Un estudio realizado en Hong Kong reveló que la forma en que los padres expresan su perfeccionismo influye directamente en la capacidad de perdón y en las habilidades sociales de sus hijos pequeños. Los investigadores descubrieron que cuando los padres tienen altas aspiraciones y establecen estándares elevados de manera constructiva —es decir, animando sin criticar en exceso—, sus hijos tienden a ser más indulgentes y muestran mejores habilidades para relacionarse con los demás. En cambio, cuando los padres adoptan una actitud más crítica y centrada en los errores, los niños presentan una menor capacidad de perdonar y más dificultades para convivir y comunicarse con otros.