Fue el domingo 16 de marzo de 2014, anhelantes del Amor inmenso de nuestro Dios de la Biblia, nos acercamos llenos de esperanza a los auditorios y a cuanto lugar estaba disponible para poder recibir el mensaje, que fue transmitido vía internet a todas las naciones de la tierra, expectantes de su obra poderosa en nuestras vidas.
Lleno de la Unción, que es por el Espíritu de Dios, nuestro amado Pastor Ricardo Claure fluía en cántico nuevo. Dulces notas llenas de Poder envolvían el lugar de reunión, y el pueblo quebrantado clamaba por la sublime Presencia de nuestro Amado Señor, que descendió obrando sobrenaturalmente en las vidas, por su Amor y Misericordia.
Con el corazón quebrantado y atento al mensaje que nuestro Dios Eterno tenía preparado para nuestras vidas, y que nos permitió comprender que así como fuimos creados a la imagen y semejanza de nuestro Dios, necesitamos también seguir su ejemplo de Amor. Jesús, siendo Dios perfecto, se hizo hombre, se hizo siervo, se humilló a sí mismo, siendo obediente hasta la muerte de cruz, redimiéndonos así de nuestros pecados e iniquidades por Amor.
Y necesitamos ser llenos del Poder de ese Amor, de su Consuelo y Compasión, para que inundados y transformados por Él, podamos ser instrumentos útiles en sus manos, y otras vidas puedan ser rescatadas. Y sólo venceremos, dejando morir la naturaleza terrenal y pecaminosa que hay en nosotros, heredada del primer Adán, hombre terrenal. Y clamando para ser convertidos en un hombre espiritual, un hombre celestial, un espíritu vivificante, como nuestro Señor del cielo, como el postrer Adán. Para que siendo ciudadanos del Monte de Sion, de su Reino celestial, podamos adorarlo delante de su Trono por toda la eternidad.
Así como fuimos creados a la imagen y semejanza de nuestro Dios de la Biblia, Jesucristo de Nazareth, también es necesario seguir sus pasos de entrega y sacrificio por nosotros. Él siendo Dios, despreció su Deidad, humillándose hasta lo sumo, muriendo en la cruz del calvario para redimirnos de todos nuestros pecados, iniquidades y transgresiones. Y fue así que el Padre le dio un Nombre que es sobre todo nombre, y ahora reina desde su Reino celestial, en el Monte de Sion, en la ciudad del Dios Vivo, al cual anhelamos un día ser dignos de llegar.
Sigamos pues, las pisadas de nuestro Amado Señor Jesús, humillándonos delante de Él, confesando nuestros pecados y entregándole la vida entera, obedeciendo hasta la muerte, inclusive. Así, seremos convertidos, en un abrir y cerrar de ojos en hombres y mujeres celestiales, dignos de estar con Él por toda la eternidad.
Deja que el Espíritu Santo de Dios te lleve por todas las páginas de este librito lleno del Amor del Señor, permitiendo que su dulce voz hable a tu corazón. La noche está avanzada y es necesario ser diligentes cuidado nuestra salvación con temor y temblor.
Para que su iglesia se prepare… para testimonio a las naciones.