Dentro de unos días, el 8 de junio, Californication (1999) cumplirá sus veinte años. Vaya… cómo ha pasado el tiempo, ¿verdad, compañeros?
Californication se trata de nada menos que un disco generacional que marcó a millones, durante los últimos coletazos del siglo XX. Un álbum que, para bien o mal, realmente es la definición más pura del momento. Un apogeo. El trono de la droga, los abusos, el desenfreno y el sol en la playa.
Estoy completamente seguro de que a más de uno de nosotros el nombre Californication (o el de RED HOT CHILI PEPPERS) le trae un montón de recuerdos, y hasta una lagrimilla nos saldrá. Por supuesto; aquí tenemos presente a un disco, repito, que marcó a una generación enterita. Un álbum donde encontraríamos lo mejor y lo loco de una de las agrupaciones más interesantes de aquellos años.
Por supuesto, Californication no es ni de asomo lo mejor de los PEPPERS, teniendo en cuenta grandísimos trabajos como Blood Sugar Sex Magik (1991) o Mother’s Milk (1989), merecedores de las máximas puntuaciones. Sin embargo, la californicación es la definición más pura de estos hombres. El cénit. El canto de cisne... antes de apagarse para siempre.
Californication es un disco que nos trae al presente una sensación curiosa en el pecho. Esas melodías relajadas que terminan estallando en riffs más ácidos, o de plano continúan con esos toques bluseros (cortesía del ingenioso Frusciante), hasta convertirse en lo que realmente nos hace valorarlo. Un álbum que muy ingeniosamente se nos presenta como el coletazo final, donde se reunieron la inspiración, las letras más introspectivas y, cómo no, la más alta rotación de los PEPPERS en su historia.
Un álbum triunfante, que se vendió y escuchó a raudales, y más de medio planeta debe tener así sea un recuerdo asociado a este disco. Y eso es lo bonito de Californication. Su valía musical es bastante poca, comparada con lo logrado en anteriores trabajos, pero el jodío CD tiene una magia que no se la quita nadie. La producción, aunque en ciertos puntos se pasa de terrible, te da la sensación de que los tiene tocándote sus temas frente a ti. A cuatro tipos que no sabían, muy seguramente, que veinte años después serían una referencia para la mayoría de nosotros.
El error, claro está, en lo que vino después. Se nos aburguesaron los PEPPERS (bueno, terminaron de hacerlo), y luego tendríamos discos que apenas contenían un pequeñísimo porcentaje de la calidad que estos tipos ofrecieron. Por eso Californication es tan importante: es el “apaga y vámonos”, literalmente, del siglo pasado. Y aún así, lo presentado en este disco se defiende por sí solo.
Parece ser que las sensaciones que evocan este disco es una mezcla de pedantería nostálgica con vivencias que creábamos poco a poco. En la californicación está contenido un pedazo de muchos de nosotros. De ese joven solitario que vive para pasarla bien, que tiene algunos amigos que de vez en cuando lo recuerdan, una novia inconstante y peleona, problemas con los vicios y una cabellera grasienta. Las letras de este disco nos muestran a ese 1999 y los primeros años del 2000 como cuando ya quedábamos en plan “vaya, ya esto está listo”. Una música crítica, íntima, y con unas melodías vocales de esas para tirarse en el sofá como un gato a recordar las series de esos años que no volverán.
Creo yo, que lo apasionante de este disco, más allá del eslabón inédito de súper-ventas, es como se conecta con quien lo oye. Personalmente, los PEPPERS nunca me han parecido virtuosos (eso sí: tremendos músicos), pero con un bajo, una guitarra, una batería y una entrañable voz estos tipos nos hacían la película entera. Recuerdo haber oído hace años Californication, y me daba una gran sensación de independencia. Mi banda sonora. Y lo impresionante era cómo la música esta es una mordida al pasado, donde los protagonistas, envueltos en excesos, se destruían a sí mismos, para luego recordar por qué habían nacido en aquella California que sólo unos cuantos privilegiados contemplaban.
