Concentrarte no requiere esfuerzo. No es apretar. No se trata de tensar la mente, fruncir el ceño o pelear contra la distracción. La concentración real es más parecida a sostener un pájaro en la mano: con firmeza suficiente para que no se vaya, y con suavidad suficiente para no dañarlo.
En esta práctica vas a elegir un punto de respiración, posar ahí la atención y entrenar el movimiento esencial de toda concentración: notar que la mente se fue y volver.
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- Andrés Acevedo.
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