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Caminando por el barrio, cerca del Palacio de Justicia suelo conversar con una madre joven que cuida los autos. Tiene 2 hijos, y su papá en la cárcel hace unos 6 meses. Un día le pregunté:
- ¿Cuánto sacas por día?
- Un 50 mil. Muchos me dan 2.000’ í nomás y les cuido desde las 8.00 hasta la 4 o 5 de la tarde. No me quejo pero en cualquier estacionamiento le van a cobrar 5.000 la hora. Limpio también su parabrisa.
- ¿Aguanta eso para comer?
- Y si… se hace lo que se puede.
Otro hecho que me impactó
Una ancianita empujando el carrito de cartones que va recogiendo por mi barrio, “mi hija y yo comemos de esto”.
Estamos viviendo tiempos muy difíciles en nuestra patria querida. La pandemia desnudó una realidad de miseria que se potenció con la disminución de empleo.
“La ansiedad está en todos lados. Siempre lo ha estado. Pero en los últimos años ha dominado nuestras vidas en una forma en la que quizá nunca lo ha hecho”, así inicia su libro Deshacer la ansiedad el neurocientífico y psiquiatra Judson Brewer. De hecho, cataloga a la ansiedad como una epidemia de nuestros tiempos.
Desde el sector empresarial no podemos pasar por alto esta realidad y su efecto en nosotros y en nuestros equipos de trabajo. La preocupación por lo incierto ha estado al orden del día, desde el temor al contagio del COVID-19 y al desempleo, hasta las pérdidas y la acuciante presión.
Sumemos a esto que, con la expansión del teletrabajo, se logró flexibilidad, pero también se generó una gran invasión de los espacios y horarios personales. Se desdibujaron las líneas de los límites y eso trajo consecuencias. ¿Alguien se puede identificar con estos síntomas?: inquietud, fácil agotamiento, deterioro en la concentración, irritabilidad, dolores musculares y el más dañino de todos… dificultad para dormir.
La Organización Internacional del Trabajo conceptualiza el trabajo decente como la oportunidad de acceder a un empleo productivo que genere ingresos justos, seguridad en el lugar de trabajo, protección social para las familias, mejores perspectivas de desarrollo personal e integración social, libertad para que los individuos expresen sus opiniones, se organicen y participen en las decisiones que afectan sus vidas, así como la igualdad de oportunidades y trato para todos, mujeres y hombres.
El ser humano está sujeto a tentaciones, la vanidad, la avaricia, la fama, el poder, la riqueza y muchas otras; nuestros valores y principios, aquellos que rigen nuestro actuar, como la ética y honestidad, constantemente son puestos a prueba.
En el mundo de los negocios, las variables del contexto y las permanentes propuestas de incentivos perversos pueden parecer la salida rápida hacia el éxito y la fortuna, en muchos casos escudados incluso en la misma supervivencia, pues ante el entorno de la informalidad económica reinante, resulta penosamente difícil sostener emprendimientos formales y competir ante tanta desigualdad de condiciones.
Un gran sueño
Necesitamos como nación un gran sueño. Necesitamos objetivos que trasciendan personas, parlamentos, tribunales, momentos electorales y periodos de gobierno. Es triste escuchar regularmente la frase “ya no se va a hacer nada hasta después de las elecciones”. Nosotros debemos avanzar cada día. Hacemos avances a largo plazo con algunos pactos internacionales como los Objetivos de Desarrollo Sostenibles y otros compromisos similares. Sin embargo, más allá de actos protocolares y algunos logros no han conseguido convertirse en una motivación diaria del ciudadano común ni de gran parte del empresariado, organizaciones políticas y demás actores. De cualquier manera, necesitamos un sueño propio armonizado con el resto del mundo, no concebido como una isla o una idea temporal y aventurera.
Todos estamos viendo la miseria en la calle. Niños famélicos, indígenas y campesinos que no han encontrado otra salida que la mendicidad.
Esta pandemia ha dejado un “tendal de heridos”.
Pareciera que el virus retrocede para tomar fuerza. Situación que castiga nuestra economía y el empleo.
Casi todas las empresas están sufriendo un bajón general, sobre todo porque no hay plata que sobre, los bolsillos están flacos para la única necesidad urgente; alimentar a la familia.
El porcentaje de inflación en la Región presenta números inéditos. Sin contar Argentina (58 % inflación), Brasil figura con el primer lugar de inflación al mes de mayo (con 12,13 %), le sigue Paraguay como el segundo país con mayor inflación (11,4 %), ambos por el fuerte incremento del petróleo. Bolivia se salva (0.87%) por ser país productor de este commodity.
Cuando no confiamos en nuestra capacidad para alcanzar con éxito los objetivos que nos proponemos, tampoco podemos confiar en nuestra percepción sobre la vida. Por otro lado, cuando cultivamos la confianza propia, la misma se vuelve “contagiosa” en un buen sentido pues, si la tenemos dentro nuestro, la transmitimos en palabras, acciones y emprendimientos.
La confianza es clave para hacer negocios ya que, cuando se carece de la misma, el intercambio se hace muy costoso, pues se llena de burocracia.
En nuestro sistema democrático, en lenta y complicada construcción (y por momentos, en destrucción) el conocer a los candidatos a cualquier puesto público, electo directamente o no, es sumamente importante. Conocer quién es, sus propuestas, su equipo de trabajo y su horizonte de logros. Es atractivo discutir quien puede ser mejor, como nos afectará e intercambiar lo que sabemos de sus fortalezas, debilidades, pecados y éxitos.
Todo lo que hacemos transmite un mensaje.
La forma en la que trabajamos. Los límites que marcamos, y lo que toleramos. Lo que callamos y lo que expresamos. La hora en la que llegamos (o nos conectamos). Las palabras que escogemos al describir un hecho. La manera en la que gestionamos las emociones que atravesamos. La comida en nuestro plato. Los amigos con los que nos rodeamos (y la gente de la que nos distanciamos). Los líderes a los que respetamos. Los rumores que replicamos, o que cortamos. Los libros que leemos. Las series y películas que miramos. Los descansos que tomamos (o que nunca respetamos). Qué hacemos después de equivocarnos. La apertura para perdonar a quien nos ha decepcionado. Nuestros gastos e inversiones. El tiempo dedicado a quienes amamos. Los ejercicios que hacemos, o lo sedentarios que estamos. Cómo interactuamos en redes sociales. Cómo nos vestimos y peinamos. Todo, absolutamente todo, transmite un mensaje a quien nos está mirando.
El interesante informe publicado por el BID “Cerrando Brechas de Género en el Cono Sur, un Potencial de Crecimiento Desaprovechado”, revela que a pesar de los avances las mujeres de nuestra región continúan rezagadas con respecto a los hombres en términos de participación en el mercado laboral, solo el 49 % de ellas trabaja, tienen más horas de trabajo, menos ingresos, y dedican tres veces más horas por semana a actividades laborales no remuneradas que sus pares masculinos.
Recurrí a los datos de la encuesta de hogares 2021 sobre la situación de la mujer en el Paraguay publicados en “Muni Py” en febrero del 2022, “la mujer paraguaya estudia más que el hombre, pero tiene un tercio menos de empleo y gana 15% menos” para aterrizar en nuestra realidad.
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