Agradece a este podcast tantas horas de entretenimiento y disfruta de episodios exclusivos como éste. ¡Apóyale en iVoox! En la primavera de 2009, Juan Gil, un hombre de unos 57–60 años que vivía en el barrio madrileño de Moratalaz, fue encontrado muerto en su domicilio tras haber pasado la noche anterior tomando copas con una desconocida después de salir por locales nocturnos.
El caso pronto tomó tintes de crónica negra inquietante cuando la policía determinó que no todo encajaba con una muerte natural. El cadáver de Juan Gil estaba desnudo, con espuma en la boca, y no había signos claros de violencia exterior, pero sí indicios de que algo más había ocurrido.
Investigadores y prensa empezaron a relacionar su muerte con un método que se conoció popularmente como “el beso del sueño”: una técnica en la que una mujer —aparentada prostituta o acompañante nocturna— ofrecía bebidas mezcladas con sustancias sedantes como clonazepam y doximalina, capaces de deprimir el sistema nervioso de sus víctimas.
Según el fiscal y la investigación policial, Juan Gil conoció a la acusada en una sala de fiestas. Ella se habría hecho pasar por prostituta y le invitó a tomar algo. En el domicilio, tras ingerir la bebida contaminada con sedantes, Juan Gil sufrió un edema pulmonar agudo provocado por la depresión respiratoria de las sustancias, lo que le causó la muerte.
Además de su fallecimiento, en la vivienda se constató el robo de objetos de valor, dinero en efectivo y aparatos electrónicos. La acusada aprovechaba el estado inconsciente de la víctima para sustraer pertenencias, actuando con lo que la policía describió como una mezcla de seducción y criminalidad con fines de robo.
El caso no quedó aislado: la investigación policial relacionó a la acusada con cerca de 50 casos más similares, usando la misma técnica del “beso del sueño”. En algunos de esos casos, las víctimas no murieron pero sufrieron graves consecuencias de salud tras la ingestión de las sustancias mezcladas.
Durante el proceso judicial, la acusada reconoció parcialmente los hechos, alegando que su intención no había sido matar, sino únicamente dormir a las víctimas para robarles. Sin embargo, expertos forenses señalaron que las mezclas que empleaba eran extremadamente peligrosas y predecibles en su efecto depresor sobre el sistema respiratorio.
La historia de Juan Gil y el beso del sueño ha sido objeto de documentales, investigaciones periodísticas y podcasts de true crime, debido a su combinación de seducción, abuso de confianza, sustancias farmacológicas y una investigación judicial que abrió el debate sobre cómo identificar y detener técnicas similares.
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