Reflexiones diarias Padre Juan Diego Ruiz Arango. Medellín. Colombia.

Reflexiones diarias Padre Juan Diego Ruiz Arango. Medellín. Colombia.

By Padre Juan Diego Ruiz Arango.Religion & Spirituality
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Reflexiones diarias Padre Juan Diego Ruiz Arango. Medellín. Colombia. episodes

  • Reflexión sábado 20 de abril de 2024. Padre Juan Diego Ruiz Arango.
    Primera Lectura
    Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles (9,31-42):
    EN aquellos días, la Iglesia gozaba de paz en toda Judea, Galilea y Samaría. Se iba construyendo y progresaba en el temor del Señor, y se multiplicaba con el consuelo del Espíritu Santo.
    Pedro, que estaba recorriendo el país, bajó también a ver a los santos que residían en Lida. Encontró allí a un cierto Eneas, un paralítico que desde hacía ocho años no se levantaba de la camilla.
    Pedro le dijo:
    «Eneas, Jesucristo te da la salud; levántate y arregla tu lecho».
    Se levantó inmediatamente. Lo vieron todos los vecinos de Lida y de Sarón, y se convirtieron al Señor.
    Había en Jafa una discípula llamada Tabita, que significa Gacela. Tabita hacía infinidad de obras buenas y de limosnas. Por entonces cayó enferma y murió. La lavaron y la pusieron en la sala de arriba.
    Como Lida está cerca de Jafa, al enterarse los discípulos de que Pedro estaba allí, enviaron dos hombres a rogarle:
    «No tardes en venir a nosotros».
    Pedro se levantó y se fue con ellos. Al llegar, lo llevaron a la sala de arriba, y se le presentaron todas las viudas, mostrándole con lágrimas los vestidos y mantos que hacía Gacela mientras estuvo con ellas. Pedro, mandando salir fuera a todos, se arrodilló, se puso a rezar y, volviéndose hacia el cuerpo, dijo:
    «Tabita, levántate».
    Ella abrió los ojos y, al ver a Pedro, se incorporó. Él, dándole la mano, la levantó y, llamando a los santos y a las viudas, la presentó viva.
    Esto se supo por todo Jafa, y muchos creyeron en el Señor.
    Palabra del Señor
    Salmo
    Sal 115,12-13.14-15.16-17
    R/. ¿Cómo pagaré al Señor todo el bien que me ha hecho?
    ¿Cómo pagaré al Señor
    todo el bien que me ha hecho?
    Alzaré la copa de la salvación,
    invocando el nombre del Señor. R/.
    Cumpliré al Señor mis votos
    en presencia de todo el pueblo.
    Mucho le cuesta al Señor
    la muerte de sus fieles. R/.
    Señor, yo soy tu siervo,
    siervo tuyo, hijo de tu esclava:
    rompiste mis cadenas.
    Te ofreceré un sacrificio de alabanza,
    invocando el nombre del Señor. R/.
    Evangelio
    Lectura del santo evangelio segun san Juan (6,60-69):
    EN aquel tiempo, muchos de los discípulos de Jesús dijeron:
    «Este modo de hablar es duro, ¿quién puede hacerle caso?».
    Sabiendo Jesús que sus discípulos lo criticaban, les dijo:
    «¿Esto os escandaliza?, ¿y si vierais al Hijo del hombre subir adonde estaba antes? El Espíritu es quien da vida; la carne no sirve para nada. Las palabras que os he dicho son espíritu y vida. Y, con todo, hay algunos de entre vosotros que no creen».
    Pues Jesús sabía desde el principio quiénes no creían y quién lo iba a entregar.
    Y dijo:
    «Por eso os he dicho que nadie puede venir a mí si el Padre no se lo concede».
    Desde entonces, muchos discípulos suyos se echaron atrás y no volvieron a ir con él.
    Entonces Jesús les dijo a los Doce:
    «¿También vosotros queréis marcharos?».
    Simón Pedro le contestó:
    «Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna; nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo de Dios».
    Palabra del Señor
    9 min
  • Reflexión viernes 19 de abril de 2024. Padre Juan Diego Ruiz Arango.
    Primera lectura
    Hch 9,1-20
    Ese hombre es un instrumento elegido por mí para llevar mi nombre a los pueblos
    Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles.
    EN aquellos días, Saulo, respirando todavía amenazas de muerte contra los discípulos del Señor, se presentó al sumo sacerdote y le pidió cartas para las sinagogas de Damasco, autorizándolo a traerse encadenados a Jerusalén a los que descubriese que pertenecían al Camino, hombres y mujeres.
