Reflexiones diarias Padre Juan Diego Ruiz Arango. Medellín. Colombia.

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Reflexiones diarias Padre Juan Diego Ruiz Arango. Medellín. Colombia. episodes

  • Reflexión miércoles 10 de abril de 2024. Padre Juan Diego Ruiz Arango.
    Lecturas del Miércoles de la II Semana de Pascua
    10 Abr 2024
    Primera Lectura
    Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles (5,17-26):
    EN aquellos días, el sumo sacerdote y todos los suyos, que integran la secta de los saduceos, en un arrebato de celo, prendieron a los apóstoles y los metieron en la cárcel pública. Pero, por la noche, el ángel del Señor les abrió las puertas de la cárcel y los sacó fuera, diciéndoles:
    «Marchaos y, cuando lleguéis al templo, explicad al pueblo todas estas palabras de vida».
    Entonces ellos, al oírlo, entraron en el templo al amanecer y se pusieron a enseñar. Llegó entre tanto el sumo sacerdote con todos los suyos, convocaron el Sanedrín y el pleno de los ancianos de los hijos de Israel, y mandaron a la prisión para que los trajesen. Fueron los guardias, no los encontraron en la cárcel, y volvieron a informar, diciendo:
    «Hemos encontrado la prisión cerrada con toda seguridad, y a los centinelas en pie a las puertas; pero, al abrir, no encontramos a nadie dentro».
    Al oír estas palabras, ni el jefe de la guardia del templo ni los sumos sacerdotes atinaban a explicarse qué había pasado. Uno se presentó, avisando:
    «Mirad, los hombres que metisteis en la cárcel están en el templo, enseñando al pueblo».
    Entonces el jefe salió con los guardias y se los trajo, sin emplear la fuerza, por miedo a que el pueblo los apedrease.
    Palabra de Dios
    Salmo
    Sal 33,2-3.4-5.6-7.8-9
    R/. Si el afligido invoca al Señor, él lo escucha
    Bendigo al Señor en todo momento,
    su alabanza está siempre en mi boca;
    mi alma se gloría en el Señor:
    que los humildes lo escuchen y se alegren. R/.
    Proclamad conmigo la grandeza del Señor,
    ensalcemos juntos su nombre.
    Yo consulté al Señor, y me respondió,
    me libró de todas mis ansias. R/.
    Contempladlo, y quedaréis radiantes,
    vuestro rostro no se avergonzará.
    El afligido invocó al Señor,
    él lo escuchó y lo salvó de sus angustias. R/.
    El ángel del Señor acampa en torno a sus fieles
    y los protege.
    Gustad y ved qué bueno es el Señor,
    dichoso el que se acoge a él. R/.
    Evangelio
    Lectura del santo evangelio según san Juan (3,16-21):
    TANTO amó Dios al mundo, que entregó a su Unigénito, para que todo el que cree en él no perezca, sino que tenga vida eterna.
    Porque Dios no envió a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.
    El que cree en él no será juzgado; el que no cree ya está juzgado, porque no ha creído en el nombre del Unigénito de Dios.
    Este es el juicio: que la luz vino al mundo, y los hombres prefirieron la tiniebla a la luz, porque sus obras eran malas. Pues todo el que obra el mal detesta la luz, y no se acerca a la luz, para no verse acusado por sus obras.
    En cambio, el que obra la verdad se acerca a la luz, para que se vea que sus obras están hechas según Dios.
    Palabra del Señor.
    10 min
  • Reflexión martes 9 de abril de 2024. Padre Juan Diego Ruiz Arango.
    Primera lectura
    Hch 4,32-37
    Un solo corazón y una sola alma
    Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles.
    EL grupo de los creyentes tenía un solo corazón y una sola alma: nadie llamaba suyo propio nada de lo que tenía, pues lo poseían todo en común.
    Los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús con mucho valor. Y se les miraba a todos con mucho agrado. Entre ellos no había necesitados, pues los que poseían tierras o casas las vendían, traían el dinero de lo vendido y lo ponían a los pies de los apóstoles; luego se distribuía a cada uno según lo que necesitaba.
    José, a quien los apóstoles apellidaron Bernabé, que significa hijo de la consolación, que era levita y natural de Chipre, tenía un campo y lo vendió; llevó el dinero y lo puso a los pies de los apóstoles.
    Palabra de Dios.
    Salmo
    Sal 93(92),1ab.1c-2.5 (R. 122[121],3)
    R. El Señor reina, vestido de majestad.
    O bien:
    R. Aleluya
    V. El Señor reina, vestido de majestad;
    el Señor, vestido y ceñido de poder. R.
    V. Así está firme el orbe y no vacila.
    Tu trono está firme desde siempre,
    y tú eres eterno. R.
    V. Tus mandatos son fieles y seguros;
    la santidad es el adorno de tu casa,
    Señor, por días sin término. R.
    Aclamación
    R. Aleluya, aleluya, aleluya.
    V. Tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el que cree en él tenga vida eterna. R.
    Evangelio
    Jn 3, 7b-15
    Nadie ha subido al cielo sino el que bajó del cielo, el Hijo del hombre
    Lectura del santo Evangelio según san Juan.
