Reflexiones diarias Padre Juan Diego Ruiz Arango. Medellín. Colombia.

Reflexiones diarias Padre Juan Diego Ruiz Arango. Medellín. Colombia.

By Padre Juan Diego Ruiz Arango.Religion & Spirituality
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Reflexiones diarias Padre Juan Diego Ruiz Arango. Medellín. Colombia. episodes

  • Reflexión jueves 21 de marzo de 2024. Padre Juan Diego Ruiz Arango.
    Primera lectura
    Gn 17,3-9
    Serás padre de muchedumbre de pueblos
    Lectura del libro del Génesis.
    EN aquellos días, Abrán cayó rostro en tierra y Dios le habló así:
    «Por mi parte, esta es mi alianza contigo: serás padre de muchedumbre de pueblos. Ya no te llamarás Abrán, sino Abrahán, porque te hago padre de muchedumbre de pueblos. Te haré fecundo sobremanera: sacaré pueblos de ti, y reyes nacerán de ti. Mantendré mi alianza contigo y con tu descendencia en futuras generaciones, como alianza perpetua. Seré tu Dios y el de tus descendientes futuros. Les daré a ti y a tu descendencia futura la tierra en que peregrinas, la tierra de Canaán, como posesión perpetua, y seré su Dios».
    El Señor añadió a Abrahán: «Por tu parte, guarda mi alianza, tú y tus descendientes en sucesivas generaciones».
    Palabra de Dios.
    Salmo
    Sal 105(104),4-5.6-7.8-9 (R. cf. Lc 1,72-73)
    R. El Señor se acuerda de su alianza eternamente.
    V. Recurran al Señor y a su poder,
    busquen continuamente su rostro.
    Recuerden las maravillas que hizo,
    sus prodigios, las sentencias de su boca. R.
    V. ¡Estirpe de Abrahán, su siervo;
    hijos de Jacob, su elegido!
    El Señor es nuestro Dios,
    él gobierna toda la tierra. R.
    V. Se acuerda de su alianza eternamente,
    de la palabra dada, por mil generaciones;
    de la alianza sellada con Abrahán,
    del juramento hecho a Isaac. R.
    Aclamación
    V. No endurezcan hoy su corazón;
    escuchen la voz del Señor.
    Evangelio
    Jn 8, 51-59
    Abrahán, su padre, saltaba de gozo pensando ver mi día
    Lectura del santo Evangelio según san Juan.
    EN aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos:
    «En verdad, en verdad les digo: quien guarda mi palabra no verá la muerte para siempre». Los judíos le dijeron: «Ahora vemos claro que estás endemoniado; Abrahán murió, los profetas también, ¿y tú dices: “Quien guarde mi palabra no gustará la muerte para siempre”? ¿Eres tú más que nuestro padre Abrahán, que murió? También los profetas murieron, ¿por quién te tienes?». Jesús contestó: «Si yo me glorificara a mí mismo, mi gloria no valdría nada. El que me glorifica es mi Padre, de quien ustedes dicen: "Es nuestro Dios", aunque no lo conocen. Yo sí lo conozco, y si dijera "No lo conozco" sería, como ustedes, un embustero; pero yo lo conozco y guardo su palabra. Abrahán, su padre, saltaba de gozo pensando ver mi día; lo vio, y se llenó de alegría».
    Los judíos le dijeron: «No tienes todavía cincuenta años, ¿y has visto a Abrahán?». Jesús les dijo: «En verdad, en verdad les digo: antes de que Abrahán existiera, yo soy».
    Entonces cogieron piedras para tirárselas, pero Jesús se escondió y salió del templo.
    Palabra del Señor.
    8 min
  • Reflexión miércoles 20 de marzo de 2024. Padre Juan Diego Ruiz Arango.
    Primera lectura
    Dn 3, 14-20.91-92.95
    Envió un ángel a salvar sus siervos
    Lectura de la profecía de Daniel
    EN aquellos días, el rey Nabucodonosor dijo:
    «¿Es cierto, Sidrac, Misac y Abdénago, que no temen a mis dioses ni adoran la estatua de oro que he erigido? Miren: si al oír tocar la trompa, la flauta, la cítara, el laúd, el arpa, la bandola y todos los demás instrumentos, están dispuestos a postrarse adorando la estatua que he hecho, háganlo; pero, si no la adoran, serán arrojados inmediatamente al horno encendido, y ¿qué dios los librará de mis manos?
    Sidrac, Misac y Abdénago contestaron al rey Nabucodonosor:
    –A eso no tenemos por qué responderte. Si nuestro Dios a quien veneramos puede librarnos del horno encendido, nos librará, oh rey, de tus manos. Y aunque no lo hiciera, que te conste, majestad, que no veneramos a tus dioses ni adoramos la estatua de oro que has erigido.
    Entonces Nabucodonosor, furioso contra Sidrac, Misac y Abdénago, y con el rostro desencajado por la rabia, mandó encender el horno siete veces más fuerte que de costumbre, y ordenó a sus soldados más robustos que atasen a Sidrac, Misac y Abdénago y los echasen en el horno encendido.
