Reflexiones diarias Padre Juan Diego Ruiz Arango. Medellín. Colombia.

Reflexiones diarias Padre Juan Diego Ruiz Arango. Medellín. Colombia.

By Padre Juan Diego Ruiz Arango.Religion & Spirituality
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Reflexiones diarias Padre Juan Diego Ruiz Arango. Medellín. Colombia. episodes

  • Reflexión jueves 8 de mayo de 2025. Padre Juan Diego Ruiz Arango.
    Primera lectura
    Hch 8,26-40
    Mira, agua. ¿Qué dificultad hay en que me bautice?
    Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles
    EN aquellos días, un ángel del Señor habló a Felipe y le dijo:
    «Levántate y marcha hacia el sur, por el camino de Jerusalén a Gaza, que está desierto».
    Se levantó, se puso en camino y, de pronto, vio venir a un etíope; era un eunuco, ministro de Candaces, reina de Etiopía e intendente del tesoro, que había ido a Jerusalén para adorar. Iba de vuelta, sentado en su carroza, leyendo al profeta Isaías.
    El Espíritu dijo a Felipe:
    «Acércate y pégate a la carroza».
    Felipe se acercó corriendo, le oyó leer el profeta Isaías, y le preguntó:
    «¿Entiendes lo que estás leyendo?».
    Contestó:
    «¿Y cómo voy a entenderlo si nadie me guía?».
    E invitó a Felipe a subir y a sentarse con él. El pasaje de la Escritura que estaba leyendo era este:
    «Como cordero fue llevado al matadero,
    como oveja muda ante el esquilador,
    así no abre su boca.
    En su humillación no se le hizo justicia.
    ¿Quién podrá contar su descendencia?
    Pues su vida ha sido arrancada de la tierra».
    El eunuco preguntó a Felipe:
    «Por favor, ¿de quién dice esto el profeta?; ¿de él mismo o de otro?».
    Felipe se puso a hablarle y, tomando pie de este pasaje, le anunció la Buena Nueva de Jesús. Continuando el camino, llegaron a un sitio donde había agua, y dijo el eunuco:
    «Mira, agua. ¿Qué dificultad hay en que me bautice?».
    Mandó parar la carroza, bajaron los dos al agua, Felipe y el eunuco, y lo bautizó. Cuando salieron del agua, el Espíritu del Señor arrebató a Felipe. El eunuco no volvió a verlo, y siguió su camino lleno de alegría.
    Felipe se encontró en Azoto y fue anunciando la Buena Nueva en todos los poblados hasta que llegó a Cesarea.
    Palabra de Dios.
    Salmo
    Sal 66(65),8-9.16-17.20 (R. 1)
    R. Aclama al Señor, tierra entera.
    O bien:
    R. Aleluya
    V. Bendigan, pueblos, a nuestro Dios;
    hagan resonar sus alabanzas,
    porque él nos ha devuelto la vida
    y no dejó que tropezaran nuestros pies. R.
    V. Los que temen a Dios, vengan a escuchar,
    les contaré lo que ha hecho conmigo:
    a él gritó mi boca
    y lo ensalzó mi lengua. R.
    V. Bendito sea Dios, que no rechazó mi súplica
    ni me retiró su favor. R.
    Aclamación
    R. Aleluya, aleluya, aleluya
    V. Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo -dice el Señor-; el que coma de este pan vivirá para siempre. R.
    Evangelio
    Jn 6,44-51
    Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo
    Lectura del santo Evangelio según san Juan.
    EN aquel tiempo, dijo Jesús al gentío:
    «Nadie puede venir a mí si no lo atrae el Padre que me ha enviado. Y yo lo resucitaré en el último día.
    Está escrito en los profetas: “Serán todos discípulos de Dios”.
    Todo el que escucha al Padre y aprende, viene a mí.
    No es que alguien haya visto al Padre, a no ser el que está junto a Dios: ese ha visto al Padre. En verdad, en verdad les digo: el que cree tiene vida eterna.
    Yo soy el pan de la vida. Sus padres comieron en el desierto el maná y murieron; este es el pan que baja del cielo, para que el hombre coma de él y no muera.
    Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre.
    Y el pan que yo daré es mi carne por la vida del mundo».
    Palabra del Señor.
    8 min
  • Reflexión miércoles 7 de mayo de 2025. Padre Juan Diego Ruiz Arango.
