Las alergias alimentarias son mucho más que mirar una etiqueta. Implican excursiones, cumpleaños y comedores escolares donde un error puede ser fatal.
Bajo el lema Cada minuto cuenta, la Asociación Española de Personas con Alergia a Alimentos y Látex (AEPNAA) ha impulsado un manifiesto que exige una normativa común en toda España para que los colegios sepan prevenir y actuar ante una anafilaxia.
Piden protocolos claros, profesores formados y coordinación entre sanidad y educación.
Para abordar esta problemática, Pilar García Muñiz ha entrevistado a Amapola Munuera, farmacéutica, madre de un niño multialérgico de 6 años y socia de AEPNAA.
Su hijo Ismael fue diagnosticado con menos de 18 meses tras una fuerte reacción al huevo y posteriormente al yogur.
Gracias a sus conocimientos, supo cómo actuar, un factor que no siempre está presente y que evidencia la necesidad de formación.
El principal peligro de una reacción alérgica grave es la anafilaxia, que puede ocurrir en cualquier momento y de forma impredecible.
Amapola Munuera advierte de que "la anafilaxia que te lleva la vida en pocos minutos, pues es una, es algo que sucede en cascada, y cuanto antes apliques esa medicación de rescate, que es una adrenalina intramuscular, más posibilidades tienes de que ese niño no se muera".
La medicación de rescate es un autoinyector de adrenalina que, según explica Munuera, es de uso obligatorio para los alérgicos.
Su aplicación es sencilla: se aplica en la cara exterior del muslo, nunca en el corazón como en algunas películas.
Tras oír un clic, se mantiene de 3 a 10 segundos y se masajea la zona.
Inmediatamente después, se debe llamar a urgencias e informar de la anafilaxia, y acudir a un hospital para un periodo de observación de 4 a 6 horas.
Munuera insiste en que, ante la duda, siempre es mejor administrar la adrenalina. "Es un medicamento muy seguro" y la descarga es similar a la que experimenta un niño en una montaña rusa, pero puede salvarle la vida.
Amapola Munuera denuncia la situación de desprotección en España. "No hay un protocolo en los colegios, no nos hemos puesto con esto porque vamos a la cola de Europa en legislarlo", afirma.
Señala el caso de Canadá, que legisló en 2003 tras la muerte de una niña y cuyo protocolo, que funciona desde hace 20 años, es el modelo que pide la asociación.
En España, según Munuera, "se confunde lo que es una alergia alimentaria con una intolerancia alimentaria" y no hay concienciación.
"Una alergia alimentaria para la mayor parte de la gente sigue siendo unos mocos en primavera", lamenta.
Esta confusión puede tener consecuencias fatales, como el caso de una niña de 5 años que falleció en Baleares en 2019 tras consumir un helado sin lactosa, pero con proteína de leche, a la que era alérgica.
La realidad es que la seguridad de los niños depende de la "sensibilidad del centro", cuando debería ser una obligación.
Munuera señala que tener menús adaptados en los colegios "es la excepción, la realidad es que no es lo habitual".
El problema fundamental es la falta de un protocolo de actuación unificado para cuando se produce un fallo, que suele ser humano.
Los profesores, por su parte, a menudo no tienen formación y temen asumir la responsabilidad.
La solución, según AEPNAA, pasa por una formación anual para toda la comunidad educativa, desde docentes hasta conductores de autobús o personal de comedor, como se hace en otros países.
La situación es una "crisis de salud pública" que va en aumento.
Actualmente, la incidencia de alergias en la población pediátrica (menores de 14 años) es de un 8%, lo que equivale a uno de cada 12 niños. Pero las predicciones son aún más preocupantes.
"Las previsiones para 2050 son aterradoras", advierte Munuera.
Citando a la Organización Mundial de la Alergia, asegura que para ese año, una de cada dos personas sufrirá alguna enfermedad alérgica, y la incidencia de la alergia alimentaria aumentará "muchísimo" en los próximos 20 años.