Este texto es una apología filosófica y económica del capitalismo moderno, en la que Deirdre McCloskey sostiene que el comercio no solo genera riqueza material, sino que también fomenta la excelencia ética. La autora desafía la narrativa histórica de la "clerecía" intelectual que, desde 1848, ha tildado a la burguesía de vulgar y amoral, argumentando en cambio que una sociedad de mercado nutre las virtudes burguesas como la prudencia, la justicia y la esperanza. A través de un análisis que conecta la historia, la teología y la estadística, el texto demuestra cómo la libertad comercial ha provocado un crecimiento económico sin precedentes, multiplicando drásticamente la calidad y duración de la vida humana. El propósito fundamental de la obra es reconciliar la vida económica con la vida espiritual, sugiriendo que el sistema capitalista, lejos de corromper el alma, proporciona el ámbito de libertad necesario para que los individuos alcancen su pleno potencial humano. Al defender la ética del intercambio frente a la coacción estatal, McCloskey propone que el camino hacia una sociedad más noble reside en moralizar el capitalismo en lugar de abandonarlo.