    Primera lectura
    Hch 8,1b-8
    Iban de un lugar a otro anunciando la Buena Nueva de la Palabra
    Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles
    AQUEL día, se desató una violenta persecución contra la Iglesia de Jerusalén; todos, menos los apóstoles, se dispersaron por Judea y Samaría.
    Unos hombres piadosos enterraron a Esteban e hicieron gran duelo por él.
    Saulo, por su parte, se ensañaba con la Iglesia, penetrando en las casas y arrastrando a la cárcel a hombres y mujeres.
    Los que habían sido dispersados iban de un lugar a otro anunciando la Buena Nueva de la Palabra. Felipe bajó a la ciudad de Samaría y les predicaba a Cristo. El gentío unánimemente escuchaba con atención lo que decía Felipe, porque habían oído hablar de los signos que hacía, y los estaban viendo: de muchos poseídos salían los espíritus inmundos lanzando gritos, y muchos paralíticos y lisiados se curaban. La ciudad se llenó de alegría.
    Palabra de Dios.
    Salmo
    Sal 66(65),1-3a.4-5.6-7a (R. 1)
    R. Aclama al Señor, tierra entera.
    O bien:
    R. Aleluya
    V. Aclama al Señor, tierra entera;
    toquen en honor de su nombre,
    canten himnos a su gloria.
    Digan a Dios: «¡Qué temibles son tus obras!». R.
    V. «Que se postre ante ti la tierra entera,
    que toquen en tu honor,
    que toquen para tu nombre».
    Vengan a ver las obras de Dios,
    sus temibles proezas en favor de los hombres. R.
    V. Transformó el mar en tierra firme,
    a pie atravesaron el río.
    Alegrémonos en él,
    que con su poder gobierna eternamente. R.
    Aclamación
    R. Aleluya, aleluya, aleluya
    V. Todo el que cree en el Hijo tiene vida eterna -dice el Señor-; y yo lo resucitaré en el último día. R.
    Evangelio
    Jn 6,35-40
    Esta es la voluntad del Padre: que todo el que ve al Hijo tenga vida eterna
    Lectura del santo Evangelio según san Juan.
    EN aquel tiempo, dijo Jesús al gentío:
    «Yo soy el pan de vida. El que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí no tendrá sed jamás; pero, como les he dicho, me han visto y no creen.
    Todo lo que me da el Padre vendrá a mí, y al que venga a mí no lo echaré, porque he bajado del cielo no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me ha enviado.
    Esta es la voluntad del que me ha enviado: que no pierda nada de lo que me dio, sino que lo resucite en el último día.
    Esta es la voluntad de mi Padre: que todo el que ve al Hijo y cree en él tenga vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día».
    Palabra del Señor.
    9 min
  • Reflexión martes 6 de mayo de 2025. Padre Juan Diego Ruiz Arango.
    Primera lectura
    Hch 7,51 - 8,1a
    Señor Jesús, recibe mi espíritu
    Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles
    EN aquellos días, dijo Esteban al pueblo y a los ancianos y escribas:
    «¡Duros de cerviz, incircuncisos de corazón y de oídos! Ustedes siempre resisten al Espíritu Santo, lo mismo que sus padres. ¿Hubo un profeta que sus padres no persiguieran? Ellos mataron a los que anunciaban la venida del Justo, y ahora ustedes lo han traicionado y asesinado; ustedes recibieron la ley por mediación de ángeles y no la han observado».
    Oyendo sus palabras se recomían en sus corazones y rechinaban los dientes de rabia. Esteban, lleno de Espíritu Santo, fijando la mirada en el cielo, vio la gloria de Dios, y a Jesús de pie a la derecha de Dios, y dijo:
    «Veo los cielos abiertos y al Hijo del hombre de pie a la derecha de Dios».
    Dando un grito estentóreo, se taparon los oídos; y, como un solo hombre, se abalanzaron sobre él, lo empujaron fuera de la ciudad y se pusieron a apedrearlo. Los testigos dejaron sus capas a los pies de un joven llamado Saulo y se pusieron a apedrear a Esteban, que repetía esta invocación:
    «Señor Jesús, recibe mi espíritu».
    Luego, cayendo de rodillas y clamando con voz potente, dijo:
    «Señor, no les tengas en cuenta este pecado».
    Y, con estas palabras, murió.
    Saulo aprobaba su ejecución.
    Palabra de Dios.
