
Sign up to save your podcasts
Or


Hoy, Domingo III de Pascua, seguimos celebrando el Misterio Pascual. El día nos lleva al momento en que dos discípulos van camino de Emaús. Su trayecto es muy triste y pesimista. Solamente cuentan la pena que les afecta por haber visto morir al que creían el Salvador.
En medio de ese pesimismo se les une un Misterioso Viajero. Es Jesús, pero ellos no le reconocen.
Cuando les pregunta por lo que les sucede, le cuentan los tristes acontecimientos. El Señor les refresca la memoria y les saca de su error para recordarlos las profecías que hablaban del Cristo que iba a morir para resucitar al tercer día.
Cuando llegan a la aldea le invitan a que les acompañe en la cena. Él acepta. En el momento de partir el pan y dárselo. Entonces le reconocen, pero Él desaparece. Así vuelven de nuevo a Jerusalén para contar a los Once cómo le habían visto ellos por el camino y le habían reconocido al partir el pan.
Hoy también conmemoramos a San León IX, hijo de los Condes de La Alsacia, que nació el año 1002. Sus estudios los realiza en la Escuela Episcopal de Toul, de donde será Obispo. Quiso ser un celoso pastor de las almas, promoviendo las reformas que se habían impulsado desde Cluny.
Elegido Papa toma el nombre de León IX y escoge como colaboradores cercanos a Hugo de Cluny –alma de la reforma cluniacense-, Halinard –Arzobispo de Lyón- y a San Pedro Damiani. A partir del año 1049, impulsa una revitalización en la Comunidad Eclesial. No faltaron, tampoco, problemas en su Papado como es el cisma entre Oriente y Occidente. San León IX muere en el año 1054.
En aquellos días, al crecer el número de los discípulos, los de lengua griega se quejaron contra los de lengua hebrea, porque en el servicio diario no se atendía a sus viudas.
Los Doce, convocando a la asamblea de los discípulos, dijeron: «No nos parece bien descuidar la palabra de Dios para ocuparnos del servicio de las mesas. Por tanto, hermanos, escoged a siete de vosotros, hombres de buena fama, llenos de espíritu y de sabiduría, y los encargaremos de esta tarea: nosotros nos dedicaremos a la oración y al servicio de la palabra».
La propuesta les pareció bien a todos y eligieron a Esteban, hombre lleno de fe y de Espíritu Santo, a Felipe, Prócoro, Nicanor, Timón, Parmenas y Nicolás, prosélito de Antioquía. Se los presentaron a los apóstoles y ellos les impusieron las manos orando.
La palabra de Dios iba creciendo, y en Jerusalén se multiplicaba el número de discípulos; incluso muchos sacerdotes aceptaban la fe.
Aclamad, justos, al Señor,
que merece la alabanza de los buenos.
Dad gracias al Señor con la cítara,
tocad en su honor el arpa de diez cuerdas. R/.
La palabra del Señor es sincera,
y todas sus acciones son leales;
él ama la justicia y el derecho,
y su misericordia llena la tierra. R/.
Los ojos del Señor están puestos en quien lo teme,
en los que esperan su misericordia,
para librar sus vidas de la muerte
y reanimarlos en tiempo de hambre. R/.
Al oscurecer, los discípulos de Jesús bajaron al mar, embarcaron y empezaron la travesía hacia Cafarnaún. Era ya noche cerrada, y todavía Jesús no los había alcanzado; soplaba un viento fuerte, y el lago se iba encrespando.
Habían remado unos veinticinco o treinta estadios, cuando vieron a Jesús que se acercaba a la barca, caminando sobre el mar, y se asustaron.
Pero él les dijo: «Soy yo, no temáis».
Querían recogerlo a bordo, pero la barca tocó tierra en seguida, en el sitio a donde iban.
En el recorrido por el Santoral nos encontramos con grandes mártires hispanos. Hoy, por ejemplo, celebramos a San Perfecto. Hijo de padres cristianos, nace en Córdoba, estando vinculado a la Iglesia de San Acisclo. Se trataba de un lugar donde convivía cristianos, judíos y musulmanes.
A pesar de estas dificultades siempre fueron un ejemplo de convivencia las tres religiones monoteístas. Conocedor del árabe, su vida se encuentra en un tiempo donde arrecia el dominio sarraceno. Sintiendo una llamada a servir de forma especial se consagra a Dios y recibe el Orden Sacerdotal.
Muchos cristianos, entre ellos Perfecto, encabezarán una lista de mártires. Precisamente, en los comienzos del año 850, defenderá la Fe en Jesucristo. De entrada los cristianos no tenían una prohibición concreta pero también sufrían restricciones que les esclavizaban, de alguna manera. Se le habían acercado un grupo de sarracenos preguntándole por su Fe. Él se reconoció cristiano.