    Mientras caminaba, cuando ya estaba cerca de Damasco, de repente una luz celestial lo envolvió con su resplandor. Cayó a tierra y oyó una voz que le decía:
    «Saúl, Saúl, ¿por qué me persigues?».
    Dijo él:
    «¿Quién eres, Señor?».
    Respondió:
    «Soy Jesús, a quien tú persigues. Pero levántate, entra en la ciudad, y allí se te dirá lo que tienes que hacer».
    Sus compañeros de viaje se quedaron mudos de estupor, porque oían la voz, pero no veían a nadie. Saulo se levantó del suelo, y, aunque tenía los ojos abiertos, no veía nada. Lo llevaron de la mano hasta Damasco. Allí estuvo tres días ciego, sin comer ni beber. Había en Damasco un discípulo, que se llamaba Ananías. El Señor lo llamó en una visión:
    «Ananías».
    Respondió él:
    «Aquí estoy, Señor».
    El Señor le dijo:
    «Levántate y ve a la calle llamada Recta, y pregunta en casa de Judas por un tal Saulo de Tarso. Mira, está orando, y ha visto en visión a un cierto Ananías que entra y le impone las manos para que recobre la vista».
    Ananías contestó:
    «Señor, he oído a muchos hablar de ese individuo y del daño que ha hecho a tus santos en Jerusalén, y que aquí tiene autorización de los sumos sacerdotes para llevarse presos a todos los que invocan tu nombre».
    El Señor le dijo:
    «Anda, ve; que ese hombre es un instrumento elegido por mí para llevar mi nombre a pueblos y reyes, y a los hijos de Israel. Yo le mostraré lo que tiene que sufrir por mi nombre». Salió Ananías, entró en la casa, le impuso las manos y dijo:
    «Hermano Saulo, el Señor Jesús, que se te apareció cuando venías por el camino, me ha enviado para que recobres la vista y seas lleno de Espíritu Santo».
    Inmediatamente se le cayeron de los ojos una especie de escamas, y recobró la vista. Se levantó, y fue bautizado.
    Comió, y recobró las fuerzas. Se quedó unos días con los discípulos de Damasco, y luego se puso a anunciar en las sinagogas que Jesús es el Hijo de Dios.
    Palabra de Dios.
    Salmo
    Sal 117(116),1.2 (R. Mc 16,15)
    R. Vayan al mundo entero
    y proclamen el Evangelio.
    O bien:
    R. Aleluya.
    V. Alaben al Señor todas las naciones,
    aclámenlo todos los pueblos. R.
    V. Firme es su misericordia con nosotros,
    su fidelidad dura por siempre. R.
    Aclamación
    R. Aleluya, aleluya, aleluya
    V. El que come mi carne y bebe mi sangre -dice el Señor- habita en mí y yo en él. R.
    Evangelio
    Jn 6,52-59
    Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida
    Lectura del santo Evangelio según san Juan.
    EN aquel tiempo, disputaban los judíos entre sí:
    «¿Cómo puede este darnos a comer su carne?».
    Entonces Jesús les dijo:
    «En verdad, en verdad les digo: si no comen la carne del Hijo del hombre y no beben su sangre, no tienen vida en ustedes. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día.
    Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida.
    El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él.
    Como el Padre que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre, así, del mismo modo, el que me come vivirá por mí.
    Este es el pan que ha bajado del cielo: no como el de sus padres, que lo comieron y murieron; el que come este pan vivirá para siempre».
    Esto lo dijo Jesús en la sinagoga, cuando enseñaba en Cafarnaún.
    Palabra del Señor.
    9 min
  • Reflexión jueves 18 de julio de 2024. Padre Juan Diego Ruiz Arango.
    Primera lectura
    Hch 8,26-40
    Mira, agua. ¿Qué dificultad hay en que me bautice?
    Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles
    EN aquellos días, un ángel del Señor habló a Felipe y le dijo:
    «Levántate y marcha hacia el sur, por el camino de Jerusalén a Gaza, que está desierto».
    Se levantó, se puso en camino y, de pronto, vio venir a un etíope; era un eunuco, ministro de Candaces, reina de Etiopía e intendente del tesoro, que había ido a Jerusalén para adorar. Iba de vuelta, sentado en su carroza, leyendo al profeta Isaías.
    El Espíritu dijo a Felipe:
    «Acércate y pégate a la carroza».
    Felipe se acercó corriendo, le oyó leer el profeta Isaías, y le preguntó:
    «¿Entiendes lo que estás leyendo?».
