Reflexiones diarias Padre Juan Diego Ruiz Arango. Medellín. Colombia.

Reflexiones diarias Padre Juan Diego Ruiz Arango. Medellín. Colombia.

By Padre Juan Diego Ruiz Arango.Religion & Spirituality
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Reflexiones diarias Padre Juan Diego Ruiz Arango. Medellín. Colombia. episodes

  • Reflexión viernes santo 2025. Padre Juan Diego Ruiz Arango.
    Primera lectura
    Is 52,13 - 53,12
    Lectura del libro de Isaías.
    MIREN, mi siervo tendrá éxito,
    subirá y crecerá mucho.
    Como muchos se espantaron de él
    porque desfigurado no parecía hombre,
    ni tenía aspecto humano,
    así asombrará a muchos pueblos,
    ante él los reyes cerrarán la boca,
    al ver algo inenarrable
    y comprender algo inaudito.
    ¿Quién creyó nuestro anuncio?;
    ¿a quién se reveló el brazo del Señor?
    Creció en su presencia como brote,
    como raíz en tierra árida,
    sin figura, sin belleza.
    Lo vimos sin aspecto atrayente,
    despreciado y evitado de los hombres,
    como un hombre de dolores,
    acostumbrado a sufrimientos,
    ante el cual se ocultaban los rostros,
    despreciado y desestimado.
    Él soportó nuestros sufrimientos
    y aguantó nuestros dolores;
    nosotros lo estimamos leproso,
    herido de Dios y humillado;
    pero él fue traspasado por nuestras rebeliones,
    triturado por nuestros crímenes.
    Nuestro castigo saludable cayó sobre él,
    sus cicatrices nos curaron.
    Todos errábamos como ovejas,
    cada uno siguiendo su camino;
    y el Señor cargó sobre él
    todos nuestros crímenes.
    Maltratado, voluntariamente se humillaba
    y no abría la boca:
    como cordero llevado al matadero,
    como oveja ante el esquilador,
    enmudecía y no abría la boca.
    Sin defensa, sin justicia, se lo llevaron,
    ¿quién se preocupará de su estirpe?
    Lo arrancaron de la tierra de los vivos,
    por los pecados de mi pueblo lo hirieron.
    Le dieron sepultura con los malvados
    y una tumba con los malhechores,
    aunque no había cometido crímenes
    ni hubo engaño en su boca.
    El Señor quiso triturarlo con el sufrimiento,
    y entregar su vida como expiación:
    verá su descendencia, prolongará sus años,
    lo que el Señor quiere prosperará por su mano.
    Por los trabajos de su alma verá la luz,
    el justo se saciará de conocimiento.
    Mi siervo justificará a muchos,
    porque cargó con los crímenes de ellos.
    Le daré una multitud como parte,
    y tendrá como despojo una muchedumbre.
    Porque expuso su vida a la muerte
    y fue contado entre los pecadores,
    él tomó el pecado de muchos
    e intercedió por los pecadores.
    Palabra de Dios
    Salmo
    Sal 31(30),2 y 6.12-13.15-16.17 y 25 (R. 6a)
    R. Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu.
    V. A ti, Señor, me acojo:
    no quede yo nunca defraudado;
    tú, que eres justo, ponme a salvo.
    A tus manos encomiendo mi espíritu:
    tú, el Dios leal, me librarás. R.
    V. Soy la burla de todos mis enemigos,
    la irrisión de mis vecinos,
    el espanto de mis conocidos:
    me ven por la calle y escapan de mí.
    Me han olvidado como a un muerto,
    me han desechado como a un cacharro inútil. R.
    V. Pero yo confío en ti, Señor;
    te digo: «Tú eres mi Dios».
    En tus manos están mis azares:
    líbrame de mis enemigos que me persiguen. R.
    V. Haz brillar tu rostro sobre tu siervo,
    sálvame por tu misericordia.
    Sean fuertes y valientes de corazón
    los que esperan en el Señor. R.
    Segunda lectura
    Hb 4,14-16; 5,7-9
    Aprendió a obedecer; y se convirtió, para todos los que lo obedecen, en autor de salvación.
    Lectura de la carta a los Hebreos.
    HERMANOS:
    Ya que tenemos un sumo sacerdote grande que ha atravesado el cielo, Jesús, Hijo de Dios, mantengamos firme la confesión de fe.
    No tenemos un sumo sacerdote incapaz de compadecerse de nuestras debilidades, sino que ha sido probado en todo, como nosotros, menos en el pecado. Por eso, comparezcamos confiados ante el trono de la gracia, para alcanzar misericordia y encontrar gracia para un auxilio oportuno.
    Cristo, en efecto, en los días de su vida mortal, a gritos y con lágrimas, presentó oraciones y súplicas al que podía salvarlo de la muerte, siendo escuchado por su piedad filial. Y, aun siendo Hijo, aprendió, sufriendo, a obedecer. Y, llevado a la consumación, se convirtió, para todos los que lo obedecen, en autor de salvación eterna.
    Palabra de Dios.
    Aclamación
    V. Cristo se ha hecho por nosotros obediente hasta la muerte, y una muerte de cruz. Por eso Dios lo exaltó sobre todo y le concedió el Nombre-sobre-todo-nombre.
    Evangelio
    Jn 18,1-19,42
    Pasión de nuestro Señor Jesucristo según san Juan
    (...)
