El Castillo de Villanueva de Cañedo tiene su origen en el siglo XI, construido para salvar la retaguardia de la Reconquista. La carencia de orografía defensiva precipitó la construcción del enorme foso que rodea el castillo.
Ya en el el siglo XV perteneció a los Reyes Católicos, que lo usan como avituallamiento de sus tropas antes de la toma de Toro en la guerra de sucesión de Isabel la Católica frente a Juana la Beltraneja.
En la segunda mitad del siglo XX, cuando el castillo se encuentra en un estado de abandono considerable, lo adquiere la Familia Fernández de Trocóniz y realizan una restauración importante que devuelve al castillo su antiguo esplendor.
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Se trata de una familia de hoteleros. En aquel entonces regentaban tres hoteles: Fonda Trocóniz (en Miranda de Ebro), el Gran Hotel de Logroño y el Gran Hotel de Salamanca. La adquisición y restauración del castillo se hizo con vistas a convertirlo en una hospedería, pero finalmente no se abrió al público como tal en aquella época.
Tuvo que ser en 2003 cuando el castillo se convirtió en alojamiento con encanto. El alojamiento que hoy visitamos.
Entrevistamos a Pilar Fernández de Trocóniz, propietaria del Castillo del Buen Amor