    Contestó:
    «¿Y cómo voy a entenderlo si nadie me guía?».
    E invitó a Felipe a subir y a sentarse con él. El pasaje de la Escritura que estaba leyendo era este:
    «Como cordero fue llevado al matadero,
    como oveja muda ante el esquilador,
    así no abre su boca.
    En su humillación no se le hizo justicia.
    ¿Quién podrá contar su descendencia?
    Pues su vida ha sido arrancada de la tierra».
    El eunuco preguntó a Felipe:
    «Por favor, ¿de quién dice esto el profeta?; ¿de él mismo o de otro?».
    Felipe se puso a hablarle y, tomando pie de este pasaje, le anunció la Buena Nueva de Jesús. Continuando el camino, llegaron a un sitio donde había agua, y dijo el eunuco:
    «Mira, agua. ¿Qué dificultad hay en que me bautice?».
    Mandó parar la carroza, bajaron los dos al agua, Felipe y el eunuco, y lo bautizó. Cuando salieron del agua, el Espíritu del Señor arrebató a Felipe. El eunuco no volvió a verlo, y siguió su camino lleno de alegría.
    Felipe se encontró en Azoto y fue anunciando la Buena Nueva en todos los poblados hasta que llegó a Cesarea.
    Palabra de Dios.
    Salmo
    Sal 66(65),8-9. 16-17. 20 (R. 1b)
    R. Aclama al Señor, tierra entera.
    O bien:
    R. Aleluya
    V. Bendigan, pueblos, a nuestro Dios;
    hagan resonar sus alabanzas,
    porque él nos ha devuelto la vida
    y no dejó que tropezaran nuestros pies. R.
    V. Los que temen a Dios, vengan a escuchar,
    les contaré lo que ha hecho conmigo:
    a él gritó mi boca
    y lo ensalzó mi lengua. R.
    V. Bendito sea Dios, que no rechazó mi súplica
    ni me retiró su favor. R.
    Aclamación
    R. Aleluya, aleluya, aleluya
    V. Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo -dice el Señor-;
    el que coma de este pan vivirá para siempre. R.
    Evangelio
    Jn 6,44-51
    Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo
    Lectura del santo Evangelio según san Juan.
    EN aquel tiempo, dijo Jesús al gentío:
    «Nadie puede venir a mí si no lo atrae el Padre que me ha enviado. Y yo lo resucitaré en el último día.
    Está escrito en los profetas: "Serán todos los discípulos de Dios".
    Todo el que escucha al Padre y aprende, viene a mí.
    No es que alguien haya visto al Padre, a no ser el que está junto a Dios: ese ha visto al Padre. En verdad, en verdad les digo: el que cree tiene vida eterna.
    Yo soy el pan de la vida. Sus padres comieron en el desierto el maná y murieron; este es el pan que baja del cielo, para que el hombre coma de él y no muera.
    Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre.
    Y el pan que yo daré es mi carne por la vida del mundo».
    Palabra del Señor.
    8 min
  • Reflexión miércoles 17 de abril de 2024. Padre Juan Diego Ruiz Arango.
    Primera lectura
    Hch 8,1b-8
    Iban de un lugar a otro anunciando la Buena Nueva de la Palabra
    Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles
    AQUEL día, se desató una violenta persecución contra la Iglesia de Jerusalén; todos, menos los apóstoles, se dispersaron por Judea y Samaría.
    Unos hombres piadosos enterraron a Esteban e hicieron gran duelo por él.
    Saulo, por su parte, se ensañaba con la Iglesia, penetrando en las casas y arrastrando a la cárcel a hombres y mujeres.
    Los que habían sido dispersados iban de un lugar a otro anunciando la Buena Nueva de la Palabra. Felipe bajó a la ciudad de Samaría y les predicaba a Cristo. El gentío unánimemente escuchaba con atención lo que decía Felipe, porque habían oído hablar de los signos que hacía, y los estaban viendo: de muchos poseídos salían los espíritus inmundos lanzando gritos, y muchos paralíticos y lisiados se curaban. La ciudad se llenó de alegría.
    Palabra de Dios.
    Salmo
    Sal 66(65),1-3a.4-5.6-7a (R. 1)
    R. Aclama al Señor, tierra entera.
    O bien:
    R. Aleluya
    V. Aclama al Señor, tierra entera;
    toquen en honor de su nombre,
    canten himnos a su gloria.
    Digan a Dios: «¡Qué temibles con tus obras!». R.