    Entonces el rey Nabucodonosor se alarmó, se levantó y preguntó, estupefacto, a sus consejeros:
    ¿No eran tres los hombres que atamos y echamos al horno?
    Le respondieron:
    Así es, majestad.
    Preguntó:
    Entonces, ¿cómo es que veo cuatro hombres, sin atar, paseando por el fuego sin sufrir daño alguno? Y el cuarto parece un ser divino. Nabucodonosor, entonces, dijo:
    «Bendito sea el Dios de Sidrac, Misac y Abdénago, que envió un ángel a salvar a sus siervos, que, confiando en él, desobedecieron el decreto real y entregaron sus cuerpos antes que venerar y adorar a otros dioses fuera del suyo».
    Palabra de Dios.
    Salmo
    Sal Dn 3,52ac.53a y 54a.55a y 56a (R. 52b)
    R. ¡A ti gloria y alabanza por los siglos!
    V. Bendito eres, Señor, Dios de nuestros padres.
    Bendito tu nombre, santo y glorioso. R.
    V. Bendito eres en el templo de tu santa gloria. R.
    V. Bendito eres sobre el trono de tu reino. R.
    V. Bendito eres tú, que sentado sobre querubines sondeas los abismos. R.
    V.Bedito eres en la bóveda del cielo. R.
    Aclamación
    V. Bienaventurados los que escuchan la palabra de Dios
    con un corazón noble y generoso,
    la guardan y dan fruto con perseverancia.
    Evangelio
    Jn 8, 31-42
    Si el Hijo los hace libres, son realmente libres
    Lectura del santo Evangelio según san Juan.
    EN aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos que habían creído en él:
    «Si permanecen en mi palabra, serán de verdad discípulos míos; conocerán la verdad, y la verdad los hará libres». Le replicaron: «Somos linaje de Abrahán y nunca hemos sido esclavos de nadie. ¿Cómo dices tú: "Serán libres"?». Jesús les contestó: «En verdad, en verdad les digo: todo el que comete pecado es esclavo. El esclavo no se queda en la casa para siempre, el hijo se queda para siempre. Y si el Hijo los hace libres, serán realmente libres. Ya sé que son linaje de Abrahán; sin embargo, tratan de matarme, porque mi palabra no cala en ustedes. Yo hablo de lo que he visto junto a mi Padre, pero ustedes hacen lo que le han oído a su padre». Ellos replicaron: «Nuestro padre es Abrahán». Jesús les dijo: «Si fueran hijos de Abrahán, harían lo que hizo Abrahán. Sin embargo, tratan de matarme a mí, que les he hablado de la verdad que le escuché a Dios; y eso no lo hizo Abrahán. Ustedes hacen lo que hace su padre». Le replicaron: «Nosotros no somos hijos de prostitución; tenemos un solo padre: Dios». Jesús les contestó: «Si Dios fuera el padre de ustedes, me amarían, porque yo salí de Dios, y he venido. Pues no he venido por mi cuenta, sino que él me envió».
    Palabra del Señor.
    9 min
  • Reflexión martes 19 de marzo de 2024. Padre Juan Diego Ruiz Arango.
    Primera lectura
    2S 7,4-5a.12-14a.16
    El Señor Dios le dará el trono de David, su padre
    Lectura del segundo libro de Samuel 
    En aquellos días, recibió Natán la siguiente palabra del Señor:
    – «Ve y dile a mi siervo David: “Esto dice el Señor: Cuando tus días se hayan cumplido y te acuestes con tus padres, afirmaré después de ti la descendencia que saldrá de tus entrañas, y consolidaré su realeza. El construirá una casa para mi nombre, y yo consolidaré el trono de su realeza para siempre. Yo seré para él padre, y él será para mí hijo.
    Tu casa y tu reino durarán por siempre en mi presencia; tu trono permanecerá por siempre.” ».
    Palabra de Dios.
    Salmo
    Sal 88,2-3.4-5.27.29
    R. Su linaje será perpetuo.
    Cantaré eternamente las misericordias del Señor,
    anunciaré tu fidelidad por todas las edades.
    Porque dije: «Tu misericordia es un edificio eterno,
    más que el cielo has afianzado tu fidelidad.» R.
    Sellé una alianza con mi elegido,
    jurando a David, mi siervo:
    «Te fundaré un linaje perpetuo,
    edificaré tu trono para todas las edades.» R.
    El me invocará: «Tú eres mi padre, mi Dios,
    mi Roca salvadora.»
    Le mantendré eternamente mi favor,
    y mi alianza con él será estable. R.
    Segunda lectura
    Rm 4, 13. 16-18.22
    Apoyado en la esperanza, creyó, contra toda esperanza
    Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos
    Hermanos:
    No fue la observancia de la Ley, sino la justificación obtenida por la fe, la que obtuvo para Abrahán y su descendencia la promesa de heredar el mundo.