    EN aquel tiempo, dijo Jesús a Nicodemo:
    «Tienen que nacer de nuevo; el viento sopla donde quiere y oyes su ruido, pero no sabes de dónde viene ni adónde va. Así es todo el que ha nacido del Espíritu».
    Nicodemo le preguntó:
    «¿Cómo puede suceder esto?»
    Le contestó Jesús:
    «¿Tú eres maestro de Israel, y no lo entiendes? En verdad, en verdad te digo: hablamos de lo que sabemos y damos testimonio de lo que hemos visto, pero ustedes no reciben nuestro testimonio. Si les hablo de las cosas terrenas y no me creen, ¿cómo creerán si les hablo de las cosas celestiales? Nadie ha subido al cielo sino el que bajó del cielo, el Hijo del hombre.
    Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el que cree en él tenga vida eterna».
    Palabra del Señor.
    9 min
  • Reflexión lunes 8 de abril de 2024. Padre Juan Diego Ruiz Arango.
    Primera lectura
    La virgen está encinta
    Lectura del libro de Isaías 7,10-14; 8,10
    En aquel tiempo, el Señor habló a Acaz:
    -«Pide una señal al Señor, tu Dios: en lo hondo del abismo o en lo alto del cielo.»
    Respondió Acaz:
    -«No la pido, no quiero tentar al Señor.»
    Entonces dijo Dios:
    -«Escucha, casa de David: ¿No os basta cansar a los hombres, que cansáis incluso a mi Dios? Pues el Señor, por su cuenta, os dará una señal:
    Mirad: la virgen está encinta y da a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emmanuel, que significa “Dios-con-nosotros”.»
    Palabra de Dios
    Salmo
    Sal 39,7-8a.8b-9.10.11 (R.: 8ª y 9ª)
    R. Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad
    Tú no quieres sacrificios ni ofrendas,
    y, en cambio, me abriste el oído;
    no pides sacrificio expiatorio,
    entonces yo digo: «Aquí estoy.» R.
    «-Como está escrito en mi libro-
    para hacer tu voluntad.»
    Dios mío, lo quiero,
    y llevo tu ley en las entrañas. R.
    He proclamado tu salvación
    ante la gran asamblea;
    no he cerrado los labios:
    Señor, tú lo sabes. R.
    No me he guardado en el pecho tu defensa,
    he contado tu fidelidad y tu salvación,
    no he negado tu misericordia y tu lealtad
    ante la gran asamblea. R.
    Segunda lectura
    «Aquí estoy, oh Dios, para hacer tu voluntad»
    Lectura de la carta a los Hebreos 10, 4-10
    Hermanos:
    Es imposible que la sangre de los toros y de los machos cabríos quite los pecados.
    Por eso, cuando Cristo entró en el mundo dijo: «Tú no quieres sacrificios ni ofrendas, pero me has preparado un cuerpo; no aceptas holocaustos ni víctimas expiatorias. Entonces yo dije lo que está escrito en el libro: “Aquí estoy, oh Dios, para hacer tu voluntad.”»
    Primero dice: «No quieres ni aceptas sacrificios ni ofrendas, holocaustos ni victimas expiatorias», que se ofrecen según la Ley. Después añade: «Aquí estoy yo para hacer tu voluntad.»
    Niega lo primero, para afirmar lo segundo.
    Y conforme a esa voluntad todos quedamos santificados por la oblación del cuerpo de Jesucristo, hecha una vez para siempre.
    Palabra de Dios
    Aclamación
    R. Aleluya, aleluya, aleluya.
    V. El Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria. R.
    Evangelio
    Lc 1,26-38
    Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo
    Lectura del santo Evangelio según san Lucas.
    A los seis meses, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la estirpe de David; la virgen se llamaba María. 
    El ángel, entrando en su presencia, dijo:
    -«Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.» 
    Ella se turbó ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquél. 
    El ángel le dijo:
    -«No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin.» 
    Y María dijo al ángel:
    -«¿Cómo será eso, pues no conozco a varón?» 
    El ángel le contestó:
    -«El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer se llamará Hijo de Dios.
    Ahí tienes a tu pariente Isabel, que, a pesar de su vejez, ha concebido un hijo, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, porque para Dios nada hay imposible.» 
    María contestó:
    «Aquí está la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.» 
    Y la dejó el ángel.
    Palabra del Señor.
    8 min
  • Reflexión Domingo 7 de abril de 2024. Padre Juan Diego Ruiz Arango.
    Primera lectura
    Hch 4,32-35
    Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles
    EL grupo de los creyentes tenía un solo corazón y una sola alma: nadie llamaba suyo propio nada de lo que tenía, pues lo poseían todo en común.
    Los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús con mucho valor.
    Y se los miraba a todos con mucho agrado. Entre ellos no había necesitados, pues los que poseían tierras o casas las vendían, traían el dinero de lo vendido y lo ponían a los pies de los apóstoles; luego se distribuía a cada uno según lo que necesitaba.