    V. «Que se postre ante ti la tierra entera,
    que toquen en tu honor,
    que toquen para tu nombre».
    Vengan a ver las obras de Dios,
    sus temibles proezas en favor de los hombres. R.
    V. Transformó el mar en tierra firme,
    a pie atravesaron el río.
    Alegrémonos en él,
    que con su poder gobierna eternamente. R.
    Aclamación
    R. Aleluya, aleluya, aleluya
    V. Todo el que cree en el Hijo tiene vida eterna -dice el Señor-;
    y yo lo resucitaré en el último día. R.
    Evangelio
    Jn 6,35-40
    Esta es la voluntad del Padre: que todo el que ve al Hijo tenga vida eterna
    Lectura del santo Evangelio según san Juan.
    EN aquel tiempo, dijo Jesús al gentío:
    «Yo soy el pan de vida. El que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí no tendrá sed jamás; pero, como le he dicho, me han visto y no creen.
    Todo lo que me da el Padre vendrá a mí, y al que venga a mí no lo echaré, porque he bajado del cielo no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me ha enviado.
    Esta es la voluntad del que me ha enviado: que no pierda nada de lo que me dio, sino que lo resucite en el último día.
    Esta es la voluntad de mi Padre: que todo el que ve al Hijo y cree en él tenga vida eterna, y yo o resucitaré en el último día».
    Palabra del Señor.
    7 min
  • Reflexión martes 16 de abril de 2024. Padre Juan Diego Ruiz Arango.
    Primera lectura
    Hch 7,51 - 8,1a
    Señor Jesús, recibe mi espíritu
    Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles
    EN aquellos días, dijo Esteban al pueblo y a los ancianos y escribas:
    «¡Duros de cerviz, incircuncisos de corazón y de oídos! Ustedes siempre resisten al Espíritu Santo, lo mismo que sus padres. ¿Hubo un profeta que sus padres no persiguieran? Ellos mataron a los que anunciaban la venida del Justo, y ahora ustedes lo han traicionado y asesinado; ustedes recibieron la ley por mediación de ángeles y no la han observado».
    Oyendo sus palabras se recomían en sus corazones y rechinaban los dientes de rabia. Esteban, lleno de Espíritu Santo, fijando la mirada en el cielo, vio la gloria de Dios, y a Jesús de pie a la derecha de Dios, y dijo:
    «Veo los cielos abiertos y al Hijo del hombre de pie a la derecha de Dios».
    Dando un grito estentóreo, se taparon los oídos; y, como un solo hombre, se abalanzaron sobre él, lo empujaron fuera de la ciudad y se pusieron a apedrearlo. Los testigos dejaron sus capas a los pies de un joven llamado Saulo y se pusieron a apedrear a Esteban, que repetía esta invocación:
    «Señor Jesús, recibe mi espíritu».
    Luego, cayendo de rodillas y clamando con voz potente, dijo:
    «Señor, no les tengas en cuenta este pecado».
    Y, con estas palabras, murió.
    Saulo aprobaba su ejecución.
    Palabra de Dios.
    Salmo
    Sal 31(30),3cd-4. 6+7b+8a.17+21ab (R. 6a)
    R. A tus manos Señor, encomiendo mi espíritu.
    O bien:
    R. Aleluya
    V. Sé la roca de mi refugio,
    un baluarte donde me salve,
    tú que eres mi roca y mi baluarte;
    por tu nombre dirígeme y guíame. R.
    V. A tus manos encomiendo mi espíritu:
    tú, el Dios leal, me librarás.
    Yo confío en el Señor.
    Tu misericordia sea mi gozo y mi alegría. R.
    V. Haz brillar tu rostro sobre tu siervo,
    sálvame por tu misericordia.
    En el asilo de tu presencia los escondes
    de las conjuras humanas. R.
    Aclamación
    R. Aleluya, aleluya, aleluya
    V. Yo soy el pan de vida -dice el Señor-; el que viene a mí no tendrá hambre. R.
    Evangelio
    Jn 6, 30-35
    No fue Moisés, sino que es mi Padre el que da el verdadero pan de cielo
    Lectura del santo Evangelio según san Juan.
    EN aquel tiempo, el gentío dijo a Jesús:
    «¿Y qué signo haces tú, para que veamos y creamos en ti? ¿Cuál es tu obra? Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: "Pan del cielo les dio a comer"».
    Jesús les replicó:
    «En verdad, en verdad les digo: no fue Moisés quien les dio pan del cielo, sino que es mi Padre el que les da el verdadero pan del cielo. Porque el pan de Dios es el que baja del cielo y da vida al mundo».
