Reflexiones diarias Padre Juan Diego Ruiz Arango. Medellín. Colombia.

Reflexiones diarias Padre Juan Diego Ruiz Arango. Medellín. Colombia.

By Padre Juan Diego Ruiz Arango.Religion & Spirituality
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Reflexiones diarias Padre Juan Diego Ruiz Arango. Medellín. Colombia. episodes

  • Reflexión sábado 29 de marzo de 2025. Padre Juan Diego Ruiz Arango.
    Primera lectura
    Os 6,1-6
    Quiero misericordia, y no sacrificio
    Lectura de la profecía de Oseas.
    «VAMOS, volvamos al Señor.
    Porque él ha desgarrado,
    y él nos curará;
    él nos ha golpeado,
    y él nos vendará.
    En dos días nos volverá a la vida
    y al tercero nos hará resurgir;
    viviremos en su presencia
    y comprenderemos.
    Procuremos conocer al Señor.
    Su manifestación es segura como la aurora.
    Vendrá como la lluvia,
    como la lluvia de primavera
    que empapa la tierra».
    ¿Qué haré de ti, Efraín,
    que haré de ti, Judá?
    El amor de ustedes es como nube mañanera,
    como el rocío que el alba desaparece.
    Sobre una roca tallé mis mandamientos;
    los castigué por medio de los profetas
    con las palabras de mi boca.
    Mi juicio se manifestará como la luz.
    Quiero misericordia y no sacrificio,
    conocimiento de Dios, más que holocaustos.
    Palabra de Dios.
    Salmo
    Sal 51(50),3-4.18-19.20-21a (R. cf. 19b)
    R. Quiero misericordia, y no sacrificio.
    V. Misericordia, Dios mío, por tu bondad,
    por tu inmensa compasión borra mi culpa;
    lava del todo mi delito,
    limpia mi pecado. R.
    V. Los sacrificios no te satisfacen:
    si te ofreciera un holocausto, no lo querrías.
    El sacrificio agradable a Dios
    es un espíritu quebrantado;
    un corazón quebrantado y humillado,
    tú, oh, Dios, tú no lo desprecias. R.
    V. Señor, por tu bondad, favorece a Sion,
    reconstruye las murallas de Jerusalén:
    entonces aceptarás los sacrificios rituales,
    ofrendas y holocaustos. R.
    Aclamación
    V. No endurezcan hoy su corazón; escuchen la voz del Señor.
    Evangelio
    Lc 18,9-14
    El publicano bajó a su casa justificado, y el fariseo no
    Lectura del santo Evangelio según san Lucas.
    EN aquel tiempo, dijo Jesús esta parábola a algunos que confiaban en sí mismos por considerarse justos y despreciaban a los demás:
    «Dos hombres subieron al templo a orar. Uno era fariseo; el otro, publicano. El fariseo, de pie, oraba así en su interior: "¡Oh, Dios!, te doy gracias porque no soy como los demás hombres: ladrones, injustos, adúlteros; ni tampoco como ese publicano. Ayuno dos veces por semana y pago el diezmo de todo lo que tengo".
    El publicano, en cambio, quedándose atrás, no se atrevía ni a levantar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho diciendo: "¡Oh, Dios!, ten compasión de este pecador".
    Les digo que este bajó a su casa justificado, y aquel no. Porque todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido».
    Palabra del Señor.
    8 min
  • Reflexión viernes 28 de marzo de 2025. Padre Juan Diego Ruiz Arango.
    Primera lectura
    Os 14,2-10
    No llamaremos ya "nuestro Dios" a la obra de nuestras manos
    Lectura de la profecía de Oseas.
    ESTO dice el Señor:
    «Vuelve, Israel, al Señor tu Dios,
    porque tropezaste por tu falta.
    Tomen sus promesas con ustedes,
    y vuelvan al Señor.
    Díganle: "Tú quitas toda falta,
    acepta el pacto.
    Pagaremos con nuestra confesión:
    Asiria no nos salvará,
    no volveremos a montar a caballo,
    y no llamaremos ya 'nuestro Dios'
    a la obra de nuestras manos.
    En ti el huérfano encuentra compasión".
    "Curaré su deslealtad,
    los amaré generosamente,
    porque mi ira se apartó de ellos.
    Seré para Israel como el rocío,
    florecerá como el lirio,
    echará sus raíces como los cedros del Líbano.
