El Padre, nos mira a los ojos y nos recuerda algo que la esclavitud nos ha robado: El descanso no es un premio, el descanso es un diseño. El trabajo tampoco es castigo, sino propósito. Israel llevaba 400 años trabajando sin parar, no sabían lo que significaba detenerse, pero Dios les dio un día para escuchar la voz de Dios, este día era para apartar el corazón. Más que una ley, es una puerta.