“La Palabra de Dios relata, en este pasaje, que toda la congregación del pueblo de Israel gritó, dio voces y lloró aquella noche.
¿Qué fue lo que aconteció? La Escritura nos dice que Moisés estaba en el desierto de Zin con todo el pueblo de Israel, y antes de entrar a la tierra prometida, a la tierra de Canaán, envió a doce espías. Los espías entraron a la tierra prometida por cuarenta días, y pudieron ver muchas cosas; determinaron que efectivamente era una tierra muy productiva, y entre dos llevaron en un palo un sarmiento con un racimo de uvas enorme, y también llevaron granadas e higos.
Sin embargo también observaron que en aquella tierra había numerosos habitantes que se caracterizaban por ser de gran estatura.
El pueblo de Israel, al escuchar que los habitantes de la tierra de Canaán eran numerosos en extremo, hombres de gran estatura, de cuello largo, que eran seres terribles, animales, diabólicos, de naturaleza caída y perversa, se acongojó, tuvo miedo y temor.
¿Qué relación tiene el pueblo del Señor con nuestra vida espiritual en esta dispensación del Espíritu y de la Gracia? Este relato del libro de Números es figura y sombra de las cosas espirituales, de la lucha espiritual que nosotros llevamos para poder conquistar la tierra de Canaán, para poder conquistar nuestras almas para el Señor.
En un momento de nuestras vidas cristianas, nosotros podemos descubrir una cantidad de problemas en nuestro interior, y también podemos experimentar una cantidad de problemas externos que sobrevienen a nuestras vidas, como si alguna cosa extraña estuviera sucediendo.
Muchas personas creen que al acercarse a Cristo tendrán completa felicidad y su vida será un lecho de rosas; mas cuando de pronto les sobreviene la prueba y los problemas de diferente índole —sean externos o internos—, mucho pueblo empieza a gritar; hay un grito interno en el alma porque ven esos problemas de gran estatura, los ven terribles, diabólicos y espantosos, y no pueden ver más allá.
Puedes estar atravesando por terribles problemas y dificultades; y en tu interior hay algo que quiere gritar de desesperación. Y así sucedió con el pueblo de Israel; gritaba y daba voces, lloraba toda aquella noche porque estaba actuando sin fe, no estaba viviendo con la fe en Cristo Jesús, en ese Dios Todopoderoso que los había sacado de la esclavitud de la tierra de Egipto, haciéndoles cruzar el mar Rojo y destruyendo a sus enemigos en esas aguas.
El Dios Todopoderoso quiere que comprendas que no puedes seguir ese ejemplo, tú no puedes desesperarte, atormentarte, provocar dolor en tu alma cuando ves que esos problemas son de gran estatura, son enormes, son terribles.
¿Cuántas veces se presentaron problemas en tu casa? Tal vez comenzaron cuando fuiste liberado de la esclavitud de Egipto, al aceptar a Jesucristo en tu corazón. ¿Cuántas veces quisiste retroceder? Quizá hoy mismo estás pasando por eso; y estás gritando, llorando en la oscuridad, en tinieblas, y te quejas de aquellos que te rescataron, te quejas de la autoridad espiritual puesta en la congregación. Hay queja en tu vida porque quieres volver a Egipto.
Moisés y Aarón estaban también en el desierto de Zin al igual que los otros. Pero, ¿actuaron de la misma forma que los otros?, ¿gritaron?, ¿dieron voces?, ¿lloraron?, ¿se quejaron?, ¿quisieron volver a Egipto para morir allí?, ¿quisieron morir en el desierto? ¡NO! ¿Qué es lo que hicieron? Se postraron sobre sus rostros.
Eso es lo que tú debes hacer en el desierto; antes de empezar la conquista de la tierra de Canaán, de determinado territorio que está en poder del enemigo, debes postrarte sobre tu rostro, tienes que humillarte”.
Pr. Ricardo Claure Peñaloza
PARA QUE SU IGLESIA SE PREPARE… PARA TESTIMONIO A TODAS LAS NACIONES