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Su nombre completo es Carolina Jaramillo Calderón. Es psicóloga por la Universidad Católica de Pereira, situada en la ciudad homónima, capital del departamento de Risaralda, zona andina y cafetera de Colombia. Se especializa en afectados por situaciones traumáticas, como el conflicto en su país. La Fundación Estrellas Amarillas, con sede en Santa Rosa, provincia de La Pampa, la convocó para un desafío más letal que las armas de fuego, las tragedias viales. Su hábitat cotidiano es el Hospital Lucio Molas, donde asiste a las víctimas y sus familiares. Esta nota reproduce la charla que mantuvo con una tocaya pampeana, Carolina Moldes, periodista de Power FM 103.7.
"En la Fundación tenemos varios ejes desde los que nos involucramos con la seguridad vial y los siniestros viales", contó Carolina Jaramillo Calderón con su cálido acento colombiano; "trabajamos bastante con la intervención propiamente dicha, ya cuando el hecho ocurre, atendiendo la situación; pero también se apunta a las charlas en escuelas primarias, en colegios secundarios; la idea es cooperar con otras instituciones; asimismo con el Ministerio de Seguridad, temas de difusión y de articulación en cuanto a la prevención; las leyes también, la regulación de no tomar y manejar; todas esas cuestiones".
"Lamentablemente, se tiene que intervenir [cuando el drama ha ocurrido]; mientras la prevención sigue creciendo, se nota un cambio cultural en cuestiones que ayudan a garantizar mayor seguridad vial; pero hay que intervenir [en el momento], ese es el ámbito en el que más participa la atención psicológica de la Fundación; actualmente trabajamos, estamos ubicados en el Hospital Molas, donde tenemos nuestra sede; desde ahí articulamos con la guardia, el servicio de terapia intensiva, el servicio de desarrollo social con el fin de lograr una atención integral, para tomar conocimiento y actuar lo más pronto posible".
"Intentamos, ni bien los afectados llegan al hospital, ni bien pasan, tener contacto con ellos", continuó la explicación de la psicóloga por la Universidad Católica de Pereira, situada en la ciudad homónima, capital del departamento de Risaralda, una zona andina y cafetera de la República de Colombia; "para nosotros es revalioso contar con esa coordinación y de esa manera involucrarnos en el mismo momento de la situación de la emergencia, hacer acompañamiento, crear un espacio de primera escucha y dar luego continuidad a la asistencia a las personas y las familias que son víctima de los siniestros".
"Si después de años de terapia la sensación en el cuerpo es la misma, del dolor, de la angustia, de la bronca, quiere decir que no se está reprocesando la situación traumática, no se está produciendo esa curación; lo que venimos a proponer, además de explicar las consecuencias del trauma, es cómo se puede acceder al perdón, pero como consecuencia de una serie de pasos que se tienen que dar; vamos a tratar de describirlos en el transcurso de este video; con el testimonio de Enrique y Cristina; es fundamental su apoyo hacia mi persona, que me hayan dicho que me perdonaban, que me hayan convencido".
Fran Chávez nació hace 36 años en la ciudad de Córdoba. Desde los 18 vive en El Bolsón, provincia de Río Negro, donde cuando tenía 22 protagonizó un drama tremendo. La madrugada del 25 de enero de 2011 se desplazaba por la Ruta Nacional 40, kilómetro 1920, al volante de un Fiat Spazio. Se encontraba alcoholizado y el vehículo tenía las luces averiadas. De pronto cruzó de carril y atropelló a cuatro mochileros que circulaban como peatones por la banquina opuesta. Eugenio Tretyakov, de 18 años, Juan Enrique Shott, 17, y Facundo Nehuén Marino, ídem, murieron. Jorge Arce, 18, sufrió heridas graves.