    Salmo
    Sal 31(30),3cd-4. 6 y 7b y 8a.17 y 21ab (R. 6a)
    R. A tus manos Señor, encomiendo mi espíritu.
    O bien:
    R. Aleluya
    V. Sé la roca de mi refugio,
    un baluarte donde me salve,
    tú que eres mi roca y mi baluarte;
    por tu nombre dirígeme y guíame. R.
    V. A tus manos encomiendo mi espíritu:
    tú, el Dios leal, me librarás.
    Yo confío en el Señor.
    Tu misericordia sea mi gozo y mi alegría. R.
    V. Haz brillar tu rostro sobre tu siervo,
    sálvame por tu misericordia.
    En el asilo de tu presencia los escondes
    de las conjuras humanas. R.
    Aclamación
    R. Aleluya, aleluya, aleluya
    V. Yo soy el pan de vida -dice el Señor-; el que viene a mí no tendrá hambre. R.
    Evangelio
    Jn 6, 30-35
    No fue Moisés, sino que es mi Padre el que da el verdadero pan de cielo
    Lectura del santo Evangelio según san Juan.
    EN aquel tiempo, el gentío dijo a Jesús:
    «¿Y qué signo haces tú, para que veamos y creamos en ti? ¿Cuál es tu obra? Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: “Pan del cielo les dio a comer”».
    Jesús les replicó:
    «En verdad, en verdad les digo: no fue Moisés quien les dio pan del cielo, sino que es mi Padre el que les da el verdadero pan del cielo. Porque el pan de Dios es el que baja del cielo y da vida al mundo».
    Entonces le dijeron:
    «Señor, danos siempre de este pan».
    Jesús les contestó:
    «Yo soy el pan de vida. El que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí no tendrá sed jamás».
    Palabra del Señor.
    6 min
  • Reflexión lunes 5 de mayo de 2025. Padre Juan Diego Ruiz Arango.
    Primera lectura
    Hch 6,8-15
    No lograban hacer frente a la sabiduría y al espíritu con que hablaba
    Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles
    EN aquellos días, Esteban, lleno de gracia y poder, realizaba grandes prodigios y signos en medio del pueblo. Unos cuantos de la sinagoga llamada de los libertos, oriundos de Cirene, Alejandría, Cilicia y Asia, se pusieron a discutir con Esteban; pero no lograban hacer frente a la sabiduría y al espíritu con que hablaba.
    Entonces indujeron a unos que asegurasen:
    «Le hemos oído palabras blasfemas contra Moisés y contra Dios».
    Alborotaron al pueblo, a los ancianos y a los escribas, y, viniendo de improviso, lo agarraron y lo condujeron al Sanedrín, presentando testigos falsos que decían:
    «Este individuo no para de hablar contra el Lugar Santo y la Ley, pues le hemos oído decir que ese Jesús el Nazareno destruirá este lugar y cambiará las tradiciones que nos dio Moisés».
    Todos los que estaban sentados en el Sanedrín fijaron su mirada en él y su rostro les pareció el de un ángel.
    Palabra de Dios.
    Salmo
    Sal 119(118),23-24.26-27. 29-30 (R. cf. 69[68],10)
    R. Dichoso el que camina en la ley del Señor.
    O bien:
    R. Aleluya
    V. Aunque los nobles se sienten a murmurar de mí,
    tu siervo medita tus decretos;
    tus preceptos son mi delicia,
    tus enseñanzas son mis consejeros. R.
    V. Te expliqué mi camino, y me escuchaste:
    enséñame tus mandamientos;
    instrúyeme en el camino de tus mandatos,
    y meditaré tus maravillas. R.
    V. Apártame del camino falso,
    y dame la gracia de tu ley;
    escogí el camino verdadero,
    deseé tus mandamientos. R.
    Aclamación
    R. Aleluya, aleluya, aleluya
    V. No solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios. R.
    Evangelio
    Jn 6,22-29
    Trabajen no por el alimento que perece, sino por el que perdura para la vida eterna
    Lectura del santo Evangelio según san Juan.
    DESPUÉS de que Jesús hubo saciado a cinco mil hombres, sus discípulos lo vieron caminando sobre el mar.
    Al día siguiente, la gente que se había quedado al otro lado del mar notó que allí no había habido más que una barca y que Jesús no había embarcado con sus discípulos, sino que sus discípulos se habían marchado solos.
    Entretanto, unas barcas de Tiberíades llegaron cerca del sitio donde habían comido el pan después que el Señor había dado gracias. Cuando la gente vio que ni Jesús ni sus discípulos estaban allí, se embarcaron y fueron a Cafarnaún en busca de Jesús.