    Brotarán sus retoños
    y será su esplendor como el olivo,
    y su perfume como el del Líbano.
    Regresarán los que habitaban a su sombra,
    revivirán como el trigo,
    florecerán como la viña,
    será su renombre como el del vino del Líbano.
    Efraín, ¿qué tengo que ver con los ídolos?
    Yo soy quien le responde y lo vigila.
    Yo soy como un ciprés siempre verde,
    de mí procede tu fruto".
    ¿Quién será sabio, para comprender estas cosas,
    inteligente, para conocerlas?
    Porque los caminos del Señor son rectos:
    los justos los transitan,
    pero los traidores tropiezan en ellos"».
    Palabra de Dios.
    Salmo
    Sal 81(80),6c-8a.8bc-9.10-11ab.14 y 17 (R. Dt 6,4)
    R. Yo soy el Señor, Dios tuyo; escucha mi voz.
    V. Oigo un lenguaje desconocido:
    «Retiré sus hombros de la carga,
    y sus manos dejaron la espuerta.
    Clamaste en la aflicción, y te libré. R.
    V. Te respondí oculto entre truenos,
    te puse a prueba junto a la fuente de Meribá.
    Escucha, pueblo mío, doy testimonio contra ti;
    ¡Ojalá me escuchases, Israel! R.
    V. No tendrás un dios extraño,
    no adorarás a un Dios extranjero;
    yo soy el Señor, Dios tuyo,
    que te saqué de la tierra de Egipto. R.
    V. ¡Ojalá me escuchase mi pueblo
    y caminase Israel por mi camino!
    Los alimentaría con flor de harina,
    los saciaría con miel silvestre». R.
    Aclamación
    V. Conviértanse -dice el Señor-, porque está cerca el reino de los cielos.
    Evangelio
    Mc 12,28b-34
    El Señor, nuestro Dios, es el único Señor, y lo amarás
    Lectura del santo Evangelio según san Marcos.
    EN aquel tiempo, un escriba se acercó a Jesús y le preguntó:
    «¿Qué mandamiento es el primero de todos?».
    Respondió Jesús:
    «El primero es: "Escucha, Israel, el Señor, nuestro Dios, es el único Señor: amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todo tu ser". El segundo es este: "Amarás a tu prójimo como a ti mismo". No hay mandamiento mayor que estos».
    El escriba replicó:
    «Muy bien, Maestro, sin duda tienes razón cuando dices que el Señor es uno solo y no hay otro fuera de él; y que amarlo con todo el corazón, con todo el entendimiento y con todo el ser, y amar al prójimo como a uno mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios».
    Jesús, viendo que había respondido sensatamente, le dijo:
    «No estás lejos del reino de Dios» Y nadie se atrevió a hacerle más preguntas.
    Palabra del Señor
    8 min
  • Reflexión jueves 27 de marzo de 2025. Padre Juan Diego Ruiz Arango.
    Primera lectura
    Jr 7,23-28
    Esta es la gente que no escuchó la voz del Señor, su Dios
    Lectura del libro de Jeremías.
    ESTO dice el Señor:
    «Esta fue la orden que di a mi pueblo:
    "Escuchen mi voz. Yo seré su Dios y ustedes serán mi pueblo. Sigan el camino que les señalo, y todo les irá bien". Pero no escucharon ni hicieron caso. Al contrario, caminaron según sus ideas, según la maldad de su obstinado corazón. Me dieron la espalda y no la cara.
    Desde que salieron sus padres de Egipto hasta hoy, les envié a mis siervos, los profetas, un día tras otro; pero no me escucharon ni me hicieron caso. Al contrario, endurecieron la cerviz y fueron peores que sus padres.
    Ya puedes repetirles este discurso, seguro que no te escucharán; ya puedes gritarles, seguro que no te responderán. Aun así les dirás:
    "Esta es la gente que no escuchó la voz del Señor, su Dios,
    y no quiso escarmentar. Ha desaparecido la sinceridad, se la han arrancado de la boca"».
    Palabra de Dios.
    Salmo
    Sal 95(94),1-2.6-7ab.7c-9 (R. cf. 7c)
    R. Ojalá escuchen hoy la voz del Señor:
    «No endurezcan su corazón».
    V. Vengan, aclamemos al Señor,
    demos vítores a la Roca que nos salva;
    entremos a su presencia dándole gracias,
    aclamándolo con cantos. R.
