Lo peor de las crisis de estos tiempos revueltos, es que se eternizan. La habitacional, por ejemplo, lejos de amainar, empeora. Nuevos informes ratifican lo ya sabido: la compra de viviendas por foráneos, con mayor capacidad adquisitiva que los canarios, persiste y supera ya un tercio de la oferta. Si a ello añadimos que las nuevas construcciones no arrancan por razones incomprensibles, más de una generación de jóvenes va a quedar varada en casa de progenitores como cualquier cetáceo a la orilla de una playa.