Reflexiones diarias Padre Juan Diego Ruiz Arango. Medellín. Colombia.

Reflexiones diarias Padre Juan Diego Ruiz Arango. Medellín. Colombia.

By Padre Juan Diego Ruiz Arango.Religion & Spirituality
Download on the App Store

Reflexiones diarias Padre Juan Diego Ruiz Arango. Medellín. Colombia. episodes

  • Reflexión lunes 11 de marzo de 2024. Padre Juan Diego Ruiz Arango.
    Primera lectura
    Is 65,17-21
    Ya no se oirá ni llanto ni gemido
    Lectura del libro de Isaías.
    ESTO dice el Señor:
    «Miren: voy a crear un nuevo cielo
    y una nueva tierra:
    de las cosas pasadas
    ni habrá recuerdo ni vendrá pensamiento.
    Regocíjense, alégrense por siempre
    por lo que voy a crear:
    yo creo a Jerusalén «alegría»,
    y a su pueblo, «júbilo».
    Me alegraré por Jerusalén
    y me regocijaré con mi pueblo,
    ya no se oirá en ella ni llanto ni gemido;
    ya no habrá allí niño
    que dure pocos días,
    ni adulto que no colme sus años,
    pues será joven quien muera a los cien años,
    y quien no los alcance se tendrá por maldito.
    Construirán casas y las habitarán,
    plantarán viñas y comerán los frutos».
    Palabra de Dios.
    Salmo
    Sal 30(29), 2 y 4.5-6.11-12a y 13b (R. cf. 2a.4b)
    R. Te ensalzaré, Señor, porque me has liberado.
    V. Te ensalzaré, Señor, porque me has librado
    y no has dejado que mis enemigos se rían de mí.
    Señor, sacaste mi vida del abismo,
    me hiciste revivir cuando bajaba a la fosa. R.
    V. Tañan para el Señor, fieles suyos,
    celebren el recuerdo de su nombre santo;
    su cólera dura un instante;
    su bondad, de por vida;
    al atardecer nos visita el llanto;
    por la mañana, el júbilo. R.
    V. Escucha, Señor, y ten piedad de mí;
    Señor, socórreme».
    Cambiaste mi luto en danzas,
    Señor, Dios mío, te daré gracias por siempre. R.
    Aclamación
    V. Busquen el bien, no el mal, y vivirán; y el Señor estará con ustedes.
    Evangelio
    Jn 4, 43-54
    Anda, tu hijo vive
    Lectura del santo Evangelio según san Juan
    EN aquel tiempo, salió Jesús de Samaría para Galilea. Jesús mismo había atestiguado: «Un profeta no es estimado en su propia patria». Cuando llegó a Galilea, los galileos lo recibieron bien, porque habían visto todo lo que había hecho en Jerusalén durante la fiesta, pues también ellos habían ido a la fiesta.
    Fue Jesús otra vez a Caná de Galilea, donde había convertido el agua en vino. Había un funcionario real que tenía un hijo enfermo en Cafarnaún. Oyendo que Jesús había llegado de Judea a Galilea, fue a verle, y le pedía que bajase a curar a su hijo que estaba muriéndose. Jesús le dijo: «Si no ven signos y prodigios, no creen». El funcionario insiste: «Señor, baja antes de que se muera mi niño». Jesús le contesta: «Anda, tu hijo vive».
    El hombre creyó en la palabra de Jesús y se puso en camino. Iba ya bajando, cuando sus criados vinieron a su encuentro diciéndole que su hijo vivía. Él les preguntó a qué hora había empezado la mejoría. Y le contestaron: «Ayer a la hora séptima lo dejó la fiebre». El padre cayó en la cuenta de que esa era la hora en que Jesús le había dicho: «Tu hijo vive». Y creyó él con toda su familia.
    Este segundo signo lo hizo Jesús al llegar de Judea a Galilea.
    Palabra del Señor.
    7 min
  • Reflexión domingo 10 de marzo de 2024. Padre Juan Diego Ruiz Arango.
    Primera lectura
    2Cro 36,14-16.19-23
    Lectura del segundo libro de las Crónicas.
    EN aquellos días, todos los jefes, los sacerdotes y el pueblo multiplicaron sus infidelidades, imitando las aberraciones de los pueblos y profanando el templo del Señor, que él había consagrado en Jerusalén.
    El Señor, Dios de sus padres, les enviaba mensajeros a diario porque sentía lástima de su pueblo y de su morada; pero ellos escarnecían a los mensajeros de Dios, se reían de sus palabras y se burlaban de sus profetas, hasta que la ira del Señor se encendió irremediablemente contra su pueblo. Incendiaron el templo de Dios, derribaron la muralla de Jerusalén, incendiaron todos sus palacios y destrozaron todos los objetos valiosos. Deportó a Babilonia a todos los que habían escapado de la espada. Fueron esclavos suyos y de sus hijos hasta el advenimiento del reino persa. Así se cumplió lo que había dicho Dios por medio de Jeremías:
    «Hasta que la tierra pague los sábados, descansará todos los días de la desolación, hasta cumplirse setenta años».