    V. Entren, postrémonos por tierra,
    bendiciendo al Señor, creador nuestro.
    Porque él es nuestro Dios,
    y nosotros su pueblo,
    el rebaño que él guía. R.
    V. Ojalá escuchen hoy su voz:
    «No endurezcan el corazón como en Meribá,
    como el día de Masá en el desierto;
    cuando sus padres me pusieron a prueba
    y me tentaron, aunque habían visto mis obras». R.
    Aclamación
    V. Ahora -dice el Señor-, conviértanse a mí de todo corazón, porque soy compasivo y misericordioso.
    Evangelio
    Lc 11,14-23
    El que no está conmigo está contra mí
    Lectura del santo Evangelio según san Lucas.
    EN aquel tiempo, estaba Jesús echando un demonio que era mudo.
    Sucedió que, apenas salió el demonio, empezó a hablar el mudo. La multitud se quedó admirada, pero algunos de ellos dijeron:
    «Por arte de Belzebú, el príncipe de los demonios, echa los demonios».
    Otros, para ponerlo a prueba, le pedían un signo del cielo.
    Él, conociendo sus pensamientos, les dijo:
    «Todo reino dividido contra sí mismo va a la ruina y cae casa sobre casa. Si, pues, también Satanás se ha dividido contra sí mismo, ¿cómo se mantendrá su reino? Pues ustedes dicen que yo echo los demonios con el poder de Belzebú. Pero, si yo echo los demonios con el poder de Belzebú, los hijos de ustedes, ¿por arte de quien los echan? Por eso, ellos mismos serán sus jueces. Pero, si yo echo los demonios con el dedo de Dios, entonces es que el reino de Dios ha llegado a ustedes.
    Cuando un hombre fuerte y bien armado guarda su palacio, sus bienes están seguros, pero, cuando otro más fuerte lo asalta y lo vence, le quita las armas de que se fiaba y reparte su botín.
    El que no está conmigo está contra mí; el que no recoge conmigo desparrama».
    Palabra del Señor.
    8 min
  • Reflexión miércoles 26 de marzo de 2025. Padre Juan Diego Ruiz Arango.
    Primera lectura
    Is 7, 10-14; 8, 10b
    Miren: la virgen está encinta
    Lectura del libro de Isaías.
    EN aquellos días, el Señor habló a Ajaz y le dijo:
    «Pide un signo al Señor, tu Dios: en lo hondo del abismo
    o en lo alto del cielo».
    Respondió Ajaz:
    «No lo pido, no quiero tentar al Señor».
    Entonces dijo Isaías:
    «Escucha, casa de David: ¿no les basta cansar a los hombres,
    que cansan incluso a mi Dios? Pues el Señor, por su
    cuenta, les dará un signo. Miren: la virgen está encinta y
    da a luz un hijo, y le pondrá por nombre Enmanuel, porque
    con nosotros está Dios».
    Palabra de Dios.
    Salmo
    Sal 39, 7-8a. 8b-9. 10. 11 (R.: cf. 8a y 9a)
    R. Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.
    V. Tú no quieres sacrificios ni ofrendas,
    y, en cambio, me abriste el oído;
    no pides holocaustos ni sacrificios expiatorios;
    entonces yo digo: «Aquí estoy». R.
    V. «—Como está escrito en mi libro—
    para hacer tu voluntad.
    Dios mío, lo quiero, y llevo tu ley en las entrañas». R.
    V. He proclamado tu justicia
    ante la gran asamblea;
    no he cerrado los labios, Señor, tú lo sabes. R.
    V. No me he guardado en el pecho tu justicia,
    he contado tu fidelidad y tu salvación,
    no he negado tu misericordia y tu lealtad
    ante la gran asamblea. R.
    Segunda lectura
    Heb 10, 4-10
    Así está escrito en el comienzo del libro acerca de mí: para hacer, ¡oh, Dios!, tu voluntad
    Lectura de la carta a los Hebreos.
    HERMANOS:
    Es imposible que la sangre de los toros y de los machos
    cabríos quite los pecados.
    Por eso, al entrar Cristo en el mundo dice:
    «Tú no quisiste sacrificios ni ofrendas,
    pero me formaste un cuerpo;
    no aceptaste holocaustos ni víctimas expiatorias.
    Entonces yo dije: He aquí que vengo
    —pues así está escrito en el comienzo del libro acerca de mí—
    para hacer, ¡oh, Dios!, tu voluntad».