    Palabra de Dios.
    Salmo
    Sal 118(117),2-4.15c-16a y 17-18. 22-24 (R.1)
    R. Den gracias al Señor porque es bueno,
    porque es eterna su misericordia.
    V. Diga la casa de Israel:
    eterna es su misericordia.
    Diga la casa de Aarón:
    eterna es su misericordia.
    Digan los que temen al Señor:
    eterna es su misericordia. R.
    V. «La diestra del Señor es poderosa,
    la diestra del Señor es excelsa».
    No he de morir, viviré
    para contar las hazañas del Señor.
    Me castigó, me castigó el Señor,
    pero no me entregó a la muerte. R.
    V. La piedra que desecharon los arquitectos
    es ahora la piedra angular.
    Es el Señor quien lo ha hecho,
    ha sido un milagro patente.
    Este es el día que hizo el Señor:
    sea nuestra alegría y nuestro gozo. R.
    Segunda lectura
    1Jn 5,1-6
    Lectura de la primera carta del apóstol san Juan.
    QUERIDOS hermanos:
    Todo el que cree que Jesús es el Cristo ha nacido de Dios; y todo el que ama al que da el ser ama también al que ha nacido de él.
    En esto conocemos que amamos a los hijos de Dios y cumplimos sus mandamientos.
    Pues en esto consiste el amor de Dios: en que guardemos sus mandamientos. Y sus mandamientos no son pesados, pues todo lo que ha nacido de Dios vence al mundo. Y lo que ha conseguido la victoria sobre el mundo es nuestra fe.
    ¿Quién es el que vence al mundo sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios?
    Este es el que vino por el agua y la sangre: Jesucristo. No solo en el agua, sino en el agua y en la sangre; y el Espíritu es quien da testimonio, porque el Espíritu es la verdad.
    Palabra de Dios.
    Evangelio
    Jn 20,19-31
    Lectura del santo Evangelio según san Juan.
    AL anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo:
    «Paz a ustedes».
    Y, diciendo esto, les enseño las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría la ver al Señor. Jesús repitió:
    «Paz a ustedes. Como el Padre me ha enviado, así también los envío yo».
    Y, dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo:
    «Reciban el Espíritu Santo; a quienes les perdonen los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengan, les quedan retenidos».
    Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían:
    «Hemos visto al Señor».
    Pero él les contestó:
    «Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo».
    A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo:
    «Paz a ustedes».
    Luego dijo a Tomás:
    «Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente».
    Contestó Tomás:
    «¡Señor mío y Dios mío!».
    Jesús le dijo:
    «¿Porque me has visto has creído? Bienaventurados los que crean sin haber visto».
    Muchos otros signos, que no están escritos en este libro, hizo Jesús a la vista de los discípulos. Estos han sido escritos para que crean que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengan vida en su nombre.
    Palabra del Señor.
    9 min
  • Reflexión sábado 6 de abril de 2024. Padre Juan Diego Ruiz Arango.
    Primera Lectura
    Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles (4,13-21):
    EN aquellos días, los jefes del pueblo, los ancianos y los escribas, viendo la seguridad de Pedro y Juan, y notando que eran hombres sin letras ni instrucción, estaban sorprendidos. Reconocían que habían sido compañeros de Jesús, pero, viendo de pie junto a ellos al hombre que había sido curado, no encontraban respuesta. Les mandaron salir fuera del Sanedrín y se pusieron a deliberar entre ellos, diciendo:
    «¿Qué haremos con estos hombres? Es evidente que todo Jerusalén conoce el milagro realizado por ellos, no podemos negarlo; pero, para evitar que se siga divulgando, les prohibiremos con amenazas que vuelvan a hablar a nadie de ese nombre».
    Y habiéndolos llamado, les prohibieron severamente predicar y enseñar en el nombre de Jesús. Pero Pedro y Juan les replicaron diciendo:
    «¿Es justo ante Dios que os obedezcamos a vosotros más que a él? Juzgadlo vosotros. Por nuestra parte no podemos menos de contar lo que hemos visto y oído».
    Pero ellos, repitiendo la prohibición, los soltaron, sin encontrar la manera de castigarlos a causa del pueblo, porque todos daban gloria a Dios por lo sucedido.
    Palabra de Dios
    Salmo
    Salmo responsorial Sal 117,1.14-15.16-18.19-21
    R/. Te doy gracias, Señor, porque me escuchaste
    Dad gracias al Señor porque es bueno,
    porque es eterna su misericordia.
    El Señor es mi fuerza y mi energía,
    él es mi salvación.
    Escuchad: hay cantos de victoria
    en las tiendas de los justos R/.
    «La diestra del Señor es poderosa.
    La diestra del Señor es excelsa».
    No he de morir, viviré
    para contar las hazañas del Señor.
    Me castigó, me castigó el Señor,
    pero no me entregó a la muerte. R/.
    Abridme las puertas de la salvación,
    y entraré para dar gracias al Señor.
