Publicado originalmente en 1938, Las promesas por las que vivimos de Harry Scherman supuso una revolución en la literatura económica al proponer que la materia prima de la economía es la acción humana, motivada por factores psicológicos e innumerables decisiones individuales.
A diferencia de los textos académicos densos, Scherman explica que la sociedad moderna funciona gracias a una compleja red de intercambios diferidos, que no son otra cosa que las promesas por las que todos nos regimos. El libro desglosa de forma amena cómo estas promesas sostienen aspectos vitales de nuestra vida diaria:
• El trabajo: Donde el salario es una promesa de pago por un servicio ya prestado.
• Los bancos: Cuyos depósitos no son dinero guardado en una caja, sino promesas de devolución bajo demanda.
• El dinero: Que en su forma moderna consiste en promesas gubernamentales vinculadas al oro.
El motor central de esta obra es la convicción de que el ciudadano común debe comprender la economía para evitar ser engañado o manipulado por políticos cuyas decisiones —como la devaluación de la moneda o el incumplimiento de la deuda pública— suelen perjudicar el bienestar general. Scherman resalta una contradicción fascinante: mientras que los individuos y empresas cumplen sus promesas casi de forma infalible, los gobiernos son históricamente los agentes menos fiables, recurriendo a menudo al fraude monetario para financiar sus excesos.
En resumen, este libro es una herramienta fundamental para entender que la prosperidad de una nación depende de la fiabilidad de sus promesas y que las crisis económicas (o ciclos) son, en esencia, fluctuaciones en el volumen y el cumplimiento de estos compromisos humanos.
Para Scherman, entender la economía es como desenredar un gran ovillo de lana: solo necesitamos encontrar el cabo suelto de la verdad —la promesa económica— y tirar de él con calma para que el misterio de los asuntos humanos se vuelva comprensible y claro.