    9 min
  • Reflexión jueves Santo 2025. Padre Juan Diego Ruiz Arango.
    Primera lectura
    Éx 12,1-8.11
    Lectura del libro del Éxodo.
    EN aquellos días, dijo el Señor a Moisés y a Aarón en tierra de Egipto:
    «Este mes será para ustedes el principal de los meses; será para ustedes el primer mes del año. Digan a toda la asamblea de los hijos de Israel: “El diez de este mes cada uno procurará un animal para su familia, uno por casa. Si la familia es demasiado pequeña para comérselo, que se junte con el vecino más próximo a su casa, hasta completar el número de personas; y cada uno comerá su parte hasta terminarlo.
    Será un animal sin defecto, macho, de un año; lo escogerán entre los corderos o los cabritos.
    Lo guardarán hasta el día catorce del mes y toda la asamblea de los hijos de Israel lo matará al atardecer”. Tomarán la sangre y rociarán las dos jambas y el dintel de la casa donde lo coman. Esa noche comerán la carne, asada a fuego, y comerán panes sin fermentar y hierbas amargas.
    Y lo comerán así: la cintura ceñida, las sandalias en los pies, un bastón en la mano; y se lo comerán a toda prisa, porque es la Pascua, el Paso del Señor.
    Yo pasaré esta noche por la tierra de Egipto y heriré a todos los primogénitos de la tierra de Egipto, desde los hombres hasta los ganados, y me tomaré justicia de todos los dioses de Egipto. Yo, el Señor.
    La sangre será la señal de ustedes en las casas donde habitan. Cuando yo vea la sangre, pasaré de largo ante ustedes, y no habrá entre ustedes plaga exterminadora, cuando yo hiera a la tierra de Egipto.
    Este será un día memorable para ustedes; en él celebrarán fiesta en honor del Señor. De generación en generación, como ley perpetua lo festejarán.
    Palabra de Dios.
    Salmo
    Sal 116(115),12-13.15 y 16bc.17-18
    R. El cáliz de la bendición
    es comunión de la sangre de Cristo.
    V. ¿Cómo pagaré al Señor
    todo el bien que me ha hecho?
    Alzaré la copa de la salvación,
    invocando el nombre del Señor. R.
    V. Mucho le cuesta al Señor
    la muerte de sus fieles.
    Señor, yo soy tu siervo,
    hijo de tu esclava:
    rompiste mis cadenas. R.
    V. Te ofreceré un sacrificio de alabanza,
    invocando el nombre del Señor.
    Cumpliré al Señor mis votos
    en presencia de todo el pueblo. R.
    Segunda lectura
    1Co 11,23-26
    Cada vez que comen y beben, proclaman la muerte del Señor
    Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios.
    HERMANOS:
    Yo he recibido una tradición, que procede del Señor y que a mi vez les he transmitido: que el Señor Jesús, en la noche en que iba a ser entregado, tomó pan y, pronunciando la Acción de Gracias, lo partió y dijo:
    «Esto es mi cuerpo, que se entrega por ustedes. Hagan esto en memoria mía».
    Lo mismo hizo con el cáliz, después de cenar, diciendo:
    «Este cáliz es la nueva alianza en mi sangre; hagan esto cada vez que lo beban, en memoria mía».
    Por eso, cada vez que comen de este pan y beben del cáliz, proclaman la muerte del Señor, hasta que vuelva.
    Palabra de Dios.
    Evangelio
    Jn 13,1-15
    Los amó hasta el extremo
    Lectura del santo Evangelio según san Juan.
    ANTES de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado su hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo.
    Estaban cenando; ya el diablo había suscitado en el corazón de Judas, hijo de Simón Iscariote, la intención de entregarlo; y Jesús, sabiendo que el Padre había puesto todo en sus manos, que venía de Dios y a Dios volvía, se levanta de la cena, se quita el manto y, tomando una toalla, se la ciñe; luego echa agua en la jofaina y se pone a lavarles los pies a los discípulos, secándoselos con la toalla que se había ceñido.
    Llegó a Simón Pedro, y este le dice:
    «Señor, ¿lavarme los pies tú a mí?».
    Jesús le replicó:
    «Lo que yo hago, tú no lo entiendes ahora, pero lo comprenderás más tarde».
    Pedro le dice:
    «No me lavarás los pies jamás».
    Jesús le contestó:
    «Si no te lavo, no tienes parte conmigo».
    Simón Pedro le dice:
    «Señor, no solo los pies, sino también las manos y la cabeza».
    Jesús le dice:
    «Uno que se ha bañado (...)
    Palabra del Señor.
    9 min
  • Reflexión miércoles Santo 2025. Padre Juan Diego Ruiz Arango.
    Primera lectura
    Is 50,4-9a
    No escondí el rostro ante ultrajes
    Lectura del libro de Isaías.
    EL Señor Dios me ha dado una lengua de discípulo;
    para saber decir al abatido una palabra de aliento.
    Cada mañana me espabila el oído,
    para que escuche como los discípulos.
    El Señor Dios me abrió el oído;
    yo no resistí ni me eché atrás.
    Ofrecí la espalda a los que me golpeaban,
    las mejillas a los que mesaban mi barba;
    no escondí el rostro ante ultrajes y salivazos.