    Por eso, como todo depende de la fe, todo es gracia; así, la promesa está asegurada para toda la descendencia, no solamente para la descendencia legal, sino también para la que nace de la fe de Abrahán, que es padre de todos nosotros. Así, dice la Escritura: «Te hago padre de muchos pueblos.»
    Al encontrarse con el Dios que da vida a los muertos y llama a la existencia lo que, no existe, Abrahán creyó.
    Apoyado en la esperanza, creyó, contra toda esperanza, que llegaría a ser padre de muchas naciones, según lo que se le había dicho: «Así será tu descendencia.»
    Por lo cual valió la justificación.
    Palabra de Dios.
    Aclamación
    V. Espero en el Señor, espero en su palabra. Porque de él viene la misericordia, la redención copiosa.
    Evangelio
    José hizo lo que le había mandado el ángel del Señor
    Lectura del santo evangelio según san Mateo 1,16.18-21.24ª
    Jacob engendró a José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, llamado Cristo.
    El nacimiento de Jesucristo fue de esta manera:
    María, su madre, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo.
    José, su esposo, que era justo y no quería denunciarla, decidió repudiarla en secreto. Pero, apenas había tomado esta resolución, se le apareció en sueños un ángel del Señor que le dijo:
    – «José, hijo de David, no tengas reparo en llevarte a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de los pecados.»
    Cuando José se despertó, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor.
    Palabra del Señor.
    10 min
  • Reflexión lunes 18 de marzo de 2024. Padre Juan Diego Ruiz Arango.
    Primera lectura. Dn 13,41c-62
    EN aquellos días, la asamblea condenó a Susana a muerte.
    Susana dijo gritando:
    «Dios eterno, que ves lo desconocido, que lo sabes todo antes de que suceda, tú sabes que han dado falso testimoniocontra mí, y ahora tengo que morir, siendo inocente de lo que su maldad ha inventado contra mí».
    Y el Señor escuchó su voz.
    Mientras la llevaban para ejecutarla, Dios sucitó el espíritu santo en un muchacho llamado Daniel; y este dio una gran voz:
    «Yo soy inocente de la sangre de esta».
    Toda la gente se volvió a mirarlo, y le preguntaron:
    «¿Qué es lo que estás diciendo?».
    Él, plantado en medio de ellos, les contestó:
    «Pero ¿están locos, hijos de Israel?¿Conque, sin discutir la causa ni conocer la verdad condenan a una hija de Israel? Vuelvan al tribunal, porque esos han dado falso testimonio contra ella».
    La gente volvió a toda prisa, los ancianos le dijeron:
    «Ven, siéntate con nosotros e infórmanos, porque Dios mismo te ha dado la ancianidad».
    Daniel les dijo:
    «Sepárenlos lejos uno del otro, que los voy a interrogar».
    Cuando estuvieron separados el uno del otro, él llamó a uno de ellos y le dijo:
    «¡Envejecido en días y en crímenes! Ahora vuelven tus pecados pasados, cuando dabas sentencias injustas condenando inocentes y absolviendo culpables, contra el mandato del Señor: ``No matarás al inocente ni al justo``. Ahora, puesto que tu la viste, dime debajo de qué árbol los viste abrazados».
    Él contestó:
    «Debajo de una acacia».
    Respondió Daniel:
    «Tu calumnia se vuelve contra ti. Un ángel de Dios ha recibido ya la sentencia divina y te va a partir por medio».
    Lo apartó, mandó traer al otro y le dijo:
    «¡ Hijo de Canaán, y no de Judá! La belleza te sedujo y la pasión pervirtió tu corazón. Lo mismo hacían con las mujeres israelitas, y ellas por miedo se acostaban con ustedes; pero una mujer judía no ha tolerado su maldad.
    Ahora dime: ¿bajo qué árbol los sorprendiste abrazados?».
    Él contestó:
    «Debajo de una encina».
    Replicó Daniel:
    «Tu calumnia también se vuelve contra ti. El ángel de Dios aguarda con la espada para dividirte por medio. Y así acabará con ustedes».
    Entonces toda la asamblea se puso a gritar bendiciendo a Dios, que salva a los que esperan en él. Se alzaron contra los dos ancianos, a quienes Daniel había dejado convictos de falso testimonio por su propia confesión, e hicieron con ellos lo mismo que ellos habían tramado contra el prójimo. Les aplicaron la ley de Moisés y los ajusticiaron.
    Aquel día se salvó una vida inocente.
    Palabra de Dios.
    Salmo
    Sal 23(22),1-3a.3b-4.5.6 (R. 4a)
    R. Aunque camine por cañadas oscuras, nada temo, porque tú vas conmigo.
    V. El Señor es mi Pastor, nada me falta:
    en verdes praderas me hace recostar;
    me conduce hacia fuentes tranquilas
    y repara mis fuerzas. R.
    V. me guía por el sendero justo,
    por el honor de su nombre.
    Aunque camine por cañadas oscuras,
    nada temo, porque tú vas conmigo:
    tu vara y tu cayado me sosiegan. R.
    V. Preparas una mesa ante mí,
    enfrente de mis enemigos;
    me unges la cabeza con perfume,
    y mi copa rebosa. R.