    Al encontrarlo en la otra orilla del lago, le preguntaron:
    «Maestro, ¿cuándo has venido aquí?».
    Jesús les contestó:
    «En verdad, en verdad les digo: ustedes me buscan no porque han visto signos, sino porque comieron pan hasta saciarse. Trabajen no por el alimento que perece, sino por el alimento que perdura para la vida eterna, el que les dará el Hijo del hombre; pues a este lo ha sellado el Padre, Dios».
    Ellos le preguntaron:
    «Y, ¿qué tenemos que hacer para realizar las obras de Dios?».
    Respondió Jesús:
    «La obra de Dios es esta: que crean en el que él ha enviado».
    Palabra del Señor.
    6 min
  • Reflexión Domingo 4 de mayo de 2025. Padre Juan Diego Ruiz Arango.
    Primera lectura
    Hch 5,27-32.40b-41
    Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles.
    EN aquellos días, el sumo sacerdote interrogó a los apóstoles, diciendo:
    «¿No les habíamos ordenado formalmente no enseñar en ese Nombre? En cambio, han llenado Jerusalén con su enseñanza y quieren hacernos responsables de la sangre de ese hombre».
    Pedro y los apóstoles replicaron:
    «Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres. El Dios de nuestros padres resucitó a Jesús, a quien ustedes mataron, colgándolo de un madero. Dios lo ha exaltado con su diestra, haciéndolo jefe y salvador, para otorgar a Israel la conversión y el perdón de los pecados. Testigos de esto somos nosotros y el Espíritu Santo, que Dios da a los que lo obedecen».
    Prohibieron a los apóstoles hablar en nombre de Jesús, y los soltaron. Ellos, pues, salieron del Sanedrín contentos de haber merecido aquel ultraje por el Nombre.
    Palabra de Dios.
    Salmo
    Sal 30(29),3-4.5-6.12ac-13 (R. 2a)
    R. Te ensalzaré, Señor, porque me has librado
    V. Te ensalzaré, Señor, porque me has librado
    y no has dejado que mis enemigos se rían de mí.
    Señor, sacaste mi vida del abismo,
    me hiciste revivir cuando bajaba a la fosa. R.
    V. Tañan para el Señor, fieles suyos,
    celebren el recuerdo de su nombre santo;
    su cólera dura un instante;
    su bondad, de por vida;
    al atardecer nos visita el llanto;
    por la mañana, el júbilo. R.
    V. Escucha, Señor, y ten piedad de mí;
    Señor, socórreme (...)
    Evangelio
    Jn 21,1-19
    Lectura del santo Evangelio según san Juan.
    EN aquel tiempo, Jesús se apareció otra vez a los discípulos junto al lago de Tiberíades. Y se apareció de esta manera:
    Estaban juntos Simón Pedro, Tomás, apodado el Mellizo; Natanael, el de Caná de Galilea; los Zebedeos y otros dos discípulos suyos. Simón Pedro les dice:
    «Me voy a pescar».
    Ellos contestan:
    «Vamos también nosotros contigo».
    Salieron y se embarcaron; y aquella noche no cogieron nada. Estaba ya amaneciendo, cuando Jesús se presentó en la orilla; pero los discípulos no sabían que era Jesús.
    Jesús les dice:
    «Muchachos, ¿tienen pescado?».
    Ellos contestaron:
    «No».Él les dice:«Echen la red a la derecha de la barca y encontrarán».La echaron, y no podían sacarla, por la multitud de peces. Y aquel discípulo a quien Jesús amaba le dice a Pedro:«Es el Señor».
    Al oír que era el Señor, Simón Pedro, que estaba desnudo, se ató la túnica y se echó al agua. Los demás discípulos se acercaron en la barca, porque no distaban de tierra más que unos doscientos codos, remolcando la red con los peces.
    Al saltar a tierra, ven unas brasas con un pescado puesto encima y pan.Jesús les dice:«Traigan de los peces que acaban de coger».Simón Pedro subió a la barca y arrastró hasta la orilla la red repleta de peces grandes: ciento cincuenta y tres. Y aunque eran tantos, no se rompió la red.Jesús les dice:«Vamos, almuercen».
    Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle quién era, porque sabían bien que era el Señor. Jesús se acerca, toma el pan y se lo da, y lo mismo el pescado.
    Esta fue la tercera vez que Jesús se apareció a los discípulos después de resucitar de entre los muertos.
    Después de comer, dice Jesús a Simón Pedro:
    «Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que estos?».