El homicida, que resultó ileso, fue condenado a cuatro años de prisión efectiva y diez de inhabilitación para manejar. Transcurrió dos temporadas en la cárcel y completó el tiempo de encierro en su domicilio. Entonces tomó coraje y dio un paso sorprendente. Propuso ofrecer disculpas de manera personal a los familiares de las víctimas. Enrique y Cristina Schott, los padres de Juan, aceptaron el encuentro, le dieron el perdón y le sugirieron difundir su historia para detener la violencia vial.
Fran actualmente da charlas en escuelas y otras instituciones, como la Fundación Estrellas Amarillas y distintas entidades de víctimas. En simultáneo inició un canal de YouTube que se demonina Mundo traumado. El episodio conmovedor que reproduce esta nota, bautizado Del trauma al perdón, cuenta con la presencia del matrimonio Schott.
"Un día como hoy, Ronald Guerra, estudiante de enfermería, jugador de hockey, paseador de perros, deportista, pasante de enfermería de Casas Tuteladas Rawson, voluntario en la lucha contra el Covid, empleado en la fábrica de pesca cerca del puerto, hermano amoroso, hijo perfecto, amigo inolvidable, el 18 de enero, a días de festejar su cumpleaños número 25 y el de su hermana, le arrancó la vida un médico recién recibido de 26 años oriundo de Trelew, con 1,82 de alcohol, a más de 180 km/h. Golpea la bici de Rony impactando elcuerpo de mi hijo en su parabrisas matándolo al instante. Ni olvido ni perdón, lo recordamos en este día para tomar conciencia, porque tomar y conducir o te mata o matás."
La voz de esta nota estampará nuevamente, por tercer año, el símbolo que recuerda a las víctimas viales en la Argentina con el nombre de su hijo Ronald Ignacio Lezcano Guerra, asesinado en la ciudad de Rawson, provincia de Chubut. "Vamos a pintar la estrella [amarilla] este sábado a las diez de la mañana", anuncia ella en un video de TikTok; "va a estar acompañandonos la Vial con cuatris para los niños, los esperamos". El sitio queda sobre la avenida Marcelino González, en el puerto. Por allí pedaleaba el muchacho el 18 de enero de 2021 cuando fue atropellado. Estaba a punto de cumplir 25 años.
El drama ocurrió a las dos, en plena noche, mientras la víctima se dirigía en bicicleta hacia la planta pesquera en la que se desempeñaba como operario. Debía tomar el turno a esa hora de la madrugada. Es un sector de tránsito restringido, que permite una velocidad máxima de 40 km/h. Sin embargo, Nicolás Suganuma, médico de 26, conducía su Renault Sandero a altísima velocidad. Encima borracho. La mamá de la víctima denuncia 180 km/h y 1,82 de alcohol en sangre. El vehículo cargaba gran cantidad de bebidas alcohólicas. En esas condiciones atropelló al ciclista fatalmente de atrás e intentó darse a la fuga.
El juicio breve efectuado en 2022 condenó al homicida a cuatro años de cárcel domiciliaria, una década de inhabilitación para conducir y el pago de un resarcimiento económico. Quedó en libertad condicional debido a la prisión preventiva que había cumplido y las capacitaciones hechas en el encierro. Durante la audiencia, Suganuma se declaró culpable y expresó disculpas a la familia. "Lo único que te pido es que seas un buen médico, que desarrolles tu profesión con honor, cosa que no hiciste en ese momento con mi hijo", le replicó Liliana. "Quédese tranquila, lo voy a tener en mi conciencia por el resto de mi vida", respondió el convicto. "Que Dios sea testigo de sus palabras", concluyó la mamá de Ronald.
Después de la desaparición de Carlos Gustavo, su hijo mayor, el 15 de abril de 1977, se convirtió en una de las pioneras de las madres audaces que hicieron frente a la dictadura militar. A punto de cumplir 94 años, integra la llamada Línea Fundadora y persevera en la ronda histórica que se realiza de manera indeclinable cada jueves a las 15.30 en torno a la pirámide del ágora neurálgica de la República. Esta semana, como desde hace cierto tiempo, en su silla de ruedas, igual que otra miembro de la organización. Ambas lideraron el rito circular cubiertas por sombrillas, bajo el intenso sol estival, con sus pañuelos blancos sobre la cabeza y su lema "memoria, verdad y justicia".