    V. Tu bondad y tu misericordia me acompañan
    todos los días de mi vida,
    y habitaré en la casa del Señor
    por años sin término. R.
    Evangelio
    Jn 8,1-11
    Lectura del santo Evangelio según San Juan
    ​JESÚS se dirigió al Monte de los Olivos. Y​ ​por​ ​l​​​​a mañana temprano
    fue otra vez al templo, y todo el pueblo se reunió junto a él: el se
    sentó y se puso a enseñarles
    Entonces los escribas y los fariseos le llevaron una mujer que
    habían sorprendido cometiendo adulterio, la colocaron en medio y
    le dijeron a Jesús: «Maestro, a esta mujer la sorprendimos en el
    momento mismo de cometer adulterio. Y en la Ley nos mandó
    Moisés que a esas personas hay que darles muerte apedreándolas
    ​¿​Tú qué dices?»
    Esto lo decían para ponerlo en dificultades y tener de qué
    acusarlo. Pero Jesús se inclinó y empezó a escribir con el dedo en el
    suelo.
    Como ellos siguieron insistiendo con la pregunta, él se levantó y
    les dijo: «​¡​El que no tenga pecado, que le tire...
    9 min
  • Reflexión Domingo 17 de marzo de 2024. Padre Juan Diego Ruiz Arango.
    Primera lectura
    Jr 31,31-34
    Haré una alianza nueva y no recordaré los pecados
    Lectura del libro de Jeremías.
    YA llegan días -oráculo del Señor- en que haré con la casa de Israel y la casa de Judá una alianza nueva. No será una alianza como la que hice con sus padres, cuando los tomé de la mano para sacarlos de Egipto, pues quebrantaron mi alianza, aunque yo era su Señor -oráculo del Señor-.
    Esta será la alianza que haré con ellos después de aquellos días -oráculo del Señor-: Pondré mi ley en su interior y la escribiré en sus corazones; yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo. Ya no tendrán que enseñarse unos a otros diciendo: «Conozcan al Señor», pues todos me conocerán, desde el más pequeño al mayor -oráculo del Señor-, cuando perdone su culpa y no recuerde ya sus pecados.
    Palabra de Dios.
    Salmo
    Sal 51(50),3-4.12-13.14-15 (R. 12a)
    R. Oh, Dios, crea en mí un corazón puro.
    Misericordia, Dios mío, por tu bondad,
    por tu inmensa compasión borra mi culpa;
    lava del todo mi delito,
    limpia mi pecado. R.
    Oh, Dios, crea en mí un corazón puro,
    renuévame por dentro con espíritu firme.
    No me arrojes lejos de tu rostro,
    no me quites tu santo espíritu. R.
    Devuélveme la alegría de tu salvación,
    afiánzame con espíritu generoso.
    Enseñaré a los malvados tus caminos,
    los pecadores volverán a ti. R.
    Segunda lectura
    Hb 5,7-9
    Aprendió a obedecer; y se convirtió en autor de salvación eterna
    Lectura de la carta a los Hebreos.
    CRISTO, en los días de su vida mortal, a gritos y con lágrimas, presentó oraciones y súplicas al que podía salvarlo de la muerte, siendo escuchado por su piedad filial.
    Y, aun siendo Hijo, aprendió, sufriendo, a obedecer. Y, llevado a la consumación, se convirtió, para todos los que lo obedecen, en autor de salvación eterna.
    Palabra de Dios.
    Aclamación
    V. El que quiera servirme, que me siga -dice el Señor-, y donde esté yo, allí también estará mi servidor.
    Evangelio
    Jn 12,20-33
    Si el grande de trigo cae en tierra y muere, da mucho fruto
    Lectura del santo Evangelio según san Juan.
    EN aquel tiempo, entre los que habían venido a celebrar la fiesta había algunos griegos; estos acercándose a Felipe, el de Betsaida de Galilea, le rogaban:
    «Señor, queremos ver a Jesús».
    Felipe fue a decírselo a Andrés; y Andrés y Felipe fueron a decírselo a Jesús.
    Jesús les contestó:
    «Ha llegado la hora de que sea glorificado el Hijo del hombre.
    En verdad, en verdad les digo: si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto. El que se ama a sí mismo, se pierde, y el que se aborrece a sí mismo en este mundo, se guardará para la vida eterna. El que quiera servirme, que me siga, y donde esté yo, allí también estará mi servidor; a quien me sirva, el Padre lo honrará.
    Ahora mi alma está agitada, y ¿qué diré? ¿Padre, líbrame de esta hora? Pero si por esto he venido, para esta hora:
    Padre, glorifica tu nombre».
    Entonces vino una voz del cielo:
    «Lo he glorificado y volveré a glorificarlo».
    La gente que estaba allí y lo oyó, decía que había sido un trueno; otros decían que le había hablado un ángel.
    Jesús tomó la palabra y dijo:
    «Esta voz no ha venido por mí, sino por ustedes. Ahora va a ser juzgado el mundo; ahora el príncipe de este mundo va a ser echado fuera. Y cuando yo sea elevado sobre la tierra, atraeré a todos hacia mí».