    Primero dice: «Tú no quisiste sacrificios ni ofrendas, ni holocaustos,
    ni víctimas expiatorias», que se ofrecen según la ley.
    Después añade: «He aquí que vengo para hacer tu voluntad».
    Niega lo primero, para afirmar lo segundo.
    Y conforme a esa voluntad todos quedamos santificados
    por la oblación del cuerpo de Jesucristo, hecha una vez para siempre.
    Palabra de Dios.
    Aclamación
    V. El Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria.
    Evangelio
    Lc 1, 26-38
    Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo
    Lectura del santo Evangelio según san Lucas.
    N aquel tiempo, el ángel Gabriel fue enviado por Dios
    a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen
    desposada con un hombre llamado José, de la casa de
    David; el nombre de la virgen era María.
    El ángel, entrando en su presencia, dijo:
    «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo».
    Ella se turbó grandemente ante estas palabras y se preguntaba
    qué saludo era aquel. El ángel le dijo:
    «No temas, María, porque has encontrado gracia ante
    Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le
    pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo
    del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su
    padre; reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su
    reino no tendrá fin».
    Y María dijo al ángel:
    «¿Cómo será eso, pues no conozco varón?».
    El ángel le contestó:
    «El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo
    te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer
    será llamado Hijo de Dios. También tu pariente Isabel ha
    concebido un hijo en su vejez, y ya está de seis meses la que
    llamaban estéril, “porque para Dios nada hay imposible”».
    María contestó: «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra».
    Y el ángel se retiró.
    Palabra del Señor.
    8 min
  • Reflexión martes 25 de marzo de 2025. Padre Juan Diego Ruiz Arango.
    Primera lectura
    Is 7, 10-14; 8, 10b
    Miren: la virgen está encinta
    Lectura del libro de Isaías.
    EN aquellos días, el Señor habló a Ajaz y le dijo:
    «Pide un signo al Señor, tu Dios: en lo hondo del abismo
    o en lo alto del cielo».
    Respondió Ajaz:
    «No lo pido, no quiero tentar al Señor».
    Entonces dijo Isaías:
    «Escucha, casa de David: ¿no les basta cansar a los hombres,
    que cansan incluso a mi Dios? Pues el Señor, por su
    cuenta, les dará un signo. Miren: la virgen está encinta y
    da a luz un hijo, y le pondrá por nombre Enmanuel, porque
    con nosotros está Dios».
    Palabra de Dios.
    Salmo
    Sal 39, 7-8a. 8b-9. 10. 11 (R.: cf. 8a y 9a)
    R. Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.
    V. Tú no quieres sacrificios ni ofrendas,
    y, en cambio, me abriste el oído;
    no pides holocaustos ni sacrificios expiatorios;
    entonces yo digo: «Aquí estoy». R.
    V. «—Como está escrito en mi libro—
    para hacer tu voluntad.
    Dios mío, lo quiero, y llevo tu ley en las entrañas». R.
    V. He proclamado tu justicia
    ante la gran asamblea;
    no he cerrado los labios, Señor, tú lo sabes. R.
    V. No me he guardado en el pecho tu justicia,
    he contado tu fidelidad y tu salvación,
    no he negado tu misericordia y tu lealtad
    ante la gran asamblea. R.
    Segunda lectura
    Heb 10, 4-10
    Así está escrito en el comienzo del libro acerca de mí: para hacer, ¡oh, Dios!, tu voluntad
    Lectura de la carta a los Hebreos.
    HERMANOS:
    Es imposible que la sangre de los toros y de los machos
    cabríos quite los pecados.
    Por eso, al entrar Cristo en el mundo dice:
    «Tú no quisiste sacrificios ni ofrendas,
    pero me formaste un cuerpo;
    no aceptaste holocaustos ni víctimas expiatorias.
    Entonces yo dije: He aquí que vengo
    —pues así está escrito en el comienzo del libro acerca de mí—
    para hacer, ¡oh, Dios!, tu voluntad».
    Primero dice: «Tú no quisiste sacrificios ni ofrendas, ni holocaustos,
    ni víctimas expiatorias», que se ofrecen según la ley.
    Después añade: «He aquí que vengo para hacer tu voluntad».
    Niega lo primero, para afirmar lo segundo.
    Y conforme a esa voluntad todos quedamos santificados
    por la oblación del cuerpo de Jesucristo, hecha una vez para siempre.
    Palabra de Dios.
