La primera de las muchas cartas que seguirían durante los cuatro años de un amor a la distancia. Ellas muestran a un Freud apasionado pero celoso e inseguro. Sin embargo, fue Martha la mujer que enseñó a Freud las intimidades de la vida, su musa inspiradora para sus grandes investigaciones permaneciendo a la sombra y proporcionándole su compañía.