RSS - Audios de Ecclesia

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By COPE
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RSS - Audios de Ecclesia episodes

  • Sábado Santo

    Todavía queda en nuestras retinas la Pasión y Muerte del Señor que celebrábamos ayer, al mismo tiempo que miramos a la Cruz donde Cristo encomendó a su Madre como Madre también de todos los hombres. Y hoy es Sábado Santo. 

    La Iglesia vela en silencio junto al Sepulcro de Cristo a la espera de su Resurrección. Varias son las realidades que vivimos en esta Jornada. La primera es el Descenso de Jesús a los infiernos. Lo proclamamos en el Credo. 

    En este día, el Señor baja al abismo para encadenar a Satanás al que ha vencido con su Muerte en la Cruz, Victoria que consumará resucitando el Domingo. También se acerca al Seno de Abraham. Allí se encuentran todos los Patriarcas y Profetas del Antiguo Testamento que habían vivido conforme a la Ley del Dios y esperaban la Salvación para todos los hombres. 

    El Redentor les saca de ese lugar para llevarles al Cielo. También es el momento de acompañar a la Virgen. El motivo es que Ella es la Única que conserva Fe y confianza en que la Muerte de su Hijo no es el final. Eso no puede acabar así. 

    En su conservar todo lo que había visto y oído en su corazón, recuerda que Él aseguró que moriría, pero para resucitar al tercer día. Así está la Iglesia a la espera de la Vigilia Pascual al anochecer para rememorar la Resurrección del Maestro. Este día también se llamaba en otro tiempos “Sábado de Gloria”, como anticipando al Gran Noticia de Salvación.

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  • Lunes de Pascua

    La Claridad de la Alegría y el Júbilo siguen inundando nuestras vidas. Hoy es el emblemático Lunes de Pascua, segundo día de la Octava Pascual. Seguimos contemplando con gozo al Señor Resucitado. Durante todos estos día contemplamos el anuncio de la Resurrección del Señor. Este día, por ejemplo, se llama el Lunes del anuncio del Ángel. 

    De la misma forma que en Navidad anuncia a los pastores el Nacimiento del Salvador hoy ha hablado con las mujeres anunciándoles la Resurrección. Ellas van a visitar y ornamentar el Cuerpo del Señor según la costumbre judía. Al llegar al Lugar les espera un Mensajero Divino que les comunica la Feliz Noticia. Ellas están todavía atónitas y aturdidas. 

    Pero Jesús Resucitado sale al encuentro para confirmarles lo que les ha dicho el Mensajero Celestial y disiparlas cualquier temor. Él les invita a comunicárselo a los demás discípulos. Entonces ahí se llenan de alegría. 

    Los soldados asustados por lo ocurrido, en vez de aceptarlo se marchan corriendo al Sanedrín y se lo dicen a los fariseos y autoridades. Ellos se reúnen para deliberar lo que deben hacer. Ahí toman la decisión de darles una fuerte suma de dinero a los vigías romanos para obligarlos a decir que fueron sus discípulos los que fueron a robar el Cuerpo cuando ellos dormían. 

    También les prometen que si llegase a oídos del Gobernador, el Sanedrín les defenderían. Sin embargo, el hallazgo del Sepulcro Vacío muestra y certifica la Gloria Triunfante de la Pascua y que Cristo vive de Verdad.

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  • "Yo soy"

    Mirad, mi siervo tendrá éxito, subirá y crecerá mucho. Como muchos se espantaron de él porque desfigurado no parecía hombre, ni tenía aspecto humano, así asombrará a muchos pueblos; ante él los reyes cerrarán la boca, al ver algo inenarrable y comprender algo inaudito. ¿Quién creyó nuestro anuncio? ¿A quién se reveló el brazo del Señor?

    Creció en su presencia como brote, como raíz en tierra árida, sin figura, sin belleza. Lo vimos sin aspecto atrayente, despreciado y evitado de los hombres, como un hombre de dolores, acostumbrado a sufrimientos, ante el cual se ocultaban los rostros, despreciado y desestimado. Él soportó nuestros sufrimientos y aguantó nuestros dolores; nosotros lo estimamos leproso, herido de Dios y humillado; pero él fue traspasado por nuestras rebeliones, triturado por nuestros crímenes. Nuestro castigo saludable cayó sobre él, sus cicatrices nos curaron. Todos errábamos como ovejas, cada uno siguiendo su camino; y el Señor cargó sobre él todos nuestros crímenes.

