Cien años después de su muerte, un Papa desciende por primera vez a la cripta de la Sagrada Familia para rezar ante la tumba de Antoni Gaudí. El gesto de León XIV se produce en el marco de su visita a Barcelona para bendecir la torre de Jesús, la más alta del templo, y es interpretado como un paso decisivo en la causa de beatificación del arquitecto.
Este análisis forma parte del contenido que ofrece COPE en el quinto episodio de su daily especial 'El Papa en España. Diario de un viaje', titulado 'Un santo llamado Gaudí'.
El 10 de junio de 1926, el arquitecto catalán moría en el Hospital de la Santa Cruz tras ser atropellado por un tranvía. Un siglo después, la visita del Pontífice a su tumba, a 10 metros bajo el suelo del templo que él diseñó, no es un mero acto protocolario, sino un mensaje en sí mismo que alimenta la pregunta sobre la posible santidad del genio de Reus.
Para entender la figura de Gaudí es necesario conocer sus orígenes humildes. Según la arquitecta y experta Chiara Curti, su familia atravesó una dura crisis económica por la plaga de la filoxera, lo que dificultó sus inicios. "Gaudí tarda un año en venir a Barcelona, porque no pueden mantener dos hijos estudiando fuera", explica Curti, quien añade que tuvo que "trabajar para todos los arquitectos más famosos para darse a conocer, porque él no es de aquí, él no es de una familia importante", a diferencia de sus contemporáneos.
Más allá de su conocido legado artístico, con obras como la Sagrada Familia, la Casa Batlló o el Parque Güell, emerge un Gaudí humano y cercano. Se preocupaba por sus obreros, a quienes animaba a casarse, siendo padrino en muchas de sus bodas. Concebía el templo como un hogar para los más necesitados, organizando visitas y meriendas para niños huérfanos y talleres, para que sintieran la catedral como suya.
El proceso para que Gaudí sea reconocido como santo está en una fase avanzada. El Vaticano ya estudia la 'positio', un documento confidencial de más de 2.000 páginas que analiza si el arquitecto vivió las virtudes cristianas de forma heroica. Este dosier, cuyo contenido permanecerá reservado durante 50 años, es el paso previo para que un siervo de Dios (título que Gaudí ostenta desde el año 2000) sea declarado venerable.
Una semana antes de su muerte, el papa Francisco aprobó la práctica heroica de las virtudes de Gaudí, declarándolo venerable y autorizando el inicio del proceso de beatificación. Sin embargo, para que este se complete, es imprescindible acreditar un milagro, un hecho científicamente inexplicable atribuido a su intercesión.
La Iglesia exige que un milagro sea una curación de una enfermedad grave que resulte repentina, completa y duradera en el tiempo. A lo largo de los años se han estudiado decenas de "signos de fama" atribuidos a Gaudí. José Manuel Almuzara, arquitecto y promotor de la causa desde hace más de 30 años, conoce bien el caso de Sandro Rondena, un arquitecto italiano con un cáncer muy agresivo que experimentó una curación que los oncólogos consideraron "inexplicable científicamente", pero que no fue definitiva al reaparecer el cáncer años después.
Actualmente, las esperanzas están puestas en el caso de un niño que nació con tetralogía de Fallot, una cardiopatía grave. Los médicos aconsejaron a los padres interrumpir el embarazo, pero ellos decidieron seguir adelante. Tras una operación de diez horas que salió mal, el equipo médico admitió que solo quedaba la oración. "No nos queda más que rezar, la operación ha ido mal, no nos queda más que rezar", comunicó el cirujano a la familia.
La abuela del niño, que recibía tratamiento oncológico en el Hospital de San Pablo, acudía a rezar a la cripta de la Sagrada Familia. Allí, compartió la historia de su nieto, y toda la comunidad pastoral comenzó a orar pidiendo la intercesión de Gaudí por la salud del pequeño. Según Josep María Blanquet, responsable de las causas de los santos en la archidiócesis de Barcelona, el milagro se sitúa "en el momento de la operación", cuando los médicos se ven superados.
Hoy, el niño "será un deportista, se ve fuerte, valiente", afirma Blanquet. La documentación del caso, de más de 500 páginas, ya está en Roma para su estudio. Si el equipo médico del Vaticano considera que hubo una intervención extraordinaria, Gaudí podría ser beatificado en diciembre de 2026, coincidiendo con el centenario de su funeral.
Para expertos como José Manuel Almuzara, la visita del Papa a la tumba es la confirmación definitiva. "Que baje el Papa a donde está enterrado Gaudí, para mí es como un signo de que realmente Gaudí es santo", asegura emocionado. Un gesto que, para muchos, certifica que el "arquitecto de Dios" está a un solo paso de los altares.