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En medio de la Pascua, en su ecuador, nos adentramos en una fiesta muy especial. Hoy celebramos a Santa Catalina de Siena. Nace en el año 1347 en Siena (Italia). De su padre hereda la caridad, la dulzura y la sencillez. De su madre aprende la fortaleza y la perseverancia en cuanto emprendía. En su niñez tiene una fuerte experiencia de Dios, y opta por la consagración al Señor.
Tras un tiempo de abandono espiritual, retorna a la Fe. Perteneciente a la Tercera Orden Dominica, con la impronta de Santo Domingo de Guzmán, desde este momento se acrecienta su vida interior. Esta profundidad se plasmó en sus escritos.
Y tanto sus publicaciones como su vida, orientaron a muchas personas. Por ejemplo, le tocó vivir el periodo histórico del Cisma de Avignón. En este momento los Pontífice se marcharon de la Ciudad Eterna y se fueron a ese lugar francés por un acercamiento a la Monarquía de Las Galias. La Santa alentó a los Pontífices a volver a Roma durante el llamado por todos “Destierro de Avignón.
También contribuyó a la renovación de la vida religiosa. Siempre ofreció cuantos sufrimientos y avatares le tocaron, por la Iglesia y por la salvación de la humanidad. Santa Catalina de Siena muere prematuramente, en el año 1380 y es declarada Co-Patrona de Europa.
En aquellos días, los que se habían dispersado a causa de la persecución provocada por lo de Esteban llegaron hasta Fenicia, Chipre y Antioquía, sin anunciar la palabra más que a los judíos. Pero algunos, naturales de Chipre y de Cirene, al llegar a Antioquía, comenzaron a hablar también a los griegos, anunciándoles la Buena Nueva del Señor Jesús. Como la mano del Señor estaba con ellos, gran número creyó y se convirtió.
La noticia llegó a oídos de la Iglesia de Jerusalén, y enviaron a Bernabé a Antioquía. Al llegar y ver la acción de la gracia de Dios, se alegró y exhortaba a todos a permanecer fieles al Señor con todo empeño, porque era un hombre bueno, lleno de Espíritu Santo y de fe. Y una multitud considerable se adhirió al Señor.
Bernabé salió para Tarso en busca de Saulo; cuando lo encontró, se lo llevó a Antioquía. Durante todo un año estuvieron juntos en aquella Iglesia e instruyeron a muchos. Fue en Antioquía donde por primera vez los discípulos fueron llamados cristianos.
Él la ha cimentado sobre el monte santo;
y el Señor prefiere las puertas de Sión
a todas las moradas de Jacob.
¡Qué pregón tan glorioso para ti,
ciudad de Dios! R/.
«Contaré a Egipto y a Babilonia
entre mis fieles;
filisteos, tirios y etíopes
han nacido allí».
Se dirá de Sión: «Uno por uno
todos han nacido en ella;
el Altísimo en persona la ha fundado». R/.
El Señor escribirá en el registro de los pueblos:
«Éste ha nacido allí».
Y cantarán mientras danzan:
«Todas mis fuentes están en ti». R/.
Se celebraba en Jerusalén la fiesta de la Dedicación del templo. Era invierno, y Jesús se paseaba por el templo, en el pórtico de Salomón. Los judíos lo rodearon y le preguntaban: «¿Hasta cuándo nos vas a tener en suspenso? Si tú eres el Mesías, dínoslo francamente».
Jesús les respondió: «Os lo he dicho, y no creéis; las obras que yo hago en nombre de mi Padre dan testimonio de mí. Pero vosotros no creéis, porque no sois de mis ovejas. Mis ovejas escuchan mi voz, yo las conozco y ellas me siguen, y yo les doy la vida eterna; no perecerán para siempre, y nadie las arrebatará de mi mano.
Lo que mi Padre me ha dado es más que todas las cosas, y nadie puede arrebatar nada de la mano de mi Padre. Yo y el Padre somos uno».
El Santoral de esta jornada nos lleva desde Francia hasta la otra parte del mundo, en el Novísimo Continente. Hoy celebramos a San Pedro Chanel. Nace en un pueblecito francés, de la Diócesis de Lyón, llamado Cuet en 1803. Su familia era muy humilde. Trabajaba en el campo. De ellos había recibido su sensibilidad religiosa.
Con 15 años, hace la Primera Comunión, ingresando poco después en el Seminario. Cuando ya está en los últimos momentos de formación, un profesor suyo marcha a misiones con otros compañeros.