    Maltratado, voluntariamente se humillaba y no abría la boca: como cordero llevado al matadero, como oveja ante el esquilador, enmudecía y no abría la boca. Sin defensa, sin justicia, se lo llevaron; ¿quién se preocupará de su estirpe? Lo arrancaron de la tierra de los vivos; por los pecados de mi pueblo lo hirieron. Le dieron sepultura con los malvados y una tumba con los malhechores, aunque no había cometido crímenes ni hubo engaño en su boca.

    El Señor quiso triturarlo con el sufrimiento y entregar su vida como expiación: verá su descendencia, prolongará sus años, lo que el Señor quiere prosperará por su mano. Por los trabajos de su alma verá la luz, el justo se saciará de conocimiento. Mi siervo justificará a muchos, porque cargó con los crímenes de ellos. Le daré una multitud como parte, y tendrá como despojo una muchedumbre.

    Porque expuso su vida a la muerte y fue contado entre los pecadores; él tomó el pecado de muchos e intercedió por los pecadores.

    A ti, Señor, me acojo:

    no quede yo nunca defraudado;

    tú, que eres justo, ponme a salvo.

    A tus manos encomiendo mi espíritu:

    tú, el Dios leal, me librarás. R/.

    Soy la burla de todos mis enemigos,

    la irrisión de mis vecinos,

    el espanto de mis conocidos:

    me ven por la calle, y escapan de mí.

    Me han olvidado como a un muerto,

    me han desechado como a un cacharro inútil. R/.

    Pero yo confío en ti, Señor;

    te digo: «Tú eres mi Dios».

    En tu mano están mis azares:

    líbrame de los enemigos que me persiguen. R/.

    Haz brillar tu rostro sobre tu siervo,

    sálvame por tu misericordia.

    Sed fuertes y valientes de corazón,

    los que esperáis en el Señor. R/.

    Hermanos: Ya que tenemos un sumo sacerdote grande que ha atravesado el cielo, Jesús, Hijo de Dios, mantengamos firme la confesión de fe. No tenemos un sumo sacerdote incapaz de compadecerse de nuestras debilidades, sino que ha sido probado en todo, como nosotros, menos en el pecado. Por eso, comparezcamos confiados ante el trono de la gracia, para alcanzar misericordia y encontrar gracia para un auxilio oportuno.

    Cristo, en efecto, en los días de su vida mortal, a gritos y con lágrimas, presentó oraciones y súplicas al que podía salvarlo de la muerte, siendo escuchado por su piedad filial. Y, aun siendo Hijo, aprendió, sufriendo, a obedecer. Y, llevado a la consumación, se convirtió, para todos los que lo obedecen, en autor de salvación eterna.

    Cronista - C. En aquel tiempo, salió Jesús con sus discípulos al otro lado del torrente Cedrón, donde había un huerto, y entraron allí él y sus discípulos. Judas, el que lo iba a entregar, conocía también el sitio, porque Jesús se reunía a menudo allí con sus discípulos. Judas entonces, tomando una cohorte y unos guardias de los sumos sacerdotes y de los fariseos, entró allá con faroles, antorchas y armas. Jesús, sabiendo todo lo que venía sobre él, se adelantó y les dijo:

    Jesús + «¿A quién buscáis?».

    C. Le contestaron:

    Sinagoga/Pueblo - S. «A Jesús, el Nazareno».

    C. Les dijo Jesús:

    + «Yo soy».

    C. Estaba también con ellos Judas, el que lo iba a entregar. Al decirles: «Yo soy», retrocedieron y cayeron a tierra. Les preguntó otra vez:

    + «¿A quién buscáis?».

    C. Ellos dijeron:

    S. «A Jesús, el Nazareno».

    C. Jesús contestó:

    + «Os he dicho que soy yo. Si me buscáis a mí, dejad marchar a estos».

    C. Y así se cumplió lo que había dicho: «No he perdido a ninguno de los que me diste». 

    Entonces Simón Pedro, que llevaba una espada, la sacó e hirió al criado del sumo sacerdote, cortándole la oreja derecha. Este criado se llamaba Malco. Dijo entonces Jesús a Pedro:

    + «Mete la espada en la vaina. El cáliz que me ha dado mi Padre, ¿no lo voy a beber?».

    C. La cohorte, el tribuno y los guardias de los judíos prendieron a Jesús, lo ataron y lo llevaron primero a Anás, porque era suegro de Caifás, sumo sacerdote aquel año; Caifás era el que había dado a los judíos este consejo: «Conviene que muera un solo hombre por el pueblo».