    En el año primero de Ciro, rey de Persia, para cumplir lo que había dicho Dios por medio de Jeremías, el Señor movió a Ciro, rey de Persia, a promulgar de palabra y por escrito en todo su reino:
    «Así dice Ciro, rey de Persia:
    El Señor, Dios del cielo, me ha entregado todos los reinos de la tierra. Él me ha encargado construirle un templo en Jerusalén de Judá. Quien de entre ustedes pertenezca a ese pueblo, puede volver. ¡Que el Señor, su Dios, esté con él!».
    Palabra de Dios.
    Salmo
    Sal 137(136), 1-2.3.4-5.6 (R. 6a)
    R. Que se me pegue la lengua al paladar si no me acuerdo de ti.
    Junto a los canales de Babilonia
    nos sentamos a llorar
    con nostalgia de Sion;
    en los sauces de sus orillas
    colgábamos nuestras cítaras. R.
    Allí los que nos deportaron
    nos invitaban a cantar;
    nuestros opresores, a divertirlos:
    «Cántennos un cantar de Sion». R.
    ¡Cómo cantar un cántico del Señor
    en tierra extranjera!
    Si me olvido de ti, Jerusalén,
    que se me paralice la mano derecha. R.
    Que se me pegue la lengua al paladar
    si no me acuerdo de ti,
    si no pongo a Jerusalén
    en la cumbre de mis alegrías. R.
    Segunda lectura
    Ef 2,4-10
    Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios.
    HERMANOS:
    Dios, rico en misericordia, por el gran amor con que nos amó, estando nosotros muertos por los pecados, nos ha hecho revivir con Cristo -están salvados por pura gracia-; nos ha resucitado con Cristo Jesús, nos ha sentado en el cielo con él, para revelar en los tiempos venideros la inmensa riqueza de su gracia, mediante su bondad para con nosotros en Cristo Jesús.
    En efecto, por gracia ustedes están salvados, mediante la fe. Y esto no viene de ustedes: es don de Dios. Tampoco viene de las obras, para que nadie pueda presumir.
    Somos, pues, obra suya. Dios nos ha creado en Cristo Jesús, para que nos dediquemos a las buenas obras, que de antemano dispuso él que practicásemos.
    Palabra de Dios.
    Evangelio
    Jn 3,14-21
    Lectura del santo Evangelio según san Juan.
    EN aquel tiempo, dijo Jesús a Nicodemo:
    «Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el que cree en él tenga vida eterna.
    Porque tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Unigénito, para que todo el que cree en él no perezca, sino que tenga vida eterna.
    Porque Dios no envió a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.
    El que cree en él no será juzgado; el que no cree ya está juzgado, porque no ha creído en el nombre del Unigénito de Dios.
    Este es el juicio: que la luz vino al mundo, y los hombres prefirieron la tiniebla a la luz, porque sus obras eran malas. Pues todo el que obra el mal detesta la luz, y no se acerca a la luz, para no verse acusado por sus obras.
    En cambio, el que obra la verdad se acerca a la luz, para que se vea que sus obras están hechas según Dios».
    Palabra del Señor.
    9 min
  • Reflexión sábado 09 de marzo de 2024. Padre Juan Diego Ruiz Arango.
    Primera lectura
    Os 6,1-6
    Quiero misericordia, y no sacrificio
    Lectura de la profecía de Oseas.
    «VAMOS, volvamos al Señor.
    Porque él ha desgarrado,
    y él nos curará;
    él nos ha golpeado,
    y el nos vendará.
    En dos días nos volverá a la vida
    y al tercero nos hará resurgir;
    viviremos en su presencia
    y comprenderemos.
    Procuremos conocer al Señor.
    Su manifestación es segura como la aurora.
    Vendrá como la lluvia,
    como la lluvia de primavera
    que empapa la tierra».
    ¿Qué haré de ti, Efraín,
    que haré de ti, Judá?
    El amor de ustedes es como nube mañanera,
    como el rocío que el alba desaparece.
    Sobre una roca tallé mis mandamientos;
    los castigué por medio de los profetas
    con las palabras de mi boca.
    Mi juicio se manifestará como la luz.
    Quiero misericordia y no sacrificio,
    conocimiento de Dios, más que holocaustos.
    Palabra de Dios.
    Salmo
    Sal 51(50),3-4.18-19.20-21a (R. cf. 19b)
    R. Quiero misericordia, y no sacrificio.
    V. Misericordia, Dios mío, por tu bondad,
    por tu inmensa compasión borra mi culpa;
    lava del todo mi delito,
    limpia mi pecado. R.
    V. Los sacrificios no te satisfacen:
    si te ofreciera un holocausto, no lo querrías.
    El sacrificio agradable a Dios
    es un espíritu quebrantado;
    un corazón quebrantado y humillado,
    tú, oh, Dios, tú no lo desprecias. R.