Él también intenta ir a América con todo el grupo, pero le obligan a culminar la Filosofía y demás estudios. La Providencia le tenía preparada la tarea misionera, pero no en el Continente Americano precisamente.
Tras ordenarse sacerdote, pide permiso al Obispo para que le deje ir a misiones, ideal que llevará a cabo algún tiempo después, desembarcando en La Polinesia. Para conseguir esto se había unido a un grupo de misioneros de la Sociedad de María, los Religiosos Maristas. Como no conocían el cristianismo, Chanel se encargará de extender la Fe.
Su labor es admirable a pesar de que el Emperador mande vigilar y exterminar a los cristianos. Uno de los secuaces del Gobernante pone en práctica la normativa con el Santo. Por eso, San Pedro Chanel será uno de los que caiga en esta persecución, siendo asesinado en el año 1841. Es el Patrono de Oceanía.
En aquellos días, los apóstoles y los hermanos de Judea se enteraron de que también los gentiles habían recibido la palabra de Dios. Cuando Pedro subió a Jerusalén, los de la circuncisión le reprocharon: «Has entrado en casa de incircuncisos y has comido con ellos». Pedro entonces comenzó a exponerles los hechos por su orden, diciendo: «Estaba yo orando en la ciudad de Jafa, cuando tuve en éxtasis una visión: una especie de recipiente que bajaba, semejante a un gran lienzo descolgado del cielo por los cuatro extremos hasta donde yo estaba. Miré dentro y vi cuadrúpedos de la tierra, fieras, reptiles y pájaros del cielo.
Luego oí una voz que me decía: "Levántate, Pedro, mata y come". Yo respondí: "De ningún modo, Señor, pues nunca entró en mi boca cosa profana o impura". Pero la voz del cielo habló de nuevo: "Lo que Dios ha purificado, tú no lo consideres profano". Esto sucedió hasta tres veces, y todo fue subido de nuevo al cielo. En aquel preciso momento llegaron a la casa tres hombres enviados desde Cesarea en busca mía. El Espíritu me dijo que fuera con ellos sin dudar; me acompañaron seis hermanos y entramos en casa de aquel hombre.
Él nos contó que había visto en su casa a un ángel que le decía: "Manda recado a Jafa y haz venir a Simón, llamado Pedro; él te dirá palabras que traerán la salvación a ti y a tu casa". En cuanto empecé a hablar, bajó sobre ellos el Espíritu Santo, igual que sobre nosotros al principio; entonces recordé lo que el Señor había dicho: "Juan bautizó con agua, pero vosotros seréis bautizados con Espíritu Santo". Pues, si Dios les ha dado el mismo don que a nosotros por haber creído en el Señor Jesucristo, ¿quién era yo para oponerme a Dios?».
Oyendo esto, se calmaron y alabaron a Dios diciendo: «Así pues, también a los gentiles les ha otorgado Dios la conversión que lleva a la vida».
Como busca la cierva corrientes de agua,
así mi alma te busca a ti, Dios mío;
mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo:
¿cuándo entraré a ver el rostro de Dios? R/.
Envía tu luz y tu verdad:
que ellas me guíen
y me conduzcan hasta tu monte santo,
hasta tu morada. R/.
Me acercaré al altar de Dios,
al Dios de mi alegría,
y te daré gracias al son de la cítara,
Dios, Dios mío. R/.
En aquel tiempo, dijo Jesús: «En verdad, en verdad os digo: el que no entra por la puerta en el aprisco de las ovejas, sino que salta por otra parte, ese es ladrón y bandido; pero el que entra por la puerta es pastor de las ovejas. A este le abre el guarda y las ovejas atienden a su voz, y él va llamando por el nombre a sus ovejas y las saca fuera. Cuando ha sacado todas las suyas camina delante de ellas, y las ovejas lo siguen, porque conocen su voz: a un extraño no lo seguirán, sino que huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños».
Jesús les puso esta comparación, pero ellos no entendieron de qué les hablaba. Por eso añadió Jesús: «En verdad, en verdad os digo: yo soy la puerta de las ovejas. Todos los que han venido antes de mí son ladrones y bandidos; pero las ovejas no los escucharon.
Yo soy la puerta: quien entre por mí se salvará y podrá entrar y salir, y encontrará pastos.
El ladrón no entra sino para robar y matar y hacer estragos; yo he venido para que tengan vida y la tengan abundante».