    Esta es la puerta del Señor:
    los vencedores entrarán por ella.
    Te doy gracias porque me escuchaste
    y fuiste mi salvación. R/.
    Secuencia
    (Opcional)
    Ofrezcan los cristianos
    ofrendas de alabanza
    a gloria de la Víctima
    propicia de la Pascua.
    Cordero sin pecado
    que a las ovejas salva,
    a Dios y a los culpables
    unió con nueva alianza.
    Lucharon vida y muerte
    en singular batalla,
    y, muerto el que es la Vida,
    triunfante se levanta.
    «¿Qué has visto de camino,
    María, en la mañana?»
    «A mi Señor glorioso,
    la tumba abandonada,
    los ángeles testigos,
    sudarios y mortaja.
    ¡Resucitó de veras
    mi amor y mi esperanza!
    Venid a Galilea,
    allí el Señor aguarda;
    allí veréis los suyos
    la gloria de la Pascua.»
    Primicia de los muertos,
    sabemos por tu gracia
    que estás resucitado;
    la muerte en ti no manda.
    Rey vencedor, apiádate
    de la miseria humana
    y da a tus fieles parte
    en tu victoria santa.
    Segunda Lectura
    Evangelio de hoy
    Lectura del santo evangelio según san Marcos (16,9-15):
    JESÚS, resucitado al amanecer del primer día de la semana, se apareció primero a María Magdalena, de la que había echado siete demonios. Ella fue a anunciárselo a sus compañeros, que estaban de duelo y llorando.
    Ellos, al oírle decir que estaba vivo y que lo había visto, no la creyeron.
    Después se apareció en figura de otro a dos de ellos que iban caminando al campo.
    También ellos fueron a anunciarlo a los demás, pero no los creyeron.
    Por último, se apareció Jesús a los Once, cuando estaban a la mesa, y les echó en cara su incredulidad y dureza de corazón, porque no habían creído a los que lo habían visto resucitado.
    Y les dijo:
    «Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación».
    Palabra del Señor.
    7 min
  • Reflexión viernes 5 de abril de 2024. Padre Juan Diego Ruiz Arango.
    Primera Lectura
    Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles (4,1-12):
    EN aquellos días, mientras Pedro y Juan hablaban al pueblo, después de que el paralítico fuese sanado, se les presentaron los sacerdotes, el jefe de la guardia del templo y los saduceos, indignados de que enseñaran al pueblo y anunciaran en Jesús la resurrección de los muertos. Los apresaron y los metieron en la cárcel hasta el día siguiente, pues ya era tarde. Muchos de los que habían oído el discurso creyeron; eran unos cinco mil hombres.
    Al día siguiente, se reunieron en Jerusalén los jefes del pueblo, los ancianos y los escribas, junto con el sumo sacerdote Más, y con Caifás y Alejandro, y los demás que eran familia de sumos sacerdotes, Hicieron comparecer en medio de ellos a Pedro y a Juan y se pusieron a interrogarlos:
    «¿Con qué poder o en nombre de quién habéis hecho eso vosotros?».
    Entonces Pedro, lleno de Espíritu Santo, les dijo:
    «Jefes del pueblo y ancianos: Porque le hemos hecho un favor a un enfermo, nos interrogáis hoy para averiguar qué poder ha curado a ese hombre; quede bien claro a todos vosotros y a todo Israel que ha sido el Nombre de Jesucristo el Nazareno, a quien vosotros crucificasteis y a quien Dios resucitó de entre los muertos; por este Nombre, se presenta este sano ante vosotros. Él es “la piedra que desechasteis vosotros, los arquitectos, y que se ha convertido en piedra angular”; no hay salvación en ningún otro, pues bajo el cielo no se ha dado a los hombres otro nombre por el que debamos salvarnos».
    Palabra de Dios
    Salmo
    Sal 117,1-2.4.22-24.25-27a
    R/. La piedra que desecharon los arquitectos
    es ahora la piedra angular
    Dad gracias al Señor porque es bueno,
    porque es eterna su misericordia.
    Diga la casa de Israel:
    eterna es su misericordia.
    Digan los fieles del Señor:
    eterna es su misericordia. R/.
    La piedra que desecharon los arquitectos
    es ahora la piedra angular.
    Es el Señor quien lo ha hecho,
    ha sido un milagro patente.
    Éste es el día que hizo el Señor:
    sea nuestra alegría y nuestro gozo. R/.
    Señor, danos la salvación;
    Señor, danos prosperidad.
    Bendito el que viene en nombre del Señor,
    os bendecimos desde la casa del Señor;
    el Señor es Dios, él nos ilumina. R/.
    Secuencia
    (Opcional)
    Ofrezcan los cristianos
    ofrendas de alabanza
    a gloria de la Víctima
    propicia de la Pascua.
    Cordero sin pecado
    que a las ovejas salva,
    a Dios y a los culpables
    unió con nueva alianza.
    Lucharon vida y muerte
    en singular batalla,
    y, muerto el que es la Vida,
    triunfante se levanta.