    V. Señor, por tu bondad, favorece a Sion,
    reconstruye las murallas de Jerusalén:
    entonces aceptarás los sacrificios rituales,
    ofrendas y holocaustos. R.
    Aclamación
    V. No endurezcan hoy su corazón;
    escuchen la voz del Señor.
    Evangelio
    Lc 18, 9-14
    El publicano bajó a su casa justificado, y el fariseo no
    Lectura del santo Evangelio según san Lucas.
    EN aquel tiempo, dijo Jesús esta parábola a algunos que confiaban en sí mismos por considerarse justos y despreciaban a los demás:
    «Dos hombres subieron al templo a orar. Uno era fariseo; el otro, publicano. El fariseo, de pie oraba así en su interior: ´´¡Oh Dios!, te doy gracias porque no soy como los demás hombres: ladrones, injustos, adúlteros; ni tampoco como ese publicano. Ayuno dos veces por semana y pago el diezmo de todo lo que tengo´´. El publicano, en cambio, quedándose atrás, no se atrevía ni a levantar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho diciendo: ´´¡Oh Dios!, ten compasión de este pecador´´. Les digo que este bajó a su casa justificado, y aquel no. Porque todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido».
    Palabra del Señor.
    10 min
  • Reflexión viernes 8 de marzo de 2024. Padre Juan Diego Ruiz Arango.
    Primera lectura
    Os 14,2-10
    No llamaremos ya ``nuestro Dios`` a la obra de nuestras manos
    Lectura de la profecía de Oseas.
    ESTO dice el Señor:
    «Vuelve, Israel, al Señor tu Dios,
    porque tropezaste por tu falta.
    Tomen sus promesas con ustedes,
    y vuelvan al Señor.
    Díganle: ``Tú quitas toda falta,
    acepta el pacto.
    Pagaremos con nuestra confesión:
    Asiria no nos salvará,
    no volveremos a montar a caballo,
    y no llamaremos ya `nuestro Dios`
    a la obra de nuestras manos.
    En ti el huérfano encuentra compasión``.
    ``Curaré su deslealtad,
    los amaré generosamente,
    porque mi ira se apartó de ellos.
    Seré para Israel como el rocío,
    florecerá como el lirio,
    echará sus raíces como los cedros del Líbano.
    Brotarán sus retoños
    y será su esplendor como el olivo,
    y su perfume como el del Líbano.
    Regresarán los que habitaban a su sombra,
    revivirán como el trigo,
    florecerán como la viña,
    será su renombre como el del vino del Líbano.
    Efraín, ¿qué tengo que ver con los ídolos?
    Yo soy quien le responde y lo vigila.
    Yo soy como un ciprés siempre verde,
    de mí procede tu fruto``.
    ¿Quién será sabio, para comprender estas cosas,
    inteligente, para conocerlas?
    Porque los caminos del Señor son rectos:
    los justos los transitan,
    pero los traidores tropiezan en ellos``».
    Palabra de Dios.
    Salmo
    Sal 81(80),6c-8a.8bc-9.10-11ab.14+17 (R. Dt 6,4)
    R. Yo soy el Señor, Dios tuyo;
    escucha mi voz.
    V. Oigo un lenguaje desconocido:
    «Retiré sus hombros de la carga,
    y sus manos dejaron la espuerta.
    Clamaste en la aflicción, y te libré. R.
    V. Te respondí oculto entre truenos,
    te puse a prueba junto a la fuente de Meribá.
    Escucha, pueblo mío, doy testimonio contra ti;
    ¡Ojalá me escuchases, Israel! R.
    V. No tendrás un dios extraño,
    no adorarás a un Dios extranjero;
    yo soy el Señor, Dios tuyo,
    que te saqué de la tierra de Egipto. R.
    ¡Ojalá me escuchase mi pueblo
    y caminase Israel por mi camino!
    Los alimentaría con flor de harina,
    los saciaría con miel silvestre». R.
    Aclamación
    V. Conviértanse -dice el Señor-, porque está cerca el reino de los cielos.
    Evangelio
    Mc 12, 28b-34
    El Señor, nuestro Dios, es el único Señor, y lo amarás
    Lectura del santo Evangelio según san Marcos.
    EN aquel tiempo, un escriba se acercó a Jesús y le preguntó:
    «¿Qué mandamiento es el primero de todos?». Respondió Jesús: «El primero es: “Escucha, Israel, el Señor, nuestro Dios, es el único Señor: amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todo tu ser”. El segundo es este: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. No hay mandamiento mayor que estos». El escriba replicó: «Muy bien, Maestro, sin duda tienes razón cuando dices que el Señor es uno solo y no hay otro fuera de él; y que amarlo con todo el corazón, con todo el entendimiento y con todo el ser, y amar al prójimo como a uno mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios». Jesús, viendo que había respondido sensatamente, le dijo: «No estás lejos del reino de Dios». Y nadie se atrevió a hacerle más preguntas.
