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Durante la pandemia se aumentaron las asignaciones presupuestarias en sectores considerados vitales para sostener las urgencias de la crisis. Al reacomodar los presupuestos posteriormente, el presupuesto de salud enparticular se mantuvo con la intención de lograr una mejora significativa en la calidad del servicio.
Con el majestuoso río Paraná como anfitrión, y guiados por el baqueano Manuel que además de dirigir la embarcación encarnaba las morenitas y aconsejaba a los más novatos, el grupo de amigos comenzaba aquella jornada de pesca deportiva con la mejor predisposición.
Desarrollar una empresa en América Latina es, muchas veces, un acto de fe. No solo por la incertidumbre propia de cualquier actividad económica, sino por las condicionesestructurales que la rodean: burocracia excesiva, corrupción normalizada, baja calidad educativa y una profunda desconfianza hacia las instituciones. En este contexto, ser empresario exige más que capacidad técnica: exige integridad.
A partir del comunicado de la Arquidiócesis de Asunción del pasado febrero sobre “Seguridad y protección social, bien común de nuestro pueblo”, comparto con ustedes algunas reflexiones desde mi experiencia de emprendedor empedernido.
Se cierra el año y con él un ciclo más de trabajo, entrega, desafíos y oportunidades. Es tiempo de balances, pero también de gratitud y reflexión. La Navidad nos invita arecordar lo esencial, y en medio de los cierres fiscales y los reportes de gestión, se abre paso una pregunta que toca el corazón del empresario cristiano: ¿Cómo fue mi liderazgo este año a la luz del Evangelio?
Estamos cerrando el año con un entorno desafiante. Las decisiones en el ámbito de los negocios exigen no solo una visión estratégica, sino también un compromisogenuino con el largo plazo. Los mejores líderes no están pensando en cómo cerrará el año, sino que más bien, ¿cuál es el futuro de mi industria?, ¿Cuáles son las tendencias y cambios de hábito del consumidor?
Con indisimulado y más que justificado orgullo, Pedro Zuccolillo, director ejecutivo del Grupo la Perseverancia, recordó un par de semanas atrás en ocasión de la inauguración del proyecto “Distrito Perseverancia” esas palabras de su abuelo. Aquél, de quien heredó no solo el nombre sino también el compromiso de llamarse igual, gustaba de decir “Sólo el trabajo construye”. Con esta frase resonando en la cabeza, podemos admirar y justipreciar aún mejor este portento llamado a ser un ícono en el paisaje asunceno.
En Asunción, la noticia de que el intendente anunciaba sumarios a los planilleros y la renuncia inmediata de setenta personas en un mismo día no es un episodio aislado, sino el reflejo de un sistema que se alimenta de la corrupción cotidiana. Los planilleros, funcionarios que cobran sin trabajar,son ladrones modernos. No usan armas ni entran a robar casas, pero roban igual: se quedan con salarios que no merecen y con fondos públicos que provienen delesfuerzo de quienes sí trabajan y pagan los impuestos para sostener el Estado.
A más de un año de haber alcanzado el anhelado Grado de Inversión, la euforia de los titulares ha dado paso a una realidad más sobria y exigente: la etiqueta “Baa3” (Moody’s) no borra por sí sola nuestras ineficiencias estructurales ni repara nuestras grietas morales. Si bien hemos logrado que el mundo financiero nos mire con nuevos ojos, validando nuestra disciplina macroeconómica, el verdadero examende admisión no se rinde ante una calificadora de riesgo en Nueva York, sino ante la ciudadanía que, día a día, sigue esperando que esa solvencia técnica se traduzca en integridad institucional y bienestar tangible. Hoy, el desafío ya no es demostrar que podemos pagar nuestras deudas, sino probar que somos capaces de administrar nuestra abundancia con la misma ética con la que gestionamos nuestra escasez.
La conversación sobre inteligencia artificial (IA) suele llevar a dos extremos: el miedo al reemplazo masivo de empleos y la ilusión de una automatización perfecta que resolverá todos los problemas. La realidad, sin embargo, es más compleja y sobre todo más humana. Paraguay no enfrenta un escenario de apocalipsis ni de fantasía tecnológica, sino un proceso de transición que definirá su competitividad, su productividady las oportunidades que tendrá su juventud en los próximos años.
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