    El Señor Dios me ayuda,
    por eso no sentía los ultrajes;
    por eso endurecí el rostro como pedernal,
    sabiendo que no quedaría defraudado.
    Mi defensor está cerca,
    ¿quién pleiteará contra mí?
    Comparezcamos juntos,
    ¿quién me acusará?
    Que se acerque.
    Miren, el Señor Dios me ayuda,
    ¿quién me condenará?
    Palabra de Dios.
    Salmo
    Sal 69(68),8.9-10.21-22.31.33-34 (R. cf. 30)
    R. Señor, que me escuche tu gran bondad
    el día de tu favor.
    V. Por ti he aguantado afrentas,
    la vergüenza cubrió mi rostro.
    Soy un extraño para mis hermanos,
    un extranjero para los hijos de mi madre.
    Porque me devora el celo de tu templo,
    y las afrentas con que te afrentan caen sobre mí. R.
    V. La afrenta me destroza el corazón, y desfallezco.
    Espero compasión, y no la hay;
    consoladores, y no los encuentro.
    En mi comida me echaron hiel,
    para mi sed me dieron vinagre. R.
    V. Alabaré el nombre de Dios con cantos,
    proclamaré su grandeza con acción de gracias.
    Mírenlo, los humildes, y alégrense;
    busquen al Señor, y revivirá su corazón.
    Que el Señor escucha a sus pobres,
    no desprecia a sus cautivos. R.
    Aclamación
    (Opción 1)
    V. Salve, Rey nuestro, solo tú te has compadecido de nuestros errores.
    (Opción 2)
    V. Salve, Rey nuestro, obediente al Padre; fuiste llevado a la crucifixión, como manso cordero a la matanza.
    Evangelio
    Mt 26,14-25
    El Hijo del hombre se va como está escrito; pero, ¡ay de aquel por quien es entregado!
    Lectura del santo Evangelio según san Mateo.
    EN aquel tiempo, uno de los Doce, llamado Judas
    Iscariote, fue a los sumos sacerdotes y les propuso:
    «¿Qué están dispuestos a darme si se lo entrego a ustedes?».
    Ellos se ajustaron con él en treinta monedas de plata. Y desde entonces andaba buscando ocasión propicia para entregarlo.
    El primer día de los Ácimos se acercaron los discípulos a Jesús y le preguntaron:
    «¿Dónde quieres que te preparemos la cena de Pascua?».
    Él contestó:
    «Vayan a la ciudad, a casa de quien ustedes saben, y díganle: “El Maestro dice: mi hora está cerca; voy a celebrar la Pascua en tu casa con mis discípulos”».
    Los discípulos cumplieron las instrucciones de Jesús y prepararon la Pascua.
    Al atardecer se puso a la mesa con los Doce. Mientras comían dijo:
    «En verdad les digo que uno de ustedes me va a entregar».
    Ellos, muy entristecidos, se pusieron a preguntarle uno tras otro:
    «¿Soy yo acaso, Señor?».
    Él respondió:
    «El que ha metido conmigo la mano en la fuente, ese me va a entregar. El Hijo del hombre se va como está escrito de él; pero, ¡ay de aquel por quien el Hijo del hombre es entregado!, ¡más le valdría a ese hombre no haber nacido!».
    Entonces preguntó Judas, el que lo iba a entregar:
    «¿Soy yo acaso, Maestro?».
    Él respondió:
    «Tú lo has dicho».
    Palabra del Señor.
    8 min
  • Reflexión martes Santo 2025. Padre Juan Diego Ruiz Arango.
    Primera lectura
    Is 49,1-6
    Te hago luz de las naciones, para que mi salvación alcance hasta el confín de la tierra
    Lectura del libro de Isaías.
    ESCÚCHENME, islas; atiendan, pueblos lejanos:
    El Señor me llamó desde el vientre materno,
    de las entrañas de mi madre, y pronunció mi nombre.
    Hizo de mi boca una espada afilada,
    me escondió en la sombra de su mano;
    me hizo flecha bruñida, me guardó en su aljaba
    y me dijo: «Tú eres mi siervo, Israel,
    por medio de ti me glorificaré».
    Y yo pensaba: «En vano me he cansado,
    en viento y en nada he gastado mis fuerzas».
    En realidad el Señor defendía mi causa,
    mi recompensa la custodiaba Dios.
    Y ahora dice el Señor,
    el que me formó desde el vientre como siervo suyo,
    para que le devolviese a Jacob,
    para que le reuniera a Israel;
    he sido glorificado a los ojos de Dios.
    Y mi Dios era mi fuerza:
    «Es poco que seas mi siervo
    para restablecer las tribus de Jacob
    y traer de vuelta a los supervivientes de Israel.
    Te hago luz de las naciones,
    para que mi salvación alcance hasta el confín de la tierra».
    Palabra de Dios.
    Salmo
    Sal 71(70),1-2.3-4a.5-6ab.15ab y 17 (R. 16b)
    R. Mi boca contará tu salvación, Señor.
    V. A ti, Señor, me acojo:
    no quede yo derrotado para siempre.
    Tú que eres justo, líbrame y ponme a salvo,
    inclina a mí tu oído y sálvame. R.
    V. Sé tú mi roca de refugio,
    el alcázar donde me salve,
    porque mi peña y mi alcázar eres tú.
    Dios mío, líbrame de la mano perversa. R.