    Entonces le dijeron:
    «Señor, danos siempre de este pan».
    Jesús les contestó:
    «Yo soy el pan de vida. El que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí no tendrá sed jamás».
    Palabra del Señor.
    7 min
  • Reflexión lunes 15 de abril de 2024. Padre Juan Diego Ruiz Arango.
    Primera lectura
    Hch 6, 8-15
    No lograban hacer frente a la sabiduría y al espíritu con que hablaba
    Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles
    EN aquellos días, Esteban, lleno de gracia y poder, realizaba grandes prodigios y signos en medio del pueblo. Unos cuantos de la sinagoga llamaba de los libertos, oriundos de Cirene, Alejandría, Cilicia y Asia, se pusieron a discutir con Esteban; pero no lograban hacer frente a la sabiduría y al espíritu con que hablaba.
    Entonces indujeron a unos que asegurasen:
    «Le hemos oído palabras blasfemas contra Moisés y contra Dios».
    Alborotaron al pueblo, a los ancianos y a los escribas, y, viniendo de improviso, lo agarraron y lo condujeron al Sanedrín, presentando testigos falsos que decían:
    «Este individuo no para de hablar contra el Lugar Santo y la Ley, pues le hemos oído decir que ese Jesús el Nazareno destruirá este lugar y cambiará las tradiciones que nos dio Moisés».
    Todos los que estaban sentados en el Sanedrín fijaron su mirada en él y su rostro les pareció el de un ángel.
    Palabra de Dios.
    Salmo
    Sal 119(118),23-24.26-27. 29-30 (R. cf. 69[68],10)
    R. Dichoso el que camina en la ley del Señor.
    O bien:
    R. Aleluya
    V. Aunque los nobles se sienten a murmurar de mí,
    tu siervo medita tus decretos;
    tus preceptos son mi delicia,
    tus enseñanzas son mis consejeros. R.
    V. Te expliqué mi camino, y me escuchaste:
    enséñame tus mandamientos;
    instrúyeme en el camino de tus mandatos,
    y meditaré tus maravillas. R.
    V. Apártame del camino falso,
    y dame la gracia de tu ley;
    escogí el camino verdadero,
    deseé tus mandamientos. R.
    Aclamación
    R. Aleluya, aleluya, aleluya
    V. No solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios. R.
    Evangelio
    Jn 6,22-29
    Trabajen no por el alimento que perece, sino por el que perdura para la vida eterna
    Lectura del santo Evangelio según san Juan.
    DESPUÉS de que Jesús hubo saciado a cinco mil hombres, sus discípulos lo vieron caminando sobre el mar.
    Al día siguiente, la gente que se había quedado al otro lado del mar notó que allí no había habido más que una barca y que Jesús no había embarcado con sus discípulos, sino que sus discípulos se habían marchado solos.
    Entretanto, unas barcas de Tiberíades llegaron cerca del sitio donde habían comido del pan después que el Señor había dado gracias. Cuando la gente vio que ni Jesús ni sus discípulos estaban allí, se embarcaron y fueron a Cafarnaún en busca de Jesús.
    Al encontrarlo en la otra orilla del lago, le preguntaron:
    «Maestro, ¿cuándo has venido aquí?».
    Jesús les contestó:
    «En verdad, en verdad les digo: ustedes me buscan no porque han visto signos, sino porque comieron pan hasta saciarse. Trabajen no por el alimento que perece, sino por el alimento que perdura para la vida eterna, el que les dará el Hijo del hombre; pues a este lo ha sellado el Padre, Dios».
    Ellos le preguntaron:
    «Y, ¿qué tenemos que hacer para realizar las obras de Dios?».
    Respondió Jesús:
    «La obra de Dios es esta: que crean en el que él ha enviado».
    Palabra del Señor.
    9 min
  • Reflexión Domingo 14 de abril de 2024. Padre Juan Diego Ruiz Arango.
    Primera lectura
    Hch 3,13-15. 17-19
    Mataron al autor de la vida, pero Dios lo resucitó de entre los muertos
    Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles.
    EN aquellos días, Pedro dijo al pueblo:
    «El Dios de Abrahán, de Isaac y de Jacob, el Dios de nuestros padres, ha glorificado a su siervo Jesús, al que ustedes entregaron y de quien renegaron ante Pilato, cuando había decidido soltarlo».
    Ustedes renegaron del Santo y del Justo, y pidieron el indulto de un asesino; mataron al autor de la vida, pero Dios lo resucitó de entre los muertos, y nosotros somos testigos de ello.
