"Me acerqué a Silvia [González] para contarle lo mío, para pedir una estrella para Mónica; la visitaba en la casa de su mamá; con los años nos cedieron [a los integrantes de la Fundación Estrellas Amarillas] ese local que está en la calle Mitre; [pero al principio] las reuniones eran en la casa de la mamá, Beatricita; nosotros le decimos la reina madre; íbamos, contabamos todas nuestras penurias, llorábamos; nos atendía Beatricita con un mate, una comidita, un vaso de agua; el día que le fuimos a poner la estrella a Mónica fue muy emotivo; también de mucho dolor, de recordar el siniestro, el lugar; estuvieron muchas compañeras de mi hermana del Hospital, compañeras mías también de mi paso por el hospital Lucio Molas, compañeros de mi hermano, que era en ese momento inspector de tránsito..."
Los cuatro llevaban el cinturón de seguridad desprendido. Tres murieron como consecuencia del choque. El siniestro sucedió el 30 de noviembre de 2007 en Santa Rosa, provincia de La Pampa. Mónica Liliana Vega, enfermera de 42 años, circulaba al mando de un Volkswagen Gol acompañada por Olga Sandoval, su suegra, de copiloto; Rubén Humberto López, de 47, marido de la timonel, ubicado en el asiento posterior del lado del volante; y Lautaro, hijo del matrimonio, de siete, junto al último.
El niño salió ileso de milagro. El vehículo acababa de abordar la Ruta Nacional 5 cuando fue impactado desde atrás por un colectivo de larga distancia de la empresa Crucero del Norte. El coche se desvió y embistió de manera frontal un eucalipto de ciertas dimensiones. La Justicia absolvió al chofer del ómnibus, aunque veía pasado de velocidad, y le asignó la responsabilidad a la conductora expirada, que al parecer hizo una maniobra intempestiva y excedía el alcohol en sangre permitido.
Silvia Vega, hermana de Mónica, describe en el testimonio de esta nota el efecto devastador que provoca una tragedia en el entorno de las víctimas. Habla como experta, porque también es enfermera. Calcula que alrededor de cien personas, en primer lugar los familiares de los fallecidos, padecieron secuelas psicológicas, mentales o emocionales. Su exposición resaltalas vivencias que compartió con Silvia González, mamá de Sacha Viguera e iniciadora de la Fundación Estrellas Amarillas.