    Simón Pedro y otro discípulo seguían a Jesús. Este discípulo era conocido del sumo sacerdote y entró con Jesús en el palacio del sumo sacerdote, mientras Pedro se quedó fuera a la puerta. Salió el otro discípulo, el conocido del sumo sacerdote, habló a la portera e hizo entrar a Pedro. La criada portera dijo entonces a Pedro:

    S. «¿No eres tú también de los discípulos de ese hombre?».

    C. Él dijo:

    S. «No lo soy».

    C. Los criados y los guardias habían encendido un brasero, porque hacía frío, y se calentaban. También Pedro estaba con ellos de pie, calentándose.

    El sumo sacerdote interrogó a Jesús acerca de sus discípulos y de su doctrina. Jesús le contestó:

    + «Yo he hablado abiertamente al mundo; yo he enseñado continuamente en la sinagoga y en el templo, donde se reúnen todos los judíos, y no he dicho nada a escondidas. ¿Por qué me preguntas a mí? Pregunta a los que me han oído de qué les he hablado. Ellos saben lo que yo he dicho».

    C. Apenas dijo esto, uno de los guardias que estaba allí le dio una bofetada a Jesús, diciendo:

    S. «¿Así contestas al sumo sacerdote?».

    C. Jesús respondió:

    + «Si he faltado al hablar, muestra en qué he faltado; pero si he hablado como se debe, ¿por qué me pegas?».

    C. Entonces Anás lo envió atado a Caifás, sumo sacerdote.

    C. Simón Pedro estaba de pie, calentándose, y le dijeron:

    S. «¿No eres tú también de sus discípulos?».

    C. Él lo negó, diciendo:

    S. «No lo soy».

    C. Uno de los criados del sumo sacerdote, pariente de aquel a quien Pedro le cortó la oreja, le dijo:

    S. «¿No te he visto yo en el huerto con él?».

    C. Pedro volvió a negar, y enseguida cantó un gallo.

    C. Llevaron a Jesús de casa de Caifás al pretorio. Era el amanecer, y ellos no entraron en el pretorio para no incurrir en impureza y poder así comer la Pascua. Salió Pilato afuera, adonde estaban ellos, y dijo:

    S. «¿Qué acusación presentáis contra este hombre?».

    C. Le contestaron:

    S. «Si este no fuera un malhechor, no te lo entregaríamos».

    C. Pilato les dijo:

    S. «Lleváoslo vosotros y juzgadlo según vuestra ley».

    C. Los judíos le dijeron:

    S. «No estamos autorizados para dar muerte a nadie».

    C. Y así se cumplió lo que había dicho Jesús, indicando de qué muerte iba a morir. Entró otra vez Pilato en el pretorio, llamó a Jesús y le dijo:

    S. «¿Eres tú el rey de los judíos?».

    C. Jesús le contestó:

    + «¿Dices eso por tu cuenta o te lo han dicho otros de mí?».

    C. Pilato replicó:

    S. «¿Acaso soy yo judío? Tu gente y los sumos sacerdotes te han entregado a mí; ¿qué has hecho?».

    C. Jesús le contestó:

    + «Mi reino no es de este mundo. Si mi reino fuera de este mundo, mi guardia habría luchado para que no cayera en manos de los judíos. Pero mi reino no es de aquí».

    C. Pilato le dijo:

    S. «Entonces, ¿tú eres rey?».

    C. Jesús le contestó:

    + «Tú lo dices: soy rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad. Todo el que es de la verdad escucha mi voz».

    C. Pilato le dijo:

    S. «Y, ¿qué es la verdad?».

    C. Dicho esto, salió otra vez adonde estaban los judíos y les dijo:

    S. «Yo no encuentro en él ninguna culpa. Es costumbre entre vosotros que por Pascua ponga a uno en libertad. ¿Queréis que os suelte al rey de los judíos?».

    C. Volvieron a gritar:

    S. «A ese no, a Barrabás».

    C. El tal Barrabás era un bandido.

    C. Entonces Pilato tomó a Jesús y lo mandó azotar. Y los soldados trenzaron una corona de espinas, se la pusieron en la cabeza y le echaron por encima un manto color púrpura; y, acercándose a él, le decían:

    S. «Salve, rey de los judíos!».

    C. Y le daban bofetadas. Pilato salió otra vez afuera y les dijo:

    S. «Mirad, os lo saco afuera para que sepáis que no encuentro en él ninguna culpa».

    C. Y salió Jesús afuera, llevando la corona de espinas y el manto color púrpura. Pilato les dijo:

    S. «He aquí al hombre».

    C. Cuando lo vieron los sumos sacerdotes y los guardias, gritaron:

    S. «Crucifícalo, crucifícalo!».

    C. Pilato les dijo:

    S. «Lleváoslo vosotros y crucificadlo, porque yo no encuentro culpa en él».

    C. Los judíos le contestaron:

    S. «Nosotros tenemos una ley, y según esa ley tiene que morir, porque se ha hecho Hijo de Dios».

    C. Cuando Pilato oyó estas palabras, se asustó aún más. Entró otra vez en el pretorio y dijo a Jesús:

    S. «¿De dónde eres tú?».

    C. Pero Jesús no le dio respuesta. Y Pilato le dijo:

    S. «¿A mí no me hablas? ¿No sabes que tengo autoridad para soltarte y autoridad para crucificarte?».

    C. Jesús le contestó:

    + «No tendrías ninguna autoridad sobre mí si no te la hubieran dado de lo alto. Por eso el que me ha entregado a ti tiene un pecado mayor».

    C. Desde este momento Pilato trataba de soltarlo, pero los judíos gritaban:

    S. «Si sueltas a ese, no eres amigo del César. Todo el que se hace rey está contra el César».

    C. Pilato entonces, al oír estas palabras, sacó afuera a Jesús y se sentó en el tribunal, en el sitio que llaman «el Enlosado» (en hebreo “Gábbata”). Era el día de la Preparación de la Pascua, hacia el mediodía. Y dijo Pilato a los judíos:

    S. «He aquí a vuestro rey».

    C. Ellos gritaron:

    S. «¡Fuera, fuera; crucifícalo!».

    C. Pilato les dijo:

    S. «¿A vuestro rey voy a crucificar?».

    C. Contestaron los sumos sacerdotes:

    S. «No tenemos más rey que al César».

    C. Entonces se lo entregó para que lo crucificaran.

    C. Tomaron a Jesús, y, cargando él mismo con la cruz, salió al sitio llamado «de la Calavera» (que en hebreo se dice “Gólgota”), donde lo crucificaron; y con él a otros dos, uno a cada lado, y en medio, Jesús. Y Pilato escribió un letrero y lo puso encima de la cruz; en él estaba escrito: «Jesús, e! Nazareno, el rey de los judíos».

    Leyeron el letrero muchos judíos, porque estaba cerca el lugar donde crucificaron a Jesús, y estaba escrito en hebreo, latín y griego. Entonces los sumos sacerdotes de los judíos dijeron a Pilato:

    S. «No escribas “El rey de los judíos”, sino: “Este ha dicho: soy el rey de los judíos”».

    C. Pilato les contestó:

    S. «Lo escrito, escrito está».

    C. Los soldados, cuando crucificaron a Jesús, cogieron su ropa, haciendo cuatro partes, una para cada soldado, y apartaron la túnica. Era una túnica sin costura, tejida toda de una pieza de arriba abajo. Y se dijeron:

    S. «No la rasguemos, sino echémosla a suerte, a ver a quién le toca».

    C. Así se cumplió la Escritura: «Se repartieron mis ropas y echaron a suerte mi túnica». Esto hicieron los soldados.

    C. Junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María, la de Cleofás, y María, la Magdalena. Jesús, al ver a su madre y junto a ella al discípulo al que amaba, dijo a su madre:

    + «Mujer, ahí tienes a tu hijo».

    C. Luego, dijo al discípulo:

    + «Ahí tienes a tu madre».

    C. Y desde aquella hora, el discípulo la recibió como algo propio.

    C. Después de esto, sabiendo Jesús que ya todo estaba cumplido, para que se cumpliera la Escritura, dijo:

    + «Tengo sed».

    C. Había allí un jarro lleno de vinagre. Y, sujetando una esponja empapada en vinagre a una caña de hisopo, se la acercaron a la boca. Jesús, cuando tomó el vinagre, dijo:

    + «Está cumplido».

    C. E inclinando la cabeza, entregó el espíritu.

    [Todos se arrodillan, y se hace una pausa]

    C. Los judíos entonces, como era el día de la Preparación, para que no se quedaran los cuerpos en la cruz el sábado, porque aquel sábado era un día grande, pidieron a Pilato que les quebraran las piernas y que los quitaran. Fueron los soldados, le quebraron las piernas al primero y luego al otro que habían crucificado con él; pero al llegar a Jesús, viendo que ya había muerto, no le quebraron las piernas, sino que uno de los soldados, con la lanza, le traspasó el costado, y al punto salió sangre y agua. El que lo vio da testimonio, y su testimonio es verdadero, y él sabe que dice verdad, para que también vosotros creáis. Esto ocurrió para que se cumpliera la Escritura: «No le quebrarán un hueso»; y en otro lugar la Escritura dice: «Mirarán al que traspasaron».