"Otro jueves en que estamos juntos, pero es otro año este; entramos en otro año y ahora hace 48 años que empezamos a venir a la plaza", se conmovió Nora Cortiñas desde su silla de ruedas bajo la sombra de algunos árboles; una colaboradora sostenía el megáfono; "muchos años; las madres todas estamos cerca de los cien, ojalá lleguemos para ver qué hay para contemplar cuando tengamos cien años, si recibimos respuesta a nuestros reclamos; quiero decirles que hoy nuevamente preguntamos qué pasa con Milagro Sala, que no queda en libertad; que hoy están extraditando a Chile a Jones Huala".
"Alberto Fernández, en vez de firmar el indulto a Milagro Sala, habilitó que extraditaran a Jones Huala, sabiendo que en Chile le puede esperar la muerte; o sea que [el expresidente] hizo todo mal y se fue redondeando el daño que causó", continuó mientras observaba a los espectadores desde sus pupilas castañas y anteojos de marco negro; "con un tiempo estaría en libertad, como le corresponde; porque es cumplir con la condena, nada más; no se lo permitió Alberto Fernández; ojalá que este joven, que es mapuche y que es muy luchador, llegue a Chile y pueda sobrevivir a esta cruz que le espera, la persecución y la cárcel".
La mamá de Maximiliano Tasca evocó su lucha en el 22 aniversario de la masacre del barrio porteño de Floresta. Aquel 29 de diciembre de 2001, el policía Juan de Dios Velaztiqui fusiló a su hijo y dos amigos, Cristian Gómez y Adrián Matassa. También habló Elvira Torres, progenitora de Cristian, y fue proyectado un documental cinematográfico urdido por estudiantes de la Universidad Nacional de La Matanza. Silvia y Elvira son fundadoras de la Asociación Civil Madres del Dolor. Otros integrantes presentes fueron Isabel Yaconis, la presidenta, y el matrimonio de Nora y Eduardo Iglesias.
"Me quedé con el verde del cuento y lo que pasó con este trapo, como dirían los chicos, porque ellos decían trapo...", tomó el micrófono Silvia Noemí Irigaray; el cuento acababa de ser enunciado por una concurrente; el trapo era una pancarta de las tres víctimas; "...que tiene 22 años; es maravilloso, fue hecho en la casa de Florencia ¿no?", miró a Elvira; "Natalia", corrigió la mamá de Cristian; "bueno", retomó la progenitora de Maxi, "los chicos se juntaron e hicieron una obra de arte; 22 años es mucho; los primeros fueron difíciles para todos los familiares; para los hermanos, para todos; hasta para los amigos fue difícil".
"Floresta se pintó de verde, se tiño de esperanza; nosotros nos abrazábamos; ella [Elvira] lloraba y yo le decía bueno, basta, basta; ella me susurraba yo soy la llorona; y bueno, pará; porque si una llora, sigue la otra y sigue la otra; hay que tratar de poner ganas; yo pensaba siempre a maquillar las ojeras, a ir para la iglesia primero; me gusta mucho creer en Dios; hoy alguien me dijo algo hermoso, de todas las cosas bonitas que escuché desde las seis de la mañana; me comentó los chicos deben estar de la mano de Dios, pero con la otra mano saludan a los papás; agrego a las mamás, a los hermanos; me pareció tan lindo...".
Al cumplirse el 22 aniversario del triple crimen del barrio porteño de Floresta, la mamá de Maximiliano Tasca participó de un homenaje efectuado en el Corralón, espacio cultural emblemático de la zona. Pronunció unas palabras acompañada por Elvira Torres, progenitora de Cristian Alfredo Gómez, otra de las víctimas. Ambas son fundadoras de la Asociación Civil Madres del Dolor. Entre numerosos allegados, estuvieron además Isabel Yaconis, presidenta de la entidad y mamá de Lucila, y los esposos Nora y Eduardo Iglesias, ascendentes de Marcela y de igual forma miembros de la peña de familiares.