    Esto lo decía dando a entender la muerte de que iba a morir.
    Palabra del Señor.
    8 min
  • Reflexión sábado 16 de marzo de 2024. Padre Juan Diego Ruiz Arango.
    Primera lectura
    Jr 11, 18-20
    Yo, como manso cordero, era llevado al matadero
    Lectura del libro de Jeremías
    EL Señor me instruyó, y comprendí,
    me explicó todas sus intrigas.
    Yo, como manso cordero,
    era llevado al matadero;
    desconocía los planes
    que estaban urdiendo contra mí:
    «Talemos el árbol en su lozanía,
    arranquémoslo de la tierra vital,
    que jamás se pronuncie su nombre».
    Señor del universo,
    que juzgas rectamente,
    que examinas las entrañas y el corazón,
    deja que yo pueda ver
    cómo te vengas de ellos,
    pues a ti he confiado mi causa.
    Palabra de Dios
    Salmo
    Sal 7,2-3.9bc-10.11-12 (R. 2a)
    R. Señor, Dios mío, a ti me acojo.
    V. Señor, Dios mío, a ti me acojo,
    líbrame de mis perseguidores y sálvame;
    que no me atrapen como leones
    y me desgarren sin remedio.. R.
    V. Júzgame, Señor, según mi justicia,
    según la inocencia que hay en mí.
    Cese la maldad de los culpables,
    y apoya tú al inocente,
    tú que sondeas el corazón y las entrañas,
    tú, el Dios justo. R.
    V. Mi escudo es Dios,
    que salva a los rectos de corazón.
    Dios es un juez justo,
    Dios amenaza cada día. R.
    Aclamación
    V. Bienaventurados los que escuchan la palabra de Dios
    con un corazón noble y generoso,
    la guardan y dan fruto con perseverancia.
    Evangelio
    Jn 7, 40-53
    ¿Es que de Galilea va a venir el Mesías?
    Lectura del santo Evangelio según san Juan.
    EN aquel tiempo, algunos de entre la gente, que habían oído los discursos de Jesús, decían: «Este es de verdad el profeta». Otros decían: «Este es el Mesías». Pero otros decían: «¿Es que de Galilea va a venir el Mesías? ¿No dice la Escritura que el Mesías vendrá del linaje de David, y de Belén, el pueblo de David?».
    Y así surgió entre la gente una discordia por su causa. Algunos querían prenderlo, pero nadie le puso la mano encima. Los guardias del templo acudieron a los sumos sacerdotes y fariseos, y estos les dijeron: «¿Por qué no lo han traído?». Los guardias respondieron: «Jamás ha hablado nadie como ese hombre». Los fariseos les replicaron: «¿También ustedes se han dejado embaucar? ¿Hay algún jefe o fariseo que haya creído en él? Esa gente que no entiende de la ley son unos malditos».
    Nicodemo, el que había ido en otro tiempo a visitarlo y que era fariseo, les dijo: «¿Acaso nuestra ley permite juzgar a nadie sin escucharlo primero y averiguar lo que ha hecho?».
    Ellos le replicaron: «¿También tú eres galileo? Estudia y verás que de Galilea no salen profetas».
    Y se volvieron cada uno a su casa.
    Palabra del Señor.
    8 min
  • Reflexión viernes 15 de marzo de 2024. Padre Juan Diego Ruiz Arango.
    Primera lectura
    Sb 2, 1a.12-22
    Lo condenaremos a muerte ignominiosa
    Lectura del libro de la Sabiduría
    SE decían los impíos, razonando equivocadamente:
    «Acechemos al justo, que nos resulta fastidioso:
    se opone a nuestro modo de actuar,
    nos reprocha las faltas contra la ley
    y nos reprende contra la educación recibida;
    presume de conocer a Dios
    y se llama a sí mismo hijo de Dios.
    Es un reproche contra nuestros criterios,
    su sola presencia nos resulta insoportable.
    Lleva una vida distinta de todos los demás
    y va por caminos diferentes.
    Nos considera moneda falsa
    y nos esquiva como a impuros.
    Proclama dichoso el destino de los justos,
    y presume de tener por padre a Dios.
    Veamos si es verdad lo que dice,
    comprobando cómo es su muerte.
    Si el justo es hijo de Dios, él lo auxiliará
    y lo librará de las manos de sus enemigos.
    Lo someteremos a ultrajes y torturas,
    para conocer su temple y comprobar su resistencia.
    Lo condenaremos a muerte ignominiosa,
    pues, según dice, Dios lo salvará».
    Así discurren, pero se equivocan,
    pues los ciega su maldad.
    Desconocen los misterios de Dios,
    no esperan el premio de la santidad,
    ni creen en la recompensa de una vida intachable.
    Palabra de Dios.
    Salmo
    Sal 34(33),17-18.19-20. 21 y 23 (R. 19a)
    R. El Señor está cerca de los atribulados.
    V. el Señor se enfrenta con los malhechores,
    para borrar de la tierra su memoria.