    C. Después de esto, José de Arimatea, que era discípulo de Jesús aunque oculto por miedo a los judíos, pidió a Pilato que le dejara llevarse el cuerpo de Jesús. Y Pilato lo autorizó. Él fue entonces y se llevó el cuerpo. Llegó también Nicodemo, el que había ido a verlo de noche, y trajo unas cien libras de una mixtura de mirra y áloe.

    Tomaron el cuerpo de Jesús y lo envolvieron en los lienzos con los aromas, según se acostumbra a enterrar entre los judíos. Había un huerto en el sitio donde lo crucificaron, y en el huerto, un sepulcro nuevo donde nadie había sido enterrado todavía. Y como para los judíos era el día de la Preparación, y el sepulcro estaba cerca, pusieron allí a Jesús.

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  • Viernes Santo

    Nos encontramos en la Jornada que abre las Puertas del Cielo a los hombres. Empieza con la Muerte del Señor en la Cruz porque así estaba previsto en los Planes de la Divina Providencia. Hoy es Viernes Santo. Es la Conmemoración de la Pasión y Muerte del Señor en la Cruz para salvarnos. Tras salir del Cenáculo Jesús y los Apóstoles se dirigen a Getsemaní. 

    Allí el Señor ora con intensidad por la angustia de lo que le viene, aceptando la Voluntad del Padre de que dé la Vida por los hombres. Traicionado por Judas es prendido en el Huerto y condenado por el Sanedrín, sentencia que cumplirá Pilato lavándose las manos y autorizando su crucifixión. Las peticiones de su mujer, Claudia Prócula, para que le suelte, no surten efecto. 

    Llevando la Cruz al Calvario es crucificado en Ella. Él muere perdonando a todos los que le ajusticiaban e injuriaban allí, logrando conversiones entre los asistentes -entre ellos uno de los ladrones crucificados con Él-, y es Sepultado por Nicodemo y José de Arimatea en unión con el Apóstol San Juan. 

    En momento antes de morir encomienda a María a Juan como su hijo y a Juan a María como su Madre. Siguiendo la tradición de la antigüedad no hay Misa ya que el Triunfo Definitivo se consuma con la Resurrección al alborear de la Pascua. 

    En los Oficios cobra especial relevancia la Lectura de la Pasión según San Juan, junto a la Adoración de la Cruz y al final se comulga de la Reserva del Santísimo del Jueves Santo. También hoy es el Día para pedir y hacer la Colecta por los Santos Lugares.

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  • "Lo que hago no lo entiendes ahora, pero lo comprenderás más tarde"

    En aquellos días, dijo el Señor a Moisés y a Aarón en tierra de Egipto: «Este mes será para vosotros el principal de los meses; será para vosotros el primer mes del año. Decid a toda la asamblea de los hijos de Israel: El diez de este mes cada uno procurará un animal para su familia, uno por casa. Si la familia es demasiado pequeña para comérselo, que se junte con el vecino más próximo a su casa, hasta completar el número de personas; y cada uno comerá su parte hasta terminarlo. Será un animal sin defecto, macho, de un año; lo escogeréis entre los corderos o los cabritos.

    Lo guardaréis hasta el día catorce del mes y toda la asamblea de los hijos de Israel lo matará al atardecer. Tomaréis la sangre y rociaréis las dos jambas y el dintel de la casa donde lo comáis. Esa noche comeréis la carne, asada a fuego, y comeréis panes sin fermentar y hierbas amargas. Y lo comeréis así: la cintura ceñida, las sandalias en los pies, un bastón en la mano; y os lo comeréis a toda prisa, porque es la Pascua, el Paso del Señor.

    Yo pasaré esta noche por la tierra de Egipto y heriré a todos los primogénitos de la tierra de Egipto, desde los hombres hasta los ganados, y me tomaré justicia de todos los dioses de Egipto. Yo, el Señor. La sangre será vuestra señal en las casas donde habitáis. Cuando yo vea la sangre, pasaré de largo ante vosotros, y no habrá entre vosotros plaga exterminadora, cuando yo hiera a la tierra de Egipto.

    Este será un día memorable para vosotros; en él celebraréis fiesta en honor del Señor. De generación en generación, como ley perpetua lo festejaréis».

    ¿Cómo pagaré al Señor

    todo el bien que me ha hecho?

    Alzaré la copa de la salvación,

    invocando el nombre del Señor. R/.

    Mucho le cuesta al Señor

    la muerte de sus fieles.