    Aclamación
    V. El Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria.
    Evangelio
    Lc 1, 26-38
    Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo
    Lectura del santo Evangelio según san Lucas.
    N aquel tiempo, el ángel Gabriel fue enviado por Dios
    a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen
    desposada con un hombre llamado José, de la casa de
    David; el nombre de la virgen era María.
    El ángel, entrando en su presencia, dijo:
    «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo».
    Ella se turbó grandemente ante estas palabras y se preguntaba
    qué saludo era aquel. El ángel le dijo:
    «No temas, María, porque has encontrado gracia ante
    Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le
    pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo
    del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su
    padre; reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su
    reino no tendrá fin».
    Y María dijo al ángel:
    «¿Cómo será eso, pues no conozco varón?».
    El ángel le contestó:
    «El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo
    te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer
    será llamado Hijo de Dios. También tu pariente Isabel ha
    concebido un hijo en su vejez, y ya está de seis meses la que
    llamaban estéril, “porque para Dios nada hay imposible”».
    María contestó: «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra».
    Y el ángel se retiró.
    Palabra del Señor.
    8 min
  • Reflexión lunes 24 de marzo de 2025. Padre Juan Diego Ruiz Arango.
    Primera lectura
    2R 5, 1-15a
    Lectura del segundo libro de los Reyes.
    EN aquellos días, Naamán, jefe del ejército del rey de Siria, era hombre notable y muy estimado por su señor, pues por su medio el Señor había concedido la victoria a Siria. Pero, siendo un gran militar, era leproso. Unas bandas de arameos habían hecho una incursión trayendo de la tierra de Israel a una muchacha, que pasó al servicio de la mujer de Naamán. Dijo ella a su señora: «Ah, si mi señor pudiera presentarse ante el profeta que hay en Samaría. Él lo curaría de su lepra». Fue (Naamán) y se lo comunicó a su señor diciendo: «Esto y esto ha dicho la muchacha de la tierra de Israel». Y el rey de Siria contestó: «Vete, que yo enviaré una carta al rey de Israel». Entonces tomó en su mano diez talentos de plata, seis mil siclos de oro, diez vestidos nuevos y una carta al rey de Israel que decía: «Al llegarte esta carta, sabrás que te envío a mi siervo Naamán para que lo cures de su lepra». Cuando el rey de Israel leyó la carta, rasgó sus vestiduras, diciendo: «¿Soy yo Dios para repartir vida y muerte? Pues me encarga nada menos que curar a un hombre de su lepra. Dense cuenta y verán que está buscando querella contra mí».
    Eliseo, el hombre de Dios, oyó que el rey de Israel había rasgado sus vestiduras y mandó a que le dijeran: «¿Por qué has rasgado tus vestiduras? Que venga a mí y sabrá que hay un profeta en Israel». Llegó Naamán con sus carros y caballos y se detuvo a la entrada de la casa de Eliseo. Envió este un mensajero a decirle: «Ve y lávate siete veces en el Jordán. Tu carne renacerá y quedarás limpio». Naamán se puso furioso y se marchó diciendo: «Yo me había dicho: “Saldrá seguramente a mi encuentro, se detendrá, invocará el nombre de su Dios, frotará con su mano mi parte enferma y sanaré de la lepra”. El Abaná y el Farfar, los ríos de Damasco, ¿no son mejores que todas las aguas de Israel? Podría bañarme en ellos y quedar limpio». Dándose la vuelta, se marchó furioso. Sus servidores se le acercaron para decirle: «Padre mío, si el profeta te hubiese mandado una cosa difícil, ¿no lo habrías hecho? ¡Cuánto más si te ha dicho: “Lávate y quedarás limpio”!». Bajó, pues, y se bañó en el Jordán siete veces, conforme a la palabra del hombre de Dios. Y su carne volvió a ser como la de un niño pequeño: quedó limpio.
    Naamán y toda su comitiva regresaron al lugar donde se encontraba el hombre de Dios. Al llegar, se detuvo ante él exclamando: «Ahora conozco que no hay en toda la tierra otro Dios que el de Israel».
    Palabra de Dios
    Salmo
    Sal 42(41),2.3; 43(42),3.4 (R. cf. 42[41],3)
    R. Mi alma tiene sed del Dios vivo;
    ¿cuándo veré el rostro de Dios?
    V. Como busca la cierva corrientes de agua,
    así mi alma te busca a ti, Dios mío. R.
