El ego, según la psicología, es una representación que nosotros mismos elaboramos. Sin embargo, para el budismo, el ego es una actividad que conlleva a identificarnos con lo que creemos ser. Esta identificación nos mantiene insatisfechos, fomenta la competitividad y nos aporta sufrimiento. Si logramos detectar nuestro ego, abandonamos las necesidades que conllevan a cumplir las demandas del ego y conseguiremos disfrutar del presente.