    Señor, yo soy tu siervo,

    hijo de tu esclava:

    rompiste mis cadenas. R/.

    Te ofreceré un sacrificio de alabanza,

    invocando el nombre del Señor.

    Cumpliré al Señor mis votos

    en presencia de todo el pueblo. R/.

    Hermanos: Yo he recibido una tradición que procede del Señor y que a mi vez os he transmitido: que el Señor Jesús, en la noche en que iba a ser entregado, tomó pan y, pronunciando la Acción de Gracias, lo partió y dijo: «Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros. Haced esto en memoria mía».

    Lo mismo hizo con el cáliz, después de cenar, diciendo: «Este cáliz es la nueva alianza en mi sangre; haced esto cada vez que lo bebáis, en memoria mía».

    Por eso, cada vez que coméis de este pan y bebéis del cáliz, proclamáis la muerte del Señor, hasta que vuelva.

    Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado su hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo.

    Estaban cenando; ya el diablo había suscitado en el corazón de Judas, hijo de Simón Iscariote, la intención de entregarlo; y Jesús, sabiendo que el Padre había puesto todo en sus manos, que venía de Dios y a Dios volvía, se levanta de la cena, se quita el manto y, tomando una toalla, se la ciñe; luego echa agua en la jofaina y se pone a lavarles los pies a los discípulos, secándoselos con la toalla que se había ceñido.

    Llegó a Simón Pedro, y este le dice: «Señor, ¿lavarme los pies tú a mí?». Jesús le replicó: «Lo que yo hago, tú no lo entiendes ahora, pero lo comprenderás más tarde». Pedro le dice: «No me lavarás los pies jamás». Jesús le contestó: «Si no te lavo, no tienes parte conmigo». Simón Pedro le dice: «Señor, no solo los pies, sino también las manos y la cabeza». Jesús le dice: «Uno que se ha bañado no necesita lavarse más que los pies, porque todo él está limpio. También vosotros estáis limpios, aunque no todos». Porque sabía quién lo iba a entregar, por eso dijo: «No todos estáis limpios».

    Cuando acabó de lavarles los pies, tomó el manto, se lo puso otra vez y les dijo: «¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros? Vosotros me llamáis "el Maestro" y "el Señor", y decís bien, porque lo soy. Pues si yo, el Maestro y el Señor, os he lavado los pies, también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros: os he dado ejemplo para que lo que yo he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis».

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  • Jueves Santo

    Hemos dejado ya la Cuaresma y nos adentramos en los Momentos más Destacados de nuestra Fe. Hoy es Jueves Santo. San Juan muestra en este marco el Amor de Cristo a los suyos hasta el extremo. Pero antes de dar la Vida por los hombres, Cristo celebra la Comida Pascual con sus discípulos en el contexto de la Pascua Judía. 

    Porque en Egipto antes de la última plaga que fue la muerte de los primogénitos egipcios, Yavé dio orden de juntarse todos los israelitas por familias para comer el cordero a toda prisa y pintar las puertas con la sangre del animal para que la peste no hiriese a los israelitas. 

    De esta forma de generación en generación, hasta llegar a Jesús los judíos lo celebraban así. Allí también en el Cenáculo comen en silencio verduras amargas. Es el recuerdo de los años que pasaron en Egipto como esclavos. 

    Después comen el cordero pascual tal y como hicieron sus antepasados cuando iban a ser liberados. En este momento el Señor junto a la bendición del pan y el vino añade las palabras que convierten el pan en su Cuerpo y el vino en su Sangre. Es la Institución de la Eucaristía. 

    Otro aspecto a destacar en esta jornada es la Institución del Sacramento del Orden Sacerdotal con la Oración de Consagración que hace sobre los Apóstoles en su Discurso de Despedida. El Jueves Santo es también el Día del Amor Fraterno, porque el Señor manda que nos amemos unos a otros como Él nos ha amado.

    1 min
  • "¿Soy yo acaso, Maestro?"

    El Señor Dios me ha dado una lengua de discípulo, para saber decir al abatido una palabra de aliento. Cada mañana me espabila el oído, para que escuche como los discípulos.

    El Señor Dios me abrió el oído; yo no resistí ni me eché atrás. Ofrecí la espalda a los que me golpeaban, las mejillas a los que mesaban mi barba; no escondí el rostro ante ultrajes y salivazos. El Señor Dios me ayuda, por eso no sentía los ultrajes; por eso endurecí el rostro como pedernal, sabiendo que no quedaría defraudado.