La Reina del Cielo se hace presente en este enclave del Tiempo Pascual. Hoy celebramos La Virgen de Montserrat. Su Nombre deriva del francés y significa “Monte aserrado”. Sus datos nos llevan hasta el siglo IX. Por entonces unos pastores vieron una Luz en esa montaña. Iba acompañada de una música muy sobrenatural.
Esto les hizo avisar a las autoridades religiosas que organizaron una marcha hasta el lugar. Allí encontraron una Imagen de la Virgen con el Niño Jesús. Entonces decidieron llevarla a Manresa. Pero cuando intentaban moverla la Figura se tornaba muy pesada y era casi imposible trasladarla. Es como comprendieron que la Señor quería estar ahí.
Por eso le levantaron el el sitio la Iglesia que cristalizaría en la actual Basílica. Su culto se ha prolongado hasta nuestros días. Fue el Papa León XIII el que le concedió la Coronación Canónica, nombrándole Patrona de Cataluña. Esta Imagen Románica, representa a la Virgen, que tiene al Niño en sus rodillas con la actitud de bendecir a cuantos se acerquen.
El nombre de “Moreneta”, viene del humo de las muchas velas que le encienden los creyentes para implorar su protección. Reyes, nobles y otras personalidades se han acercado hasta la Virgen de Montserrat, cuyo culto fue extendido también en el Nuevo Mundo. Está al cuidado de los Monjes Benedictinos que viven dentro del Monasterio, en ese entorno.
En aquel tiempo, el día de Pentecostés, Pedro, poniéndose en pie junto a los Once, levantó su voz y declaró: «Con toda seguridad conozca toda la casa de Israel que al mismo Jesús, a quien vosotros crucificasteis, Dios lo ha constituido Señor y Mesías».
Al oír esto, se les traspasó el corazón, y preguntaron a Pedro y a los demás apóstoles: «¿Qué tenemos que hacer, hermanos?». Pedro les contestó: «Convertíos y sea bautizado cada uno de vosotros en el nombre de Jesús, el Mesías, para perdón de vuestros pecados, y recibiréis el don del Espíritu Santo. Porque la promesa vale para vosotros y para vuestros hijos, y para los que están lejos, para cuantos llamare a sí el Señor Dios nuestro».
Con estas y otras muchas razones dio testimonio y los exhortaba diciendo: «Salvaos de esta generación perversa». Los que aceptaron sus palabras se bautizaron, y aquel día fueron agregadas unas tres mil personas.
El Señor es mi pastor, nada me falta:
en verdes praderas me hace recostar;
me conduce hacia fuentes tranquilas
y repara mis fuerzas. R/.
Me guía por el sendero justo,
por el honor de su nombre.
Aunque camine por cañadas oscuras,
nada temo, porque tú vas conmigo:
tu vara y tu cayado me sosiegan. R/.
Preparas una mesa ante mi,
enfrente de mis enemigos;
me unges la cabeza con perfume,
y mi copa rebosa. R/.
Tu bondad y tu misericordia me acompañan
todos los días de mi vida,
y habitaré en la casa del Señor
por años sin término. R/.
Queridos hermanos:
Que aguantéis cuando sufrís por hacer el bien, eso es una gracia de parte de Dios. Pues para esto habéis sido llamados, porque también Cristo padeció por vosotros, dejándoos un ejemplo para que sigáis sus huellas. Él no cometió pecado ni encontraron engaño en su boca.
Él no devolvía el insulto cuando lo insultaban; sufriendo no profería amenazas, sino que se entregaba al que juzga rectamente. Él llevó nuestros pecados en su cuerpo hasta el leño, para que, muertos a los pecados, vivamos para la justicia. Con sus heridas fuisteis curados.
Pues andabais errantes como ovejas, pero ahora os habéis convertido al pastor y guardián de vuestras almas.
En aquel tiempo, dijo Jesús: «En verdad, en verdad os digo: el que no entra por la puerta en el aprisco de las ovejas, sino que salta por otra parte, ese es ladrón y bandido; pero el que entra por la puerta es pastor de las ovejas. A este le abre el guarda y las ovejas atienden a su voz, y él va llamando por el nombre a sus ovejas y las saca fuera. Cuando ha sacado todas las suyas camina delante de ellas, y las ovejas lo siguen, porque conocen su voz; a un extraño no lo seguirán, sino que huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños».