    V. Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo:
    ¿cuándo entraré a ver el rostro de Dios? R.
    V. Envía tu luz y tu verdad:
    que ellas me guíen
    y me conduzcan hasta tu monte santo,
    hasta tu morada. R.
    V. Me acercaré al altar de Dios,
    al Dios de mi alegría,
    y te daré gracias al son de la cítara,
    Dios, Dios mío. R.
    Evangelio
    Lc 4, 24-30
    Lectura del santo Evangelio según san Lucas.
    HABIENDO llegado Jesús a Nazaret, le dijo al pueblo en la sinagoga:
    «En verdad les digo que ningún profeta es aceptado en su pueblo. Puedo asegurarles que en Israel había muchas viudas en los días de Elías, cuando estuvo cerrado el cielo tres años y seis meses y hubo una gran hambre en todo el país; sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías sino a una viuda de Sarepta, en el territorio de Sidón. Y muchos leprosos había en Israel en tiempos del profeta Eliseo, sin embargo, ninguno de ellos fue curado sino Naamán, el sirio». Al oír esto, todos en la sinagoga se pusieron furiosos y, levantándose, lo echaron del pueblo y lo llevaron hasta un precipicio del monte sobre el que estaba edificado su pueblo, con intención de despeñarlo. Pero Jesús se abrió paso entre ellos y seguía su camino.
    Palabra del Señor.
    9 min
  • Reflexión Domingo 23 de marzo de 2025. Padre Juan Diego Ruiz Arango.
    III Domingo de Cuaresma
    Primera lectura
    Lectura del Libro del Exodo
    Éxodo 3, 1-8a. 13-15
    En aquellos días, Moisés pastoreaba el rebaño de su suegro, Jetró, sacerdote de Madián. En cierta ocasión llevó el rebaño más allá del desierto, hasta el Horeb, el monte de Dios, y el Señor se le apareció en una llama que salía de un zarzal. Moisés observó con gran asombro que la zarza ardía sin consumirse y se dijo: “Voy a ver de cerca esa cosa tan extraña, por qué la zarza no se quema”.
    Viendo el Señor que Moisés se había desviado para mirar, lo llamó desde la zarza: “¡Moisés, Moisés!” Él respondió: “Aquí estoy”. Le dijo Dios: “¡No te acerques! Quítate las sandalias, porque el lugar que pisas es tierra sagrada”. Y añadió: “Yo soy el Dios de tus padres, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob”.
    Entonces Moisés se tapó la cara, porque tuvo miedo de mirar a Dios. Pero el Señor le dijo: “He visto la opresión de mi pueblo en Egipto, he oído sus quejas contra los opresores y conozco bien sus sufrimientos. He descendido para librar a mi pueblo de la opresión de los egipcios, para sacarlo de aquellas tierras y llevarlo a una tierra buena y espaciosa, una tierra que mana leche y miel”.
    Moisés le dijo a Dios: “Está bien. Me presentaré a los hijos de Israel y les diré: ‘El Dios de sus padres me envía a ustedes’; pero cuando me pregunten cuál es su nombre, ¿qué les voy a responder?”
    Dios le contestó a Moisés: “Mi nombre es Yo-soy”; y añadió: “Esto les dirás a los israelitas: ‘Yo-soy me envía a ustedes’. También les dirás: ‘El Señor, el Dios de sus padres, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac, el Dios de Jacob, me envía a ustedes’. Éste es mi nombre para siempre. Con este nombre me han de recordar de generación en generación”.
    Segunda lectura
    Lectura de la primera carta del Apóstol San Pablo a los Corintios
    1 Corintios 10, 1-6. 10-12
    Hermanos: No quiero que olviden que en el desierto nuestros padres estuvieron todos bajo la nube, todos cruzaron el Mar Rojo y todos se sometieron a Moisés, por una especie de bautismo en la nube y en el mar. Todos comieron el mismo alimento milagroso y todos bebieron de la misma bebida espiritual, porque bebían de una roca espiritual que los acompañaba, y la roca era Cristo. Sin embargo, la mayoría de ellos desagradaron a Dios y murieron en el desierto.
    Todo esto sucedió como advertencia para nosotros, a fin de que no codiciemos cosas malas como ellos lo hicieron. No murmuren ustedes como algunos de ellos murmuraron y perecieron a manos del ángel exterminador. Todas estas cosas les sucedieron a nuestros antepasados como un ejemplo para nosotros y fueron puestas en las Escrituras como advertencia para los que vivimos en los últimos tiempos. Así pues, el que crea estar firme, tenga cuidado de no caer.