    Palabra del Señor.
    7 min
  • Reflexión jueves 7 de marzo de 2024. Padre Juan Diego Ruiz Arango.
    Primera lectura
    Jr 7, 23-28
    Esta es la gente que no escuchó la voz del Señor, su Dios
    Lectura del libro de Jeremías.
    ESTO dice el Señor:
    «Esta fue la orden que di a mi pueblo:
    ´´Escuchen mi voz. Yo seré su Dios y ustedes serán mi pueblo. Sigan el camino que les señalo, y todo les irá bien``.
    Pero no escucharon ni hicieron caso. Al contrario, caminaron según sus ideas, según la maldad de su obstinado corazón. Me dieron la espalda y no la cara.
    Desde que salieron sus padres de Egipto hasta hoy, les envié a mis siervos, los profetas, un día tras otro; pero no me escucharon ni me hicieron caso. Al contrario, endurecieron la cerviz y fueron peores que sus padres.
    Ya puedes repetirles este discurso, seguro que no te escucharán; ya puedes gritarles, seguro que no te responderán. Aun así les dirás:
    ``Esta es la gente que no escuchó la voz del Señor, su Dios,
    y no quiso escarmentar. Ha desaparecido la sinceridad, se la han arrancado de la boca``».
    Palabra de Dios.
    Salmo
    Sal 95(94),1-2.6-7ab.7c-9 (R. cf. 7c)
    R. Ojalá escuchen hoy la voz del Señor:
    «No endurezcan su corazón».
    V. Vengan, aclamemos al Señor,
    demos vítores a la Roca que nos salva;
    entremos a su presencia dándole gracias,
    aclamándolo con cantos. R.
    V. Entren, postrémonos por tierra,
    bendiciendo al Señor, creador nuestro.
    Porque él es nuestro Dios,
    y nosotros su pueblo,
    el rebaño que él guía. R.
    V. Ojalá escuchen hoy su voz:
    «No endurezcan el corazón como en Meribá,
    como el día de Masá en el desierto;
    cuando sus padres me pusieron a prueba
    y me tentaron, aunque habían visto mis obras». R.
    Aclamación
    V. Ahora -dice el Señor-,
    conviértanse a mí de todo corazón,
    porque soy compasivo y misericordioso.
    Evangelio
    Lc 11, 14-23
    El que no está conmigo está contra mí
    Lectura del santo Evangelio según san Lucas.
    EN aquel tiempo, Estaba Jesús echando un demonio que era mudo. Sucedió que, apenas salió el demonio, empezó a hablar el mudo. La multitud se quedó admirada, pero algunos de ellos dijeron: «Por arte de Belzebú, el príncipe de los demonios, echa los demonios». Otros, para ponerlo a prueba, le pedían un signo del cielo. Él, conociendo sus pensamientos, les dijo: «Todo reino dividido contra sí mismo va a la ruina y cae casa sobre casa. Si, pues, también Satanás se ha dividido contra sí mismo, ¿cómo se mantendrá su reino? Pues ustedes dicen que yo echo los demonios con el poder de Belzebú. Pero, si yo echo los demonios con el poder de Belzebú, sus hijos, ¿por arte de quién los echan? Por eso, ellos mismos serán sus jueces. Pero, si yo echo los demonios con el dedo de Dios, entonces es que el reino de Dios ha llegado a ustedes. Cuando un hombre fuerte y bien armado guarda su palacio, sus bienes están seguros, pero, cuando otro más fuerte lo asalta y lo vence, le quita las armas de que se fiaba y reparte su botín. El que no está conmigo está contra mí; el que no recoge conmigo desparrama».
    Palabra del Señor.
    9 min
  • Reflexión miércoles 6 de marzo de 2024. Padre Juan Diego Ruiz Arango.
    Primera lectura
    Dt 4, 1.5-9
    Observen los mandatos y cúmplanlos.
    Lectura del libro del Deuteronomio.
    MOISÉS habló al pueblo, diciendo:
    «Ahora, Israel, escucha los mandatos y decretos que yo les enseño para que, cumpliéndolos, vivan y entren a tomar posesión de la tierra que el Señor, Dios de sus padres, les va a dar.
    Miren: yo les enseño los mandatos y decretos, como me mandó el Señor, mi Dios, para que los cumplan en la tierra donde van a entrar para tomar posesión de ella. Obsérvenlos y cúmplanlos, pues esa es su sabiduría y su inteligencia a los ojos de los pueblos, los cuales, cuando tengan noticia de todos estos mandatos, dirán: ´´Ciertamente es un pueblo sabio e inteligente esta gran nación´´. Porque ¿dónde hay una nación tan grande que tenga unos dioses tan cercanos como el Señor, nuestro Dios, siempre que lo invocamos? Y ¿dónde hay otra nación tan grande que tenga unos mandatos y decretos tan justos como toda esta ley que yo les propongo hoy?