Jesús les puso esta comparación, pero ellos no entendieron de qué les hablaba. Por eso añadió: «En verdad, en verdad os digo: yo soy la puerta de las ovejas. Todos los que han venido antes de mí son ladrones y bandidos; pero las ovejas no los escucharon.
Yo soy la puerta: quien entre por mí se salvará y podrá entrar y salir, y encontrará pastos. El ladrón no entra sino para robar y matar y hacer estragos; yo he venido para que tengan vida y la tengan abundante».
Nos adentramos en una Celebración que hunde sus raíces en el Antiguo Testamento. Hoy es IV Domingo de Pascua, también conocido como Domingo del Buen Pastor. Este día nos lleva a las páginas más remotas de la Sagrada Escritura. Abel era pastor.
Lo mismo pasaba con Abraham cuando el Señor le llamó de su tierra de Ur de los Caldeos. Y así podríamos recorrer la vida de Jacob, José, Moisés y del rey David en sus orígenes, además de los Profetas y otros patriarcas de la Antigua Alianza.
Precisamente en el Evangelio que se proclama esta jornada, alude a esto. Jesús, en el Pasaje evangélico, consuela a la gente necesitada que sufre y se muestra como El Buen Pastor que va por delante de las ovejas y da la vida por ellas. Cristo es la Única Puerta por la que se puede acceder al Cielo. Conoce a cada una de las ovejas por su nombre y ellas le siguen.
Los primeros cristianos toman muy en serio y con Fe este Símbolo. De hecho, en las catacumbas hay muchas pinturas y frescos que aluden a un joven que lleva cargada sobre los hombros la oveja que se le ha escapado.
Jesucristo muestra su preocupación por otras ovejas que no son de este redil y alas que tiene por misión que entren por los Pastos de la Vida. La Iglesia quiso vivir esta jornada en clave del Resurrección. Por eso la introdujo en pleno Tiempo Pascual. Y en este Domingo celebramos también la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones y las Vocaciones Nativas.
Queridos hermanos:
Revestíos todos de la humildad en el trato mutuo, porque Dios resiste a los soberbios, mas da su gracia a los humildes. Así pues, sed humildes bajo la poderosa mano de Dios, para que él os ensalce en su momento. Descargad en él todo vuestro agobio, porque él cuida de vosotros.
Sed sobrios, velad. Vuestro adversario, el diablo, como león rugiente, ronda buscando a quién devorar. Resistidle, firmes en la fe, sabiendo que vuestra comunidad fraternal en el mundo entero está pasando por los mismos sufrimientos. Y el Dios de toda gracia que os ha llamado a su eterna gloria en Cristo Jesús, después de sufrir un poco, él mismo os restablecerá, os afianzará, os robustecerá y os consolidará. Suyo es el poder por los siglos. Amén.
Os he escrito brevemente por medio de Silvano, al que tengo por hermano fiel, para exhortaros y para daros testimonio de que esta es la verdadera gracia de Dios. Manteneos firmes en ella. Os saluda la comunidad que en Babilonia comparte vuestra misma elección, y también Marcos, mi hijo. Saludaos unos a otros con el beso del amor.
Paz a todos vosotros, los que vivís en Cristo.
Cantaré eternamente las misericordias del Señor,
anunciaré tu fidelidad por todas las edades.
Porque dije: «La misericordia es un edificio eterno»,
más que el cielo has afianzado tu fidelidad. R/.
El cielo proclama tus maravillas, Señor,
y tu fidelidad en la asamblea de los santos.
¿Quién sobre las nubes se compara a Dios?
¿Quién como el Señor entre los seres divinos? R/.
Dichoso el pueblo que sabe aclamarte:
caminará, oh, Señor, a la luz de tu rostro;
tu nombre es su gozo cada día,
tu justicia es su orgullo. R/.
En aquel tiempo, se apareció Jesús a los once y les dijo: «Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación. El que crea y sea bautizado se salvará; el que no crea será condenado. A los que crean, les acompañarán estos signos: echarán demonios en mi nombre, hablarán lenguas nuevas, cogerán serpientes en sus manos y, si beben un veneno mortal, no les hará daño. Impondrán las manos a los enfermos, y quedarán sanos».
Después de hablarles, el Señor Jesús fue llevado al cielo y se sentó a la derecha de Dios. Ellos se fueron a predicar el Evangelio por todas partes, y el Señor cooperaba confirmando la palabra con las señales que los acompañaban.
