Fausto - Johann Wolfgang Von Goethe
Fausto, con un manojo de llaves y una lámpara, delante de un postigo de hierro.
Desusado temor, ora me agita;
del hombre, siento en mí, todo el martirio.
Detrás de estas paredes, ella habita,
y fue su crimen todo un buen delirio.
Tu tardanza, su muerte precipita. (Toma la llave.)
¡Ah! No presumes que tu amante a verte
viene y crujir escucha tu cadena
y la paja que suena. (Entra.)
Margarita, ocultándose en su cama.
¡Ay! ¡Ay, de mí! ¡Ya vienen! ¡Cruda muerte!
¡Calla! ¡Tu libertad solo pretendo!
Margarita, revolcándose a sus pies.
¡Si hombre eres, mi desdicha te lastime!
A los guardianes que ora están durmiendo,
(Toma sus cadenas, para sacárselas.)
verdugo, sobre mí, tal poderío!
A media noche me ases ya tirano.
No me mates ahora, séme pío:
mañana, ¿tiempo no será temprano?
¡Tan joven, ya a morir se me destina!
Fui bella, bella y esa fue mi ruina.
¡No me aprietes con mano, oh Dios, tan
¡Ten compasión de mí! ¿Qué te he hecho, oh
que pueda amamantar la criatura.
Besándola, pasé la noche entera.
¡Ay! Por acrecentar más mi agonía,
y ora dicen que yo la he asesinado.
Para mí, ya no habrá nunca alegría.
¡Me escarnecen! ¡Muy mal hace esa gente!
¿y quién en aplicármelo consiente?
Está a tus pies tu amante
por quebrantar tus grillos.
Margarita, postrándose con él.
¡Oremos a los santos un instante!
¡Bajo de estos ladrillos;
todo el infierno, so el umbral se agita!
¡Margarita! ¡Querida Margarita!
Margarita, prestando atención.
¡Ese era, sí, el acento de mi amante!
(Salta y las cadenas se le caen.)
¡Libre estoy! y al instante,
puedo volar a darle mil abrazos
«¡Margarita!», clamó, de pie en el quicio
entre aúllos y grita del infierno,
sus blasfemias, su rabia y su bullicio,
sentí el acento del amante tierno.
¿Tú? ¡Repítelo mil veces!
¡Él es! ¿Dó está el tormento,
dó, de grillos y cárcel, la ansia fiera?
¡Tú eres! ¡Para salvarme te apareces!
¡Ah! ¡Ya estoy salva y llena de contento!
...Esa es la calle en que, por vez primera,
y ese el grato jardín en que con Marta
Fausto, haciendo esfuerzos para que salga.
¡Al instante, ven conmigo!
Margarita, acariciándolo.
¡Espera, estoy tan bien, aquí contigo!
Si nuestro pie, ligero no se aparta,
aquí los dos nos quedaremos presos.
tan pronto, amigo, desque me has dejado?
¿Por qué, de ti abrazada,
ahora me acongoja el desconsuelo?
Cuando antes, en tu voz, en tu mirada,
y me besabas tú con tal anhelo
como para beber toda mi vida.
¡Bésame! o te daré yo sin medida
mil y mil besos míos. (Besándolo.)
están tus labios. ¡Ah!, tu amor pasado,
¿quién me lo ha arrebatado?
¡Ánimos cobra! ¡Sígueme! ¡Bien mío!
de mi alma. ¡Pero ven! ¡Esto te ruego!
Margarita, volviéndose a él.
¿Eres tú? ¿Eres tú? ¿No es desvarío?
y de nuevo me estrechas en tus brazos.
¡Qué! ¿Ya horror no me tienes? Buen amigo,