Los presentes decidieron denunciarle. Así es acusado de traidor y llevado a la cárcel. Pronto será sacado de la prisión para ser torturado y decapitado, junto al Guadalquivir, en el “Campo de la Verdad”, denominado así debido a la cantidad de personas que derramaron su sangre por la Fe. Enterrado en San Acisclo, en 1124, sus reliquias se trasladan a la Iglesia de San Pedro.
En aquellos días, un fariseo llamado Gamaliel, doctor de la ley, respetado por todo el pueblo, se levantó en el Sanedrín, mandó que sacaran fuera un momento a los apóstoles y dijo:
«Israelitas, pensad bien lo que vais a hacer con esos hombres. Hace algún tiempo se levantó Teudas, dándoselas de hombre importante, y se le juntaron unos cuatrocientos hombres. Fue ejecutado, se dispersaron todos sus secuaces y todo acabó en nada.
Más tarde, en los días del censo, surgió Judas el Galileo, arrastrando tras de sí a gente del pueblo; también pereció, y se disgregaron todos sus secuaces.
En el caso presente, os digo: no os metáis con esos hombres; soltadlos. Si su idea y su actividad son cosa de hombres, se disolverán; pero, si son cosa de Dios, no lograréis destruirlos y os expondríais a luchar contra Dios».
Le dieron la razón y, habiendo llamado a los apóstoles, los azotaron, les prohibieron hablar en nombre de Jesús y los soltaron. Ellos, pues, salieron del Sanedrín contentos de haber merecido aquel ultraje por el Nombre. Ningún día dejaban de enseñar, en el templo y por las casas, anunciando la buena noticia acerca del Mesías Jesús.
El Señor es mi luz y mi salvación,
¿a quién temeré?
El Señor es la defensa de mi vida,
¿quién me hará temblar? R/.
Una cosa pido al Señor,
eso buscaré:
habitar en la casa del Señor
por los días de mi vida;
gozar de la dulzura del Señor,
contemplando su templo. R/.
Espero gozar de la dicha del Señor
en el país de la vida.
Espera en el Señor, sé valiente,
ten ánimo, espera en el Señor. R/.
En aquel tiempo, Jesús se marchó a la otra parte del mar de Galilea, o de Tiberíades. Lo seguía mucha gente, porque había visto los signos que hacía con los enfermos. Subió entonces a la montaña y se sentó allí con sus discípulos.
Estaba cerca la Pascua, la fiesta de los judíos. Jesús, levantando los ojos y viendo que acudía mucha gente, dijo a Felipe: «¿Con qué compraremos panes para que coman estos?». Lo decía para probarlo, pues bien sabía él lo que iba a hacer. Felipe le contestó: «Doscientos denarios de pan no bastan para que a cada uno le toque un pedazo». Uno de sus discípulos, Andrés, el hermano de Simón Pedro, le dijo: «Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos peces; pero ¿qué es eso para tantos?».
Jesús dijo: «Decid a la gente que se siente en el suelo». Había mucha hierba en aquel sitio. Se sentaron; solo los hombres eran unos cinco mil. Jesús tomó los panes, dijo la acción de gracias y los repartió a los que estaban sentados, y lo mismo hizo con el pescado, todo lo que quisieron. Cuando se saciaron, dijo a sus discípulos: «Recoged los pedazos que han sobrado, para que nada se pierda». Los recogieron y llenaron doce canastos con los pedazos de los cinco panes de cebada que sobraron a los que habían comido. La gente, al ver el signo que había hecho, decía: «Este es verdaderamente el Profeta que va a venir al mundo». Jesús, sabiendo que iban a llevárselo para proclamarlo rey, se retiró otra vez a la montaña él solo.
Nos acercamos hoy hasta los orígenes de la reforma en la vida monástica que genera el carisma cisterciense. Hoy celebramos a San Roberto de Molesmes baluarte de esta andadura, junto a San Bernardo de Claraval. Nace en Champagne (Francia) alrededor del año 1029.
Desde pequeño mostraba una inclinación a la vida humilde, a la oración y al servicio como gesto de caridad. Hijo de padres pertenecientes a la nobleza, tras comenzar su noviciado la Abadía de Celle, pasó a la Diócesis de Langres como Abad. Por entonces algunos ermitaños que vivían en bosques cercanos quisieron tenerle como guía espiritual.
Sin embargo los monjes del Convento se opusieron porque querían tener ellos por guía a un Santo como era Roberto. No es que le quisieran, pero buscaban una apropiación interesada para no quedarse sin una brújula.
Al ver la relajación espiritual se fue con unos compañeros que le siguieron en su forma de vida en un bosque para orar y trabajar para conseguirse el pan. Es el inicio del Císter. El Convento se llamaba Citeaux. De ahí el nombre del Carisma. El Papa le ordenó volver a Molesmes.
