El viaje del papa León XIV a España concluye, pero sus mensajes y gestos perduran más allá de las cifras de asistencia o los kilómetros recorridos.
Tras su paso por Madrid, Cataluña y Canarias, queda una hoja de ruta marcada por conceptos como la unidad, la acogida y la fe.
Esta reflexión se desprende del séptimo episodio del podcast 'El Papa en España. Diario de un viaje', producido por COPE, que profundiza en el legado de una visita con un fuerte componente social e institucional.
La agenda de León XIV ha sido equilibrada, combinando un perfil institucional de primer nivel con encuentros pastorales multitudinarios. En un contexto internacional convulso, el pontífice ha tomado una posición clara en asuntos como la guerra y la crisis migratoria, contraria a la del presidente de Estados Unidos, Donald Trump. Considerado un contrapeso moral, ha abordado también problemas actuales como la salud mental en su vigilia con jóvenes en Barcelona y el mundo digital en Madrid.
Uno de los momentos más significativos de la visita ha sido su discurso en el Congreso de los Diputados, calificado por muchas voces como un ejercicio de "laicidad positiva" o "laicidad abierta". Según el análisis de José Luis Restán, presidente de Ábside Media, el Papa defendió una separación entre la esfera política y la religiosa que no implica contraposición. Restán subraya que "la política, si es inteligente, escucha a todas las realidades que están presentes en la vida civil", y sería "ridículo" negar que la Iglesia católica tiene una palabra que decir en España."
El pontífice no pronunció un sermón, sino que argumentó "sobre los asuntos de interés común" invocando la "recta razón" y no la revelación cristiana. Su insistencia en palabras como "unidad", "reconciliación" y "comunión" responde a su oficio como sucesor de San Pedro y garante de la unidad. En un momento de "evidentes divisiones" en la Iglesia, León XIV busca "coser esa unidad en torno al núcleo esencial de la fe", afirma Restán.
Este mensaje de unidad fue dirigido de forma especial a los obispos españoles, a quienes recordó que "sin comunión, no hay misión". Para el Papa, la unidad es la "fuerza de la misión", y sin ella, las iniciativas se convierten en meros "esfuerzos de francotiradores". Les pidió también estar atentos a la "nueva sed de fe" que percibe no solo en los jóvenes, sino en muchos adultos que se acercan por primera vez o retoman el camino de la fe.
La preocupación del Papa por los migrantes ha sido una constante en su viaje, con actos significativos en el CEDIA de Cáritas Madrid, la iglesia de San Agustín en el Raval (Barcelona), el muelle de Arguineguín y el centro Raíces en Tenerife. Estos gestos han subrayado la dignidad humana y la importancia de la acogida en una sociedad individualista. Para León XIV, la caridad "no es un añadido ni es algo optativo", sino una dimensión esencial de la vida cristiana.
El Papa ha querido mostrar "realidades vivas de iglesia" que responden con inteligencia y eficacia a esta problemática. En el marco de su encíclica 'Magnifica Humanitas', ha hecho un llamamiento a la comunidad cristiana a "tejer redes, a tejer solidaridad, a tejer comunión" para curar las heridas de una "sociedad de la eficiencia" y devolver la esperanza a los más vulnerables.
Más allá de los actos multitudinarios, el Papa ha dejado deberes concretos. A los jóvenes les ha pedido ser fieles al "deseo de verdad, de justicia, de felicidad" que sienten en su corazón, y a la Iglesia, saber "acompañar sin avasallar". José Luis Restán destaca que el pontífice ha mostrado un "físico envidiable" y un "rostro muy luminoso" a pesar de una agenda "demencial", revelándose como un "constructor de puentes" atento y sereno.
La principal encomienda para la Iglesia en España es que su "riquísimo patrimonio de historia, de santidad, de obras" no se convierta "en un museo, sino que sea una fuente viva de la que seguir bebiendo hoy". Esto implica, según el Papa, no vivir de las rentas de un "pasado glorioso", sino "iniciar de nuevo" para que la fe sea como "agua que corre, no como agua estancada". En definitiva, ser una Iglesia viva que ilumina los problemas del mundo actual.