    Ahora bien, hermanos, sé que lo hicieron por ignorancia, al igual que sus autoridades; pero Dios cumplió de esta manera lo que había predicho por los profetas, que su Mesías tenía que padecer.
    Por tanto, arrepiéntanse y conviértanse, para que se borren sus pecados.
    Palabra de Dios.
    Salmo
    Sal 4,2.4.7.9(R. cf. 7b)
    R. Haz brillar sobre nosotros, Señor,
    la luz de tu rostro.
    O bien:
    R. Aleluya.
    V. Escúchame cuando te invoco, Dios de mi justicia;
    tú que en el aprieto me diste anchura,
    ten piedad de mí y escucha mi oración. R.
    V. Sépanlo: el Señor hizo milagros en mi favor,
    y el Señor me escuchará cuando lo invoque. R.
    V. Hay muchos que dicen: «¿Quién nos hará ver la dicha,
    si la luz de tu rostro ha huido de nosotros?» R.
    V. En paz me acuesto y enseguida me duermo,
    porque tú solo, Señor, me haces vivir tranquilo. R.
    Segunda lectura
    1Jn 2,1-5a
    Él es víctima de propiciación por nuestros pecados y también por los del mundo entero
    Lectura de la primera carta del apóstol san Juan.
    HIJOS míos, les escribo esto para que no pequen.
    Pero, si alguno peca, tenemos a uno que abogue ante el Padre: a Jesucristo, el Justo.
    Él es víctima de propiciación por nuestros pecados, no solo por los nuestros, sino también por los del mundo entero.
    En esto sabemos que lo conocemos: en que guardamos sus mandamientos.
    Quien dice: «Yo lo conozco», y no guarda sus mandamientos, es un mentiroso, y la verdad no está en él.
    Pero quien guarda su palabra, ciertamente el amor de Dios ha llegado en él a su plenitud.
    Palabra de Dios.
    Aclamación
    R. Aleluya, aleluya, aleluya
    V. Señor Jesús, explícanos las Escrituras;
    haz que arda nuestro corazón mientras nos hablas. R.
    Evangelio
    Lc 24,35-48
    Así está escrito: el Mesías padecerá y resucitará de entre los muertos al tercer día
    Lectura del santo Evangelio según san Lucas.
    EN aquel tiempo, los discípulos de Jesús contaron lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.
    Estaban hablando de estas cosas, cuando él se presentó en medio de ellos y les dice:
    «Paz a ustedes».
    Pero ellos, aterrorizados y llenos de miedo, creían ver un espíritu.
    Y él les dijo:
    «¿Por qué se alarman?, ¿por qué surgen dudas en su corazón? Miren mis manos y mis pies: soy yo en persona.
    Pálpenme y dense cuenta de que un espíritu no tiene carne y huesos, como ven que yo tengo».
    Dicho esto, les mostró las manos y los pies. Pero como no acababan de creer por la alegría, y seguían atónitos, les dijo:
    «¿Tienen algo de comer?».
    Ellos le ofrecieron un trozo de pez asado. Él lo tomó y comió delante de ellos.
    Y les dijo:
    «Esto es lo que les dije mientras estaba con ustedes: que era necesario que se cumpliera todo lo escrito en la Ley de Moisés y en los Profetas y Salmos acerca de mí».
    Entonces les abrió el entendimiento para comprender las Escrituras.
    Y les dijo:
    «Así está escrito: el Mesías padecerá, resucitará de entre los muertos al tercer día y en su nombre se proclamará la conversión para el perdón de los pecados a todos los pueblos, comenzando por Jerusalén. Ustedes son testigos de esto».
    Palabra del Señor.
    9 min
  • Reflexión sábado 13 de abril de 2024. Padre Juan Diego Ruiz Arango.
    Primera lectura
    Hch 6,1-7
    Eligieron a siete hombres llenos del Espíritu Santo
    Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles.
    EN aquellos días, al crecer el número de los discípulos, los de lengua griega se quejaron contra los de lengua hebrea, porque en el servicio diario no se atendía a sus viudas.
    Los Doce, convocando a la asamblea de los discípulos, dijeron:
    «No nos parece bien descuidar la palabra de Dios para ocuparnos del servicio de las mesas. Por tanto, hermanos, escojan a siete de ustedes, hombres de buena fama, llenos de espíritu y de sabiduría, y los encargaremos de esta tarea; nosotros nos dedicaremos a la oración y al servicio de la palabra».