El motivo es que los religiosos viendo que no podían estar sin él, intentaron que volviese. Peor no lo consiguieron. Entonces apelaron a la autoridad del Papa que le hizo retornar. Él obedeció y permaneció hasta el final de sus días, sin intentar marcharse más veces. San Roberto muere hacia el año 1111.
En aquellos días, los apóstoles fueron conducidos a comparecer ante el Sanedrín, y el sumo sacerdote los interrogó, diciendo: «¿No os habíamos ordenado formalmente no enseñar en ese Nombre? En cambio, habéis llenado Jerusalén con vuestra enseñanza y queréis hacernos responsables de la sangre de ese hombre».
Pedro y los apóstoles replicaron: «Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres. El Dios de nuestros padres resucitó a Jesús, a quien vosotros matasteis colgándolo de un madero. Dios lo ha exaltado con su diestra, haciéndolo jefe y salvador, para otorgar a Israel la conversión y el perdón de los pecados. Testigos de esto somos nosotros y el Espíritu Santo, que Dios da a los que lo obedecen».
Ellos, al oír esto, se consumían de rabia y trataban de matarlos.
Bendigo al Señor en todo momento,
su alabanza está siempre en mi boca.
Gustad y ved qué bueno es el Señor,
dichoso el que se acoge a él. R/.
El Señor se enfrenta con los malhechores,
para borrar de la tierra su memoria.
Cuando uno grita, el Señor lo escucha
y lo libra de sus angustias. R/.
El Señor está cerca de los atribulados,
salva a los abatidos.
Aunque el justo sufra muchos males,
de todos lo libra el Señor. R/.
El que viene de lo alto está por encima de todos. El que es de la tierra es de la tierra y habla de la tierra. El que viene del cielo está por encima de todos. De lo que ha visto y ha oído da testimonio, y nadie acepta su testimonio. El que acepta su testimonio certifica que Dios es veraz.
El que Dios envió habla las palabras de Dios, porque no da el Espíritu con medida. El Padre ama al Hijo y todo lo ha puesto en su mano. El que cree en el Hijo posee la vida eterna; el que no cree al Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios pesa sobre él.
Uniendo el Misterio Pascual -Cruz y Gloria del Resucitado- llegamos a esta jornada, en la que hoy celebramos La Santa Faz. Esta festividad nos lleva a la Sexta Estación del Vía Crucis. donde la Verónica enjuga el Rostro de Jesús cuando camina hacia el Calvario.
Eso quedó impreso en el lienzo. Cuenta la tradición que el sacerdote alicantino Pedro Mena viajó a Roma donde le obsequiaron con un lienzo de la Santa Faz. El detalle se lo dio un Cardenal agradecido por la acogida y atención que le había dado cuando estuvo varios días en tierras alicantinas. Esta reliquia sanó a Venecia de una terrible peste.
El clérigo lo guardó en el fondo del arcón. Curiosamente cuando lo abría siempre aparecía el primero. Por entonces Alicante vivió una sequía muy severa. Estaban asustado por las cosechas y el modo de vida que les afectaría.
Es cuando organizan una Rogativa. Al pasar el Sagrado Lienzo por la Iglesia de Nuestra Señora de los Ángeles, le salió una Lágrima y llovió. Debido a este hecho milagroso decidieron construir allí un Monasterio para entronizarla, que le pusieron bajo la custodia de los Jerónimos.
Posteriormente fue un Convento perteneciente a las Clarisas de Gandía. La devoción privada, se manifestó en las Letanías de la Santa Faz, compuestas en el siglo XVII. Así se ha convertido en Símbolo de Fe, Paz y esperanza para todo el pueblo alicantino.
En aquellos días, el sumo sacerdote y todos los suyos, que integraban la secta de los saduceos, en un arrebato de celo, prendieron a los apóstoles y los metieron en la cárcel pública. Pero, por la noche, el ángel del Señor les abrió las puertas de la cárcel y los sacó fuera, diciéndoles: «Marchaos y, cuando lleguéis al templo, explicad al pueblo todas estas palabras de vida».
Entonces ellos, al oírlo, entraron en el templo al amanecer y se pusieron a enseñar. Entre tanto, llegó el sumo sacerdote con todos los suyos; convocaron el Sanedrín y el pleno de los ancianos de Israel, y mandaron a la prisión para que los trajesen. Fueron los guardias, pero no los encontraron en la cárcel y volvieron a informar, diciendo:
«Hemos encontrado la prisión cerrada con toda seguridad, y a los centinelas en pie a las puertas; pero, al abrir, no encontramos a nadie dentro».
Al oír estas palabras, ni el jefe de la guardia del templo ni los sumos sacerdotes acertaban a explicarse qué había pasado. Uno se presentó, avisando:
«Mirad: los hombres que metisteis en la cárcel están en el templo, enseñando al pueblo».
