El vacío, muchas veces, es una invitación. Una pausa obligada de la vida para reevaluar.
Es un llamado a reconstruir significado.
Trabajarlo implica varias cosas.
Primero, dejar de huir del silencio. Aunque incomode. Aunque dé miedo.
Segundo, empezar a preguntarte con honestidad brutal:
¿Qué cosas estoy sosteniendo que ya no me representan?
Tercero, recuperar pequeñas experiencias de sentido. Y ojo: el sentido no siempre aparece como una epifanía gigante. A veces aparece en cosas pequeñas: una conversación honesta, ayudar a alguien, crear algo, conectar contigo, servir, aprender, amar, descansar, pertenecer.