    «¿Qué has visto de camino,
    María, en la mañana?»
    «A mi Señor glorioso,
    la tumba abandonada,
    los ángeles testigos,
    sudarios y mortaja.
    ¡Resucitó de veras
    mi amor y mi esperanza!
    Venid a Galilea,
    allí el Señor aguarda;
    allí veréis los suyos
    la gloria de la Pascua.»
    Primicia de los muertos,
    sabemos por tu gracia
    que estás resucitado;
    la muerte en ti no manda.
    Rey vencedor, apiádate
    de la miseria humana
    y da a tus fieles parte
    en tu victoria santa.
    Segunda Lectura
    Evangelio de hoy
    Lectura del santo evangelio según san Juan (21,1-14):
    EN aquel tiempo, Jesús se apareció otra vez a los discípulos junto al lago de Tiberíades. Y se apareció de esta manera:
    Estaban juntos Simón Pedro, Tomás, apodado el Mellizo; Natanael, el de Caná de Galilea; los Zebedeos y otros dos discípulos suyos.
    Simón Pedro les dice:
    «Me voy a pescar».
    Ellos contestan:
    «Vamos también nosotros contigo».
    Salieron y se embarcaron; y aquella noche no cogieron nada. Estaba ya amaneciendo, cuando Jesús se presentó en la orilla; pero los discípulos no sabían que era Jesús.
    Jesús les dice:
    «Muchachos, ¿tenéis pescado?».
    Ellos contestaron:
    «No».
    Él les dice:
    «Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis».
    La echaron, y no podían sacarla, por la multitud de peces. Y aquel discípulo a quien Jesús amaba le dice a Pedro:
    «Es el Señor».
    Al oír que era el Señor, Simón Pedro, que estaba desnudo, se ató la túnica y se echó al agua. Los demás discípulos se acercaron en la barca, porque rio distaban
    10 min
  • Reflexión jueves 4 de abril de 2024. Padre Juan Diego Ruiz Arango.
    Primera lectura
    Hch 3,11-26
    Mataron al autor de la vida, pero Dios lo resucitó de entre los muertos
    Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles.
    EN aquellos días, mientras el paralítico curado seguía aún con Pedro y Juan, todo el pueblo, asombrado, acudió corriendo al pórtico llamado de Salomón, donde estaban ellos. Al verlo, Pedro dirigió la palabra a la gente:
    «Israelitas. ¿por qué se admiran de esto? ¿Por qué nos miran como si hubiéramos hecho andar a este con nuestro propio poder o virtud? El Dios de Abrahán, de Isaac y de Jacob, el Dios de nuestros padres, ha glorificado a su siervo Jesús, al que ustedes entregaron y de quien renegaron ante Pilato, cuando había decidido soltarlo.
    Ustedes renegaron del Santo y del Justo, y pidieron el indulto de un asesino: mataron al autor de la vida, pero Dios lo resucitó de entre los muertos, y nosotros somos testigo de ello.
    Por la fe en su nombre, este, que ven aquí y que conocen, ha recobrado el vigor por medio de su nombre; la fe que viene por medio de él le ha restituido completamente la salud, a la vista de todos ustedes.
    Ahora bien, hermanos, sé que lo hicieron por ignorancia, al igual que sus autoridades; pero Dios cumplió de esta manera lo que había predicho por los profetas, que su Mesías tenía que padecer.
    Por tanto, arrepíentanse y conviértanse, para que se borren sus pecados; para que vengan tiempos de consuelo de parte de Dios, y envíe a Jesús, el Mesías que les estaba destinado, al que debe recibir el cielo hasta el tiempo de la restauración universal, de la que Dios habló dede antiguo por boca de sus santos profetas.
    Moisés dijo: ´´El Señor Dios de ustedes hará surgir de entre sus hermanos un profeta como yo: escuchen todo lo que les diga; y quien no escuche a ese profeta será excluido del pueblo``. Y, desde Samuel en adelante, todos los profetas que hablaron anunciaron también estos días.
    Ustedes son los hijos de los profetas, los hijos de la alianza que hizo Dios con sus padres, cuando le dijo a Abrahán: ´´En tu descendencia serán bendecidas todas las familias de la tierra``. Dios resucitó a su Siervo y se lo envía en primer lugar a ustedes para que les traiga la bendición, apartando a cada uno de sus maldades».
    Palabra de Dios.
    Salmo
    Sal 8,2ab y 5.6-7.8-9 (R. cf. 2b)
    R. ¡Señor, Dios nuestro,
    qué admirable es tu nombre en toda la tierra!
    O bien:
    R. Aleluya
    V. Señor, Dios nuestro,
    ¿qué es el hombre para que te acuerdes de él,
    el ser humano, para mirar por él? R.
    V. Lo hiciste poco inferior a los ángeles,
    lo coronaste de gloria y dignidad;
    le diste el mando sobre las obras de tus manos.
    Todo lo sometiste bajo sus pies. R.