    La propuesta les pareció bien a todos y eligieron a Esteban, hombre lleno de fe y de Espíritu Santo; a Felipe, Prócoro, Nicanor, Timón, Parmenas y Nicolás, prosélito de Antioquía. Se los presentaron a los apóstoles y ellos les impusieron las manos orando.
    La palabra de Dios iba creciendo y en Jerusalén se multiplicaba el número de discípulos; incluso muchos sacerdotes aceptaban la fe.
    Palabra de Dios.
    Salmo
    Sal 33(32),1-2. 4-5. 18-19 (R. 22)
    R. Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros,
    como lo esperamos de ti.
    O bien:
    R. Aleluya.
    V.Aclamen, justos, al Señor,
    que merece la alabanza de los buenos.
    Den gracias al Señor con la cítara,
    toquen en su honor el arpa de diez cuerdas. R.
    V.La palabra del Señor es sincera,
    y todas sus acciones son leales;
    él ama la justicia y el derecho,
    y su misericordia llena la tierra. R.
    V.Los ojos del Señor están puestos en quien le teme,
    en los que esperan su misericordia,
    para librar sus vidas de la muerte
    y reanimarlos en tiempo de hambre. R.
    Aclamación
    R. Aleluya, aleluya, aleluya
    V. Ha resucitado Cristo, que creó todas las cosas, y se ha compadecido del género humano. R.
    Evangelio
    Jn 6,16-21
    Vieron a Jesús caminando sobre el mar
    Lectura del santo Evangelio según san Juan.
    AL oscurecer, los discípulos de Jesús bajaron al mar, embarcaron y empezaron la travesía hacia Cafarnaún.
    Era ya noche cerrada, y todavía Jesús no los había alcanzado; soplaba un viento fuerte, y el lago se iba encrespando.
    Habían remado unos veinticinco o treinta estadios, cuando vieron a Jesús que se acercaba a la barca, caminando sobre el mar, y se asustaron.
    Pero él les dijo:
    «Soy yo, no teman».
    Querían recogerlo a bordo, pero la barca tocó tierra en seguida, en el sitio adonde iban.
    Palabra del Señor.
    9 min
  • Reflexión viernes 12 de abril de 2024. Padre Juan Diego Ruiz Arango.
    Primera lectura
    Hch 5,34-42
    Salieron contentos de haber merecido aquel ultraje por el Nombre
    Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles.
    EN aquellos días, un fariseo llamado Gamaliel, doctor de la ley, respetado por todo el pueblo, se levantó en el Sanedrín, mandó que sacaran un momento a los apóstoles y dijo:
    «Israelitas, piensen bien lo que van a hacer con esos hombres. Hace algún tiempo se levantó Teudas, dándoselas de hombre importante, y se le juntaron unos cuatrocientos hombres. Fue ejecutado, se dispersaron todos sus secuaces y todo acabó en nada.
    Más tarde, en los días del censo, surgió Judas el Galileo, arrastrando detrás de sí gente del pueblo; también pereció y se disgregaron todos sus secuaces.
    En el caso presente, les digo: no se metan con esos hombres; suéltenlos. Si su idea y su actividad son cosa de hombres, se disolverá; pero, si es cosa de Dios, no lograrán destruirlos, y se expondrían a luchar contra Dios».
    Le dieron la razón y, habiendo llamado a los apóstoles, los azotaron, les prohibieron hablar en nombre de Jesús, y los soltaron. Ellos, pues, salieron del Sanedrín contentos de haber merecido aquel ultraje por el Nombre. Ningún día dejaban de enseñar, en el templo y por las casas, anunciando la buena noticia acerca del Mesías Jesús.
    Palabra de Dios.
    Salmo
    Sal 27(26),1.4.13-14 (R. cf. 5)
    R. Una cosa pido al Señor:
    habitar en su casa.
    O bien:
    R. Aleluya.
    V. El Señor es mi luz y mi salvación,
    ¿a quién temeré?
    El Señor es la defensa de mi vida,
    ¿quién me hará temblar? R.
    V. Una cosa pido al Señor,
    eso buscaré:
    habitar en la casa del Señor
    por los días de mi vida;
    gozar de la dulzura del Señor,
    contemplando su templo. R.
    V. Espero gozar de la dicha del Señor
    en el país de la vida.
    Espera en el Señor, sé valiente,
    ten ánimo, espera en el Señor. R.
    Aclamación
    R. Aleluya, aleluya, aleluya
    V. No solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios. R.
    Evangelio
    Jn 6,1-15
    Repartió a los que estaban sentados todo lo que quisieron
    Lectura del santo Evangelio según san Juan.