    Evangelio del Día
    Lectura del santo Evangelio según San Lucas
    Lucas 13, 1-9
    En aquel tiempo, algunos hombres fueron a ver a Jesús y le contaron que Pilato había mandado matar a unos galileos, mientras estaban ofreciendo sus sacrificios. Jesús les hizo este comentario: “¿Piensan ustedes que aquellos galileos, porque les sucedió esto, eran más pecadores que todos los demás galileos? Ciertamente que no; y si ustedes no se arrepienten, perecerán de manera semejante. Y aquellos dieciocho que murieron aplastados por la torre de Siloé, ¿piensan acaso que eran más culpables que todos los demás habitantes de Jerusalén? Ciertamente que no; y si ustedes no se arrepienten, perecerán de manera semejante”.
    Entonces les dijo esta parábola: “Un hombre tenía una higuera plantada en su viñedo; fue a buscar higos y no los encontró. Dijo entonces al viñador: ‘Mira, durante tres años seguidos he venido a buscar higos en esta higuera y no los he encontrado. Córtala. ¿Para qué ocupa la tierra inútilmente?’ El viñador le contestó: ‘Señor, déjala todavía este año; voy a aflojar la tierra alrededor y a echarle abono, para ver si da fruto. Si no, el año que viene la cortaré’ ”.
    8 min
  • Reflexión jueves 20 de marzo de 2025. Padre Juan Diego Ruiz Arango.
    Primera lectura
    Jr 17,5-10
    Maldito quien confía en el hombre; bendito quien confía en el Señor
    Lectura del libro de Jeremías.
    ESTO dice el Señor:
    «Maldito quien confía en el hombre,
    y busca el apoyo de las criaturas,
    apartando su corazón del Señor.
    Será como cardo en la estepa,
    que nunca recibe lluvia;
    habitará en un árido desierto,
    tierra salobre e inhóspita.
    Bendito quien confía en el Señor
    y pone en el Señor su confianza.
    Será un árbol plantado junto al agua,
    que alarga a la corriente sus raíces;
    no teme la llegada del estío,
    su follaje siempre está verde;
    en año de sequía no se inquieta,
    ni dejará por eso de dar fruto.
    Nada hay más falso y enfermo
    que el corazón: ¿quién lo conoce?
    Yo, el Señor, examino el corazón,
    sondeo el corazón de los hombres
    para pagar a cada cual su conducta
    según el fruto de sus acciones».
    Palabra de Dios
    Salmo
    Sal 1,1-2.3.4 y 6 (R. cf. 40[39],5a)
    R. Dichoso el hombre que ha puesto
    su confianza en el Señor.
    V. Dichoso el hombre
    que no sigue el consejo de los impíos,
    ni entra por la senda de los pecadores,
    ni se sienta en la reunión de los cínicos;
    sino que su gozo es la ley del Señor,
    y medita su ley día y noche. R.
    V. Será como un árbol
    plantado al borde de la acequia:
    da fruto a su tiempo
    y no se marchitan sus hojas;
    y cuanto emprende tiene buen fin. R.
    V. No así los impíos, no así;
    serán paja que arrebata el viento.
    Porque el Señor protege el camino de los justos,
    pero el camino de los impíos acaba mal. R.
    Aclamación
    V. Bienaventurados los que escuchan la palabra de Dios con un corazón noble y generoso, la guardan y dan fruto con perseverancia.
    Evangelio
    Lc 16,19-31
    Recibiste bienes, y Lázaro males: ahora él es aquí consolado, mientras que tú eres atormentado
    Lectura del santo Evangelio según san Lucas.
    EN aquel tiempo, dijo Jesús a los fariseos:
    «Había un hombre rico que se vestía de púrpura y de lino y banqueteaba cada día.
    Y un mendigo llamado Lázaro estaba echado en su portal, cubierto de llagas, y con ganas de saciarse de lo que caía de la mesa del rico.
    Y hasta los perros venían y le lamían las llagas.
    Sucedió que murió el mendigo, y fue llevado por los ángeles al seno de Abrahán.