    Él le contestó:
    «Sí, Señor, tú sabes que te quiero».
    Jesús le dice:
    «Apacienta mis corderos».
    Por segunda vez le pregunta:
    «Simón, hijo de Juan, ¿me amas?».
    Él le contesta:
    «Sí, Señor, tú sabes que te quiero».
    Él le dice:
    «Pastorea mis ovejas».
    Por tercera vez le pregunta:
    «Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?».
    Se entristeció Pedro de que le preguntara por tercera vez:
    «¿Me quieres?» y le contestó:
    «Señor, tú conoces todo, tú sabes que te quiero».
    Jesús le dice:«Apacienta mis ovejas. En verdad, en verdad te digo: cuando eras joven, tú mismo te ceñías e ibas adonde querías; pero, cuando seas viejo, extenderás las manos, otro te ceñirá y te llevará adonde no quieras».Esto dijo aludiendo a la muerte con que iba a dar gloria a Dios. Dicho esto, añadió:«Sígueme».
    Palabra del Señor.
    7 min
  • Reflexión sábado 3 de mayo de 2025. Padre Juan Diego Ruiz Arango.
    Primera lectura
    Nm 21, 4b-9
    Cuando una serpiente mordía a alguien, este miraba a la serpiente de bronce y salvaba la vida
    Lectura del libro de los Números.
    EN aquellos días, el pueblo se cansó de caminar y habló contra Dios y contra Moisés:
    «¿Por qué nos has sacado de Egipto para morir en el desierto? No tenemos ni pan ni agua, y nos da náuseas ese pan sin sustancia».
    El Señor envió contra el pueblo serpientes abrasadoras, que los mordían, y murieron muchos de Israel.
    Entonces el pueblo acudió a Moisés, diciendo:
    «Hemos pecado hablando contra el Señor y contra ti; reza al Señor para que aparte de nosotros las serpientes».
    Moisés rezó al Señor por el pueblo y el Señor le respondió:
    «Haz una serpiente abrasadora y colócala en un estandarte: los mordidos de serpientes quedarán sanos al mirarla».
    Moisés hizo una serpiente de bronce y la colocó en un estandarte. Cuando una serpiente mordía a alguien, este miraba a la serpiente de bronce y salvaba la vida.
    Palabra de Dios.
    Salmo
    Sal 77, 1b-2. 34-35. 36-37. 38 (R.: cf. 7b)
    R. No olviden las acciones del Señor.
    V. Escucha, pueblo mío, mi enseñanza;
    inclina el oído a las palabras de mi boca:
    que voy a abrir mi boca a las sentencias,
    para que broten los enigmas del pasado. R.
    V. Cuando los hacía morir, lo buscaban,
    y madrugaban para volverse hacia Dios;
    se acordaban de que Dios era su roca,
    el Dios altísimo su redentor. R.
    V. Lo adulaban con sus bocas,
    pero sus lenguas mentían:
    su corazón no era sincero con él,
    ni eran fieles a su alianza. R.
    V. Él, en cambio, sentía lástima,
    perdonaba la culpa y no los destruía:
    una y otra vez reprimió su cólera,
    y no despertaba todo su furor. R.
    Segunda lectura
    Flp 2, 6-11
    Se humilló a sí mismo; por eso Dios lo exaltó sobre todo
    Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses.
    CRISTO Jesús, siendo de condición divina,
    no retuvo ávidamente el ser igual a Dios;
    al contrario, se despojó de sí mismo
    tomando la condición de esclavo,
    hecho semejante a los hombres.
    Y así, reconocido como hombre por su presencia,
    se humilló a sí mismo,
    hecho obediente hasta la muerte,
    y una muerte de cruz.
    Por eso Dios lo exaltó sobre todo
    y le concedió el Nombre-sobre-todo-nombre;
    de modo que al nombre de Jesús
    toda rodilla se doble
    en el cielo, en la tierra, en el abismo,
    y toda lengua proclame:
    Jesucristo es Señor,
    para gloria de Dios Padre.
    Palabra de Dios.
    Aclamación
    R. Aleluya, aleluya, aleluya
    V. Te adoramos, oh, Cristo, y te bendecimos: porque con tu cruz has redimido el mundo. R.
    Evangelio
    Jn 3, 13- 17
    Tiene que ser elevado el Hijo del hombre
    Lectura del santo Evangelio según san Juan.
    EN aquel tiempo, dijo Jesús a Nicodemo:
    «Nadie ha subido al cielo sino el que bajó del cielo, el Hijo del hombre.
    Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el que cree en él tenga vida eterna.
    Porque tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Unigénito, para que todo el que cree en él no perezca, sino que tenga vida eterna.
    Porque Dios no envió a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él».
    Palabra del Señor.
    8 min
  • Reflexión viernes 2 de mayo de 2025. Padre Juan Diego Ruiz Arango.
    Primera lectura
    Hch 5,34-42
    Salieron contentos de haber merecido aquel ultraje por el Nombre
    Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles.
    EN aquellos días, un fariseo llamado Gamaliel, doctor de la ley, respetado por todo el pueblo, se levantó en el Sanedrín, mandó que sacaran un momento a los apóstoles y dijo:
    «Israelitas, piensen bien lo que van a hacer con esos hombres. Hace algún tiempo se levantó Teudas, dándoselas de hombre importante, y se le juntaron unos cuatrocientos hombres. Fue ejecutado, se dispersaron todos sus secuaces y todo acabó en nada.
    Más tarde, en los días del censo, surgió Judas el Galileo, arrastrando detrás de sí gente del pueblo; también pereció, y se disgregaron todos sus secuaces.
    En el caso presente, les digo: no se metan con esos hombres; suéltenlos. Si su idea y su actividad son cosa de hombres, se disolverá; pero, si es cosa de Dios, no lograrán destruirlos, y se expondrían a luchar contra Dios».
    Le dieron la razón y, habiendo llamado a los apóstoles, los azotaron, les prohibieron hablar en nombre de Jesús, y los soltaron. Ellos, pues, salieron del Sanedrín contentos de haber merecido aquel ultraje por el Nombre. Ningún día dejaban de enseñar, en el templo y por las casas, anunciando la buena noticia acerca del Mesías Jesús.
    Palabra de Dios.
    Salmo
    Sal 27(26),1.4.13-14 (R. cf. 5)
    R. Una cosa pido al Señor: habitar en su casa.
    O bien:
    R. Aleluya.
    V. El Señor es mi luz y mi salvación,
    ¿a quién temeré?
    El Señor es la defensa de mi vida,
    ¿quién me hará temblar? R.
    V. Una cosa pido al Señor,
    eso buscaré:
    habitar en la casa del Señor
    por los días de mi vida;
    gozar de la dulzura del Señor,
    contemplando su templo. R.
    V. Espero gozar de la dicha del Señor
    en el país de la vida.
    Espera en el Señor, sé valiente,
    ten ánimo, espera en el Señor. R.
    Aclamación
    R. Aleluya, aleluya, aleluya
    V. No solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios. R.
    Evangelio
    Jn 6,1-15
    Repartió a los que estaban sentados todo lo que quisieron
    Lectura del santo Evangelio según san Juan.
    EN aquel tiempo, Jesús se marchó a la otra parte del mar de Galilea, o de Tiberíades. Lo seguía mucha gente, porque habían visto los signos que hacía con los enfermos.
    Subió Jesús entonces a la montaña y se sentó allí con sus discípulos.
    Estaba cerca la Pascua, la fiesta de los judíos. Jesús entonces levantó los ojos y, al ver que acudía mucha gente, dice a Felipe:
    «¿Con qué compraremos panes para que coman estos?».
    Lo decía para probarlo, pues bien sabía él lo que iba a hacer.
    Felipe le contestó:
    «Doscientos denarios de pan no bastan para que a cada uno le toque un pedazo».
    Uno de sus discípulos, Andrés, el hermano de Simón Pedro, le dice:
    «Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos peces; pero ¿qué es eso para tantos?».
    Jesús dijo:
    «Digan a la gente que se siente en el suelo».
    Había mucha hierba en aquel sitio. Se sentaron; solo los hombres eran unos cinco mil.
    Jesús tomó los panes, dijo la acción de gracias y los repartió a los que estaban sentados, y lo mismo todo lo que quisieron del pescado.
    Cuando se saciaron, dice a sus discípulos:
    «Recojan los pedazos que han sobrado; que nada se pierda».
    Los recogieron y llenaron doce canastos con los pedazos de los cinco panes de cebada que sobraron a los que habían comido. La gente entonces, al ver el signo que había hecho, decía:
    «Este es verdaderamente el Profeta que va a venir al mundo».
    Jesús, sabiendo que iban a llevárselo para proclamarlo rey, se retiró otra vez a la montaña él solo.
    Palabra del Señor.
