“Daniel estaba orando, y marcó el instante en que recibió la profecía de las 70 Semanas, que nos da —de manera clara y específica en la línea del tiempo— el momento de la Primera y la Segunda Venida de Jesús. Marcó el momento del atardecer, cuando se pone el sol, que es la hora del sacrificio continuo en el Primer Templo dentro del continuo sacrificio diario que los hebreos estaban acostumbrados a realizar conforme al Antiguo Pacto. Un sacrificio era en el alba —al amanecer—, y otro al atardecer.
La profecía de las 70 Semanas está íntimamente ligada al pueblo de Israel; y no solamente al pueblo de Israel, sino al Templo Santo de mi Dios, de nuestro Dios.
Es a través de este Ministerio que recibí directamente del Señor Jesús, aquel 10 de agosto de 1987, a las 5 de la tarde, hora de La Paz, Bolivia, cuando el Señor justamente me delegó la responsabilidad de poner en orden la historia desde la antigüedad, como Él ya lo había escrito, y nos dijo a través de la Biblia por medio de sus siervos los profetas, para que en el tiempo del fin nosotros podamos conocer verdaderamente toda la historia puesta en un orden establecido. De esa manera también anunciar lo que viene, y lo que está por venir. Porque los eventos desordenados son mitos, mas los eventos puestos en respectivo orden en la línea del tiempo es historia, y eso se logró a través de ese trabajo que el Señor me permitió presentar el año 2007 en los Estados Unidos, el libro: “LA MEDIDA DEL TIEMPO EN LA PROFECÍA BÍBLICA”, y por supuesto a través de una cantidad de prédicas.
En realidad, con ese trabajo que está fundamentado en matemática, partiendo desde la fundación del Estado de Israel, aquel 14 de mayo de 1948, a las 16 horas, 32 minutos, 00 segundos, en que Ben-Gurión terminó de leer el Acta de la Independencia del Estado de Israel, se pudo armar en la línea del tiempo toda la cantidad de eventos que están marcados en la Biblia, con día, mes, año, horas, minutos y segundos, determinando que el Dios de la Biblia es un Dios Eterno que ha sido Testigo de todos los sucesos de la historia, y los ha revelado a sus siervos, los profetas, que pudieron plasmarlo en la Biblia.
Nos corresponde anunciar la Segunda Venida del Mesías, porque la Primera Venida ya la conocemos, está revelada en nuestro interior porque tenemos a Jesucristo en nuestro corazón. Inclusive, al poner en orden la historia, sabemos de manera específica el instante exacto que Él murió en la cruz del Calvario, y que también está marcado con día, mes, año, horas, minutos y segundos.
Son cosas terribles que vienen: despoblación, exterminio de la gran parte de la población del planeta, juicios terribles que se darán con la apertura del sexto y el séptimo sello, las siete trompetas, las siete copas de la ira, y una cantidad de aspectos espantosos que ocurrirán en la faz de la tierra bajo el gobierno mundial, bajo el gobierno de la bestia.
Pero los entendidos, los que tienen sabiduría y entendimiento, un corazón sencillo, podrán comprender todo esto. Es algo real, es contundente, es preciso, es matemático.
Por el método científico, si una teoría o una hipótesis es demostrada con ciencias exactas, entonces ya no tiene carácter de teoría, sino tiene carácter de ciencia. Eso es lo que se hizo con ese trabajo.
La hipótesis del Testimonio de Jesús que es el Espíritu de la Profecía es verdad, es real, y se demostró por medio de ciencias exactas: matemáticas elementales, astronomía elemental y relatividad elemental. De tal manera que comprendiendo principios fundamentales de estas tres ciencias, se entiende perfectamente la medida del tiempo que Dios permitió que se ponga en orden justamente en este tiempo final, para anunciar su Segunda Venida, y hacerles entender cómo se ha producido su Primera Venida, y cómo también se cumplió de manera exacta, de entre tantas profecías de medida del tiempo, la profecía de las 70 Semanas que justamente está plasmada en este mensaje”.
Pr. Ricardo Claure Peñaloza