La tragedia sucedió el 29 de diciembre de 2001. El policía Juan de Dios Velaztiqui, de 62 años, fusiló a los nombrados, ambos de 25, y un tercer amigo, Adrián Matassa, de 23. Los hechos fueron reflejados mediante un documental cinematográfico realizado por estudiantes de la Universidad Nacional de La Matanza. El video fue proyectado al aire libre. A continuación, fueron compartidos dos cuentos, uno leído por María Claudia Martínez, autora de la escultura Los chicos de Floresta, emplazada en el acceso del predio. Previamente hubo una misa celebrada por el padre Julio Mendiguren en la Parroquia de la Candelaria.
La mamá de Cristian Gómez sigue de pie en el 22 aniversario de la masacre del barrio porteño de Floresta. Aquel 29 de diciembre de 2001, el policía Juan de Dios Velaztiqui fusiló a su hijo y dos amigos, Maximiliano Tasca y Adrián Matassa. También habló Silvia Irigaray, progenitora de Maxi. Además, fue proyectado un documental urdido por estudiantes de la Universidad de La Matanza. Elvira y Silvia son fundadoras de la Asociación Civil Madres del Dolor. Otros integrantes presentes fueron Isabel Yaconis, la presidenta, y el matrimonio de Nora y Eduardo Iglesias.
"Sigo agradeciendo este acompañamiento", tomó el micrófono Elvira Torres, emocionada, ante la concurrencia; "necesitamos trabajar por la memoria; nuestros hijos están siempre presentes, ahora y siempre; son mimos al corazón para nosotras las madres, porque obviamente los llevamos todos los días; me movilizó el trabajo de los chicos [de la Universidad de La Matanza], yo soy la madre llorona y la verdad es que se me piantó un lagrimón al verlo y recordar todo eso; cada tanto suelo repetir el documental [Fusilados en Floresta, de Diego Ceballos, 2006], pero hace muchísimo que no lo miro".
Al cumplirse el 22 aniversario del triple crimen del barrio porteño de Floresta, la mamá de Cristian Alfredo Gómez participó de un homenaje efectuado en el Corralón, espacio cultural emblemático de la zona. Pronunció unas palabras acompañada por Silvia Irigaray, progenitora de Maximiliano Tasca, otra de las víctimas. Ambas son fundadoras de la Asociación Civil Madres del Dolor. Entre numerosos allegados, estuvieron además Isabel Yaconis, presidenta de la entidad y mamá de Lucila, y los esposos Nora y Eduardo Iglesias, ascendentes de Marcela y de igual forma miembros de la peña de familiares.
La tragedia sucedió el 29 de diciembre de 2001. El policía Juan de Dios Velaztiqui, de 62 años, fusiló a los nombrados, ambos de 25, y un tercer amigo, Adrián Matassa, de 23. Los hechos fueron cristalizados mediante un documental cinematográfico urdido por estudiantes de la Universidad Nacional de La Matanza. El video fue proyectado al aire libre. A continuación, fueron compartidos dos cuentos, uno leído por María Claudia Martínez, autora de la escultura Los chicos de Floresta, emplazada en el acceso del predio. Antes hubo una misa celebrada por el padre Julio Mendiguren en la Parroquia de la Candelaria.
"Observar este me conmovió, muy talentosos los chicos, hermosa la narración que han hecho de todo lo ocurrido", continuó Elvira; "también los cuentos; la verdad es que es un momento difícil el que estamos viviendo, ojalá no llegue a pasar lo de 2001, tantas muertes", suspiró. "Ay, qué estás diciendo", la interrumpió de pronto Silvia Irigaray con picardía. "Y claro, mi amor, uno ve que la gente se moviliza y empiezan las represiones; esto me asusta; me atemoriza muchísimo porque ya lo vivimos; nada, eso; hay que ser positivos, ir para adelante y bueno, pensar que esto no va a ocurrir y como dijo el cuento que escuchamos, que la esperanza verde esté siempre presente", concluyó. "Eso, eso", agregó la mamá de Maxi.
