Fue una sublime noche en que sedientos de la Ternura y la Misericordia del Señor nos reunimos. De pronto un Cántico nuevo de clamor al Dios Eterno por la vida de nuestros hijos empezó a fluir de los labios de su Siervo, nuestro amado Pastor Ricardo Claure. Para luego seguir con el júbilo y el gozo de su Presencia en medio de su pueblo. Como nuestro amado Pastor manifestaba:
Esta noche ha sido una noche especial. Es una noche especial. Un culto siempre es diferente el uno del otro, y conforme el Señor guía, va llevándose a cabo. No hay un reglamento, no hay un horario para cada cosa, solamente es el Señor el que guía. Y si bien entré a ministrar como el Señor me ha guiado utilizando esta misma melodía, después vino ese tiempo de gozo que se convirtió en una prédica profética, porque al escuchar la “ÓPERA MILITAR”, y ver toda la letra que encierra justamente esta Sinfonía; estábamos recordando todo lo que ha de ser el Armagedón, toda la esencia del ejército del Dios Bendito, acompañando a nuestro Guerrero Libertador, que con Justicia juzga y pelea. Jesús de Nazareth, que vendrá con nosotros a libertar a la humanidad, y especialmente al pueblo de Israel, el pueblo elegido que Él escogió desde la antigüedad, y permanece con sus Promesas, permanece latente la Promesa, porque nuestro Dios es Fiel y Verdadero, y no se olvida de las Promesas que Él ha hecho a su pueblo.
Hay un remanente que ha de ser salvo, y es justamente al cual nosotros con Él vamos a venir a rescatar de las fauces de la bestia y de la segunda bestia, del falso profeta, en su gobierno político-religioso mundial.
Pero también el Señor, en su Amor, nos ha permitido tener una Cena de Amor. Ya en la tarde de hoy, yo le decía en mi interior:
—Señor, no hemos anunciado Cena de Amor; pero cuánto no quisiera tener una Cena de Amor contigo…
Fue un instante, y mientras venía para acá conduciendo, nuevamente vino en mi interior ese deseo, ese anhelo, decir:
—Señor, yo quiero cenar contigo, yo quiero estar frente a Ti… yo quiero abrazarme de Ti…
Y tenía ya de pronto esa certeza. Pero ya cuando llegué; la voz que la tengo tan usada, tan cansada.
Y el Señor haciéndonos recuerdo que en la historia de la antigüedad, los profetas cantaban la Palabra de Dios. El pueblo judío, hoy en día, y especialmente el pueblo judío mesiánico, recuerda con alguna melodía de qué manera los profetas cantaban la Palabra de Dios; no simplemente la hablaban, sino que la cantaban. Y el Señor nos permitió recordar por qué David era considerado el dulce cantor de Israel, o Ezequiel el cantor de amores.
Y ver en nuestro tiempo, al menos para algarabía y al mismo tiempo sorpresa y admiración por mi Dios Admirable, que me permite cantar ininterrumpidamente profecía, Palabra, ministración; como Él quiera hacer. Algo maravilloso.
Pr. Ricardo Claure Peñaloza
PARA QUE SU IGLESIA SE PREPARE… PARA TESTIMONIO A LAS NACIONES.