    9 min
  • Reflexión jueves 1º de mayo de 2025. Padre Juan Diego Ruiz Arango.
    Primera lectura
    Hch 5,27-33
    Testigos de esto somos nosotros y el Espíritu Santo
    Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles
    EN aquellos días, los apóstoles fueron conducidos a comparecer ante el Sanedrín y el sumo sacerdote los interrogó, diciendo:
    «¿No les habíamos ordenado formalmente no enseñar en ese Nombre? En cambio, han llenado Jerusalén con su enseñanza y quieren hacernos responsables de la sangre de ese hombre».
    Pedro y los apóstoles replicaron:
    «Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres. El Dios de nuestros padres resucitó a Jesús, a quien ustedes mataron, colgándolo de un madero. Dios lo ha exaltado con su diestra, haciéndolo jefe y salvador, para otorgar a Israel la conversión y el perdón de los pecados. Testigos de esto somos nosotros y el Espíritu Santo, que Dios da a los que le obedecen».
    Ellos, al oír esto, se consumían de rabia y trataban de matarlos.
    Palabra de Dios.
    Salmo
    Sal 34(33),2 y 9.17-18.19-20 (R. 7a)
    R. El afligido invocó al Señor, y él lo escuchó.
    O bien:
    R. Aleluya.
    V. Bendigo al Señor en todo momento,
    su alabanza está siempre en mi boca.
    Gusten y vean qué bueno es el Señor,
    dichoso el que se acoge a él. R.
    V. El Señor se enfrenta con los malhechores,
    para borrar de la tierra su memoria.
    Cuando uno grita, el Señor lo escucha
    y lo libra de sus angustias. R.
    V. El Señor está cerca de los atribulados,
    salva a los abatidos.
    Aunque el justo sufra muchos males,
    de todos lo libra el Señor. R.
    Aclamación
    R. Aleluya, aleluya, aleluya
    V. Porque me has visto, Tomás, has creído -dice el Señor-; bienaventurados los que crean sin haber visto. R.
    Evangelio
    Jn 3,31-36
    El Padre ama al Hijo y todo lo ha puesto en su mano
    Lectura del santo Evangelio según san Juan.
    EL que viene de lo alto está por encima de todos. El que es de la tierra es de la tierra y habla de la tierra. El que viene del cielo está por encima de todos. De lo que ha visto y ha oído da testimonio, y nadie acepta su testimonio. El que acepta su testimonio certifica que Dios es veraz.
    El que Dios envió habla las palabras de Dios, porque no da el Espíritu con medida. El Padre ama al Hijo y todo lo ha puesto en su mano. El que cree en el Hijo posee la vida eterna; el que no crea al Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios pesa sobre él.
    Palabra del Señor.
    7 min
  • Reflexión miércoles 30 de abril de 2025. Padre Juan Diego Ruiz Arango.
    Primera lectura
    Hch 5,17-26
    Miren, los hombres que ustedes metieron en la cárcel están en el templo, enseñando al pueblo
    Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles.
    EN aquellos días, el sumo sacerdote y todos los suyos, que integran la secta de los saduceos, en un arrebato de celo, prendieron a los apóstoles y los metieron en la cárcel pública. Pero, por la noche, el ángel del Señor les abrió las puertas de la cárcel y los sacó, diciéndoles:
    «Márchense y, cuando lleguen al templo, expliquen al pueblo todas estas palabras de vida».
    Entonces ellos, al oírlo, entraron en el templo al amanecer y se pusieron a enseñar. Llegó entre tanto el sumo sacerdote con todos los suyos, convocaron el Sanedrín y el pleno de los ancianos de los hijos de Israel, y mandaron a prisión para que los trajesen. Fueron los guardias, no los encontraron en la cárcel, y volvieron a informar, diciendo:
    «Hemos encontrado la prisión cerrada con toda seguridad, y a los centinelas en pie a las puertas; pero, al abrir, no encontramos a nadie dentro».
    Al oír estas palabras, ni el jefe de la guardia del templo ni los sumos sacerdotes atinaban a explicarse qué había pasado. Uno se presentó, avisando:
    «Miren, los hombres que ustedes metieron en la cárcel están en el templo, enseñando al pueblo».
    Entonces el jefe salió con los guardias y se los trajo, sin emplear la fuerza, por miedo a que el pueblo los apedrease.
    Palabra de Dios.
