horno de barro.
Es bonito que se sigan conservando estas tradiciones.
Incluso, que en muchos lugares, los más pequeños vistan con el traje tradicional de la castañera.
En el próximo vídeo veremos cómo evolucionó la celebración del Samhain hasta convertirse en Halloween.