«El Señor, a través de esta Palabra profundamente espiritual, va a entregar en tu mano a esas fortalezas espirituales llamadas: “Jericó”; fortalezas de orgullo, de vanidad, de vana palabrería, de incredulidad, de falta de fe, de duda, de mente obtusa, de mente orgullosa; de toda altivez. El Señor te ha dado armas espirituales —recuérdalo—, esas armas son poderosa en Dios para destruir a las fortalezas que tienes en tu interior.
En mentes obtusas, orgullosas, incrédulas, pasivas, con falta de fe, definitivamente habitan seres espirituales de maldad; y habitan en la mente, porque la mente, al ser una función del alma, es una región celeste. Existen dos regiones espirituales o celestes: el alma y el espíritu.
El Dios Todopoderoso nos ha dado armas espirituales para vencer a esas huestes espirituales de maldad.
Tú debes discernir las fortalezas que hay en tu mente; fortalezas tan cerradas que no dejan entrar la Palabra de Dios, y menos dejan salir Palabra ungida, Palabra llena de Poder del Espíritu Santo.
Tienes que comprender que el Señor, a través de este mensaje, te promete entregarte la ciudad amurallada de Jericó, su rey y sus varones de guerra.
Debes clamar a gran voz para que el Dios Todopoderoso te conceda que los muros que hay en tu interior sean derribados —en otras palabras—, que tú seas quebrantado. En el momento que caigan los muros, tú podrás verdaderamente vaciar la casa, sacar al rey, a sus valientes guerreros y a todos los pobladores —toda esa serie de espíritus inmundos que habitan en tu interior—, y podrás tener gozo en tu alma.
El objetivo de esta Palabra es destruir las fortalezas espirituales, las murallas de Jericó espirituales. Tú necesitas quebrantarte para poder destruir las fortalezas que llevas en tu ser. Si no hay quebrantamiento, no vas a poder seguir adelante, y no vas a poder conquistar la tierra prometida, que es tu alma. Si no destruyes las murallas de Jericó, no vas a poder destruir al resto del pueblo que mora en tu tierra, en tu alma.
En el momento en que tú clames a gran voz, se romperán tus estructuras, se romperán tus corazas, caerás sobre la piedra que es Cristo Jesús y serás quebrantado (a); en ese momento reconocerás que eres nada, que tu orgullo, tu raciocinio, tu lógica, tu falta de fe, tu inseguridad, tu mente pasiva, el temor —o lo que tú puedas encontrar en tu interior—, no te sirve de nada. Todas esas cosas solamente pueden ser destruidas si tú te quebrantas delante de Dios.
Aquella persona que no se quebranta, va a permanecer con sus fortalezas, va a permanecer amurallada, no va a poder dejar entrar la Palabra de Dios, y menos va a poder salir con Poder y con Unción. Tú necesitas romper las murallas, tú necesitas quebrantarte delante de Dios para poder ser libre».
Pr. Ricardo Claure Peñaloza
PARA QUE SU IGLESIA SE PREPARE… PARA TESTIMONIO A LAS NACIONES