La crisis en Oriente Medio y su impacto en el precio de la energía han vuelto a encender las alarmas en la economía europea. Con una inflación que ya supera el 3%, el temor a un escenario de estanflación —alta inflación combinada con estancamiento económico y paro— se ha convertido en un tema central. Para analizar este fenómeno, el programa 'La Linterna' de COPE, en sus 'Clases de Economía' con el periodista económico Iván Alonso, ha contado con la intervención de José Emilio Boscá, catedrático de Economía en la Universidad de Valencia e investigador de FEDEA.
La estanflación es, según Boscá, "uno de los tipos de crisis más angustiosos" porque combina dos de los peores escenarios económicos: la inflación y el estancamiento. Por un lado, la subida de precios golpea directamente la cesta de la compra y, aunque se recupere poder adquisitivo con el tiempo, "inevitablemente lo pierde durante algún tiempo". Por otro, genera una caída del crecimiento económico, crecimientos negativos y, en consecuencia, un aumento del desempleo.
El principal problema de la estanflación es su difícil solución para la política monetaria. Como explica el economista, las herramientas de un banco central son limitadas y contraproducentes en este contexto. "Si, por ejemplo, un banco central intenta reactivar el empleo y el PIB, lo tiene que hacer bajando tipos de interés, pero esto genera más inflación", mientras que si intenta controlar la inflación subiendo los tipos, "reduce más la actividad". Esta disyuntiva obliga a buscar soluciones más allá de la política monetaria tradicional.
En un contexto de estanflación, los principales perjudicados son "todos aquellos que tienen rentas negociadas, salarios que no pueden cambiar durante algún tiempo", afirma Boscá. Cuando la inflación sube por encima de lo esperado, "erosiona la capacidad de compra" de los asalariados. El economista recuerda la crisis de Ucrania, cuando la inflación llegó a rondar el 12%, lo que provocó una "pérdida importante de poder adquisitivo en la mayoría de los trabajadores", un escenario donde la inflación actúa como un impuesto para los más pobres.
Esta situación, además, generó un "diferente tratamiento, pues de los pensionistas y los trabajadores", ya que los primeros mantuvieron su poder adquisitivo al estar sus pensiones indicadas, mientras que los segundos lo vieron mermado. No obstante, Boscá señala que en un escenario de alta inflación también hay ganadores: los deudores. "Si te acaban subiendo el salario porque sube la inflación, como tus deudas están en términos nominales, no cambian, pues acabas pagando en realidad menos". Esto también aplica al sector público, cuya deuda pública puede reducirse en términos de ratio sobre el PIB.
A pesar de la creciente preocupación, Boscá considera que calificar el riesgo de estanflación como inminente es "un poco exagerado de momento". Sin embargo, advierte que el tiempo corre en contra y que la situación geopolítica es clave. Si no se normalizan los flujos de combustible en el estrecho de Ormuz antes del verano, "sí que hay un riesgo muy muy importante", ya que Europa sigue siendo muy dependiente de conflictos mundiales para su energía.
De hecho, el economista subraya que muchos expertos en energía creen que una prolongación del conflicto podría suponer el "choque energético más grande que hayamos sufrido", comparable a las crisis del petróleo de los años 70. Ante este escenario, todo apunta a que el Banco Central Europeo podría acometer una subida de tipos de interés en junio para tratar de contener la inflación.
Finalmente, Boscá destaca el carácter "muy transversal" del impacto de un shock energético. Afecta primero a los sectores que usan energía de forma intensiva, pero acaba por extenderse a "toda la economía" a través de las cadenas productivas, desde la industria hasta los servicios, afectando con mayor dureza a las empresas financieramente más débiles.