    EN aquel tiempo, Jesús se marchó a la otra parte del mar de Galilea, o de Tiberíades. Lo seguía mucha gente, porque habían visto los signos que hacía con los enfermos.
    Subió Jesús entonces a la montaña y se sentó allí con sus discípulos.
    Estaba cerca la Pascua, la fiesta de los judíos. Jesús entonces levantó los ojos y, al ver que acudía mucha gente, dice a Felipe:
    «¿Con qué compraremos panes para que coman estos?».
    Lo decía para probarlo, pues bien sabía él lo que iba a hacer.
    Felipe le contestó:
    «Doscientos denarios de pan no bastan para que cada uno le toque un pedazo».
    Uno de sus discípulos, Andrés, el hermano de Simón Pedro, le dice:
    «Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos peces; pero ¿qué es eso para tantos?».
    Jesús dijo:
    «Digan a la gente que se siente en el suelo».
    Había mucha hierba en aquel sitio. Se sentaron; solo los hombres eran unos cinco mil.
    Jesús tomó los panes, dijo la acción de gracias y los repartió a los que estaban sentados, y lo mismo todo lo que quisieron del pescado.
    Cuando se saciaron, dice a sus discípulos:
    «Recojan los pedazos que han sobrado; que nada se pierda».
    Los recogieron y llenaron doce canastos con los pedazos de los cinco panes de cebada que sobraron a los que habían comido. La gente entonces, al ver el signo que había hecho, decía:
    «Este es verdaderamente el Profeta que va a venir al mundo».
    Jesús, sabiendo que iban a llevárselo para proclamarlo rey, se retiró otra vez a la montaña él solo.
    Palabra del Señor.
    9 min
  • Reflexión jueves 11 de abril de 2024. Padre Juan Diego Ruiz Arango.
    Primera lectura
    Hch 5,27-33
    Testigos de esto somos nosotros y el Espíritu Santo
    Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles
    EN aquellos días, los apóstoles fueron conducidos a comparecer ante el Sanedrín y el sumo sacerdote los interrogó, diciendo:
    «¿No les habíamos ordenado formalmente no enseñar en ese nombre? En cambio, han llenado Jerusalén con su enseñanza y quieren hacernos responsables de la sangre de ese hombre».
    Pedro y los apóstoles replicaron:
    «Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres. El Dios de nuestros padres resucitó a Jesús, a quien ustedes mataron, colgándolo de un madero. Dios lo ha exaltado con su diestra, haciéndolo jefe y salvador, para otorgar a Israel la conversión y el perdón de los pecados. Testigos de esto somos nosotros y el Espíritu Santo, que Dios da a los que le obedecen».
    Ellos, al oír esto, se consumían de rabia y trataban de matarlos.
    Palabra de Dios.
    Salmo
    Sal 34(33),2+9. 17-18. 19-20 (R. 7a)
    R. El afligido invocó al Señor, y él lo escuchó.
    O bien:
    R. Aleluya.
    V. Bendigo al Señor en todo momento,
    su alabanza está siempre en mi boca.
    Gusten y vean qué bueno es el Señor,
    dichoso el que se acoge a él. R.
    V. El Señor se enfrenta con los malhechores,
    para borrar de la tierra su memoria.
    Cuando uno grita, el Señor lo escucha
    y lo libra de sus angustias. R.
    V. El Señor está cerca de los atribulados,
    salva a los abatidos.
    Aunque el justo sufra muchos males,
    de todos lo libra el Señor. R.
    Aclamación
    R. Aleluya, aleluya, aleluya
    V. Porque me has visto, Tomás, has creído -dice el Señor-;
    bienaventurados los que crean sin haber visto. R.
    Evangelio
    Jn 3,31-36
    El Padre ama al Hijo y todo lo ha puesto en su mano
    Lectura del santo Evangelio según san Juan.
    EL que viene de lo alto está por encima de todos. El que es de la tierra es de la tierra y habla de la tierra. El que viene del cielo está por encima de todos. De lo que ha visto y ha oído da testimonio, y nadie acepta su testimonio.
    El que acepta su testimonio certifica que Dios es veraz.
    El que Dios envió habla las palabras de Dios, porque no da el Espíritu con medida. El Padre ama al Hijo y todo lo ha puesto en su mano. El que cree en el Hijo posee la vida eterna; el que no crea al Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios pesa sobre él.
    Palabra del Señor.
    7 min

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