La Primitiva Comunidad Cristiana vivió con fuerza el mensaje Pascual para transmitirlo a los fieles. Hoy celebramos a San Marcos, uno de los discípulos de Cristo y unidos a la Iglesia Naciente. Juan, de sobrenombre Marcos, es oriundo de Jerusalén. Procede de familia acomodada. Se cuenta que su madre acogía en su casa el encuentro de los Primitivos Cristianos.
El Libro de los Hechos de los Apóstoles es el que nos da noticias de él y nos le presenta acompañando a Pablo en sus viajes a Antioquía y a Roma. Posteriormente se separaría de ellos, regresando a Perga. Después de un tiempo de ruptura, vuelve a acompañar al Apóstol de los gentiles en sus viajes misioneros.
Discípulo de San Pedro, es el autor del segundo Evangelio Canónico, el primero de los que se escribió. También se cree que le era el muchacho joven envuelto en una sábana que siguió a los soldados del Templo cuando llevaban a Cristo al Sanedrín después de haberle prendido en el Huerto de Getsemaní.
Como los discípulos de la Primitiva Comunidad Cristiana, según cuenta la Tradición, San Marcos muere mártir en torno al año 68, al confesar su celo por el Reino de Dios y su justicia. Se le representa con un león porque comienza el Evangelio con la predicación del Bautista en el desierto donde Cristo ayunará después. De hecho se considera que es como el rugido de este animal.
En aquellos días, Saulo, respirando todavía amenazas de muerte contra los discípulos del Señor, se presentó al sumo sacerdote y le pidió cartas para las sinagogas de Damasco, autorizándolo a traerse encadenados a Jerusalén a los que descubriese que pertenecían al Camino, hombres y mujeres.
Mientras caminaba, cuando ya estaba cerca de Damasco, de repente una luz celestial lo envolvió con su resplandor. Cayó a tierra y oyó una voz que le decía: «Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?». Dijo él: «¿Quién eres, Señor?». Respondió: «Soy Jesús, a quien tú persigues. Pero levántate, entra en la ciudad, y allí se te dirá lo que tienes que hacer».
Sus compañeros de viaje se quedaron mudos de estupor, porque oían la voz, pero no veían a nadie. Saulo se levantó del suelo, y, aunque tenía los ojos abiertos, no veía nada. Lo llevaron de la mano hasta Damasco. Allí estuvo tres días ciego, sin comer ni beber.
Había en Damasco un discípulo, que se llamaba Ananías. El Señor lo llamó en una visión: «Ananías». Respondió él: «Aquí estoy, Señor». El Señor le dijo: «Levántate y ve a la calle llamada Recta, y pregunta en casa de Judas por un tal Saulo de Tarso. Mira, está orando, y ha visto en visión a un cierto Ananías que entra y le impone las manos para que recobre la vista».
Ananías contestó: «Señor, he oído a muchos hablar de ese individuo y del daño que ha hecho a tus santos en Jerusalén, y que aquí tiene autorización de los sumos sacerdotes para llevarse presos a todos los que invocan tu nombre». El Señor le dijo: «Anda, ve; que ese hombre es un instrumento elegido por mí para llevar mi nombre a pueblos y reyes, y a los hijos de Israel. Yo le mostraré lo que tiene que sufrir por mi nombre».
Salió Ananías, entró en la casa, le impuso las manos y dijo: «Hermano Saulo, el Señor Jesús, que se te apareció cuando venías por el camino, me ha enviado para que recobres la vista y seas lleno de Espíritu Santo». Inmediatamente se le cayeron de los ojos una especie de escamas, y recobró la vista. Se levantó, y fue bautizado. Comió, y recobró las fuerzas.
Se quedó unos días con los discípulos de Damasco, y luego se puso a anunciar en las sinagogas que Jesús es el Hijo de Dios.
Alabad al Señor, todas las naciones,
aclamadlo, todos los pueblos. R/.
Firme es su misericordia con nosotros,
su fidelidad dura por siempre. R/.
En aquel tiempo, disputaban los judíos entre sí: «¿Cómo puede este darnos a comer su carne?».
Entonces Jesús les dijo: «En verdad, en verdad os digo: si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día.
Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él. Como el Padre que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre, así, del mismo modo, el que me come vivirá por mí. Este es el pan que ha bajado del cielo: no como el de vuestros padres, que lo comieron y murieron; el que come este pan vivirá para siempre».
Esto lo dijo Jesús en la sinagoga, cuando enseñaba en Cafarnaún.
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