Dicen que en el cine nadie arriesga tanto como él, que se compromete hasta niveles insospechados y que disfruta mucho con todo lo que hace, un entusiasmo que contagia a los demás. También que “su mente es una fuente de creatividad”, que sus guiones parecen novelas y que es un romántico, a pesar de que sus películas sean exageradamente violentas y duras.
Por unas cosas u otras, Quentin Tarantino no deja indiferente a nadie. El director de cine, siempre polémico y sorprendente, gusta mucho o no gusta nada. Su estilo es fácilmente reconocible y se ha conseguido hacer un hueco dentro de Hollywood; algo nada fácil, sobre todo, para alguien que llegó sin padrinos. Su historia es la de un apasionado que se empeñó en realizar sus propias ideas.
Hay quienes consideran, incluso, que es “la voz de una generación”. Pero, opiniones aparte, lo que es seguro es que es una de las figuras del cine contemporáneo más importantes y que cualquier amante y aficionado al séptimo arte debe conocer.
Recordamos que no tiene estudios formales de cine, pero que trabajó durante varios años en un videoclub. Puede parecer un dato anecdótico, quizá, pero como ha confesado el propio Tarantino en más de una ocasión, allí afianzó su amor por el séptimo arte y donde realmente aprendió: “Cuando la gente me pregunta si fui a la escuela de cine les digo: no, fui al cine”.
En esta misma línea, cuando se le ha preguntado por su secreto para tener éxito, su respuesta ha sido que la clave es la actitud, la motivación, más incluso que los conocimientos técnicos, que vienen después: “Con que te guste el cine lo suficiente, puedes hacer una buena película”.
Él ya ha hecho nueve y, por si no lo sabías, va a hacer 10, ni una más ni una menos. Anunció hace tiempo que después se retiraría de esta faceta, aunque no del ámbito de la ficción.