    Pero, ten cuidado y guárdate bien de olvidar las cosas que han visto tus ojos y que no se aparten de tu corazón mientras vivas; cuéntaselas a tus hijos y a tus nietos».
    Palabra de Dios.
    Salmo
    Sal 147(146-147),12-13.15-16.19-20 (R.119[118],34)
    R. Glorifica al Señor, Jerusalén.
    V. Glorifica al Señor, Jerusalén;
    alaba a tu Dios, Sion.
    Que ha reforzado los cerrojos de tus puertas,
    y ha bendecido a tus hijos dentro de ti. R.
    V. Él envía su mensaje a la tierra,
    y su palabra corre veloz;
    manda la nieve como lana,
    esparce la escarcha como ceniza. R.
    V. Anuncia su palabra a Jacob,
    sus decretos y mandatos a Israel;
    con ninguna nación obró así,
    ni les dio a conocer sus mandatos. R.
    Aclamación
    V. Tus palabras, Señor, son espíritu y vida;
    tú tienes palabras de vida eterna.
    Evangelio
    Mt 5, 17-19
    Quien los cumpla y enseñe será grande
    Lectura del santo Evangelio según san Mateo.
    EN aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
    «No crean que he venido a abolir la Ley y los Profetas: no he venido a abolir, sino a dar plenitud. En verdad les digo que antes pasarán el cielo y la tierra que deje de cumplirse hasta la última letra o tilde de la Ley. El que se salte uno solo de los preceptos menos importantes y se lo enseñe así a los hombres será el menos importante en el reino de los cielos. Pero quien los cumpla y enseñe será grande en el reino de los cielos».
    Palabra del Señor.
    9 min
  • Reflexión martes 5 de marzo de 2024. Padre Juan Diego Ruiz Arango.
    Primera lectura
    Dn 3, 25.34-43
    Acepta nuestro corazón contrito y nuestro espíritu humilde
    Lectura de la profecía de Daniel.
    EN aquellos días, Azarías, puesto en pie, oró de esta forma; alzó la voz en medio del fuego y dijo:
    «Por el honor de tu nombre,
    no nos desampares para siempre,
    no rompas tu alianza,
    no apartes de nosotros tu misericordia.
    Por Abrahán, tu amigo; por Isaac, tu siervo;
    por Israel, tu consagrado;
    a quienes prometiste multiplicar su descendencia
    como las estrellas del cielo,
    como la arena de las playas marinas.
    Pero ahora, Señor, somos el más pequeño
    de todos los pueblos;
    hoy estamos humillados por toda la tierra
    a causa de nuestros pecados.
    En este momento no tenemos príncipes,
    ni profetas, ni jefes;
    ni holocausto, ni sacrificios,
    ni ofrendas, ni incienso;
    ni un sitio donde ofrecerte primicias,
    para alcanzar misericordia.
    Por eso, acepta nuestro corazón contrito
    y nuestro espíritu humilde,
    como un holocausto de carneros y toros
    o una multitud de corderos cebados.
    Que este sea hoy nuestro sacrificio,
    y que sea agradable en tu presencia:
    porque los que en ti confían
    no quedan defraudados.
    Ahora te seguimos de todo corazón,
    te respetamos, y buscamos tu rostro;
    no nos defraudes, Señor;
    trátanos según tu piedad,
    según tu gran misericordia.
    Líbranos con tu poder maravilloso
    y da gloria a tu nombre, Señor».
    Palabra de Dios.
    Salmo
    Sal 25(24),4bc-5ab.6 y 7bc.8-9 (R. cf. 6a)
    R. Recuerda, Señor, tu ternura.
    V. Señor, enséñame tus caminos,
    instrúyeme en tus sendas:
    haz que camine con lealtad;
    enséñame, porque tú eres mi Dios y Salvador. R.
    V. Recuerda, Señor, que tu ternura
    y tu misericordia son eternas;
    acuérdate de mí con misericordia,
    por tu bondad, Señor. R.
    V. El Señor es bueno y recto,
    y enseña el camino a los pecadores;
    hace caminar a los humildes con rectitud,
    enseña su camino a los humildes. R.
    Aclamación
    V. Ahora -dice el Señor-,
    conviértanse a mí de todo corazón,
    porque soy compasivo y misericordioso.
    Evangelio
    Mt 18, 21-35
    Si cada cual no perdona a su hermano, tampoco el Padre lo perdonará.
    Lectura del santo Evangelio según san Mateo.