"Si no hay amigos, no hay banda de rock; eso es lo que me parece; es lindo compartir y sentir que sos una familia; te vas a matar a veces, vas a tener diferencias, todos no pensamos igual; pero bueno, dentro de lo que se puede, se logra esa unión; el rock también es una manera de mostrar que uno no se queda callado ¿no? imaginate que uno no puede ir a la carnicería, el shopping, el kiosco y a todo el mundo contarle su vida, sus quilombos, su visión de las cosas; bueno, para eso está la música; en mi caso, lo hago a través de eso; después, en el día a día, uno es más callado; tenés que ir a trabajar, convivir en sociedad".
Es vecino de toda la vida del barrio porteño de Liniers y se declara, como una firme invocación de principios, un roquero de antaño. Compone letras y melodías, guitarra criolla en mano, en la misma casa que comparte con su mujer Johanna y sus dos hijos pequeños, Renata y Lisandro. El matrimonio tuvo un tercer vástago, Luca, el primogénito, que se fue al cielo poco después de nacer víctima de la mala praxis médica. Se trata de un infanticidio flagrante y aterrador. Permanece impune merced a un sistema de salud reducido a un negocio miserable y un poder judicial cómplice de los abusos más perversos.
"Siempre temas propios ¿no? la verdad es que nunca me pintó esa de tocar covers; lo hacemos a veces, homenajes a temas de alguna banda que nos gusta; pero la prioridad, el tiempo y la dedicación están volcados en las creaciones propias; en mi caso, siempre compuse; la inspiración puede partir de cualquier cosa; una frase que se te viene y a partir de esa oración desarrollás la letra; algo que le pasó a un conocido o que te pasó a vos; de ahí sale una idea que se transforma en poesía; en cuanto a la música, lo mismo; agarrás la guitarra, empezás a jugar un poco, sale una melodía, un riff, combinaciones de acordes...".
Empezó a tocar en la adolescencia. Siempre a pulmón y acompañado por compinches. En 2003 nació Komodín, primer proyecto con cierta ambición. El era guitarrista y compositor; lo secundaban dos pibes del barrio: Pablo Cordeiro, apodado Penumbra, como bajista y cantante, y Raúl Díaz, alias Paco, en la batería. El trío fue evolucionando progresivamente y ensayo tras ensayo logró grabar cuatro discos: Momento sacrificado, El sueño más tremendo, Misterio y El rockero, un álbum doble. Después de este grupo, que cumplió su ciclo, llegaron nuevos emprendimientos: Párpados, Golpe Nocturno y La trapisonda.
"Los policías tendrían que haber mandando a hacer una pericia y no la hicieron; la mamá de una compañera de mi hija trabajaba en la Policía científica; me llamó por teléfono llorando después del velorio y me dijo el intendente Manuel Quindimil dio orden de que no se hiciera; después averigüé y el camión, que iba cargado de mercadería, trabajaba para la Municipalidad; los dueños del rodado, los hermanos Amore, eran conocidos del jefe comunal; cuando hay un crimen es culpable el que mató, pero todos los que están alrededor cuentan; aunque en el derecho penal no hay corresponsabilidad; el que manejaba era Miguel Eduardo Cardozo, pero Quindimil dejó que saliera a la calle".
Norma Beatriz Bonelli es mamá de Carla Arduini, estudiante de 15 años que la tarde del 22 de diciembre de 2004, mientras volvía caminando con su abuelo de comprar regalos de Navidad, fue muerta por un asesino al volante en Lanús, al sur del Gran Buenos Aires. La víctima perdió la vida en el acto producto de lesiones terribles en la cabeza y todo el cuerpo. El perpetrador, Miguel Eduardo Troncoso, de 38 años, circulaba a bordo de un camión destartalado, carecía de licencia de conducir apropiada, iba excedido de velocidad y cruzaba una avenida con el semáforo en rojo, entre otras irregularidades.
