Si hay un término que se repite en consulta y que seguramente sea uno de los mayores males del siglo XXI es el perfeccionismo.
Sin embargo, ¿nos gustan realmente las personas perfeccionistas y que lo tienen todo controlado?
Pues parece ser que no, que aunque nos empeñamos en no mostrar fisuras personales, nos gusta la la humanidad. ¿Y qué hay más humano que cagarla?