    Salmo
    Sal 34(33),2-3.4-5.6-7.8-9 (R. 7a)
    R. El afligido invocó al Señor, y él lo escuchó.
    O bien:
    R. Aleluya
    V. Bendigo al Señor en todo momento,
    su alabanza está siempre en mi boca;
    mi alma se gloría en el Señor:
    que los humildes lo escuchen y se alegren. R.
    V. Proclamen conmigo la grandeza del Señor,
    ensalcemos juntos su nombre.
    Yo consulté al Señor, y me respondió,
    me libró de todas mis ansias. R.
    V. Contémplenlo, y quedarán radiantes,
    su rostro no se avergonzará.
    El afligido invocó al Señor,
    él lo escuchó y lo salvó de sus angustias. R.
    V. El ángel del Señor acampa en torno a quienes le temen
    y lo protege.
    Gusten y vean qué bueno es el Señor,
    dichoso el que se acoge a él. R.
    Aclamación
    R. Aleluya, aleluya, aleluya
    V. Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Unigénito; todo el que cree en él tiene vida eterna. R.
    Evangelio
    Jn 3,16-21
    Dios envió a su Hijo para que el mundo se salve por él
    Lectura del santo Evangelio según san Juan.
    TANTO amó Dios al mundo, que entregó a su Unigénito, para que todo el que cree en él no perezca, sino que tenga vida eterna.
    Porque Dios no envió a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.
    El que cree en él no será juzgado; el que no cree ya está juzgado, porque no ha creído en el nombre del Unigénito de Dios.
    Este es el juicio: que la luz vino al mundo, y los hombres prefirieron la tiniebla a la luz, porque sus obras eran malas. Pues todo el que obra el mal detesta la luz, y no se acerca a la luz, para no verse acusado por sus obras.
    En cambio, el que obra la verdad se acerca a la luz, para que se vea que sus obras están hechas según Dios.
    Palabra del Señor.
    7 min
  • Reflexión martes 29 de abril de 2025. Padre Juan Diego Ruiz Arango.
    Primera lectura
    Hch 4,32-37
    Un solo corazón y una sola alma
    Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles.
    EL grupo de los creyentes tenía un solo corazón y una sola alma: nadie llamaba suyo propio nada de lo que tenía, pues lo poseían todo en común.
    Los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús con mucho valor. Y se les miraba a todos con mucho agrado. Entre ellos no había necesitados, pues los que poseían tierras o casas las vendían, traían el dinero de lo vendido y lo ponían a los pies de los apóstoles; luego se distribuía a cada uno según lo que necesitaba.
    José, a quien los apóstoles apellidaron Bernabé, que significa hijo de la consolación, que era levita y natural de Chipre, tenía un campo y lo vendió; llevó el dinero y lo puso a los pies de los apóstoles.
    Palabra de Dios.
    Salmo
    Sal 93(92),1ab.1c-2.5 (R. 122[121],3)
    R. El Señor reina, vestido de majestad.
    O bien:
    R. Aleluya
    V. El Señor reina, vestido de majestad;
    el Señor, vestido y ceñido de poder. R.
    V. Así está firme el orbe y no vacila.
    Tu trono está firme desde siempre,
    y tú eres eterno. R.
    V. Tus mandatos son fieles y seguros;
    la santidad es el adorno de tu casa,
    Señor, por días sin término. R.
    Aclamación
    R. Aleluya, aleluya, aleluya
    V. Tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el que cree en él tenga vida eterna. R.
    Evangelio
    Jn 3,7b-15
    Nadie ha subido al cielo sino el que bajó del cielo, el Hijo del hombre
    Lectura del santo Evangelio según san Juan.
    EN aquel tiempo, dijo Jesús a Nicodemo:
    «Tienen que nacer de nuevo; el viento sopla donde quiere y oyes su ruido, pero no sabes de dónde viene ni adónde va. Así es todo el que ha nacido del Espíritu».
    Nicodemo le preguntó:
    «¿Cómo puede suceder eso?».
    Le contestó Jesús:
    «¿Tú eres maestro en Israel, y no lo entiendes? En verdad, en verdad te digo: hablamos de lo que sabemos y damos testimonio de lo que hemos visto, pero ustedes no reciben nuestro testimonio. Si les hablo de las cosas terrenas y no me creen, ¿cómo creerán si les hablo de las cosas celestiales? Nadie ha subido al cielo sino el que bajó del cielo, el Hijo del hombre.
    Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el que cree en él tenga vida eterna».
    Palabra del Señor.
    8 min

About Reflexiones diarias Padre Juan Diego Ruiz Arango. Medellín. Colombia.

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