La ausencia de más afectados fue un auténtico milagro; el vehículo se incrustó en una panadería; para sacarlo hubo que recurrir a una grúa. En el momento, una multitud intentó linchar al conductor, que se encontraba ileso y pudo salir del tumulto custodiado por policías. Carla había sufrido muerte cerebral de forma instantánea, pero recibió asistencia médica durante cuatro días, hasta que los profesionales de la salud decidieron desconectarla. La piba era el único retoño de sus padres, que quedaron sumidos en la congoja. Héctor, el progenitor, tenía otra hija, Gabriela, producto de un matrimonio previo.
Norma, a pesar del dolor, se convirtió en principal detective del caso y logró que el responsable fuera condenado. El sujeto en 2008 recibió tres años y seis meses de cárcel por homicidio culposo y fue inhabilitado para conducir por ocho años. Sin embargo, permaneció en libertad. Mientras tanto, la voz de esta nota bregó sin descanso por la memoria, la prevención y las mejoras normativas. Clavó un cartel de chapa con una estrella amarilla, símbolo de las tragedias vechiculares, y el nombre de su pimpollo en el lugar. Gestionó la instalación en las cercanías de un monumento que contiene un busto de la hija.
Por otra parte, la mamá de Carla, de profesión contadora, se lanzó a crear la Asociación Civil Carla Arduini, especializada en frenar la violencia automotor. Es miembro de la Agencia Nacional de Seguridad Vial y otras entidades del rubro. Colabora con la Asociación Civil Familias por la vida, constituida por damnificados de las tragedias de los boliches Cromañon (2004) y Beara (2010), ambas sucedidas en la Capital Federal. Ha acompañado a infinidad de afligidos por diferentes versiones de la barbarie; como Ana y Oscar Castellucci, papás de Martín, muerto en 2006 por un patovica asimismo en Lanús.
"De repente apareció esta exhibición, de manera misteriosa, no sé cómo se lo habré pedido al universo; un amigo de un gimnasio me invitó, me dijo que trajera los guantes; la verdad es que vine sin saber con quién me iba a encontrar; se subieron dos pibes, hice dos rounds con cada uno; estoy súper contento; me sentí dueño y amo del ring, dominé la situación; fui, vine, bloqueé, esquivé; pegaba cuando quería; entraba y salía, siempre tratando de pegar despacio; sentía que podía noquear a mis rivales, había una clara diferencia de fuerza; cuando pasa eso hay que mermar un poquito, tener el dominio, la mente clara; el público se reenganchó, la pasé realmente muy bien".
Ricardo Gabriel Bermejo nació en Pergamino, en el corazón de la pampa húmeda, el 28 de marzo de 1972. Es el mayor de los tres hijos que tuvieron Ricardo Manuel Bermejo y Rosa del Carmen Giustozzi. Lo siguen sus hermanos Hernán y Martín. El primero perdió la vida en 1998 en manos de un asesino que, tras ser derrotado en una pelea a puño limpio, disparó reiteradamente a su contendiente con un revólver y lo remató con un disco de acero. El energúmeno, Roberto Daniel Crocioni, fue condenado y estuvo preso por este y otros desmanes. El recuerdo del drama aún conmociona la ciudad.
A pesar del horror y la pérdida, el dueño de este testimonio se declara sin rodeos un decidido defensor de la paz, la amistad, la familia, el sacrificio, los sueños y el amor. Como boxeador profesional, disputó el campeonato argentino de los supermedianos a fines de 2005 contra Martín Bruer, que hizo de local en la ciudad de Trenque Lauquen. El jurado dio ganador al anfitrión en un veredicto escandaloso. Bermejo, que se sintió traicionado y nuevamente abatido por la iniquidad, abandonó el deporte. Desde entonces se zambulló con igual energía en una nueva pasión, que lo convirtió en Gabriel el Mago.