    V. Rebaños de ovejas y toros,
    y hasta las bestias del campo,
    las aves del cielo, los peces del mar
    que trazan sendas por el mar. R.
    SECUENCIA (opcional)
    Ofrezcan los cristianos
    ofrendas de alabanza
    a gloria de la Víctima
    propicia de la Pascua.
    Cordero sin pecado
    que a las ovejas salva,
    a Dios y a los culpables
    unió con nueva alianza.
    Lucharon vida y muerte
    en singular batalla,
    y, muerto el que es la Vida,
    triunfante se levanta.
    «¿Qué has visto de camino,
    María, en la mañana?»
    «A mi Señor glorioso,
    la tumba abandonada,
    los ángeles testigos,
    sudarios y mortaja.
    ¡Resucitó de veras
    mi amor y mi esperanza!
    Vengan a Galilea,
    allí el Señor aguarda;
    allí verán los suyos
    la gloria de la Pascua».
    Primicia de los muertos,
    sabemos por tu gracia
    que estás resucitado;
    la muerte en ti no manda.
    Rey vencedor, apiádate
    de la miseria humana
    y da a tus fieles parte
    en tu victoria santa.
    Aclamación
    R. Aleluya, aleluya, aleluya
    V. Este es el día que hizo el Señor; sea nuestra alegría y nuestro gozo. R.
    Evangelio
    Lc 24,35-48
    Así está escrito: el Mesías padecerá y resucitará de entre los muertos al tercer día
    Lectura del santo Evangelio según san Lucas.
    EN aquel tiempo, los discípulos de Jesús contaron lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.
    Estaban hablando de estas cosas, cuando él se presentó en medio..
    7 min
  • Reflexión miércoles 3 de abril de 2024. Padre Juan Diego Ruiz Arango.
    Primera lectura
    Hch 3,1-10
    Te doy lo que tengo: en nombre de Jesús, levántate y anda
    Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles.
    EN aquellos días, Pedro y Juan subían al templo, a la oración de la hora de nona, cuando vieron traer a cuestas a un lisiado de nacimiento. Solían colocarlo todos los días en la puerta del templo llamada «Hermosa», para que pidiera limosna a los que entraban. Al ver entrar en el templo a Pedro y a Juan, les pidió limosna. Pedro, con Juan a su lado, se quedó mirándolo y le dijo:
    «Míranos».
    Clavó los ojos en ellos, esperando que le darían algo. Pero Pedro le dijo:
    «No tengo plata ni oro, pero te doy lo que tengo: en nombre de Jesucristo Nazareno, levántate y anda».
    Y agarrándolo de la mano derecha lo incorporó. Al instante se le fortalecieron los pies y los tobillos, se puso en pie de un salto, echó a andar y entró con ellos en el templo por su pie, dando brincos y alabando a Dios. Todo el pueblo lo vio andando y alabando a Dios, y, al caer en la cuenta de que era el mismo que pedía limosna sentado en la puerta Hermosa del templo, quedaron estupefactos y desconcertados ante lo que había sucedido.
    Palabra de Dios.
    Salmo
    Sal 105(104),1-2. 3-4. 6-7. 8-9 (R. 3b)
    R. Que se alegren los que buscan al Señor.
    O bien:
    R. Aleluya.
    V. Den gracias al Señor, invoquen su nombre,
    den a conocer sus hazañas a los pueblos.
    Cántenle al son de instrumentos,
    hablen de sus maravillas. R.
    V. Gloríense de su nombre santo,
    que se alegren los que buscan al Señor.
    Recurran al Señor y a su poder,
    busquen continuamente su rostro. R.
    V. ¡Estirpe de Abrahán, su siervo;
    hijos de Jacob, su elegido!
    El Señor es nuestro Dios,
    él gobierna toda la tierra. R.
    V. Se acuerda de su alianza eternamente,
    de la palabra dada, por mil generaciones;
    de la alianza sellada con Abrahán,
    del juramento hecho a Isaac. R.
    SECUENCIA (opcional)
    Ofrezcan los cristianos
    ofrendas de alabanza
    a gloria de la Víctima
    propicia de la Pascua.
    Cordero sin pecado
    que a las ovejas salva,
    a Dios y a los culpables
    unió con nueva alianza.
    Lucharon vida y muerte
    en singular batalla,
    y, muerto el que es la Vida,
    triunfante se levanta.
    «¿Qué has visto de camino,
    María, en la mañana?»
    «A mi Señor glorioso,
    la tumba abandonada,
    los ángeles testigos,
    sudarios y mortaja.
    ¡Resucitó de veras
    mi amor y mi esperanza!
    Vengan a Galilea,
    allí el Señor aguarda;
    allí verán los suyos
    la gloria de la Pascua».
    Primicia de los muertos,
    sabemos por tu gracia
    que estás resucitado;
    la muerte en ti no manda.
    Rey vencedor, apiádate
    de la miseria humana
    y da a tus fieles parte
    en tu victoria santa.
