«Por medio de esta Palabra aprenderás que tenemos lucha —no contra seres humanos— contra espíritus inmundos, contra seres infernales, seres diabólicos que están sojuzgando a la humanidad.Porque la humanidad está en pecado, porque la humanidad no quiere conocer la Palabra del Dios Todopoderoso. En estos últimos días se está predicando el Evangelio de Jesucristo, el Evangelio de Poder, en calles, parques, plazas, y por radio y televisión, en todas partes del mundo; y eso es para testimonio de todas las naciones.
No es para que todas las naciones se conviertan, es solamente para testimonio de ellas. En medio de las naciones el Señor está recogiendo un pueblo para su Nombre, un pueblo que acepta la Palabra, que acepta el Evangelio; otros la rechazan.
Se ha enseñado de un Jesús que salva, que sana a los enfermos, que resucita muertos; que instruía, que murió en la cruz del Calvario y derramó su sangre preciosa para limpiarnos de nuestros pecados; pero mucha gente tiene miedo enseñar que el Señor Jesús también echaba fuera demonios; Jesús de Nazareth tenía la Autoridad y el Poder para echar fuera demonios.
Nosotros somos parte de ese Jesucristo que predicamos, porque somos el cuerpo de Cristo, somos la iglesia de Cristo; nosotros somos parte de ese Cristo Glorioso, y nosotros tenemos que reconocer lo que Él hizo.
Jesús enseñaba claramente acerca de lo que era liberación. En las calles, cuando las multitudes se reunían, y había un endemoniado, reprendía al espíritu inmundo, y éste le obedecía y salía.
Y nosotros reconocemos que la doctrina apostólica da la Autoridad a la iglesia de Jesucristo por sobre los espíritus inmundo. De ese modo se movía la iglesia apostólica y los discípulos, los apóstoles del Señor, echaban fuera muchos demonios, porque Jesús les había dado esa Autoridad.Esa Autoridad ha sido delegada a la iglesia de Cristo —que es el cuerpo de Cristo—.
La gente se quedaba asombrada porque Jesús no solamente sanaba a los enfermos, sino también echaba fuera demonios.
La iglesia de Jesucristo en estos últimos días, también debe preocuparse de hacer guerra espiritual, de hacer lucha espiritual eficaz contra aquellos que están sojuzgando a tantos seres humanos, a tantas vidas por sus pecados.
¿Te parece algo raro que se diga que un ser humano puede tener espíritus inmundos? Pues debo decirte que no debería serlo, porque la Palabra de Dios así lo dice.
Hay un Cristo Vivo que vive en ti; y con ese Cristo que vive en ti, tú tienes la Autoridad que Él ha delegado a su iglesia, tú tienes la Autoridad para reprender a todo espíritu inmundo.
Cuando se produce la muerte física, el espíritu sale del hombre. Cuando Jesús murió en la cruz, exhaló el espíritu, entregó el espíritu, estando su carne muerta. De la misma manera cuando tú mueres en la cruz, y esa carne está muerta —por la fe— mediante la oración de arrepentimiento. Las fuerzas espirituales, las huestes espirituales de maldad, los espíritus inmundos, no pueden quedarse en tu alma sojuzgándote, atormentándote, causando depresión, desazón, desesperanza, desilusión, duda, incertidumbre, desierto, soledad, recuerdos del pasado que vienen con tanta claridad para traerte dolor y sufrimiento, y mantener tu vida arrastrando cadenas pesadas del pasado.
Hay una sola forma de vencer esas cadenas, y es muriendo en la cruz, crucificando las deudas, crucificando el derecho que puedan tener ellos —tus acreedores— de exigirte el pago, de sojuzgarte, de tenerte esclavizado (a), en su reino de tinieblas, de dolor, de sufrimiento, de oscuridad.
Consuma la obra en la cruz en tu vida, imitando lo que ocurrió con Abraham cuando exhaló el espíritu y murió o cuando el Señor Jesús murió también inclinando su cabeza y entregó el espíritu. Cuando tu carne está muerta, los espíritus tienen que irse, salen por la boca exhalados, en el nombre de Jesús».
Pr. Ricardo Claure Peñaloza