    V. Porque tú, Señor, fuiste mi esperanza
    y mi confianza, Señor, desde mi juventud.
    En el vientre materno ya me apoyaba en ti,
    en el seno tú me sostenías. R.
    V. Mi boca contará tu justicia,
    y todo el día tu salvación.
    Dios mío, me instruiste desde mi juventud,
    y hasta hoy relato tus maravillas. R.
    Aclamación
    V. Salve, Rey nuestro, obediente al Padre; fuiste llevado a la crucifixión, como manso cordero a la matanza.
    Evangelio
    Jn 13,21-33.36-38
    Uno de ustedes me va a entregar … No cantará el gallo antes de que me hayas negado tres veces
    Lectura del santo Evangelio según san Juan.
    EN aquel tiempo, estando Jesús a la mesa con sus discípulos, se turbó en su espíritu y dio testimonio diciendo:
    «En verdad, en verdad les digo: uno de ustedes me va a entregar».
    Los discípulos se miraron unos a otros perplejos, por no saber de quién lo decía.
    Uno de ellos, el que Jesús amaba, estaba reclinado a la mesa en el seno de Jesús. Simón Pedro le hizo señas para que averiguase por quién lo decía.
    Entonces él, apoyándose en el pecho de Jesús, le preguntó:
    «Señor, ¿quién es?».
    Le contestó Jesús:
    «Aquel a quien yo le dé este trozo de pan untado».
    Y, untando el pan, se lo dio a Judas, hijo de Simón el Iscariote.
    Detrás del pan, entró en él Satanás. Entonces Jesús le dijo:
    «Lo que vas a hacer, hazlo pronto».
    Ninguno de los comensales entendió a qué se refería. Como Judas guardaba la bolsa, algunos suponían que Jesús le encargaba comprar lo necesario para la fiesta o dar algo a los pobres.
    Judas, después de tomar el pan, salió inmediatamente. Era de noche.
    Cuando salió, dijo Jesús:
    «Ahora es glorificado el Hijo del hombre, y Dios es glorificado en él. Si Dios es glorificado en él, también Dios lo glorificará en sí mismo: pronto lo glorificará. Hijitos, me queda poco de estar con ustedes. Me buscarán, pero lo que dije a los judíos se lo digo ahora a ustedes:
    “Donde yo voy no pueden venir ustedes”».
    Simón Pedro le dijo:
    «Señor, ¿adónde vas?».
    Jesús le respondió:
    «Adonde yo voy no me puedes seguir ahora, me seguirás más tarde».
    Pedro replicó:
    «Señor, ¿por qué no puedo seguirte ahora? Daré mi vida por ti».
    Jesús le contestó:
    «¿Conque darás tu vida por mí? En verdad, en verdad te digo: no cantará el gallo antes de que me hayas negado tres veces».
    Palabra del Señor.
    8 min
  • Reflexión Lunes Santo 2025. Padre Juan Diego Ruiz Arango.
    Primera lectura
    Is 42,1-7
    No gritará, no voceará por las calles
    Lectura del libro de Isaías.
    MIREN a mi siervo,
    a quien sostengo;
    mi elegido,
    en quien me complazco.
    He puesto mi espíritu sobre él,
    manifestará la justicia a las naciones.
    No gritará, no clamará,
    no voceará por las calles.
    La caña cascada no la quebrará,
    la mecha vacilante no la apagará.
    Manifestará la justicia con verdad.
    No vacilará ni se quebrará,
    hasta implantar la justicia en el país.
    En su ley esperan las islas.
    Esto dice el Señor, Dios,
    que crea y despliega los cielos,
    consolidó la tierra con su vegetación,
    da el respiro al pueblo que la habita
    y el aliento a quienes caminan por ella:
    «Yo, el Señor,
    te he llamado en mi justicia,
    te cogí de la mano, te formé
    e hice de ti alianza de un pueblo
    y luz de las naciones,
    para que abras los ojos de los ciegos,
    saques a los cautivos de la cárcel,
    de la prisión a los que habitan en tinieblas».
    Palabra de Dios.
    Salmo
    Sal 27(26),1.2.3.13-14 (R. 1a)
    R. El Señor es mi luz y mi salvación.
    V. El Señor es mi luz y mi salvación,
    ¿a quién temeré?
    El Señor es la defensa de mi vida,
    ¿quién me hará temblar? R.
    V. Cuando me asaltan los malvados
    para devorar mi carne,
    ellos, enemigos y adversarios,
    tropiezan y caen. R.
    V. Si un ejército acampa contra mí,
    mi corazón no tiembla;
    si me declaran la guerra,
    me siento tranquilo. R
    V. Espero gozar de la dicha del Señor
    en el país de la vida.
    Espera en el Señor, sé valiente,
    ten ánimo, espera en el Señor. R.
    Aclamación
    V. Salve, Rey nuestro, solo tú te has compadecido de nuestros errores.
    Evangelio
    Jn 12,1-11
    Déjala; lo tenía guardado para el día de mi sepultura
    Lectura del santo Evangelio según san Juan
    SEIS días antes de la Pascua, fue Jesús a Betania, donde vivía Lázaro, a quien había resucitado de entre los muertos. Allí le ofrecieron una cena; Marta servía, y Lázaro era uno de los que estaban con él a la mesa.
