“Señor, gracias por tu salvación. Porque no tengo que esperar a otro, me has devuelto la vista, me has hecho caminar sobre el agua, me has soltado la lengua. Gracias, por tus maravillas. Ayúdame a apropiarme de mi identidad, haciendo conciencia de la filiación divina para que en todo lo que haga, diga, sienta y piense estés tú como centro. Te pido por los que aún esperan tu llegada sin saber que estás aquí desde hace dos mil años para que descubran la alegría de tu salvación. Amén.”