acercamos hasta la figura de un hombre impulsor del carisma de Don
Bosco. Desde la sombre le ayudó a confeccionar la Obra que el
Espíritu tenía preparada. Porque hoy celebramos a San José
Cafasso. Catellnuovo de Don Bosco, vería nacer en 1811 a este Santo
que, a sus dieciséis años, ya se preparaba para el sacerdocio.
Tal
era su madurez en la Fe y en la vida que de muy joven sintió la
llamada de la Providencia. Una vez ordenado sacerdote, se encontró
con el impacto que hacía en la iglesia el jansenismo, negando la
posibilidad de cooperar el hombre a la Gracia Divina. La doctrina fue
difundida en el siglo XVII por el Obispo de los Países Bajos
Cornelio Jansenio.
Este problema unido a la intromisión de los
gobernantes en asuntos eclesiásticos cometiendo una verdadera
corrupción, dificultaban el funcionamiento de la Comunidad Eclesial,
según disponía la Providencia.
Ante esta situación, él se instala
en el “Convitto” San Francisco de Asís de Turín, buscando una
formación interior para no caer en los mismo errores que otros
cristianos, arrastrados por las circunstancias.
Pero allí no sólo
tuvo oportunidad de formarse, sino también de acompañar a otros en
su vida espiritual y humana hasta tal punto que fue profesor de
Teología Moral y Rector del Convictorio sucesivamente.
La vida
interior y la pureza de costumbres para salvarse y no ir al Fuego
Eterno fueron las constantes que predicó, así como tres columnas
presidieron siempre su vida: Jesús Sacramentado, La Virgen y el
Papa, Vicario de Cristo.
Su testimonio y su palabra convirtieron,
incluso a condenados a muerte, a los que asistía hasta el momento de
ser ajusticiados, contando en todo momento con el apoyo de San Juan
Bosco. San José Cafasso moriría en el año 1860.