    Cuando uno grita, el Señor lo escucha
    y lo libra de sus angustias; R.
    V. el Señor está cerca de los atribulados,
    salva a los abatidos.
    Aunque el justo sufra muchos males,
    de todos lo libra el Señor. R.
    V. Él cuida de todos sus huesos,
    y ni uno solo se quebrará.
    El Señor redime a sus siervos,
    no será castigado quien se acoge a él. R.
    Aclamación
    V. No solo de pan vive el hombre,
    Sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.
    Evangelio
    Jn 7, 1-2.10.25-30
    Intentaban agarrarlo, pero todavía no había llegado su hora
    Lectura del santo Evangelio según san Juan.
    EN aquel tiempo, recorría Jesús Galilea, pues no quería andar por Judea porque los judíos trataban de matarlo. Se acercaba la fiesta judía de las Tiendas.
    Una vez que sus hermanos se hubieron marchado a la fiesta, entonces subió él también, no abiertamente, sino a escondidas.
    Entonces algunos que eran de Jerusalén dijeron: «¿No es este el que intentan matar? Pues miren cómo habla abiertamente, y no le dicen nada. ¿Será que los jefes se han convencido de que este es el Mesías? Pero este sabemos de dónde viene, mientras que el Mesías, cuando llegue, nadie sabrá de dónde viene».
    Entonces Jesús, mientras enseñaba en el templo, gritó: «A mí me conocen, y conocen de dónde vengo. Sin embargo, yo no vengo por mi cuenta, sino que el Verdadero es el que me envía; a ese ustedes no lo conocen; yo lo conozco, porque procedo de él y él me ha enviado».
    Entonces intentaban agarrarlo; pero nadie le pudo echar mano, porque todavía no había llegado su hora.
    Palabra del Señor.
    8 min
  • Reflexión jueves 14 de marzo de 2024. Padre Juan Diego Ruiz Arango.
    Primera lectura
    Éx 32, 7-14
    Arrepiéntete de la amenaza contra tu pueblo
    Lectura del libro del Éxodo
    EN aquellos días, el Señor dijo a Moisés:
    «Anda, baja de la montaña, que se ha pervertido tu pueblo, el que tú sacaste de Egipto. Pronto se han desviado del camino que yo les había señalado. Se han hecho un becerro de metal, se postran ante él, le ofrecen sacrificios y proclaman: "Este es tu Dios, Israel, el que te sacó de Egipto"». Y el Señor añadió a Moisés: «Veo que este pueblo es un pueblo de dura cerviz. Por eso, déjame: mi ira se va a encender contra ellos hasta consumirlos. Y de ti haré un gran pueblo».
    Entonces Moisés suplicó al Señor, su Dios: «¿Por qué, Señor, se va a encender tu ira contra tu pueblo, que tú sacaste de Egipto, con gran poder y mano robusta? ¿Por qué han de decir los egipcios: "Con mala intención los sacó, para hacerlos morir en las montañas y exterminarlos de la superficie de la tierra"? Aleja el incendio de tu ira, arrepiéntete de la amenaza contra tu pueblo. Acuérdate de tus siervos, Abrahán, Isaac e Israel, a quienes juraste por ti mismo: "Multiplicaré su descendencia como las estrellas del cielo, y toda esta tierra de que he hablado se la daré a su descendencia para que la posea por siempre"». Entonces se arrepintió el Señor de la amenaza que había pronunciado contra su pueblo.
    Palabra de Dios.
    Salmo
    Sal 106(105),19-20.21-22.23 (R. cf. 4a)
    R. Acuérdate de mí Señor,
    por amor a tu pueblo.
    V. En Horeb se hicieron un becerro,
    adoraron un ídolo de fundición;
    cambiaron su gloria por la imagen
    de un toro que come hierba. R.
    V. Se olvidaron de Dios, su salvador,
    que había hecho prodigios en Egipto,
    maravillas en la tierra de Cam,
    portentos junto al mar Rojo. R.
    V. Dios hablaba ya de aniquilarlos;
    pero Moisés, su elegido,
    se puso en la brecha frente a él,
    para apartar su cólera del exterminio. R.
    Aclamación
    V. Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Unigénito; todo el que cree en él tiene vida eterna.
    Evangelio
    Jn 5, 31-47
    Hay uno que los acusa: Moisés, en quien tienen su esperanza
    Lectura del santo Evangelio según san Juan.