Después de 17 años, una eternidad, al fin pudo romper el gualicho y volvió a bailar en el cuadrilátero. Con la audacia, magnanimidad, alegría y desparpajo de siempre. Fue el 9 de diciembre en el clima relajado, amistoso de una exhibición organizada una tarde de sol por Invictos Boxing Club, ateneo de un barrio obrero de Glew, partido bonaerense de Almirante Brown. El marco fue conmovedor, idílico. El escenario está en un galpón de chapa armado en un edificio medio en ruinas. El centenar de personas que se acercó a curiosear se acomodó en largos bancos hechos con madera de la construcción.
Los papás de Martín recordaron un nuevo aniversario de la partida de su hijo, que tenía 20 años cuando fue muerto a golpes por un patovica del boliche La Casona, en el partido bonaerense de Lanús. El acto fue en el Museo de Arte Contemporáneo del Sur, donde hay una imagen de la víctima. Estuvieron Agustín Balladares, futuro presidente del Concejo Deliberante; Leonardo Calcagnini, referente del sector de la seguridad; David Ariza, de la agrupación HIJOS, probablemente a cargo de Derechos Humanos; entre otros. Julián Álvarez, futuro intendente, envió un mensaje de solidaridad.
"Les agradezco el acompañamiento", dijo Oscar Castellucci; "son muchos años de pelea, son 17 años, pero esto recién empieza, queda muchísimo por hacer; nosotros desde el principio, con Ana, con Oscar [Merlo], como decía Agustín [Balladares], no pensamos en la venganza ni creemos en el odio porque eso sirve para destruir; el asesinato de Martín fue un gesto de odio y nos demuestra para qué sirve; elegimos otro camino, en su momento fue la sanción de una ley nacional que está vigente, la 26.370, que creemos que hoy está superada; el año pasado con Agustín y un par de diputados elaboramos un nuevo proyecto en el cual tenemos mucha esperanza".
"Este acto para nosotros, así, chiquitito, íntimo es muy importante; porque es volver a ponernos en marcha; ha pasado mucho tiempo de silencio en esta última etapa, estos ocho años; es hora de empezar a caminar; no importan tanto las palabras, sino lo que construyamos de acá en adelante; tengo mucha expectativa; con Julián [Álvarez] trabajamos cuando fue viceministro de Justicia [de la Nación]; avanzamos en proyectos que después quedaron truncos porque el rumbo político fue para otro lado; tenemos mucha esperanza de que se pueda; lamentablemente, el contexto nacional está lejísimo de lo que aspiramos".
"Nos da mucha esperanza y expectativa que acá, en el Municipio donde empezó todo, podamos empezar a trabajar, también en la Provincia; simplemente eso; creo que es hora de hablar poco; a veces los actos son importantes porque nos fortalecen, nos dan ánimo para atrevernos a seguir adelante, pero lo más importante es hacer; no tengo ninguna duda, porque a Agustín [Balladares] lo conozco desde que era así, de que vamos a poder trabajar; lo que quiero, lo que nosotros queremos con mi esposa, con Oscar [Merlo], como Asociación [Civil Martín Castellucci], es que esto no vuelva a pasar".
"El mundo cambió mucho en estos 17 años; tenemos que estar abiertos a construir de otro modo, a tener una mirada más amplia; ese es el camino que creo que tenemos que seguir; tengo la certeza absoluta de que con Julián y sobre todo con Agustín lo vamos a poder transitar; en 48 horas habrá que empezar a trabajar; vamos a volver acá y anunciar cosas importantes; a veces hay que amucharse, hay que juntarse, porque los afectos ayudan a seguir; gracias a Leo también, que trabaja desde hace mucho y tenemos expectativa en las cosas que se puedan hacer; así que para adelante, muchas gracias".
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