    EN aquel tiempo, Acercándose Pedro a Jesús le preguntó: «Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces tengo que perdonarlo? ¿Hasta siete veces?». Jesús le contesta: «No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete. Por esto, se parece el reino de los cielos a un rey que quiso ajustar las cuentas con sus criados. Al empezar a ajustarlas, le presentaron uno que debía diez mil talentos. Como no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo vendieran a él con su mujer y sus hijos y todas sus posesiones, y que pagara así. El criado, arrojándose a sus pies, le suplicaba diciendo: ´´Ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo´´. Se compadeció el señor de aquel criado y lo dejó marchar, perdonándole la deuda. Pero al salir, el criado aquel encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios y, agarrándolo, lo estrangulaba diciendo: ´´Págame lo que me debes´´. El compañero, arrojándose a sus pies, le rogaba diciendo: ´´Ten paciencia conmigo y te lo pagaré´´. Pero él se negó y fue y lo metió en la cárcel hasta que pagara lo que debía. Sus compañeros, al ver lo ocurrido, quedaron consternados y fueron a contarle a su señor todo lo sucedido. Entonces el señor lo llamó y le dijo: ´´¡Siervo malvado! Toda aquella deuda te la perdoné porque me lo rogaste. ¿No debías tú también tener compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?´´. Y el señor, indignado, lo entregó a los verdugos hasta que pagara toda la deuda. Lo mismo hará con ustedes mi Padre celestial, si cada cual no perdona de corazón a su hermano».
    Palabra del Señor.
    9 min
  • Reflexión lunes 4 de marzo de 2024. Padre Juan Diego Ruiz Arango.
    Primera lectura
    2R 5, 1-15a
    EN aquellos días, Naamán, jefe del ejército del rey de Siria, era hombre notable y muy estimado por su señor, pues por su medio el Señor había concedido la victoria a Siria. Pero, siendo un gran militar, era leproso. Unas bandas de arameos habían hecho una incursión trayendo de la tierra de Israel a una muchacha, que pasó al servicio de la mujer de Naamán. Dijo ella a su señora: «Ah, si mi señor pudiera presentarse ante el profeta que hay en Samaría. Él lo curaría de su lepra». Fue (Naamán) y se lo comunicó a su señor diciendo: «Esto y esto ha dicho la muchacha de la tierra de Israel». Y el rey de Siria contestó: «Vete, que yo enviaré una carta al rey de Israel». Entonces tomó en su mano diez talentos de plata, seis mil siclos de oro, diez vestidos nuevos y una carta al rey de Israel que decía: «Al llegarte esta carta, sabrás que te envío a mi siervo Naamán para que lo cures de su lepra». Cuando el rey de Israel leyó la carta, rasgó sus vestiduras, diciendo: «¿Soy yo Dios para repartir vida y muerte? Pues me encarga nada menos que curar a un hombre de su lepra. Dense cuenta y verán que está buscando querella contra mí».
    Eliseo, el hombre de Dios, oyó que el rey de Israel había rasgado sus vestiduras y mandó a que le dijeran: «¿Por qué has rasgado tus vestiduras? Que venga a mí y sabrá que hay un profeta en Israel». Llegó Naamán con sus carros y caballos y se detuvo a la entrada de la casa de Eliseo. Envió este un mensajero a decirle: «Ve y lávate siete veces en el Jordán. Tu carne renacerá y quedarás limpio». Naamán se puso furioso y se marchó diciendo: «Yo me había dicho: “Saldrá seguramente a mi encuentro, se detendrá, invocará el nombre de su Dios, frotará con su mano mi parte enferma y sanaré de la lepra”. El Abaná y el Farfar, los ríos de Damasco, ¿no son mejores que todas las aguas de Israel? Podría bañarme en ellos y quedar limpio». Dándose la vuelta, se marchó furioso. Sus servidores se le acercaron para decirle: «Padre mío, si el profeta te hubiese mandado una cosa difícil, ¿no lo habrías hecho? ¡Cuánto más si te ha dicho: “Lávate y quedarás limpio”!». Bajó, pues, y se bañó en el Jordán siete veces, conforme a la palabra del hombre de Dios. Y su carne volvió a ser como la de un niño pequeño: quedó limpio.
    Naamán y toda su comitiva regresaron al lugar donde se encontraba el hombre de Dios. Al llegar, se detuvo ante él exclamando: «Ahora conozco que no hay en toda la tierra otro Dios que el de Israel».
    Palabra de Dios
    Salmo
    Sal 42(41),2.3; 43(42),3.4 (R. cf. 42[41],3)
    R. Mi alma tiene sed del Dios vivo;
    ¿cuándo veré el rostro de Dios?
    V. Como busca la cierva corrientes de agua,
    así mi alma te busca a ti, Dios mío. R.
    V. Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo:
    ¿cuándo entraré a ver el rostro de Dios? R.
    V. Envía tu luz y tu verdad:
    que ellas me guíen
    y me conduzcan hasta tu monte santo,
    hasta tu morada. R.
    V. Me acercaré al altar de Dios,
    al Dios de mi alegría,
    y te daré gracias al son de la cítara,
    Dios, Dios mío. R.
    Aclamación
    V. Espero en el Señor, espero en su palabra;
    porque de él viene la misericordia,
    la redención copiosa.