    EN aquel tiempo, Jesús dijo a los judíos:
    «Si yo doy testimonio de mí mismo, mi testimonio no es verdadero. Hay otro que da testimonio de mí, y sé que es verdadero el testimonio que da de mí. Ustedes enviaron mensajeros a Juan, y él ha dado testimonio en favor de la verdad. No es que yo dependa del testimonio de un hombre; si digo esto es para que ustedes se salven. Juan era la lámpara que ardía y brillaba, y ustedes quisieron gozar un instante de su luz. Pero el testimonio que yo tengo es mayor que el de Juan: las obras que el Padre me ha concedido llevar a cabo, esas obras que hago dan testimonio de mí: que el Padre me ha enviado. Y el Padre que me envió, él mismo ha dado testimonio de mí. Nunca han escuchado su voz, ni visto su rostro, y su palabra no habita en ustedes, porque al que él envió no le creen. Estudian las Escrituras pensando encontrar en ellas vida eterna; pues ellas están dando testimonio de mí, ¡y no quieren venir a mí para tener vida! No recibo gloria de los hombres; además, los conozco y sé que el amor de Dios no está en ustedes. Yo he venido en nombre de mi Padre, y no me recibieron; si otro viene en nombre propio, a ese sí lo recibirán. ¿Cómo podrán creer ustedes, que aceptan gloria unos de otros y no buscan la gloria que viene del único Dios? No piensen que yo los voy a acusar ante el Padre, hay uno que los acusa: Moisés, en quien tienen su esperanza. Si creyeran a Moisés, me creerían a mí, porque de mí escribió él. Pero, si no creen en sus escritos, ¿cómo van a creer en mis palabras?».
    Palabra de Señor.
    8 min
  • Reflexión miércoles 13 de marzo de 2024. Padre Juan Diego Ruiz Arango.
    Primera lectura
    Is 49, 8-15
    Te he constituido alianza del pueblo para restaurar el país
    Lectura del libro de Isaías.
    ESTO dice el Señor:
    «En tiempo de gracia te he respondido,
    en día propicio te he auxiliado;
    te he defendido y constituido alianza del pueblo,
    para restaurar el país,
    para repartir heredades desoladas, para decir a los cautivos: “Salgan”,
    a los que están en tinieblas: “Vengan a la luz”.
    Aun por los caminos pastarán,
    tendrán praderas en todas las dunas;
    no pasarán hambre ni sed,
    no les hará daño el bochorno ni el sol;
    porque los conduce el compasivo
    y los guía a manantiales de agua.
    Convertiré mis montes en caminos,
    y mis senderos se nivelarán.
    Mírenlos venir de lejos;
    mírenlos, del Norte y del Poniente,
    y los otros de la tierra de Sin.
    Exulta, cielo; alégrate, tierra;
    rompan a cantar, montañas,
    porque el Señor consuela a su pueblo
    y se compadece de los desamparados».
    Sión decía: «Me ha abandonado el Señor,
    mi dueño me ha olvidado».
    ¿Puede una madre olvidar al niño que amamanta,
    no tener compasión del hijo de sus entrañas?
    Pues, aunque ella se olvidara, yo no te olvidaré.
    Palabra de Dios.
    Salmo
    Sal 145(144), 8-9.13cd-14. 17-18 (R. cf. 71[70],20)
    R. El señor es clemente y misericordioso.
    V. El Señor es clemente y misericordioso,
    lento a la cólera y rico en piedad;
    el Señor es bueno con todos,
    es cariñoso con todas sus criaturas.. R.
    V. El Señor es fiel a sus palabras,
    bondadoso en todas sus acciones.
    El Señor sostiene a los que van a caer,
    endereza a los que ya se doblan.. R.
    V. El Señor es justo en todos sus caminos,
    es bondadoso en todas sus acciones;
    cerca está el Señor de los que lo invocan,
    de los que lo invocan sinceramente. R.
    Aclamación
    V. Yo soy la resurrección y la vida -dice el Señor-; el que cree en mí no morirá para siempre.
    Evangelio
    Jn 5, 17-30
    Lo mismo que el Padre resucita a los muertos y les da vida, así también el Hijo da vida a los que quiere
    Lectura del Santo Evangelio según san Juan.
    EN aquel tiempo, Jesús dijo a los judíos:
    «Mi Padre sigue actuando, y yo también actúo». Por eso los judíos tenían más ganas de matarlo: porque no solo quebrantaba el sábado, sino también llamaba a Dios Padre suyo, haciéndose igual a Dios. Jesús tomó la palabra y les dijo: «En verdad, en verdad les digo: el Hijo no puede hacer nada por su cuenta sino lo que viere hacer al Padre. Lo que hace este, eso mismo hace también el Hijo, pues el Padre ama al Hijo y le muestra todo lo que él hace, y le mostrará obras mayores que esta, para su asombro. Lo mismo que el Padre resucita a los muertos y les da vida, así también el Hijo da vida a los que quiere. Porque el Padre no juzga a nadie, sino que ha confiado al Hijo todo el juicio, para que todos honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo, no honra al Padre que le envió. En verdad, en verdad les digo: quien escucha mi palabra y cree al que me envió posee la vida eterna y no incurre en juicio, sino que ha pasado ya de la muerte a la vida. En verdad, en verdad les digo: llega la hora, y ya está aquí, en que los muertos oirán la voz del Hijo de Dios, y los que hayan oído vivirán. Porque, igual que el Padre tiene vida en sí mismo, así ha dado también al Hijo tener vida en sí mismo. Y le ha dado potestad de juzgar, porque es el Hijo del hombre. No los sorprenda esto, porque viene la hora en que los que están en el sepulcro oirán su voz: los que hayan hecho el bien saldrán a una resurrección de vida; los que hayan hecho el mal, a una resurrección de juicio. Yo no puedo hacer nada por mí mismo; según le oigo, juzgo, y mi juicio es justo, porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió».