    María tomó una libra de perfume de nardo, auténtico y costoso, le ungió a Jesús los pies y se los enjugó con su cabellera. Y la casa se llenó de la fragancia del perfume.
    Judas Iscariote, uno de sus discípulos, el que lo iba a entregar, dice:
    «¿Por qué no se ha vendido este perfume por trescientos denarios para dárselos a los pobres?».
    Esto lo dijo no porque le importasen los pobres, sino porque era un ladrón; y como tenía la bolsa, se llevaba de lo que iban echando.
    Jesús dijo:
    «Déjala; lo tenía guardado para el día de mi sepultura; porque a los pobres los tienen siempre con ustedes, pero a mí no siempre me tienen».
    Una muchedumbre de judíos se enteró de que estaba allí y fueron no solo por Jesús, sino también para ver a Lázaro, al que había resucitado de entre los muertos.
    Los sumos sacerdotes decidieron matar también a Lázaro, porque muchos judíos, por su causa, se les iban y creían en Jesús.
    Palabra del Señor.
    8 min
  • Reflexión Domingo de Ramos 2025. Padre Juan Diego Ruiz Arango.
    Primera lectura
    Is 50,4-7
    No escondí el rostro ante ultrajes, sabiendo que no quedaría defraudado
    (Tercer cántico del Siervo del Señor)
    Lectura del libro de Isaías
    EL Señor Dios me ha dado una lengua de discípulo;
    para saber decir al abatido una palabra de aliento.
    Cada mañana me espabila el oído,
    para que escuche como los discípulos.
    El Señor Dios me abrió el oído;
    yo no resistí ni me eché atrás.
    Ofrecí la espalda a los que me golpeaban,
    las mejillas a los que mesaban mi barba;
    no escondí el rostro ante ultrajes y salivazos.
    El Señor Dios me ayuda,
    por eso no sentía los ultrajes;
    por eso endurecí el rostro como pedernal,
    sabiendo que no quedaría defraudado.
    Palabra de Dios.
    Salmo
    Sal 22(21),8-9.17-18a.19-20. 23-24 (R. 2a)
    R. Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?
    V. Al verme, se burlan de mí,
    hacen visajes, menean la cabeza:
    «Acudió al Señor, que lo ponga a salvo;
    que lo libre si tanto lo quiere». R.
    V. Me acorrala una jauría de mastines,
    me cerca una banda de malhechores;
    me taladran las manos y los pies,
    puedo contar mis huesos. R.
    V. Se reparten mi ropa,
    echan a suerte mi túnica.
    Pero tú, Señor, no te quedes lejos;
    fuerza mía, ven corriendo a ayudarme. R.
    V. Contaré tu fama a mis hermanos,
    en medio de la asamblea te alabaré.
    «Los que temen al Señor, alábenlo;
    linaje de Jacob, glorifíquenlo;
    témanlo, linaje de Israel». R.
    Segunda lectura
    Flp 2,6-11
    Se humilló a si mismo; por eso Dios lo exaltó sobre todo
    Lectura de la carta del Apóstol san Pablo a los Filipenses
    CRISTO Jesús, siendo de condición divina,
    no retuvo ávidamente el ser igual a Dios;
    al contrario, se despojó de sí mismo
    tomando la condición de esclavo,
    hecho semejante a los hombres.
    Y así, reconocido como hombre por su presencia,
    se humilló a sí mismo,
    hecho obediente hasta la muerte,
    y una muerte de cruz.
    Por eso Dios lo exaltó sobre todo
    y le concedió el Nombre-sobre-todo-nombre;
    de modo que al nombre de Jesús
    toda rodilla se doble
    en el cielo, en la tierra, en el abismo,
    y toda lengua proclame:
    Jesucristo es Señor,
    para gloria de Dios Padre.
    Palabra de Dios
    Evangelio
    Lc 23,1-49
    Pasión de nuestro Señor Jesucristo
    Pasión de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas
    Cronista:
    EN aquel tiempo, los ancianos del pueblo, con los jefes de los sacerdotes y los escribas llevaron a Jesús a presencia de Pilato.
    No encuentro ninguna culpa en este hombre
    C. Y se pusieron a acusarlo diciendo:
    S. «Hemos encontrado que este anda amotinando a nuestra nación, y oponiéndose a que se paguen tributos al César, y diciendo que él es el Mesías rey».
    C. Pilato le preguntó:
    S. «¿Eres tú el rey de los judíos?».
    C. Él le responde:
    + «Tú lo dices».
    C. Pilato dijo a los sumos sacerdotes y a la gente:
    S. «No encuentro ninguna culpa en este hombre».
    C. Pero ellos insistían con más fuerza, diciendo:
    S. «Instiga al pueblo enseñando por toda Judea, desde que comenzó en Galilea hasta llegar aquí».
    C. Pilato, al oírlo, preguntó si el hombre era galileo; y, al enterarse de que era de la jurisdicción de Herodes, que estaba precisamente en Jerusalén por aquellos días, se lo remitió.
    Herodes, con sus soldados, lo trató con desprecio
    C. Herodes, al ver a Jesús, se puso muy contento, pues hacía bastante tiempo que deseaba verlo, porque oía hablar de él y esperaba verle hacer algún milagro. Le hacía muchas preguntas con abundante palabrería; pero él no le contestó nada. Estaban allí los sumos sacerdotes y los escribas acusándolo con insistencia. Herodes, con sus soldados, lo trató con desprecio y, después de burlarse de él, poniéndole una vestidura blanca, se lo remitió a Pilato. Aquel mismo día se hicieron amigos entre sí Herodes y Pilato, porque antes estaban enemistados entre sí.
