El uso de la inteligencia artificial en el ámbito laboral ha sido el eje de debate en la sección 'La Hora de los Fósforos' de 'Herrera en COPE'. Durante el programa, Alberto Herrera y varios oyentes y colaboradores han expuesto sus experiencias, desvelando cómo esta tecnología está transformando diversas profesiones. Uno de ellos es Javier, un cocinero que gestiona dos blogs de cocina y que recurre a la IA para documentar la historia de sus recetas.
Javier explica que, tras elaborar y redactar una receta, acude a herramientas de IA como Gemini para preguntar sobre sus orígenes. Recientemente lo hizo con "la receta de las patatas bravas con la salsa auténtica de Madrid". Sin embargo, como cocinero profesional, también señala las frecuentes imprecisiones de la IA, que achaca a "alucinaciones", y que en ocasiones le ofrece datos incorrectos sobre cantidades o procedimientos. "A mí en lo que es la ejecución de la receta no me ayuda, porque yo soy cocinero", admite Javier, aunque valora su ayuda para encontrar "datos curiosos de la historia de las recetas".
A raíz del relato de Javier, el colaborador Goyo Jiménez apuntó un dato relevante: "lo de las patatas bravas tiene telita". Según Jiménez, la paternidad de esta popular tapa se la disputan "tres lugares distintos: Madrid, Barcelona, Granada". Esta afirmación abre la puerta a la compleja historia de uno de los platos más icónicos de España.
Aunque las primeras menciones a las patatas bravas surgen en Madrid a comienzos de los años 40, su demanda no se extendió por todo el territorio nacional hasta la década de los años 70. Si bien la salsa es crucial, el éxito de unas buenas bravas depende también de la técnica de corte, el tipo de fritura y la propia patata. En el corte parece haber consenso: en "dados con un tamaño suficiente para que entren en la boca", como explica Goyo González en 'Herrera en COPE'.
Los métodos de fritura varían: hay quien las fríe una vez, quien las cuece y luego las fríe, e incluso quien prefiere hornearlas. Una técnica habitual es la doble fritura: una primera con aceite caliente pero suave, y una segunda para terminar de dorarlas. Alberto Herrera compartió una técnica más compleja aprendida del chef Heston Blumenthal, que consiste en tres frituras. La primera es a muy baja temperatura (70 °C durante 20 minutos), la segunda a 130 °C y, tras congelarlas para que pierdan toda la humedad, una fritura final a 220 °C.
En cuanto a la auténtica salsa brava, Goyo González ha detallado su receta. Lleva cebolla picada muy fina y pochada, pimentón dulce y picante, y harina para hacer una 'velouté' con caldo de pollo templado. "El espesor nos lo dará la cantidad de caldo que pongamos", especifica, antes de indicar que a los diez minutos se pasa por la batidora y por un colador fino.
La versatilidad de la IA no se limita a la cocina. Ana Belén, profesional sanitaria con un diagnóstico de dislexia, compartió cómo esta tecnología ha supuesto una revolución para ella. Explica que antes le costaba mucho escribir, invirtiendo el sujeto, verbo y predicado, pero ahora la IA le ayuda a corregir sus textos y la motiva a la hora de redactar.
Ana Belén confiesa que antes se sentía incapaz, pero ahora se ve con fuerzas: "Con la inteligencia artificial me veo capaz". Aclara que no le pide a la IA que elabore el texto por ella, sino que la usa como herramienta de corrección, una tarea que antes hacían sus amigos y compañeros. "La inteligencia artificial me ha dado la vida a nivel de profesional", sentenció emocionada.
La eficiencia y el ahorro de costes son otros de los grandes beneficios. Juan, que ha iniciado recientemente una nueva actividad empresarial, explica cómo usa la IA para obtener un resumen y los datos clave de los informes geotécnicos que le facilitan sus clientes. Esto le permite hacer un primer análisis sin necesidad de contratar a un técnico especialista para esa labor concreta, aunque matiza que para la ejecución final del proyecto, "alguien al final tiene que firmar".
Para Nicolás, representante comercial, la IA fue la solución a un problema de comunicación. Tras tres días intentando explicar sin éxito a su fábrica la idea de estampado de un cliente, recurrió a la inteligencia artificial. "Le di un poco las pautas, le di todo lo que quería, el estampado, el dibujo y las dimensiones", y aunque le costó un poco, la IA "consiguió entender lo que no consiguieron entender en su fábrica".
Los sectores creativos y de servicios también se están transformando. Manuel, fotógrafo profesional especializado en reportaje social, califica la IA como una herramienta increíble para su trabajo. Utiliza la versión de pago de la IA de Photoshop para seleccionar fotografías en reportajes de hasta 7000 imágenes, una tarea que antes le suponía horas de trabajo manual "mirando una por una, para quitar ojo cerrado, quitar gestos".
A pesar de los temores en su profesión de que la IA acabaría con su trabajo, Manuel opina todo lo contrario, al menos en la fotografía social. Sostiene que la tecnología es una gran ayuda, pero que no puede sustituir el factor humano en momentos clave. "La inteligencia artificial no va a entrar en una iglesia a hacer una fotografía de los novios", afirma con rotundidad, considerándola una ventaja profesional para quien aprende a usarla.
Sin embargo, la implantación de la IA también presenta sombras. Ángel, comercial de maquinaria agrícola, cuenta cómo sus clientes llegan a menudo mal informados por la IA, tras haber investigado sobre una máquina que no es la adecuada para ellos. Ángel aprovecha la situación: "La has comprado, te has gastado más dinero de lo necesario, pero, bueno, yo me aprovecho de eso", bromea, culpando a la IA de la mala decisión del cliente.