    Evangelio
    Lc 4, 24-30
    HABIENDO llegado Jesús a Nazaret, le dijo al pueblo en la sinagoga:
    «En verdad les digo que ningún profeta es aceptado en su pueblo. Puedo asegurarles que en Israel había muchas viudas en los días de Elías, cuando estuvo cerrado el cielo tres años y seis meses y hubo una gran hambre en todo el país; sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías sino a una viuda de Sarepta, en el territorio de Sidón. Y muchos leprosos había en Israel en tiempos del profeta Eliseo, sin embargo, ninguno de ellos fue curado sino Naamán, el sirio». Al oír esto, todos en la sinagoga se pusieron furiosos y, levantándose, lo echaron del pueblo y lo llevaron hasta un precipicio del monte sobre el que estaba edificado su pueblo, con intención de despeñarlo. Pero Jesús se abrió paso entre ellos y seguía su camino.
    Palabra del Señor.
    9 min
  • Reflexión domingo 3 de marzo de 2024. Padre Juan Diego Ruiz Arango.
    Primera lectura
    Éx 20,1-18
    En aquellos días, el Señor pronunció estas palabras:
    «Yo soy el Señor, tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto, de la casa de esclavitud.
    No tendrás otros dioses frente a mí.
    No te fabricarás ídolos, ni figura alguna de lo que hay arriba en el cielo, abajo en la tierra, o en el agua debajo de la tierra.
    No te postrarás ante ellos, ni les darás culto; porque yo, el Señor, tu Dios, soy un Dios celoso, que castigo el pecado de los padres en los hijos, hasta la tercera y la cuarta generación de los que me odian.
    Pero tengo misericordia por mil generaciones de los que me aman y guardan mis preceptos.
    No pronunciarás el nombre del Señor, tu Dios, en falso.
    Porque no dejará el Señor impune a quien pronuncie su nombre en falso.
    Recuerda el día del sábado para santificarlo.
    Durante seis días trabajarás y harás todas tus tareas, pero el día séptimo es día de descanso, consagrado al Señor, tu Dios. No harás trabajo alguno, ni tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu esclavo, ni tu esclava, ni tu ganado, ni el emigrante, que reside en tus ciudades. Porque en seis días hizo el Señor el cielo, la tierra, el mar y lo que hay en ellos; y el séptimo día descansó. Por eso bendijo el Señor el sábado y lo santificó.
    Honra a tu padre y a tu madre, para que se prolonguen tus días en la tierra, que el Señor, tu Dios, te va a dar.
    No matarás.
    No cometerás adulterio.
    No robarás.
    No darás falso testimonio contra tu prójimo.
    No codiciarás los bienes de tu prójimo. No codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su esclavo, ni su esclava, ni su buey, ni su asno, ni nada que sea de tu prójimo».
    Palabra de Dios.
    Salmo
    Sal 19(18),8. 9.10.11 (R. Jn 6,68c)
    R. Señor, tú tienes palabras de vida eterna.
    La ley del Señor es perfecta
    y es descanso del alma;
    el precepto del Señor es fiel
    e instruye a los ignorantes. R.
    Los mandatos del Señor son rectos
    y alegran el corazón;
    la norma del Señor es límpida
    y da luz a los ojos. R.
    El temor del Señor es puro
    y eternamente estable;
    los mandamientos del Señor son verdaderos
    y enteramente justos. R.
    Más preciosos que el oro,
    más que el oro fino;
    más dulces que la miel
    de un panal que destila. R.
    Segunda lectura
    1Co 1,22-25
    HERMANOS:
    Los judíos exigen signos, los griegos buscan sabiduría; pero nosotros predicamos a Cristo crucificado: escándalo para los judíos, necedad para los gentiles; pero para los llamados -judíos o griegos-, un Cristo que es fuerza de Dios y sabiduría de Dios.
    Pues lo necio de Dios es más sabio que los hombres; y lo débil de Dios es más fuerte que los hombres.
    Palabra de Dios.
    Evangelio
    Jn 2,13-25
    Se acercaba la Pascua de los judíos y Jesús subió a Jerusalén. Y encontró en el templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas sentados; y, haciendo un azote de cordeles, los echó a todos del templo, ovejas y bueyes; y a los cambistas les esparció las monedas y les volcó las mesas; y a los que vendían palomas les dijo:
    «Quiten esto de aquí: no conviertan en un mercado la casa de mi Padre».
    Sus discípulos se acordaron de lo que está escrito: «El celo de tu casa me devora».
    Entonces intervinieron los judíos y le preguntaron:
    «¿Qué signos nos muestras para obrar así?».
    Jesús contestó:
    «Destruyan este templo, y en tres días lo levantaré».
    Los judíos replicaron:
    «Cuarenta y seis años ha costado construir este templo, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?».
    Pero él hablaba del templo de su cuerpo.
    Y cuando resucitó de entre los muertos, los discípulos se acordaron de que lo había dicho, y creyeron a la Escritura y a la palabra que había dicho Jesús.
    Mientras estaba en Jerusalén por las fiestas de Pascua, muchos creyeron en su nombre, viendo los signos que hacía; pero Jesús no se confiaba a ellos, porque los conocía a todos y no necesitaba el testimonio de nadie sobre un hombre, porque él sabía lo que hay dentro de cada hombre.