    Pilato entregó a Jesús a su voluntad
    C. Pilato, después de convocar a los sumos sacerdotes, a los magistrados y al pueblo, les dijo:
    S. «Me han traído a este hombre como agitador del pueblo; y resulta que yo lo he interrogado delante de ustedes y no he encontrado en este hombre (...)
    8 min
  • Reflexión sábado 12 de abril de 2025. Padre Juan Diego Ruiz Arango.
    Primera lectura
    Ez 37,21-28
    Los haré una sola nación
    Lectura de la profecía de Ezequiel
    ESTO dice el Señor Dios:
    «Recogeré a los hijos de Israel de entre las naciones adonde han ido, los reuniré de todas partes para llevarlos a su tierra. Los haré una sola nación en mi tierra, en los montes de Israel. Un solo rey reinará sobre todos ellos. Ya no serán dos naciones ni volverán a dividirse en dos reinos.
    No volverán a contaminarse con sus ídolos, sus acciones detestables y todas sus transgresiones. Los liberaré de los lugares donde habitaban y en los cuales pecaron. Los purificaré; ellos serán mi pueblo y yo seré su Dios.
    Mi siervo David será su rey, el único pastor de todos ellos. Caminarán según mis preceptos, cumplirán mis prescripciones y las pondrán en práctica. Habitarán en la tierra que yo di a mi siervo Jacob, en la que habitaron sus padres: allí habitarán ellos, sus hijos y los hijos de sus hijos para siempre, y mi siervo David será su príncipe para siempre.
    Haré con ellos una alianza de paz, una alianza eterna. Los estableceré, los multiplicaré y pondré entre ellos mi santuario para siempre; tendré mi morada junto a ellos, yo seré su Dios, y ellos serán mi pueblo. Y reconocerán las naciones que yo soy el Señor que consagra a Israel, cuando esté mi santuario en medio de ellos para siempre».
    Palabra de Dios.
    Salmo
    Sal Jr 31,10.11-12ab.13 (R. cf. Sal 133[132],1)
    R. El Señor nos guardará como un pastor a su rebaño.
    V. Escuchen, pueblos, la palabra del Señor,
    anúncienla en las islas remotas:
    «El que dispersó a Israel lo reunirá,
    lo guardará como un pastor a su rebaño. R.
    V. Porque el Señor redimió a Jacob,
    lo rescató de una mano más fuerte».
    Vendrán con aclamaciones a la altura de Sion,
    afluirán hacia los bienes del Señor. R.
    V. Entonces se alegrará la doncella en la danza,
    gozarán los jóvenes y los viejos;
    convertiré su tristeza en gozo,
    los alegraré y aliviaré sus penas. R.
    Aclamación
    V. Aparten de ustedes todos sus delitos -dice el Señor-, renueven su corazón y su espíritu.
    Evangelio
    Jn 11,45-57
    Para reunir a los hijos de Dios dispersos
    Lectura del santo Evangelio según san Juan
    EN aquel tiempo, muchos judíos que habían venido a casa de María, al ver lo que había hecho Jesús,
    creyeron en él. Pero algunos acudieron a los fariseos y les contaron lo que había hecho Jesús.
    Los sumos sacerdotes y los fariseos convocaron el Sanedrín y dijeron:
    «¿Qué hacemos? Este hombre hace muchos signos. Si lo dejamos seguir, todos creerán en él, y vendrán los romanos y nos destruirán el lugar santo y la nación».
    Uno de ellos, Caifás, que era sumo sacerdote aquel año, les dijo:
    «Ustedes no entienden ni palabra; no comprenden que les conviene que uno muera por el pueblo, y que no perezca la nación entera».
    Esto no lo dijo por propio impulso, sino que, por ser sumo sacerdote aquel año, habló proféticamente, anunciando que Jesús iba a morir por la nación; y no solo por la nación, sino también para reunir a los hijos de Dios dispersos.
    Y aquel día decidieron darle muerte. Por eso Jesús ya no andaba públicamente entre los judíos, sino que se retiró a la región vecina al desierto, a una ciudad llamada Efraín, y pasaba allí el tiempo con los discípulos.
    Se acercaba la Pascua de los judíos, y muchos de aquella región subían a Jerusalén, antes de la Pascua, para purificarse. Buscaban a Jesús y, estando en el templo, se preguntaban:
    «¿Qué les parece? ¿Vendrá a la fiesta?».
    Los sumos sacerdotes y fariseos habían mandado que el que se enterase de dónde estaba les avisara para prenderlo.
    Palabra del Señor.
    7 min
  • Reflexión viernes 11 de abril de 2025. Padre Juan Diego Ruiz Arango.
    Primera lectura
    Jr 20,10-13
    El Señor es mi fuerte defensor
    Lectura del libro de Jeremías.
    OÍA la acusación de la gente:
    «Pavor-en-torno,
    delátenlo, vamos a delatarlo».
    Mis amigos acechaban mi traspié:
    «A ver si, engañado, lo sometemos
    y podemos vengarnos de él».
    Pero el Señor es mi fuerte defensor:
    me persiguen, pero tropiezan impotentes.