Entonces el jefe salió con los guardias y se los trajo, sin emplear la fuerza, por miedo a que el pueblo los apedreara.
Bendigo al Señor en todo momento,
su alabanza está siempre en mi boca;
mi alma se gloría en el Señor:
que los humildes lo escuchen y se alegren. R/.
Proclamad conmigo la grandeza del Señor,
ensalcemos juntos su nombre.
Yo consulté al Señor, y me respondió,
me libró de todas mis ansias. R/.
Contempladlo, y quedaréis radiantes,
vuestro rostro no se avergonzará.
El afligido invocó al Señor,
él lo escuchó y lo salvó de sus angustias. R/.
El ángel del Señor acampa en torno a sus fieles
y los protege.
Gustad y ved qué bueno es el Señor,
dichoso el que se acoge a él. R/.
Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Unigénito, para que todo el que cree en él no perezca, sino que tenga vida eterna.
Porque Dios no envió a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.
El que cree en él no será juzgado; el que no cree ya está juzgado, porque no ha creído en el nombre del Unigénito de Dios.
Este es el juicio: la luz vino al mundo, y los hombres prefirieron la tiniebla a la luz, porque sus obras eran malas. Pues todo el que obra el mal detesta la luz y no se acerca a la luz, para no verse acusado por sus obras.
En cambio, el que obra la verdad se acerca a la luz, para que se vea que sus obras están hechas según Dios.
En esta jornada descubrimos a “un cristo enfermo” para comunicar la Vida a los otros. Hoy celebramos al Padre Damián de Molokai. De nombre José Veuster, nace en el año 1840 en Bélgica, y es hijo de familia numerosa. Eran sencillamente labradores y agradecían cada día a Dios los frutos de la tierra.
Durante los estudios siente que el Señor le llama a una consagración plena. Tras descubrir su vocación ingresa en los Sagrados Corazones de Jesús y de María. Durante el Noviciado en Lovaina toma el nombre de Damián.
Desde el principio quiere vivir una entrega total que, con el paso de los tiempos, se hará realidad. Deseando ir a misiones, obtiene el permiso para ir a Honolulú donde se ordena sacerdote. Su hermano ya le había precedido en una disponibilidad absoluta.
La lepra, enfermedad bíblica, azotaba la Isla hawaiiana. Era terrible. Las autoridades quieren frenarla para evitar la pandemia. Para eso recluyen como unos marginados a los enfermos en la parte de Molokai. El religioso va a acompañarles y ayudarles.
Es la devolución de la dignidad de las personas que mueren en el más absoluto desprecio. Intenta que la Isla no sea un lecho mortífero, sino un lugar de antesala del Cielo. Una década después San Damián se verá contagiado y morirá entre ellos. Era el 15 de abril del año 1889. En el año 1936 sus reliquias son llevados a Lovaina.
El texto es claro y fiel al estilo bíblico, pero desde un criterio más cuidado según la RAE (puntuación, fluidez y evitación de repeticiones innecesarias), puede pulirse ligeramente para mejorar su lectura sin perder el tono:
El grupo de los creyentes tenía un solo corazón y una sola alma: nadie llamaba suyo propio nada de lo que tenía, pues lo poseían todo en común.
Los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús con mucho valor, y todos eran muy bien considerados. Entre ellos no había necesitados, pues quienes poseían tierras o casas las vendían, traían el dinero de lo vendido y lo ponían a los pies de los apóstoles; después se distribuía a cada uno según su necesidad.
José, a quien los apóstoles dieron el sobrenombre de Bernabé —que significa «hijo de la consolación»—, levita y natural de Chipre, tenía un campo; lo vendió, llevó el dinero y lo puso a los pies de los apóstoles.
El Señor reina, vestido de majestad;
el Señor, vestido y ceñido de poder. R/.
Así está firme el orbe y no vacila.
Tu trono está firme desde siempre,
y tú eres eterno. R/.
Tus mandatos son fieles y seguros;
la santidad es el adorno de tu casa,
Señor, por días sin término. R/.
En aquel tiempo, dijo Jesús a Nicodemo: «Tenéis que nacer de nuevo; el viento sopla donde quiere y oyes su ruido, pero no sabes de dónde viene ni adónde va. Así es todo el que ha nacido del Espíritu».
Nicodemo le preguntó: «¿Cómo puede suceder eso?».
Le contestó Jesús: «¿Tú eres maestro en Israel y no lo entiendes? En verdad, en verdad te digo: hablamos de lo que sabemos y damos testimonio de lo que hemos visto, pero no recibís nuestro testimonio. Si os hablo de las cosas terrenas y no me creéis, ¿cómo creeréis si os hablo de las celestiales? Nadie ha subido al cielo sino el que bajó del cielo, el Hijo del hombre.
Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el que cree en él tenga vida eterna».
From the publisher's feed