    Palabra del Señor.
    8 min
  • Reflexión martes 12 de marzo de 2024. Padre Juan Diego Ruiz Arango.
    Primera lectura
    Ez 47 ,1-9.12
    Lectura de la profecía de Ezequiel.
    EN aquellos días, el ángel me hizo volver a la entrada del templo. De debajo del umbral del templo corría agua hacia el Este –el templo miraba al Este–. El agua bajaba por el lado derecho del templo, al sur del altar. Me hizo salir por el pórtico septentrional y me llevó por fuera hasta el pórtico exterior que mira al Este. El agua corría por el lado derecho. El hombre que llevaba el cordel en la mano salió hacia el Este, midió quinientos metros y me hizo atravesar el agua, que me llegaba hasta los tobillos. Midió otros quinientos metros y me hizo atravesar el agua, que me llegaba hasta las rodillas. Midió todavía otros quinientos metros y me hizo atravesar el agua, que me llegaba hasta la cintura. Midió otros quinientos metros: era ya un torrente que no se podía vadear, sino cruzar a nado. Entonces me dijo: «¿Has visto, hijo de hombre?». Después me condujo por la ribera del torrente. Al volver vi en ambas riberas del torrente una gran arboleda. Me dijo: «Estas aguas fluyen hacia la zona oriental, descienden hacia la estepa y desembocan en el mar Muerto. Cuando hayan entrado en él, sus aguas serán saneadas. Todo ser viviente que se agita, allí donde desemboque la corriente, tendrá vida; y habrá peces en abundancia. Porque apenas estas aguas hayan llegado hasta allí, habrán saneado el mar y habrá vida allí donde llegue el torrente.
    En ambas riberas del torrente crecerá toda clase de árboles frutales; no se marchitarán sus hojas ni se acabarán sus frutos; darán nuevos frutos cada mes, porque las aguas del torrente fluyen del santuario; su fruto será comestible y sus hojas medicinales».
    Palabra de Dios.
    Salmo
    Sal 46(45),2-3.5-6.8-9 (R. 36[35],10a)
    R. El Señor del universo está con nosotros,
    nuestro alcázar es el Dios de Jacob.
    V. Dios es nuestro refugio y nuestra fuerza,
    poderoso defensor en el peligro.
    Por eso no tememos aunque tiemble la tierra,
    y los montes se desplomen en el mar. R.
    V. un río y sus canales alegran la ciudad de Dios,
    el Altísimo consagra su morada.
    Teniendo a Dios en medio, no vacila;
    Dios la socorre al despuntar la aurora. R.
    V. El Señor del universo está con nosotros,
    nuestro alcázar es el Dios de Jacob.
    Vengan a ver las obras del Señor,
    las maravillas que hace en la tierra. R.
    Aclamación
    V. Oh, Dios, crea en mí un corazón puro;
    y devuélveme la alegría de tu salvación.
    Evangelio
    Jn 5, 1-3a.5-16
    Lectura del santo Evangelio según san Juan.
    SE celebraba una fiesta de los judíos, y Jesús subió a Jerusalén.
    Hay en Jerusalén, junto a la puerta de las ovejas, una piscina que llaman en hebreo Betesda. Esta tiene cinco soportales y allí estaban echados muchos enfermos, ciegos, cojos, paralíticos.
    Estaba también allí un hombre que llevaba treinta y ocho años enfermo. Jesús, al verlo echado, y sabiendo que ya llevaba mucho tiempo, le dice: «¿Quieres quedar sano?». El enfermo le contestó: «Señor, no tengo a nadie que me meta en la piscina cuando se remueve el agua; para cuando llego yo, otro se me ha adelantado». Jesús le dice: «Levántate, toma tu camilla y echa a andar». Y al momento el hombre quedó sano, tomó su camilla y echó a andar. Aquel día era sábado, y los judíos dijeron al hombre que había quedado sano: «Hoy es sábado, y no se puede llevar la camilla». Él les contestó: «El que me ha curado es quien me ha dicho: “Toma tu camilla y echa a andar”». Ellos le preguntaron: «¿Quién es el que te ha dicho que tomes la camilla y eches a andar?». Pero el que había quedado sano no sabía quién era, porque Jesús, a causa del gentío que había en aquel sitio, se había alejado. Más tarde lo encuentra Jesús en el templo y le dice: «Mira, has quedado sano; no peques más, no sea que te ocurra algo peor». Se marchó aquel hombre y dijo a los judíos que era Jesús quien lo había sanado. Por esto los judíos perseguían a Jesús, porque hacía tales cosas en sábado.
    Palabra del Señor.
    10 min

About Reflexiones diarias Padre Juan Diego Ruiz Arango. Medellín. Colombia.

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Reflexiones diarias de las lecturas por parte del presbítero Juan Diego Ruiz Arango.