    Acabarán avergonzados de su fracaso,
    con sonrojo eterno que no se olvidará.
    Señor del universo, que examinas al honrado
    y sondeas las entrañas y el corazón,
    ¡que yo vea tu venganza sobre ellos,
    pues te he encomendado mi causa!
    Canten al Señor, alaben al Señor,
    que libera la vida del pobre
    de las manos de gente perversa.
    Palabra de Dios.
    Salmo
    Sal 18(17),2-3a.3bc-4.5-6.7 (R. cf. 7)
    R. En el peligro invoqué al Señor,
    y él me escuchó.
    V. Yo te amo, Señor; tú eres mi fortaleza;
    Señor, mi roca, mi alcázar, mi libertador. R.
    V. Dios mío, peña mía, refugio mío,
    escudo mío, mi fuerza salvadora, mi baluarte.
    Invoco al Señor de mi alabanza
    y quedo libre de mis enemigos. R.
    V. Me cercaban olas mortales,
    torrentes destructores me aterraban,
    me envolvían las redes del abismo;
    me alcanzaban los lazos de la muerte. R.
    V. En el peligro invoqué al Señor,
    grité a mi Dios:
    desde su templo él escuchó mi voz,
    y mi grito llegó a sus oídos. R.
    Aclamación
    V. Tus palabras, Señor, son espíritu y vida; tú tienes palabras de vida eterna.
    Evangelio
    Jn 10,31-42
    Intentaron detenerlo, pero se les escabulló de las manos
    Lectura del santo Evangelio según san Juan
    EN aquel tiempo, los judíos agarraron piedras para apedrear a Jesús.
    Él les replicó: «Les he hecho ver muchas obras buenas por encargo de mi Padre: ¿por cuál de ellas me apedrean?».
    Los judíos le contestaron:
    «No te apedreamos por una obra buena, sino por una blasfemia: porque tú, siendo un hombre, te haces Dios».
    Jesús les replicó: «¿No está escrito en su ley: “Yo les digo: ustedes son dioses”? Si la Escritura llama dioses a aquellos a quienes vino la palabra de Dios, y no puede fallar la Escritura, a quien el Padre consagró y envió al mundo, ¿dicen ustedes: “¡Blasfemas!” Porque he dicho: “Soy Hijo de Dios”? Si no hago las obras de mi Padre, no me crean, pero si las hago, aunque no me crean a mí, crean a las obras, para que comprendan y sepan que el Padre está en mí, y yo en el Padre». Intentaron de nuevo detenerlo, pero se les escabulló de las manos. Se marchó de nuevo al otro lado del Jordán, al lugar donde antes había bautizado Juan, y se quedó allí.
    Muchos acudieron a él y decían: «Juan no hizo ningún signo; pero todo lo que Juan dijo de este era verdad».
    Y muchos creyeron en él allí.
    Palabra del Señor.
    7 min
  • Reflexión jueves 10 de abril de 2025. Padre Juan Diego Ruiz Arango.
    Primera lectura
    Gn 17,3-9
    Serás padre de muchedumbre de pueblos
    Lectura del libro del Génesis.
    EN aquellos días, Abrán cayó rostro en tierra y Dios le habló así:
    «Por mi parte, esta es mi alianza contigo: serás padre de muchedumbre de pueblos.
    Ya no te llamarás Abrán, sino Abrahán, porque te hago padre de muchedumbre de pueblos.
    Te haré fecundo sobremanera: sacaré pueblos de ti, y reyes nacerán de ti.
    Mantendré mi alianza contigo y con tu descendencia en futuras generaciones, como alianza perpetua. Seré tu Dios y el de tus descendientes futuros. Les daré a ti y a tu descendencia futura la tierra en que peregrinas, la tierra de Canaán, como posesión perpetua, y seré su Dios».
    El Señor añadió a Abrahán: «Por tu parte, guarda mi alianza, tú y tus descendientes en sucesivas generaciones».
    Palabra de Dios.
    Salmo
    Sal 105(104),4-5.6-7.8-9 (R. cf. Lc 1,72-73)
    R. El Señor se acuerda de su alianza eternamente.
    V. Recurran al Señor y a su poder,
    busquen continuamente su rostro.
    Recuerden las maravillas que hizo,
    sus prodigios, las sentencias de su boca. R.
    V. ¡Estirpe de Abrahán, su siervo;
    hijos de Jacob, su elegido!
    El Señor es nuestro Dios,
    él gobierna toda la tierra. R.
    V. Se acuerda de su alianza eternamente,
    de la palabra dada, por mil generaciones;
    de la alianza sellada con Abrahán,
    del juramento hecho a Isaac. R.
    Aclamación
    V. No endurezcan hoy su corazón; escuchen la voz del Señor.
    Evangelio
    Jn 8,51-59
    Abrahán, su padre, saltaba de gozo pensando ver mi día
    Lectura del santo Evangelio según san Juan.
    EN aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos:
    «En verdad, en verdad les digo: quien guarda mi palabra no verá la muerte para siempre».
    Los judíos le dijeron: «Ahora vemos claro que estás endemoniado; Abrahán murió, los profetas también, ¿y tú dices: "Quien guarde mi palabra no gustará la muerte para siempre"? ¿Eres tú más que nuestro Abrahán, que murió? También los profetas murieron, ¿por quién te tienes?».