    Mi defensor está cerca, ¿quién pleiteará contra mí? Comparezcamos juntos, ¿quién me acusará? Que se acerque. Mirad, el Señor Dios me ayuda, ¿quién me condenará?

    Por ti he aguantado afrentas,

    la vergüenza cubrió mi rostro.

    Soy un extraño para mis hermanos,

    un extranjero para los hijos de mi madre.

    Porque me devora el celo de tu templo,

    y las afrentas con que te afrentan caen sobre mi. R/.

    La afrenta me destroza el corazón, y desfallezco.

    Espero compasión, y no la hay;

    consoladores, y no los encuentro.

    En mi comida me echaron hiel,

    para mi sed me dieron vinagre. R/.

    Alabaré el nombre de Dios con cantos,

    proclamaré su grandeza con acción de gracias.

    Miradlo, los humildes, y alegraos;

    buscad al Señor, y revivirá vuestro corazón.

    Que el Señor escucha a sus pobres,

    no desprecia a sus cautivos. R/.

    En aquel tiempo, uno de los Doce, llamado Judas Iscariote, fue a los sumos sacerdotes y les propuso: «¿Qué estáis dispuestos a darme si os lo entrego?».

    Ellos se ajustaron con él en treinta monedas de plata. Y desde entonces andaba buscando ocasión propicia para entregarlo.

    El primer día de los Ácimos se acercaron los discípulos a Jesús y le preguntaron: «¿Dónde quieres que te preparemos la cena de Pascua?».

    Él contestó: «Id a la ciudad, a casa de quien vosotros sabéis, y decidle: "El Maestro dice: mi hora está cerca; voy a celebrar la Pascua en tu casa con mis discípulos"». Los discípulos cumplieron las instrucciones de Jesús y prepararon la Pascua.

    Al atardecer se puso a la mesa con los Doce. Mientras comían dijo: «En verdad os digo que uno de vosotros me va a entregar». Ellos, muy entristecidos, se pusieron a preguntarle uno tras otro: «¿Soy yo acaso, Señor?».

    Él respondió: «El que ha metido conmigo la mano en la fuente, ese me va a entregar. El Hijo del hombre se va como está escrito de él; pero, ¡ay de aquel por quien el Hijo del hombre es entregado!, ¡más le valdría a ese hombre no haber nacido!».

    Entonces preguntó Judas, el que lo iba a entregar: «¿Soy yo acaso, Maestro?».

    Él respondió: «Tú lo has dicho».

    3 min
  • "Uno de vosotros me va a entregar"

    Escuchadme, islas; atended, pueblos lejanos: El Señor me llamó desde el vientre materno, de las entrañas de mi madre, y pronunció mi nombre. Hizo de mi boca una espada afilada, me escondió en la sombra de su mano; me hizo flecha bruñida, me guardó en su aljaba y me dijo: «Tú eres mi siervo, Israel, por medio de ti me glorificaré».

    Y yo pensaba: «En vano me he cansado, en viento y en nada he gastado mis fuerzas». En realidad, el Señor defendía mi causa, mi recompensa la custodiaba Dios. Y ahora dice el Señor, el que me formó desde el vientre como siervo suyo, para que le devolviese a Jacob, para que le reuniera a Israel: he sido glorificado a los ojos de Dios, y mi Dios era mi fuerza.

    «Es poco que seas mi siervo para restablecer las tribus de Jacob y traer de vuelta a los supervivientes de Israel. Te hago luz de las naciones, para que mi salvación alcance hasta el confín de la tierra».

    A ti, Señor, me acojo:

    no quede yo derrotado para siempre;

    tú que eres justo, líbrame y ponme a salvo,

    inclina a mí tu oído, y sálvame. R/.

    Sé tú mi roca de refugio,

    el alcázar donde me salve,

    porque mi peña y mi alcázar eres tú.

    Dios mío, líbrame de la mano perversa. R/.

    Porque tú, Señor, fuiste mi esperanza

    y mi confianza, Señor, desde mi juventud.

    En el vientre materno ya me apoyaba en ti,

    en el seno tú me sostenías. R/.

    Mi boca contará tu justicia,

    y todo el día tu salvación.

    Dios mío, me instruiste desde mi juventud,

    y hasta hoy relato tus maravillas. R/.

    En aquel tiempo, estando Jesús a la mesa con sus discípulos, se turbó en su espíritu y dio testimonio diciendo: «En verdad, en verdad os digo: uno de vosotros me va a entregar». Los discípulos se miraron unos a otros perplejos, por no saber de quién lo decía.