    Palabra de Señor.
    9 min
  • Reflexión sábado 2 de marzo de 2024. Padre Juan Diego Ruiz Arango.
    Primera lectura
    Mi 7, 14-15.18-20
    PASTOREA a tu pueblo con tu cayado,
    al rebaño de tu heredad,
    que anda solo en la espesura,
    en medio del bosque;
    que se apaciente como antes
    en Basán y Galaad.
    Como cuando saliste de Egipto,
    les haré ver prodigios.
    ¿Qué Dios hay como tú,
    capaz de perdonar el pecado,
    de pasar por alto la falta
    del resto de tu heredad?
    No conserva para siempre su cólera,
    pues le gusta la misericordia.
    Volverá a compadecerse de nosotros,
    destrozará nuestras culpas,
    arrojará nuestros pecados
    a lo hondo del mar.
    Concederás a Jacob tu fidelidad
    y a Abrahán tu bondad,
    como antaño prometiste a nuestros padres.
    Palabra de Dios.
    Salmo
    Sal 103(102),1-2. 3-4.9-10.11-12 (R. 8a)
    R. El Señor es compasivo y misericordioso.
    V. Bendice, alma mía, al Señor,
    y todo mi ser a su santo nombre.
    Bendice, alma mía, al Señor,
    y no olvides sus beneficios. R.
    V. Él perdona todas tus culpas
    y cura todas tus enfermedades;
    él rescata tu vida de la fosa,
    y te colma de gracia y de ternura. R.
    V. No está siempre acusando
    ni guarda rencor perpetuo;
    no nos trata como merecen nuestros pecados
    ni nos paga según nuestras culpas. R.
    V. Como se levanta el cielo sobre la tierra,
    se levanta su bondad sobre los que le temen;
    como dista el oriente del ocaso,
    así aleja de nosotros nuestros delitos. R.
    Aclamación
    V. Me levantaré, me pondré en camino adonde está mi padre, y le diré:
    Padre, he pecado contra el cielo y contra ti.
    Evangelio
    Lc 15, 1-3.11-32
    EN aquel tiempo, 1 se acercaron a Jesús todos los publicanos y los pecadores a escucharle. Y los fariseos y los escribas murmuraban diciendo: «Ese acoge a los pecadores y come con ellos».
    Jesús les dijo esta parábola:
    «Un hombre tenía dos hijos; el menor de ellos dijo a su padre: ´´Padre, dame la parte que me toca de la fortuna´´. El padre les repartió los bienes. No muchos días después, el hijo menor, juntando todo lo suyo, se marchó a un país lejano, y allí derrochó su fortuna viviendo perdidamente. Cuando lo había gastado todo, vino por aquella tierra un hambre terrible, y empezó él a pasar necesidad. Fue entonces y se contrató con uno de los ciudadanos de aquel país que lo mandó a sus campos a apacentar cerdos. Deseaba saciarse de las algarrobas que comían los cerdos, pero nadie le daba nada. Recapacitando entonces, se dijo: ´´Cuántos jornaleros de mi padre tienen abundancia de pan, mientras yo aquí me muero de hambre. Me levantaré, me pondré en camino adonde está mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo: trátame como a uno de tus jornaleros´´. Se levantó y vino adonde estaba su padre; cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se le conmovieron las entrañas; y, echando a correr, se le echó al cuello y lo cubrió de besos. Su hijo le dijo: ´´Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo´´.
    Pero el padre dijo a sus criados: ´´Saquen enseguida la mejor túnica y vístansela; pónganle un anillo en la mano y sandalias en los pies; traigan el ternero cebado y sacrifíquenlo; comamos y celebremos un banquete, porque este hijo mío estaba muerto y ha revivido; estaba perdido y lo hemos encontrado´´. Y empezaron a celebrar el banquete. Su hijo mayor estaba en el campo. Cuando al volver se acercaba a la casa, oyó la música y la danza, y llamando a uno de los criados, le preguntó qué era aquello. Este le contestó: ´´Ha vuelto tu hermano; y tu padre ha sacrificado el ternero cebado, porque lo ha recobrado con salud´´. Él se indignó y no quería entrar, pero su padre salió e intentaba persuadirlo. Entonces él respondió a su padre: ´´Mira: en tantos años como te sirvo, sin desobedecer nunca una orden tuya, a mí nunca me has dado un cabrito para tener un banquete con mis amigos; en cambio, cuando ha venido ese hijo tuyo que se ha comido tus bienes con malas mujeres, le matas el ternero cebado´´. Él le dijo: ´´Hijo, tú estás siempre conmigo, y todo lo mío es tuyo; pero era preciso celebrar un banquete y alegrarse ...
    10 min

About Reflexiones diarias Padre Juan Diego Ruiz Arango. Medellín. Colombia.

From the publisher's feed

Reflexiones diarias de las lecturas por parte del presbítero Juan Diego Ruiz Arango.