“Mira mi Señor, estas flores marchitas, mira, mira mi Señor, son flores de tu prado y están marchitas, mi Señor; hay sufrimiento, hay tristeza, hay dolor por los problemas que a su alrededor se suscitan cada día, mi Señor.
Mira, oh Dios del cielo, en este instante cada corazón que se constituye en una flor que un día estuvo florecida, pero ahora se siente marchita por los problemas, por la adversidad, por la tristeza, por el dolor, por los problemas de diferente índole que acontecen a su alrededor. Derrama Señor, tu Presencia de Consuelo y de Amor, para que cada vida, con sus propios labios pueda contarte a Ti mi Señor, todo aquello que embarga su corazón. Y que trae tantas veces tristeza, dolor, lágrimas de desesperación.
Mira estas flores marchitas de tu prado, de tu campo, mi Señor. Y necesitan de Ti, y Tú lo sabes, por eso estamos aquí, para que tu Presencia inunde sus almas. ¡Y puedan reflorecer estas flores marchitas!, ¡y puedan darte gloria, mi Señor!, con todos sus colores con que Tú has pintado estas flores, hechura de tu Amor.
¡Es hermosa su Palabra de Amor! Por eso dice: La hierba se seca, y la flor se marchita, porque el viento del Señor sopló en ella; ciertamente como hierba es el pueblo (Isaías 40:7).
Y podemos añadir por esta Palabra, en una paráfrasis: Ciertamente como flor es el pueblo. Así como el pueblo es hierba, también de la misma manera el pueblo es flor. Así como la hierba se seca, el pueblo se seca; así como la flor se marchita, ¡el pueblo se marchita! ¿Y esto para qué? Para que se manifieste la Gloria de nuestro Dios; porque Él es un Dios Consolador, porque Él quiere consolar la hierba del campo, Él quiere consolar la flor del campo. Es así nuestro Jardinero de Amor.
Y este mensaje está dirigido justamente a las flores marchitas. Mas está de por medio también su Presencia, su Gloria, su Consuelo, su Amor, su Perdón, para que no haya más hierba seca ni flor marchita en su pueblo, sino vengan a formar parte de su huerto del Edén, de su Paraíso, donde se halla alabanza y voces de canto.
¡Es tiempo que te levantes! ¡Él ya no quiere verte como una flor marchita! ¡Sin color, sin aroma! ¡ÉL HOY QUIERE QUE TE LEVANTES!, ¡QUE SE HACE TARDE! ¡BUSCA SU PRESENCIA AHORA!, ¡PORQUE PARA LOS CORAZONES SENCILLOS! ¡HAY UN VIENTO RECIO QUE SOPLA! UN VIENTO LLENO DE PODER DE AMOR QUE TE LEVANTA, FLOR MARCHITA. ¡QUE TE LEVANTA SOBRE TU TALLO, FIRME, ALIMENTADA CON SU AMOR DERRAMADO A RAUDALES!, CON OLEADAS, CON VIENTO RECIO QUE INUNDA TU SER”.
Pr. Ricardo Claure Peñaloza
PARA QUE SU IGLESIA SE PREPARE… PARA TESTIMONIO A LAS NACIONES