Las heredé de mi madre, que a su vez las había heredado de mi abuela, que las recibió como regalo de boda: “Las Mosqueteras”. Tres lámparas que llegaron de muy lejos. Siempre despidieron una luz muy especial y durante años me motivaron las mismas preguntas: Mamá, ¿por qué se llaman así? Porque “Las Mosqueteras” eran cuatro, como Los Mosqueteros. Los Mosqueteros son tres. No, los mosqueteros son cuatro, como eran las lámparas.
Con el tiempo descubrí que Los Mosqueteros fueron tres más uno. Más tarde supe por mi abuela que la cuarta lámpara, misteriosamente se rompió. Crecí y sin saber muy bien por qué las tomé un cariño enorme. Hoy las tres que fueron cuatro están conmigo y al escuchar danzar a estos cuatro cisnes de Chaikovski por un momento he pensado que tal vez, ¿por qué no?, alguna vez, pudieron haber sido cinco.