    Jesús contestó: «Si yo me glorificara a mí mismo, mi gloria no valdría nada. El que me glorifica es mi Padre, de quien ustedes dicen: "Es nuestro Dios", aunque no lo conocen. Yo sí lo conozco, y si dijera "No lo conozco" sería, como ustedes. un embustero; pero yo lo conozco y guardo su palabra.
    Abrahán, su padre, saltaba de gozo pensando ver mi día; lo vio, y se llenó de alegría».
    Los judíos le dijeron: «No tienes todavía cincuenta años, ¿y has visto que Abrahán existiera, yo soy».
    Entonces cogieron piedras para tirárselas. pero Jesús se escondió y salió del templo.
    Palabra del Señor.
    7 min
  • Reflexión miércoles 9 de abril de 2025. Padre Juan Diego Ruiz Arango.
    Primera lectura
    Dn 3,14-20.91-92.95
    Envió un ángel a salvar sus siervos
    Lectura de la profecía de Daniel
    EN aquellos días, el rey Nabucodonosor dijo:
    «¿Es cierto, Sidrac, Misac y Abdénago, que no temen a mis dioses ni adoran la estatua de oro que he erigido? Miren: si al oír tocar la trompa, la flauta, la cítara, el laúd, el arpa, la bandola y todos los demás instrumentos, están dispuestos a postrarse adorando la estatua que he hecho, háganlo; pero, si no la adoran, serán arrojados inmediatamente al horno encendido, y ¿qué dios los librará de mis manos?».
    Sidrac, Misac y Abdénago contestaron al rey Nabucodonosor:
    «A eso no tenemos por qué responderte. Si nuestro Dios a quien veneramos puede librarnos del horno encendido, nos librará, oh rey, de tus manos. Y aunque no lo hiciera, que te conste, majestad, que no veneramos a tus dioses ni adoramos la estatua de oro que has erigido».
    Entonces Nabucodonosor, furioso contra Sidrac, Misac y Abdénago, y con el rostro desencajado por la rabia, mandó encender el horno siete veces más fuerte que de costumbre, y ordenó a sus soldados más robustos que atasen a Sidrac, Misac y Abdénago y los echasen en el horno encendido.
    Entonces el rey Nabucodonosor se alarmó, se levantó y preguntó estupefacto a sus consejeros:
    «¿No eran tres los hombres que atamos y echamos al horno?».
    Le respondieron:
    «Así es, majestad».
    Preguntó:
    «Entonces, ¿cómo es que veo cuatro hombres, sin atar, paseando por el fuego sin sufrir daño alguno? Y el cuarto parece un ser divino».
    Nabucodonosor, entonces, dijo:
    «Bendito sea el Dios de Sidrac, Misac y Abdénago, que envió un ángel a salvar a sus siervos, que, confiando en él, desobedecieron el decreto real y entregaron sus cuerpos antes que venerar y adorar a otros dioses fuera del suyo».
    Palabra de Dios.
    Salmo
    Sal Dn 3,52ac.53a+54a.55a+56a (R. 52b)
    R. ¡A ti gloria y alabanza por los siglos!
    V. Bendito eres, Señor, Dios de nuestros padres.
    Bendito tu nombre, santo y glorioso. R.
    V. Bendito eres en el templo de tu santa gloria. R.
    V. Bendito eres sobre el trono de tu reino. R.
    V. Bendito eres tú, que sentado sobre querubines sondeas los abismos. R.
    V. Bedito eres en la bóveda del cielo. R.
    Aclamación
    V. Bienaventurados los que escuchan la palabra de Dios con un corazón noble y generoso, la guardan y dan fruto con perseverancia.
    Evangelio
    Jn 8,31-42.
    Si el Hijo los hace libres, son realmente libres
    Lectura del santo Evangelio según san Juan.
    EN aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos que habían creído en él:
    «Si permanecen en mi palabra, serán de verdad discípulos míos; conocerán la verdad, y la verdad los hará libres».
    Le replicaron:
    «Somos linaje de Abrahán y nunca hemos sido esclavos de nadie. ¿Cómo dices tú: ``Serán libres``?».
    Jesús les contestó:
    «En verdad, en verdad les digo: todo el que comete pecado es esclavo. El esclavo no se queda en la casa para siempre, el hijo se queda para siempre. Y si el Hijo los hace libres, serán realmente libres. Ya sé que son linaje de Abrahán; sin embargo, tratan de matarme , porque mi palabra no cala en ustedes. Yo hablo de lo que he visto junto a mi Padre, pero ustedes hacen lo que le han oído a su padre».
    Ellos replicaron:
    «Nuestro padre es Abrahán».
    Jesús les dijo:
    «Si fueran hijos de Abrahán, harían lo que hizo Abrahán.
    Sin embargo, tratan de matarme a mí, que les he hablado de la verdad que le escuché a Dios; y eso no lo hizo Abrahán. Ustedes hacen lo que hace su padre».
    Le replicaron:
    «Nosotros no somos hijos de prostitución; tenemos un solo padre: Dios».
    Jesús les contestó:
    «Si Dios fuera el padre de ustedes, me amarían, porque yo salí de Dios, y he venido. Pues no he venido por mi cuenta, sino que él me envió».
    Palabra del Señor.
    8 min

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Reflexiones diarias de las lecturas por parte del presbítero Juan Diego Ruiz Arango.