Muchas tradiciones proponen la práctica meditativa de la "respiración"; más allá de las variantes que se puedan presentar todas comparten la misma riqueza. Poner atención en la respiración es contactar con la Vida que nos habita. Dicho de otro modo, es caer en la cuenta que "somos respirados/as".
La dinámica propia de la respiración es un camino de ida y vuelta, inhalamos y exhalamos... En ese ritmo sencillo sucede la Vida. Es un proceso de recepción y entrega que fluye naturalmente, como el oleaje del océano.
Como suele suceder en cualquier práctica meditativa, pueden aparecer pensamientos, juicios mentales, o simplemente distracciones. La propuesta es volver, una y otra vez, a la respiración situándonos en ese lugar de calma. La respiración consciente nos invita a la comunión, reconociéndonos parte del aire.