Sin dudas, Californication y todos sus temas (más allá de los espectaculares sencillos, hay que decirlo) son como una gran ola que se alza para arrastrarnos de nuevo al mar. Ese disco que pillamos con los colegas, unas cervezas y nos sentamos a contemplar las bellas damas que caminan frente a nosotros. Las melodías que crean Flea y Frusciante con sus instrumentos de cuerda pulsada son sencillamente delirantes. Algunas veces, esa guitarra del joven John nos dice “oye, ¿te acuerdas de aquella chica que tanto amabas, pero que te dejó cuando menos lo esperabas?”, y sientes que la historia del desilusionado Anthony es como otro reflejo personal. Un álbum donde cuatro hombres, en plan domingo mañanero lloviznoso cerca de la playa, nos resumen la semana con agonía, desespero, fascinación e impresionismo.
Lo más lindo, siempre he sentido, de Californication es que tiene una mezcla de sensaciones que intensifican de plano un ambiente reflexivo y silencio. Por supuesto, en sus toques más ácidos, funkeros y guitarreros la cosa nos pone ya en otro lugar. Sin embargo, aprecio lo creativo y delirante de una propuesta que nos lleva tomados de la mano por un montón de recuerdos de cuatro jóvenes envueltos en las situaciones del día a día. Una banda sonora que quiere entretener, pero que deja siempre esas pequeñas puyitas de reflexión, de silencio en medio de la soledad. Algo que nunca se oyó antes o después.
Esa piscina llena de sangre de menstruación, o de vino muy pesado, es donde nos encontramos con el final de la línea. Por un lado, los PEPPERS fueron una banda bastante innovadora desde que debutaron a mediados de los 80’s, hasta llegados a este punto. Lamentablemente, después de aquí, nos encontramos con una esquemática secuencia de discos que tratan de rescatar la esencia de la californicación, convirtiéndose los RED HOT CHILI PEPPERS en la banda de referencia del Mainstream moderno por largo tiempo. No obstante, un disco de la talla de Californication tiene todos los elementos musicales, líricos y sentimentales como para darnos la sensación de que, quieran o no, nos encontramos con un clásico que es reverenciado por quienes menos crees. Un disco, pareciera (y lo es), de escucha obligada. Y con el que más de mil millones tuvieron aquellas experiencias que, en conjunto, conformación la transformación de esta música en realidades sociales.
Un Anthony Kiedis meditabundo, solitario y con su carismática voz, capaz de transmitir el calor y el frío de una playa en Santa Mónica. Un Chad Smith con sus habituales ritmos Funk, pero con este estilo de pulsación tras pulsación con una calma de vértigo, lanzándonos una ventisca refrescante, pues hasta los platillos suenan como las olas del mar. Un John Frusciante en pleno ardor psicodélico, que avanza en una contraparte más ácida y guitarrera, produciendo solos muy, muy delirantes, haciendo el puente mental entre el alma de disco y nosotros. Y por último, un Flea Balzary y su bajo estridente, siendo muchas veces el espíritu de la californicación, pues tremendo bajista, con mucha elegancia para sacar cada puta nota de un instrumento que de por sí nos hace lanzarnos en la cama, en medio de una discordia y una pelea con nosotros mismos.
Sin dudas, amigos, Californication cumplirá veinte años, y pareciera que no ha pasado tanto, ¿cierto? Pero ahí tendremos himnos como Otherside (mágica, mágica), la homónima Californication (¿quién no se imagina a unos Guardianes de la Bahía en plan relax?), Scar Tissue (ese slide de Frusciante no tiene precio), la inusual Road Trippin’ (de los últimos temas realmente preciosos de los PEPPERS) o la que abre el disco: Around the World. Porque es así, colegas. Un disco que ya es una definición entera de un sentimiento.
Californication anda lejos de sus discos de referencia (leche materna, y sangre-azúcar-sexo-magia), pero, ¿qué más da? Si igual lo oímos y nos babeamos por él. Un álbum que ya vale por sí solo, pero que desgraciadamente traería posteriormente una serie de intentos que sólo atrajeron esa camada de seguidores post-californicación, dejando a los fans de los 80’s y 90’s un poco descontentos. Pero, bah. Por este Californication más de uno vivirá y morirá con esos himnos en la mente, el corazón, el alma y el espíritu.