    Aclamación
    R. Aleluya, aleluya, aleluya
    V. Este es el día que hizo el Señor; sea nuestra alegría y nuestro gozo. R.
    Evangelio
    Lc 24,13-35
    Lo reconocieron al partir el pan
    Lectura del santo Evangelio según san Lucas.
    AQUEL mismo día, el primero de la semana, dos de los discípulos de Jesús iban caminando a una aldea llamada Emaús, distante de Jerusalén unos sesenta estadios; iban conversando entre ellos de todo lo que había sucedido. Mientras conversaban y discutían, Jesús en persona se acercó y se puso a caminar con ellos. Pero sus ojos no eran capaces de reconocerlo.
    Él les dijo:
    «¿Qué conversación es esa que traen mientras van de camino?».
    Ellos se detuvieron con aire entristecido. Y uno de ellos, que se llamaba Cleofás, le respondió:
    «¿Eres tú el único forastero en Jerusalén que no sabes lo que ha pasado allí estos días?».
    Él les dijo:
    «¿Qué?».
    Ellos le contestaron:
    «Lo de Jesús el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y palabras, ante Dios y ante todo el pueblo; cómo lo entregaron los sumos sacerdotes y nuestros jefes para que lo condenaran a muerte, y lo crucificaron. Nosotros esperábamos que él iba a liberar a Israel, pero, con todo esto, ya estamos en el tercer día desde que esto sucedió. Es verdad que algunas mujeres de nuestro grupo nos han sobresaltado, pues habiendo ido muy de mañana al sepulcro, y no habiendo encontrado su cuerpo, vinieron diciendo que ...
    8 min
  • Reflexión martes 2 de abril de 2024. Padre Juan Diego Ruiz Arango.
    Primera lectura
    Hch 2,14a. 36-41
    Conviértanse y sea bautizado cada uno de ustedes en el nombre de Jesús
    Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles.
    EL día de Pentecostés, decía Pedro a los judíos:
    «Con toda seguridad conozca toda la casa de Israel que al mismo Jesús, a quien ustedes crucificaron, Dios lo ha constituido Señor y Mesías».
    Al oír esto, se les traspasó el corazón, y preguntaron a Pedro y a los demás apóstoles:
    «¿Qué tenemos que hacer, hermanos?».
    Pedro les contestó:
    «Conviértanse y sea bautizado cada uno de ustedes en el nombre de Jesús, el Mesías, para perdón de sus pecados, y recibirán el don del Espíritu Santo. Porque la promesa vale para ustedes y para sus hijos, y para los que están lejos, para cuantos llamare a sí el Señor Dios nuestro».
    Con estas y otras muchas razones dio testimonio y los exhortaba diciendo:
    «Sálvense de esta generación perversa».
    Los que aceptaron sus palabras se bautizaron, y aquel día fueron agregados unas tres mil personas.
    Palabra de Dios.
    Salmo
    Sal 33(32),4-5. 18-19. 20 y 22 (R. cf. 5b)
    R. La misericordia del Señor llena la tierra.
    O bien:
    R. Aleluya
    V. La palabra del Señor es sincera,
    y todas sus acciones son leales;
    él ama la justicia y el derecho,
    y su misericordia llena la tierra. R.
    V. Los ojos del Señor están puestos en quien le teme,
    en los que esperan su misericordia,
    para librar sus vidas de la muerte
    y reanimarlos en tiempo de hambre. R.
    V. Nosotros esperamos en el Señor:
    él es nuestro auxilio y escudo.
    Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros,
    como lo esperamos de ti. R.
    SECUENCIA (opcional)
    Ofrezcan los cristianos
    ofrendas de alabanza
    a gloria de la Víctima
    propicia de la Pascua.
    Cordero sin pecado
    que a las ovejas salva,
    a Dios y a los culpables
    unió con nueva alianza.
    Lucharon vida y muerte
    en singular batalla,
    y, muerto el que es la Vida,
    triunfante se levanta.
    «¿Qué has visto de camino,
    María, en la mañana?»
    «A mi Señor glorioso,
    la tumba abandonada,
    los ángeles testigos,
    sudarios y mortaja.
    ¡Resucitó de veras
    mi amor y mi esperanza!
    Vengan a Galilea,
    allí el Señor aguarda;
    allí verán los suyos
    la gloria de la Pascua».
    Primicia de los muertos,
    sabemos por tu gracia
    que estás resucitado;
    la muerte en ti no manda.
    Rey vencedor, apiádate
    de la miseria humana
    y da a tus fieles parte
    en tu victoria santa.
    Aclamación
    R. Aleluya, aleluya, aleluya
    V. Este es el día que hizo el Señor; sea nuestra alegría y nuestro gozo. R.
    Evangelio
    Jn 20,11-18
    He visto al Señor y ha dicho esto
    Lectura del santo Evangelio según san Juan.
    EN aquel tiempo, estaba María fuera, junto al sepulcro, llorando. Mientras lloraba, se asomó al sepulcro y vio dos ángeles vestidos de blanco, sentados, uno a la cabecera y otro a los pies, donde había estado el cuerpo de Jesús.