    Uno de ellos, el que Jesús amaba, estaba reclinado a la mesa en el seno de Jesús. Simón Pedro le hizo señas para que averiguase por quién lo decía. Entonces él, apoyándose en el pecho de Jesús, le preguntó: «Señor, ¿quién es?». Le contestó Jesús: «Aquel a quien yo le dé este trozo de pan untado». Y, untando el pan, se lo dio a Judas, hijo de Simón el Iscariote. Detrás del pan, entró en él Satanás. Entonces Jesús le dijo: «Lo que vas a hacer, hazlo pronto».

    Ninguno de los comensales entendió a qué se refería. Como Judas guardaba la bolsa, algunos suponían que Jesús le encargaba comprar lo necesario para la fiesta o dar algo a los pobres. Judas, después de tomar el pan, salió inmediatamente. Era de noche.

    Cuando salió, dijo Jesús: «Ahora es glorificado el Hijo del hombre, y Dios es glorificado en él. Si Dios es glorificado en él, también Dios lo glorificará en sí mismo: pronto lo glorificará. Hijitos, me queda poco de estar con vosotros. Me buscaréis, pero lo que dije a los judíos os lo digo ahora a vosotros: “Donde yo voy no podéis venir vosotros”».

    Simón Pedro le dijo: «Señor, ¿adónde vas?». Jesús le respondió: «Adonde yo voy no me puedes seguir ahora, me seguirás más tarde». Pedro replicó: «Señor, ¿por qué no puedo seguirte ahora? Daré mi vida por ti». Jesús le contestó: «¿Conque darás tu vida por mí? En verdad, en verdad te digo: no cantará el gallo antes de que me hayas negado tres veces».

    3 min
  • Martes Santo

    Cada uno de estos preludios del Triduo Pascual nos llevan a ver cómo fue la Santa Cena antes de ser entregado el Señor en manos de los gentiles. Hoy es Martes Santo. Es el tercer día Menor de la Semana Santa, a dos jornadas de adentrarnos en el Jueves Santo. También se denomina “Martes de la controversia”. 

    En esta ocasión el Señor con los suyos se encuentra en el Cenáculo. La primera controversia es el anuncio del traidor. Jesús da muestras de preocupación interior y se conmueve al anunciar que uno de ellos le va a entregar. 

    Juan se encuentra cerca de Él y siguiendo lo que le dice Pedro por señas se apoya en el Señor y le pregunta quién será. Entonces el Maestro le deja la señal. Aquel a quien le dé el trozo de pan mojado en salsa ese es. También le urge a llevar lo que tiene que hacer cuanto antes. 

    Cuando sale Judas Iscariote del lugar, era de noche y estaba muy oscuro. Es el momento del anuncio de la segunda controversia. Aquí entra en escena Simón. Extrañado le pregunta a dónde va. El Señor le dice que ahora no puede ir con Él. 

    Durante la conversación el Pescador asegura que le seguirá adonde vaya. Incluso da un paso más y le promete que dará la vida por él, si es necesario. Es cuando Cristo le asegura a Simón Pedro que ese mismo día por la noche, negaría tres veces que le conoce antes de que cantase el gallo dos veces.

    1 min
  • Miércoles Santo

    Después de cuarenta días de preparación Llega el Plato Fuerte de nuestra Celebración. Antes vivimos hoy el Miércoles Santo. A las Puertas del Triduo Pascual nos encontramos con el llamado “Miércoles de Traición”, porque en este día se culminaba el proceso de entregar al Maestro a los gentiles, por parte de Judas, uno de sus más íntimos compañeros. De hecho no era discípulo sino uno de sus Doce Apóstoles Siguiendo los pasos del Maestro, Cristo se encontraba en el Cenáculo. Por otro lado, sus enemigos se reúnen en el Sanedrín preocupados porque quieren apresarle. Casualmente aquí es donde Judas, hijo de Simón Iscariote, uno de los más íntimos amigos del Señor, habla con los fariseos sobre su decisión de entregarle pidiendo un precio a cambio. Ellos se ponen de acuerdo con él y lo tasan en treinta monedas de plata. Durante la Cena el Maestro advierte de uno de ellos que le va a traicionar quedando, en evidencia Judas. Y es que todos ellos se ponen tristes y consternados, hasta que el que lo iba a traicionar le pregunta y en ese momento. Ninguno de ellos advierte quién es. Incluso cuando sale afuera piensan que, la ser el encargado de la bolsa, Cristo le había encargado llevar la comida a los pobres. Con el Miércoles Santo se termina el Tiempo de Cuaresma que comenzaba el 18 de febrero con la Imposición de la Ceniza.

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