“Me propuse estar el día de hoy con ustedes al empezar el Shabbat, cuando el sol se pone. Verifiqué en la internet a qué hora se ponía el sol el día de hoy, y eran las 18:55.
Hubo una cantidad de desencuentros, inclusive ya para la parte final estaba entrando por otro lugar; tuvimos que retroceder y dar la vuelta para poder entrar por esta otra curva. Corrieron los minutos, pero para el momento que estaba bajando ya del vehículo hace unos instantes, miré mi reloj, eran las 18:54, y le dije a mi hermana que me trajo: “Mira”. Yo le había hablado que tenía que estar 18:55, al ponerse el sol. Y estaba quebrantado. De tal manera que cuando empecé a dar mis primeros pasos era las 18:55; un Dios preciso, un Dios exacto.
Y estamos todos aquí ¡para poder glorificar y adorar!, ¡A AQUEL QUE VIVE POR LOS SIGLOS DE LOS SIGLOS!, ¡NUESTRO DIOS DE ISRAEL!, ¡NUESTRO DIOS BENDITO, BENDITO DE ISRAEL!, ¡nuestro Dios de Amor y Misericordia!”.
“En la noche de Shabbat en el estadio ha sucedido algo tan hermoso. Salí del vehículo, bajé esa rampa pronunciada, entré al estadio; eran las 18:55, se estaba poniendo el sol. Era la Voluntad del Señor. Yo hubiera querido estar en el desfile. Mas Él quería glorificarse de esa manera. Soy su siervo, tenía que entrar a esa hora, en una noche de Shabbat, una noche de celebración, de alabanza y adoración a Jesús de Nazareth, a Aquel que me llamó al Ministerio.
Y lo que hemos podido experimentar ha sido una fiesta de celebración hermosa; y todo como si hubiera estado cronometrado, sin embargo fue de manera espontánea, cada una de las 5 horas y un poco más; porque el Señor Jesús lo hizo así. El mensaje en ese lugar fue de arrepentimiento para aquellas vidas que no habían conocido a Él, o vidas que estaban mal y se consagraron, pidieron perdón y volvieron al Señor. Fue una noche de alabanza, de regocijo en la Presencia del Señor, siendo transportados a Jerusalem, cuando Él ya tiene la victoria sobre Edom y Armagedón; y todos nosotros alabándole y danzando delante de Él.
Fue algo hermoso que ha llenado nuestras vidas, nuestros corazones de esperanza, de poder ser partícipes de ese tiempo en el que el Señor Jesús de Nazareth vendrá. Sí, aquel día estaremos en Jerusalem con Él, cantando Cántico Nuevo, y cantando sus hazañas, sus maravillas; porque Él habrá tomado lo que es de Él, lo que Él consiguió, recuperó por su obra consumada en la cruz del Calvario: toda la creación terrestre. Porque ahora el mundo entero está bajo el maligno, pero le queda poco. El Señor viene a tomar lo que es de Él, y tomará la autoridad del mundo y gobernará el mundo, gobernará la tierra por mil años, para luego pasar a la eternidad; y su Reino no tendrá fin, ¡lo dilatado de su Imperio no tendrá fin! ¡Y así anunciamos a las naciones!
Y restauraremos la tierra con Él. Es un Dios Restaurador que con su Amor restaura; y nosotros, llenos de su Amor Infinito, con su Gloria, sublimes, restauraremos la tierra, reconstruiremos las ciudades arruinadas, levantaremos los escombros de muchas generaciones, llenos de Poder. Tendremos el poder y la fuerza como de los ángeles. ¡Eso es lo que nos espera con su Gloria!
Si tú, está en ti, en tu decisión, en tu corazón de que por amor, si lo amas...
♪ ...tú puedes guardar su Palabra,
Guardar sus Mandamientos,
Y serás lleno de su Gloria;
Con su Gloria seréis sublimes… ♫
…Y recibirás bendición, y se manifestará Él sobre tu vida, y recibirás su Justicia del Dios de Salvación, porque Él salvará tu alma. La victoria en nuestra vida cristiana no es del que empieza, es del que termina. Hasta el último aliento de tu vida, la última exhalación, o venga la transformación, sí, porque con su Amor transforma, con ese Amor Infinito transforma; y transformará el cuerpo mortal en un cuerpo inmortal, ¡en un cuerpo lleno de Gloria!, ¡en un cuerpo lleno de Amor Infinito! Oh, cuán hermoso es Él (entre sollozos), ¡tantas, tantas promesas de Amor!”
Pr. Ricardo Claure Peñaloza. Domingo 18.12.2016.