    Ellos le preguntan:
    «Mujer, ¿por qué lloras?».
    Ella les contesta:
    «Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto».
    Dicho esto, se vuelve y ve a Jesús, de pie, pero no sabía que era Jesús.
    Jesús le dice:
    «Mujer, ¿por qué lloras?, ¿a quién buscas?».
    Ella, tomándolo por el hortelano, le contesta:
    «Señor, si tú te lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo lo recogeré».
    Jesús le dice:
    «¡María!».
    Ella se vuelve y le dice:
    «¡Rabbuní!», que significa: «¡Maestro!».
    Jesús le dice:
    «No me retengas, que todavía no he subido al Padre. Pero, anda, ve a mis hermanos y diles: "Subo al Padre mío y Padre de ustedes, al Dios mío y Dios de ustedes"».
    María la Magdalena fue y anunció a los discípulos:
    «He visto al Señor y ha dicho esto».
    Palabra del Señor.
    8 min
  • Reflexión lunes 1º de abril de 2024. Padre Juan Diego Ruiz Arango.
    Primera lectura
    Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles (2,14.22-33):
    EL día de Pentecostés, Pedro, poniéndose en pie junto con los Once, levantó su voz y con toda solemnidad declaró:
    «Judíos y vecinos todos de Jerusalén, enteraos bien y escuchad atentamente mis palabras. Israelitas, escuchad estas palabras: a Jesús el Nazareno, varón acreditado por Dios ante vosotros con milagros, prodigios y signos que Dios realizó por medio de él, como vosotros sabéis, a este, entregado conforme el plan que Dios tenía establecido y provisto, lo matasteis, clavándolo a una cruz por manos de hombres inicuos. Pero Dios lo resucitó, librándolo de los dolores de la muerte, por cuanto no era posible que esta lo retuviera bajo su dominio, pues David dice, refiriéndose a el:
    “Veía siempre al Señor delante de mí,
    pues está a mi derecha para que no vacile.
    Por eso se me alegró el corazón,
    exultó mi lengua,
    y hasta mi carne descansará esperanzada.
    Porque no me abandonarás en el lugar de los muertos,
    ni dejarás que tu Santo experimente corrupción.
    Me has enseñado senderos de vida,
    me saciarás de gozo con tu rostro”.
    Hermanos, permitidme hablaros con franqueza: el patriarca David murió y lo enterraron, y su sepulcro está entre nosotros hasta el día de hoy. Pero como era profeta y sabía que Dios “le había jurado con juramento sentar en su trono a un descendiente suyo, previéndolo, habló de la resurrección del Mesías cuando dijo que “no lo abandonará en el lugar de los muertos” y que “su carne no experimentará corrupción”.
    A este Jesús lo resucitó Dios, de lo cual todos nosotros somos testigos. Exaltado, pues, por la diestra de Dios y habiendo recibido del Padre la promesa del Espíritu Santo, lo he derramado. Esto es lo que estáis viendo y oyendo».
    Palabra de Dios
    Salmo
    Sal 15,1b-2a y 5.7-8 9-10.11
    R/. Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti
    Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti.
    Yo digo al Señor: «Tú eres mi Dios».
    El Señor es el lote de mi heredad y mi copa,
    mi suerte está en tu mano. R/.
    Bendeciré al Señor que me aconseja,
    hasta de noche me instruye internamente.
    Tengo siempre presente al Señor,
    con él a mi derecha no vacilaré. R/.
    Por eso se me alegra el corazón,
    se gozan mis entrañas,
    y mi carne descansa esperanzada.
    Porque no me abandonarás en la región de los muertos
    ni dejarás a tu fiel ver la corrupción. R/.
    Me enseñarás el sendero de la vida,
    me saciarás de gozo en tu presencia,
    de alegría perpetua a tu derecha. R/.
    Evangelio
    Lectura del santo evangelio según san Mateo (28,8-15):
    EN aquel tiempo, las mujeres se marcharon a toda prisa del sepulcro; llenas de miedo y de alegría corrieron a anunciarlo a los discípulos.
    De pronto, Jesús salió al encuentro y les dijo:
    «Alegraos».
    Ellas se acercaron, le abrazaron los pies y se postraron ante él.
    Jesús les dijo:
    «No temáis: id a comunicar a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me verán».
    Mientras las mujeres iban de camino, algunos de la guardia fueron a la ciudad y comunicaron a los sumos sacerdotes todo lo ocurrido. Ellos, reunidos con los ancianos, llegaron a un acuerdo y dieron a los soldados una fuerte suma, encargándoles:
    «Decid que sus discípulos fueron de noche y robaron el cuerpo mientras vosotros dormíais. Y si esto llega a oídos del gobernados, nosotros nos lo ganaremos y os sacaremos de apuros».
    Ellos tomaron el dinero y obraron conforme a las instrucciones. Y esta historia se ha ido difundiendo entre los judíos hasta hoy.
    Palabra del Señor.
    6 min

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Reflexiones diarias de las lecturas por parte del presbítero Juan Diego Ruiz Arango.