    Murió también el rico y fue enterrado. Y, estando en el infierno, en medio de los tormentos, levantó los ojos y vio de lejos a Abrahán, y a Lázaro en su seño, y gritando, dijo: "Padre Abrahán, ten piedad de mí y manda a Lázaro que moje en agua la punta del dedo y me refresque la lengua, porque me torturan estas llamas". Pero Abrahán le dijo: "Hijo, recuerda que recibiste tus bienes en tu vida, y Lázaro, a su vez, males: por eso ahora él es aquí consolado, mientras que tú eres atormentado.
    Y, además entre nosotros y ustedes se abre un abismo inmenso, para que los que quieran cruzar desde aquí hacia ustedes no puedan hacerlo, ni tampoco pasar de ahí hasta nosotros". Él dijo: "Te ruego, entonces, padre, que le mandes a casa de mi padre, pues tengo cinco hermanos: que les dé testimonio de estas cosas, no sea que también ellos vengan a este lugar de tormento".
    Abrahán le dice: "Tienen a Moisés y a los profetas: que los escuchen".
    Pero él le dijo: "No, padre Abrahán. Pero si un muerto va a ellos, se arrepentirán".
    Abrahán le dijo: "Si no escuchan a Moisés y a los profetas, no se convencerán ni aunque resucite un muerto"».
    Palabra del Señor
    8 min
  • Reflexión miércoles 19 de marzo de 2025. Padre Juan Diego Ruiz Arango.
    Primera lectura
    2S 7,4-5a.12-14a.16
    El Señor Dios le dará el trono de David, su padre
    Lectura del segundo libro de Samuel.
    EN aquellos días, vino esta palabra del Señor a Natán:
    «Ve y habla a mi siervo David:
    “Así dice el Señor: Cuando se cumplan tus días y reposes con tus padres, yo suscitaré descendencia tuya después de ti. Al que salga de tus entrañas le afirmaré su reino.
    Será él quien construya una casa a mi nombre y yo consolidaré el trono de su realeza para siempre.
    Yo seré para él un padre y él será para mí un hijo.
    Tu casa y tu reino se mantendrán siempre firmes ante mí, tu trono durará para siempre”».
    Palabra de Dios.
    Salmo
    Sal 88,2-3.4-5.27.29
    R. Su linaje será perpetuo.
    V. Cantaré eternamente las misericordias del Señor,
    anunciaré tu fidelidad por todas las edades.
    Porque dijiste: «La misericordia es un edificio eterno»,
    más que el cielo has afianzado tu fidelidad. R.
    V. «Sellé una alianza con mi elegido,
    jurando a David, mi siervo:
    Te fundaré un linaje perpetuo,
    edificaré tu trono para todas las edades». R.
    V. Él me invocará: “Tú eres mi padre,
    mi Dios, mi Roca salvadora”.
    Le mantendré eternamente mi favor,
    y mi alianza con él será estable. R.
    Segunda lectura
    Rm 4, 13. 16-18.22
    Apoyado en la esperanza, creyó contra toda esperanza
    Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos.
    HERMANOS:
    No por la ley sino por la justicia de la fe recibieron Abrahán
    y su descendencia la promesa de que iba a ser heredero del mundo.
    Por eso depende de la fe, para que sea según gracia; de este modo, la promesa está asegurada para toda la descendencia, no solamente para la que procede de la ley, sino también para la que procede de la fe de Abrahán, que es padre de todos nosotros.
    Según está escrito: «Te he constituido padre de muchos pueblos»; la promesa está asegurada ante aquel en quien creyó, el Dios que da vida a los muertos y llama a la existencia lo que no existe.
    Apoyado en la esperanza, creyó contra toda esperanza que llegaría a ser padre de muchos pueblos, de acuerdo con lo que se le había dicho:
    «Así será tu descendencia».
    Por lo cual le fue contado como justicia.
    Palabra de Dios.
    Palabra de Dios.
    Aclamación
    V. Dichosos los que viven en tu casa, Señor, alabándote siempre.
    Evangelio
    Mateo 1,16.18-21.24a
    José hizo lo que le había mandado el ángel del Señor
    Lectura del santo Evangelio según san Mateo.
    JACOB engendró a José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, llamado Cristo.
    La generación de Jesucristo fue de esta manera:
    María, su madre, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo.
    José, su esposo, como era justo y no quería denunciarla, decidió repudiarla en privado. Pero, apenas había tomado esta resolución, se le apareció en sueños un ángel del Señor que le dijo:
    «José, hijo de David, no temas acoger a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados».
    Cuando José se despertó, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor.
    Palabra del Señor
    7 min

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