Sin duda, la versión cantada por El Negro en El Puerto de Santa Iaria, recolectada
y publicada por Luis Suárez en 1971, es la más original de todas las que hemos podido
manejar. No es extraño. Los gitanos andaluces conservan –desgraciadamente cada dia
menos– un romancero especialísimo dentro de la región.
En un disco grabado por gitanas en este enclave gaditano aparecen ternas pertenecientes al ciclo del Cid, a los Doce Pares de Francia y a Bernardo del Carpio. Como es sabido, en Andalucía han desaparecido los romances épico-históricos antiguos; entre los "payos" andaluces no se
conserva ni un solo tema perteneciente a estos ciclos.
Ya en 1916 el gran estudioso del romancero, Manuel Manrique de Lara, se sorprendía en Sevilla del repertorio romancístico de un informante excepcional: el gitano Juan José Niño, oriundo de El Puerto de Santa María, que llegó a cantarle temas de una gran rareza en la tradición oral
moderna, "El ciervo de pie blanco" entre otros:
El rey tenía tres hijos,
todos tres los maldecía:
uno se le volvió perro,
que en cadenas lo tenía;
otro se le volvió moro,
moro de la morería,
y el otro se volvió ciervo,
ciervo que al monte se iría.
Desgraciadamente mis intentos por conectar con gitanos que pudieran seguir manteniendo vivos algunos de estos temas excepcionales han sido inútiles. Logré entrevistar a El Negro pero los años y el alcohol han abotargado por cornpleto su memoria. Sólo pudo cantar –de forma impresionante con aire de petenera– este romance de la monja que aprendió de su padre, gitano también, en Paterna.
Volviendo al estudio de las variantes del romance, la versión del gitano del Puerto
arranca con un principio único, que yo sepa, en la tradición:
Mi padre me metió monja por reservarme mi dote
Aquí no se trata del tradicional motivo de los amores contrariados, el tercia se
desplaza hacia algo más prosaico pero asimismo de gran implantación en toda la litera-
tura: el interés económico.